Longevidad: los secretos para una larga vida
OKINAWA, JAPÓN Sin hacer mucho esfuerzo, en un dique resbaloso, Kame Ogido, de 89 años, inspecciona algunas algas marinas, que forman parte de su dieta baja en calorías, basada en plantas. Posiblemente esto contribuye a que los nativos de Okinawa tengan una expectativa de vida de 82 años, situada entre las más altas del mundo, en promedio. Estos adultos mayores y otros más en Italia y California nos muestran cómo vivir una vida más sana.
Por Dan Buettner
Fotografías de David McLain
¿Creería que usted puede agregarle 10 años a su vida?
Una vida larga y saludable no es un accidente. Comienza con “buenos” genes, pero también depende de los buenos hábitos que se tengan. Según los expertos, si se adopta el estilo de vida correcto, existen muchas probabilidades de que se pueda vivir un decenio más. En los años recientes, los investigadores han escudriñado el mundo para buscar los secretos de una larga vida. En Cerdeña, Italia, un equipo de demógrafos encontró un foco de longevidad en los pueblos montañeses, donde los hombres llegan a los 100 años en una proporción asombrosa. En las islas de Okinawa, Japón, otro equipo examinó a un grupo de personas que se encuentra entre quienes más han vivido en la Tierra. Y en Loma Linda, California, los investigadores estudiaron a un grupo de adventistas del Séptimo Día que se distinguían por su longevidad. Los habitantes de estos tres lugares producen el porcentaje más alto de centenarios, padecen una fracción de las enfermedades que normalmente matan a las personas en otras partes del mundo industrialmente avanzado y disfrutan de una mayor cantidad de años de vida saludable.
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POR QUÉ VIVEN MÁS TIEMPO
Las personas muy longevas en tres regiones muy distantes entre sí comparten un número de hábitos clave, a pesar de tener orígenes y creencias distintas.
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Sardos
EN EL PUEBLO DE SILANUS, en un cobertizo detrás de su casa, Tonino Tola, de 75 años, saca las manos del cuerpo aún humeante de un ternero recién sacrificado, guarda su cuchillo y me da la bienvenida con un cálido y sangriento apretón de manos. Luego, con sus gruesos y resbalosos dedos pellizca tiernamente las mejillas de su nieto de cinco meses, Filippo, quien observa la escena desde los brazos de su madre. Para este fornido pastor de 1.80 metros, el trabajo duro y la familia conforman los cimientos de su vida, y quizás puedan ayudar a explicar por qué Tonino y sus vecinos pertenecen a un lugar de gente longeva.
Silanus, una comunidad de 2 400 personas, se localiza en las faldas de las montañas Gennargentu en el centro de Cerdeña, donde los secos pastizales colindan con los picos de granito. En un racimo de pueblos en el corazón de una región llamada “La Zona Azul” por los demógrafos, 91 de las 17 865 personas que nacieron entre 1880 y 1900 han llegado hasta su centésimo aniversario, una tasa más del doble de alta que el promedio en Italia.
¿Por qué la extraordinaria longevidad en este lugar? El estilo de vida es parte de la respuesta. Este día en particular, para las 11 a. m., Tonino ya ha ordeñado cuatro vacas, ha cortado media pila de leños, ha sacrificado a un ternero y ha recorrido 6.4 kilómetros pastoreando a sus ovejas. Al tomarse el primer descanso del día, reúne a sus hijos mayores, a su nieto y a los visitantes alrededor de la mesa de la cocina. Su esposa, Giovanna, desata un pañuelo que contiene carta da musica, un pan delgado como un pergamino, llena los vasos con vino tinto y, con la severa brusquedad de una mujer que sabe que manda, corta unas rebanadas de queso pecorino elaborado en casa.
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La proporción entre mujeres y hombres centenarios
en Estados Unidos de América es cerca de cuatro a uno. En
algunas partes de Cerdeña, es de uno a uno.
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Como la mayoría de las esposas del lugar, cuyos maridos están ocupados cuidando sus ovejas, Giovanna lleva las finanzas familiares y la administración del hogar. En las culturas mediterráneas, las mujeres sardas tienen fama de cargar con el estrés de estas responsabilidades. Para los hombres, un menor estrés podría reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, lo cual podría explicar por qué la tasa de mujeres y hombres centenarios es casi de uno a uno en algunas partes de Cerdeña. ‘’Yo hago el trabajo –admite Tonino, tomando a Giovanna por la cintura– y mi ragazza es la que se preocupa.’’
Estos sardos también se benefician de su historia genética. Cuando potencias militares, como los fenicios y los romanos, descubrieron los encantos de Cerdeña, los nativos se vieron forzados a retroceder más y más hacia el interior de las partes montañosas. Una vez allí, cultivaron la precaución contra los forasteros y se ganaron una reputación de bandidaje, secuestros, y de la práctica de vendettas con la lesoria, el tradicional cuchillo sardo de los pastores.
En su asilamiento, los nativos sardos se convirtieron en “incubadoras genéticas”, ampliando ciertos rasgos a través de las generaciones. Aún en la actualidad, aproximadamente 80 % de ellos está relacionado directamente con los primeros sardos, afirma Paolo Francalacci, de la Universidad de Sassari. En alguna parte de esta mezcla genética, dice Francalacci, puede yacer una combinación que favorece la longevidad.
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El aislamiento de los pueblos montañeses
ha contribuido a preservar el estilo de vida
tradicional sardo que propicia la longevidad.
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La dieta que lleva la familia de Tonino es otro factor: está repleta de frutas y verduras del huerto familiar, como calabacitas, berenjenas, jitomates y alubias, lo que puede reducir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y cáncer de colon. En la mesa de Tonino también se encuentran varios productos lácteos, tales como leche de ovejas alimentadas con hierba, y queso pecorino que, al igual que el pescado, aportan proteínas y ácidos grasos omega-3. Tonino aún elabora el vino de uvas Cannonau de su pequeño viñedo, que en esta región montañosa contienen un componente en una proporción de dos a tres veces mayor que la que se encuentra en otros vinos, que podría prevenir las enfermedades cardiovasculares.
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FAMILIA DE HONOR Las casas hogar, los centros para ancianos y las
comunidades con asistencia representan un lenguaje que Giovanni Sannai
(arriba a la der., con boina negra, sentado a la cabecera de la mesa), de
103 años, desconoce. Él cena regularmente con su vasta familia. Sannai
dice: “Nadie sabe por qué la gente como yo vive tanto; tampoco yo lo sé”.
Pero, con la globalización y la modernización, aun la lejana Cerdeña está cambiando. Los autos y los camiones han eliminado la necesidad de caminar distancias largas. Los jóvenes miran más hacia el exterior y son menos tradicionales. La obesidad, que no existía prácticamente antes de 1940, ahora afecta aproximadamente a 10 % de los sardos. “Los niños quieren papas fritas y pizzas —dice Tonino—. El pan y el queso están pasados de moda”.
Pero hay algo que no ha cambiado: la dedicación de los sardos a sus familias, lo cual garantiza un apoyo en los tiempos de crisis y el cuidado de los ancianos mientras vivan. “Nunca pondría a mi padre en un hogar para ancianos —comenta Irene, la hija de Tonino—. Eso sería una deshonra para la familia”.
Para Tonino, un día de trabajo incluye aún una caminata en las tardes para llevar a pastar a sus 200 ovejas. Enfundado en sus polainas de cuero, con sombrero y abrigo, Tonino atraviesa una estrecha abertura en un muro de piedra, y cuenta sus ovejas, que van detrás de él. Cuando tres animales tratan de adelantarse, chocan contra una sección del muro y Tonino, con cierta parsimonia, coloca de nuevo las rocas en su lugar, para luego recostarse en un promontorio y asumir el antiguo rol del centinela, una rutina que ha practicado desde hace varios decenios.
“¿Alguna vez se aburre, Tonino?”. Le pregunté. Él se da la vuelta y me señala con sus dedos aún manchados de sangre seca y su voz retumba al contestar: “Me ha fascinado vivir aquí cada día de mi vida”.
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Los genes “buenos también ayudan: ocho de cada
10 sardos están relacionados directamente con los
habitantes originales de Cerdeña.
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Okinawenses
LO PRIMERO QUE SE ADVIERTE acerca de Ushi Okushima es su risa. Sale de su estómago, retumba hasta sus hombros y luego estalla con un “ji ja” que inunda la habitación con una alegría cristalina. Conocí a Ushi hace cinco años, en su casa de Okinawa, y ahora es esa misma risa la que me atrae a su casita de madera en el pueblo costero de Ogimi. En esta tarde lluviosa, Ushi se sienta cómodamente envuelta en un kimono azul. Un heroico mechón de pelo echado hacia atrás revela una frente bronceada y unos ojos verdes en estado alerta. Sus manos suaves yacen serenamente en su regazo. A sus pies, sorbiendo té, están sentadas su amiga Setsuko y Matsu Taira, con las piernas cruzadas en una estera o tatami. Desde la última vez que visité a Ushi, comenzó un nuevo trabajo, trató de huir de casa y empezó a usar perfume. Un comportamiento predecible para una jovencita, quizá, pero Ushi tiene 103 años de edad. Cuando le pregunto acerca del perfume, bromea diciendo que tiene un nuevo novio, y se tapa la boca con la mano, antes de lanzar una de sus benditas risas.
Con una expectativa de vida promedio de 78 años para los hombres y de 86 para las mujeres, los nativos de Okinawa se encuentran entre las personas más longevas del mundo y, lo que resulta más importante, los ancianos que viven en este exuberante archipiélago tropical tienden a disfrutar muchos años sin ser aquejados por enfermedades.
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Los ancianos de Okinawa sufren menos ataques al corazón,
menos cáncer de mama y cáncer de próstata que en Estados
Unidos de América.
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¿Cuál es la clave? “El Ikigai por supuesto que ayuda”, responde Craig Wilcox, del Estudio de Centenarios de Okinawa. El término japonés se traduce aproximadamente como “aquello que hace que valga la pena vivir la vida”. Los ancianos de Okinawa, afirma Wilcox, poseen un fuerte sentido de motivación que podría actuar como una especie de amortiguador contra el estrés y contra las enfermedades, como la hipertensión. Muchos de ellos también pertenecen a un moai al estilo de Okinawa: una red de apoyo muto que proporciona ayuda económica, emocional y social a lo largo de su vida.
Una dieta magra también podría ser otro factor incidente. “Un plato rebosante de verduras de Okinawa, tofu, sopa de miso y un poco de pescado o carne tienen menos calorías que una hamburguesa pequeña —afirma Makoto Suzuki, quien también trabaja en el Estudio de Centenarios de Okinawa— y tendrá muchos más nutrientes sanos”. Es más, muchos de los nativos de Okinawa que crecieron antes de la Segunda Guerra Mundial nunca desarrollaron la tendencia a darse gustos con las comidas. Viven aún de acuerdo con el proverbio inspirado en Confucio: ‘hara hachi bu’, come sólo hasta que tu estómago esté 80 % lleno.
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Moai: un grupo de amigos, vecinos o familiares que
se reúnen con regularidad para proporcionarse apoyo
social, emocional y económico.
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Además, siembran buena parte de lo que comen. Al observar los huertos que tienen los centenarios de Okinawa, Greg Plotnikoff, un investigador dedicado a la medicina tradicional, los llama “botiquín de medicina preventiva”. Hierbas, especias, frutas y hortalizas, tales como rábanos chinos, ajo, coles, cúrcuma, cebollas y tomates que, dice Plotnikoff, “tienen componentes que podrían bloquear el cáncer antes de que inicie”.
Irónicamente, para muchos ancianos de Okinawa, esta dieta surgió de épocas de penurias. Ushi Okushima creció descalza y en la pobreza. Su familia apenas sobrevivía tratando de cultivar el terreno rocoso de Ogimi, sembrando tubérculos, que conformaban el plato principal de todas sus comidas. Para celebrar el Año Nuevo, el pueblo mataba un cerdo y cada uno de los habitantes recibía un pedazo de carne.
Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los barcos de guerra estadounidenses bombardearon Okinawa, Ushi y Setsuko, cuyos maridos habían sido enrolados en el ejército japonés, huyeron a las montañas con sus hijos. “Sufrimos una terrible hambruna”, recuerda Setsuko.
Actualmente, Ushi se despierta al amanecer y toma un desayuno frugal, compuesto por leche, plátanos y tomates. Hasta hace poco, sembraba la mayor parte de sus alimentos (dejó de hacerlo cuando empezó a trabajar). Pero sus rituales tradicionales diarios no han cambiado en lo absoluto: los rezos matutinos a sus antepasados, tomar té con sus amigas, comer con la familia, dormir una siesta vespertina, dedicar una hora social al atardecer con sus amigos y, antes de dormir, tomar una taza de sake con una infusión de la hierba que se conoce como artemisa. “Me ayuda a dormir”, dice Ushi.
¿Cuál es el Ikigai de Ushi, ese poroso sentido de motivación que, se dice, poseen los ancianos de Okinawa?
“Mi Ikigai está justamente aquí —me responde haciendo un ligero ademán de manos que envuelve a Setsuko y a Matsu—. Si ellas mueren, me preguntaré por qué signo aún con vida”.
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Adventistas
ES VIERNES POR LA MAÑANA y Marge Jetton conduce por la autopista de San Bernardino en su Cadillac Seville color malva. Escudriña el paisaje a través de sus anteojos oscuros, mientras
su cabeza apenas sobrepasa el volante.
Marge, quien en septiembre cumplió 101 años, va retrasada para uno de los varios trabajos voluntarios que tiene el día de hoy y conduce rápidamente. Esta mañana ya ha caminado un kilómetro y medio, ha levantado pesas y ha desayunado su avena. “No sé bien por qué el Señor
me ha concedido el privilegio de vivir tanto —dice, señalándose a sí misma—. Pero mire lo que
ha hecho”. Puede ser que Dios tenga que ver con la vitalidad de Marge o no, pero su religión, seguramente sí.
Marge es una adventista del Séptimo Día. Estamos en Loma Linda, California, a medio camino entre Palm Springs y Los Ángeles. Aquí, rodeada de naranjos y normalmente cubierta por un smog color mostaza, vive una muy estudiada comunidad de adventistas del Séptimo Día.
La Iglesia Adventista siempre ha predicado y practicado un mensaje de salud: prohíbe expresamente fumar, consumir alcohol y la ingestión de alimentos bíblicamente “contaminantes”, tales como la carne de cerdo, las comidas grasosas, las bebidas con cafeína, así como las especias y los condimentos “estimulantes”. “La dieta que el Creador escogió para nosotros está constituida por granos, frutas, nueces y hortalizas”, escribió Ellen White, una lideresa influyente que ayudó a conformar la Iglesia Adventista.
Los adventistas también cumplen con el Shabat, interactuando socialmente con otros miembros
de la iglesia y disfrutando de un “tiempo sagrado” que les ayuda a liberar el estrés. En la actualidad, la mayoría de los adventistas sigue el etilo e vida prescrito, un testimonio quizá de lo saludable que resulta mezclar la salud con la religión.
Entre 1976 y 1988, los Institutos Nacionales para la Salud de Estados Unidos de América patrocinaron un estudio de 34 mil adventistas de California, para averiguar si su estilo de vida, orientado hacia la salud, incidía en sus expectativas de vida y en los riesgos de enfermedades del corazón y de cáncer. El estudio encontró que el hábito de los adventistas de comer habichuelas, leche de soya, tomates y otros frutos disminuía su riesgo de padecer enfermedades del corazón. Otra conclusión fue que no comer carnes rojas había coadyuvado para evitar tanto el cáncer como las enfermedades del corazón.
Al final, el estudio llegó a una asombrosa conclusión, afirma Gary Fraser, de la Universidad de Loma Linda: el adventista vegetariano promedio vive entre cuatro y 10 años más que el californiano promedio.
Me reúno con Marge en un salón de belleza en Redlands. Cada viernes, en los últimos 20 años, no ha faltado a su cita de las 8 a. m. con su estilista, Barbara Miller.
Cuando llego, Marge hojea una copia del Rider’s Digest, mientras Barbara le alisa un mechón de cabellos plateados. “¡Llegas tarde!”, me grita.
“Somos un montón de dinosaurios aquí”, me susurra Barbara. “Esolo seras tú, le contesta, enérgica, Marge. “Yo no”.
Media hora más tarde, con el cabello luciendo como un copo de nieve, Marge me lleva hasta su coche. No camina, sino que sale pitando con un aire de autosuficiencia. “Súbete —me ordena—. Me puedes ayudar”. Vamos hacia Loma Linda, a un hogar de atención diurna para ancianos, muchos de los cuales son varias décadas más jóvenes que Marge.
Ella abre la cajuela del coche y carga cuatro montones de revistas que reunió durante la semana. “Los ancianitos de aquí las leen y recortan las fotografías para hacer manualidades”, me explica. ¿Ancianitos?
Próxima parada: entregar botellas reciclables a una mujer que vive de la asistencia social y quien luego las cambiará por el dinero de los depósitos. En el camino, Marge me cuenta que ella nació pobre, hija de un criador y domador de mulas y de un ama de casa de Yuba City, en California. Trabajó como enfermera, mantuvo a su marido para que estudiara medicina y crió a dos hijos. Su esposo, James, murió dos días antes de cumplir 77 años de casados. “Por supuesto que de vez en cuando me siento sola, pero para mí, eso siempre ha sido un signo de que debo levantarme e ir a ayudar a alguien”.
Como muchos adventistas, Marge pasa la mayor parte de su tiempo con otros correligionarios.
“Es difícil tener amigos que no sean adventistas —dice—. ¿Dónde los puede conocer uno? No hacemos las mismas cosas”. Como resultado de esto, según afirman los investigadores, los adventistas aumentan sus posibilidades de longevidad al asociarse con personas que refuerzan sus costumbres saludables.
Al atardecer, ya de regreso en Linda Valley Villa, la comunidad de adventistas retirados donde vive, Marge me invita a almorzar. Nos sentamos aparte, pero una serie de vecinos se acerca a saludar. Mientras comemos un guisado de tofu y una ensalada verde mixta, le pido a Marge que comparta conmigo su sabiduría de longevidad.
“No he comido carne en 50 años y no como nunca entre comidas —me dice mientras les da unos golpecitos a sus dientes perfectos—. Son todos míos”. Su trabajo voluntario le ayuda a sobrellevar la soledad que sufren los adultos mayores y le brinda, a la vez, una fuente de motivación, que también es algo de lo que están imbuidas las vidas de otros centenarios exitosos. “Hace muchos años me di cuenta de que tenía que salir al mundo —me dice—. El mundo no iba a venir a mí”.
Tengo una última pregunta para Marge. Después de haber entrevistado a más de 50 centenarios en tres continentes, los encontré a todos muy agradables. No hallé ni un gruñón en el grupo. ¿Cuál es el secreto para un siglo de simpatía?
“Bueno, me gusta hablar con la gente. Veo a los extraños como amigos a los que aún no he conocido” —hace una pausa meditativa—. Aunque quizá la gente pueda mirar y decirse: ¿Por qué esa mujer no se queda callada?”.
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…………………………………………..LOS SECRETOS…………………………………………..
1. CONVIVA CON LA FAMILIA
De acuerdo con los gerontólogos, los ancianos que viven cerca de sus seres queridos tienden a vivir más años.
Un estudio reciente, realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, sugiere que el consumo de 1.2 litros de té verde al día quizá explique por qué los habitantes de Asia generalmente padecen pocas enfermedades cardíacas y cáncer. El té verde cultivado en Japón contiene catechina, un antioxidante que ayuda a controlar la presión arterial y el colesterol.
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2. BEBA VINO TINTO CON MODERACIÓN
Delgado como una partitura, el carta da musica, un tipo de pan ácimo, es parte de la dieta sarda. Algunos estudios indican que podría reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Beneficios parecidos se le atribuyen a beber un vaso diario de vino tinto, el cual contiene un componente que previene la obstrucción arterial. Los sardos brindan diciendo kent’annos: salud y vida por 100 años.
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3. VIVA EN FORMA
“Un poco de trabajo no mata”. Esa es una lección que se aprende temprano en Cerdeña, donde generalmente todos, desde temprana edad, ayudan a cuidar los rebaños de la familia. Debido a que se mantienen activos, muchos hombres están saludables aun a los 85 años de edad. “Durante toda mi vida he caminado y he trabajado –dice Giuseppe Cugusi–. Si me quedara todo el día en casa, entonces enfermaría”.
4. DESCUBRA SU RAZÓN PARA VIVIR
¿Cuál es la Ikigai, “la razón de vivir”, de Fumiyasu Yamakawa, de 84 años? El ejercicio diario, que incluye la práctica de yoga y entrenar para un decatlón. Sus deportes favoritos: salto de altura y con garrocha. Para Zen-ei Nakamura, es el mar lo que lo cautiva. “Pescar es mi vida”, afirma. Él suele nadar desnudo para atraer a los peces hacia sus redes.
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5. MANTENGA EL CONTACTO CON LOS AMIGOS
El vínculo social se conserva intacto para Kamada Nakazato, de 102 años, cuya familia y amigos se reúnen con ella a tomar el té. Algunos estudios demuestran que los ancianos que se mantienen sociables son menos propensos a sufrir depresión o a padecer enfermedades del corazón. Una amenaza contra la salud se cierne contra los jóvenes en Okinawa que consumen comida rápida: ha aumentado la tasa de obesidad en Japón.
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6. CONSUMA VERDURAS
Cuando no ve las luchas de sumo en la televisión, Yasu Itoman, de 100 años, se ejercita cultivando zanahorias, tomates y cebollas en su jardín. Estas hortalizas le proporcionan antioxidantes naturales que ayudan a prevenir el cáncer. Siryu Toguchi, de 104 años, disfruta de unos minutos de sol, una fuente de vitamina D, que ayuda a prevenir la osteoporosis.
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7. TENGA FE
Mientras bautiza a una niña, el pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Scout Smith, afirma que la espiritualidad y la salud física van de la mano. “Aceptar a Cristo es ser libre, lo cual reduce el estrés”. El Dr. Ellsworth Wareham, quien a los 91 años aún participa en cirugías, dice: “Dios dirige y Dios protege”.
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8. REGÁLESE TIEMPO PARA EL DESCANSO
Los Rawson, de Colton, California, conviven en familia los fines de semana. Los sábados son tranquilos, un santuario en el tiempo, porque practican el Shabat y mantienen un día de espiritualidad. “Todo es acerca de la iglesia, la familia y los amigos –dice Tim, el padre–. Si el día no fuera especial, yo estaría simplemente cortando el césped”. En cambio, los domingos salen juntos en sus motocicletas para dar una vuelta en la tarde.
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9. CELEBRE LA VIDA
“La Biblia nos dice que no comamos cerdo”, dice Lidia Newton (der.), quien prefiere
las habichuelas, el queso, el pan y una rebanada de pastel de cumpleaños. Lidia, de 112 años, se encuentra entre las 20 personas más logevas del mundo, a sólo tres años de quien encabeza la lista.
Los “supercentenarios” están redefiniendo cuánto y cuán bien podemos vivir, aunque no sea algo que resulte fácil. “Mi parte favorita del día —dice Lidia— es cuando duermo una siesta”.
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Fotografía de David McLain





Hola, a gradeceria su ayuda nececito el video del reportaje que se hiso a la Nacional Geograpig Chanel de lo ciber games (WCG_2005) para una expocicion que quiero hacer a mis alumnos. bueno les dejo micorreo para ver sime manda lalik de lapagina endonde puedo descargar elvideo y graceas por su apoyo …
karlycv_172003@hotmail.com
Hola:
Soy una leal lectora y suscriptora de la revista National geographic en español desde hace aproximadamente 3 años; me gustaria saber de que manera puedo recuperar algunas ediciones de la revista de meses o años anteriores, en especial me interesa recuperar la edicion de noviembre 2005 donde hablan de la longevidad y otra edicion que no recuerdo el mes pero es del año 2005 en la que el tema principal es la obesidad.
Espero y puedan ayudarme GRACIAS.
Hola, soy un adicto al canal de National Geographic, y disfruto del mismo modo de sus lecturas,
El propósito de mi mail es solicitar el material que publicaron sobre “Los secretos de la longevidad”, principalmente de los adventistas de Loma Linda. Agradeceré en gran manera su atención y quedo a sus órdenes esperando una respuesta favorable a mi solicitud. GRACIAS.
Hola…
Soy adventista del Septimo Dia y vegetariano
Me alegro mucho que se pueda mostrar lo que nuestra iglesia hace mas de 100 años esta predicando y practicando.
Los invito a que puedan averiguar mas y disfrutar de mejor salud.
Hola:
Soy adeventista del septimo dia, y me alegra mucho que se pueda demostrar lo que nuestra iglesia practica hace muchos años.
Y les puedo afirmar la vida saludable es lo mejor que un ser humano puede llegar a obtener, lo cual es muy dificil en estos tiempos.
El bienestar fisico que se puede adquirir es increible, pues, influye en todos los aspectos.
Dios solo quiere lo mejor para nosotros, pues por eso seguimos sus concejos.
Hasta pronto!
esta muy este articulo, lectura.. bueno… me sirvio de mucho, mañana es el dia d las madres y como un adelnta a mi madre de 70 años le voy a dar toda esta lecutra para q me dure mas tiempo, la quiero mucho y muchas gracias national geographic, por sus investigaciones, etudios y de mas ..!
la ciencia, la tecnologia y la investigacion, nos hace cada dia mas facil la vida.
gracias.
Yo tambien soy adventista del septimo dia, y tambien estoy contenta al igual que Karina y Juan Pablo de que hayan hecho este reportaje donde muestra que la vida sana y la dependencia a Dios tambien son factores muy importantes para lograr longevidad, pero longevidad activa. En mi curso de ecologia estabamos discutiendo este asunto y pienso que el estar predispuesto geneticamente por si mismo no genera la longevidad, seria un crimen asegurar eso, hasta el ambiente influye, en fin si todos los factores estan donde deben estar actuando juntos y coordinadamente podremos ver gente mas longeva y eficiente como la señora Marge y tantas otras que salieron en el reportaje…
Que Dios bendiga a cada lector
Hola Soy vegetariana desde hace 24 años y me gusto leer sobre la longevidad, estoy enzeñando a mis hijas igual para llevar una mejor vida, ojala todos comprendamos y estudiemos mas sobre nuestra anatomia y comprender que el hombre no fue creado para comer carne, sino para llevar una dieta sencilla y en lo mayor posible apegados a la naturaleza, tratar de estar en paz con todos y confiar que Dios lleva las riendas de nuestras vidas y de este mundo. Felicidades a todos los lectores de National Geographic
Me gustò muchos los articulos donde hablan de las personas,mas longevas de tres partes del mundo, si lo creo, por que yo tengo como tres años de estar comiendo sano,frutas,legumbres,granos, creales y agua.y en ese poco tiempo que llevo, han habido cambios fabulosos en mi persona, antes me sentía viejo y con dolores huesos, de estomago,diarreas,estreñimiento,agruras, calenturas y otras molestias más,problemas en mis ojos y otros,,, hoy me siento joven,con energias y con ganas de seguir difundiendo esta maravilla, nací el 1 de sept.1937,casi 71 años si la pueden compartir me gustaría, tengo unos escritos sobre mi experiencia, de la obesidad y de la comida sana.Lerdo de tejada 113,Macuspana, tabasco.mexico
Hola! soy vegetariano desde hace mas de 20 años. y que bueno que national geographic trate este tema! y les digo que tambien sigan al pie de la letra lo que nos dicen los 8 medicos que no cobran y que si curan. y que junto a la buena alimentacion es una fuente magnifica de salud y larga vida. Cimentado en la fe en Dios.
El Secreto de la Longevidad ademas de una Sana alimentacion y un estilo de Vida en contacto con la Naturaleza, el mayor secreto se encuentra en el Agua de los mananantiales, de las MONTAÑAS Y en paises como Japon que consumen un Agua Alcalina con un pH de 9. El Agua alcalina ayuda a disolver las toxinas y Acidos que se acumulan en el cuerpo humano. En japon se consume desde hace mas de 40 años. El Agua Alcalina es el Secreto de la Optima Salud y de la Longevidad.
Fuente: Sang Whang, Revierta el Envejecimiento