¿Qué es en realidad esto que llamamos amor?
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Fotografía de Pablo Corral Vega Foto: National Geographic
Cortejo en un bar de tango en Argentina: Primero, charla; luego, contacto y movimiento rítmicos.
Por Lauren Slater
Fotografías de Jodi Cobb
Los científicos han descubierto que el coctel de químicos cerebrales que enciende el romance es totalmente diferentee a la mezcla que promueve los vínculos a largo plazo. Entonces, ¿qué es en realidad esto que llamamos amor?
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MI ESPOSO Y YO NOS CASAMOS A LAS OCHO DE LA MAÑANA. Era invierno, helaba, los árboles estaban forrados de escarcha y algunos mirlos solitarios se mecían en los cables telefónicos. No teníamos ni 35 años de edad; nos considerábamos modernos y cínicos, del tipo de personas que menosprecian la institución del matrimonio al tiempo que buscan el prestigio que ésta otorga. Cuando los invitados se fueron, la casa quedó en silencio. Había flores por todas partes: rosas lánguidas y frágiles helechos. ‘‘¿Qué hacemos que sea muy romántico?’’, pregunté a mi flamante esposo.
Benjamin sugirió que tomáramos un baño de tina. Yo no quería bañarme. Sugirió una comida con vino blanco y salmón. Ya estaba harta del salmón.
“¿Qué hacemos que sea muy romántico? La boda había terminado, el silencio parecía sofocarnos, y yo sentía la desilusión típica de cuando un ansiado suceso al fin termina. Estábamos casados. Albricias. Decidí salir a caminar. Fui al centro de la ciudad, observé a través de la vitrina de una panadería a un señor con harina en las manos. Luego me entretuve en una tienda de antigüedades. Finalmente, llegué al estudio de tatuajes de la ciudad. No soy del tipo de persona que se pone tatuajes, pero, por alguna razón, ese domingo frío y apacible decidí entrar. ‘‘¿En qué le puedo servir?’’, preguntó una mujer.
‘‘¿Hay algún tatuaje que me pueda hacer que no sea permanente?’’, inquirí.
‘‘Los de henna’’, contestó.
Me explicó que duraban seis semanas, que se usaban en las bodas en India y que eran nítidos, hermosos y totalmente marrones. Me mostró fotografías de mujeres indias con joyas en la nariz y los brazos pintados y adornados con las marcas de henna en forma de espirales. Estos tatuajes reflejaban complejidad; los vínculos entre dos individuos, los lazos que los unen y lo difícil que es encontrar su principio y su fin. Y como acababa de casarme, atravesaba por una depresión postboda y quería algo muy romántico que me ayudara a arreglármelas aquella noche, decidí hacerme uno.
‘‘¿Dónde?’’, me preguntó.
‘‘Aquí’’, le indiqué, señalando senos y estómago.
‘‘Claro’’, respondió levantando las cejas.
Soy una persona recatada, pero me quité la blusa, me acosté en la mesa y la escuché mezclando polvos y pinturas en el cuarto de atrás. Regresó conmigo cargando una pequeña vasija negra dentro de la cual había una pasta roja que brillaba un poco. Me adornó. Me dibujó enredaderas y flores. Convirtió mi cuerpo en una estaca que sostenía todo un jardín, fresco y frondoso. Luego, alrededor de las caderas, pintó un delicado cinturón de castidad con eslabones. Una hora más tarde, con la pintura seca, me vestí de nuevo y fui a casa para encontrarme con mi flamante esposo. Éste era mi obsequio para él, el tipo de regalo que se ofrece sólo una vez en la vida. Le permití que me desnudara.
‘‘¡Vaya!’’, exclamó haciéndose para atrás.
Me ruboricé, y comenzamos.
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YA NO ES COMO AL INICIO, Y NO ME SORPRENDE. Incluso entonces, al llevar en mi piel los adornos del deseo, los tatuajes serpenteantes, yo sabía que se desvanecerían, que su color de arcilla rojiza se desteñiría hasta desaparecer. El día de mi boda eso no me importaba.
Ahora sí. Ocho años después, pálida como una funda de almohada, estoy aquí sentada, con todos los kilos de más y el bagaje que el tiempo trae. Y las interrogantes se han recrudecido: ¿La pasión disminuye necesariamente con el tiempo? ¿Cuán confiable es el amor romántico, en realidad, como medio para escoger a la pareja? ¿Puede funcionar el matrimonio cuando a Eros lo reemplaza la amistad o, incluso, una sociedad de inversiones; dos personas unidas por cuentas bancarias?
Permítanme aclarar algo: todavía amo a mi marido. No hay hombre al que desee más. Pero es difícil conservar el romance en la caótica cotidianidad en la que se han convertido nuestras vidas. Los lazos que nos unen se han deshilachado debido al dinero, las hipotecas, los hijos, esos diablillos que de alguna manera se la arreglan para apretar el nudo, al tiempo que debilitan sus fibras. Benjamin y yo no tenemos tiempo para el vino blanco y el salmón. Los baños en la tina de nuestra casa incluyen invariablemente al pájaro Abelardo.
Aunque todo esto parezca una desgracia, no lo es. Mi matrimonio es como una prenda muy cómoda; incluso las discusiones se sienten como algo suave y mullido, tan familiar que sólo puede llamarse hogar. Sin embargo…
En el mundo occidental, durante siglos hemos compuesto poemas, cuentos y obras teatrales sobre los ciclos del amor, la manera en que se transforma y cambia con el tiempo, la forma en que la pasión nos atrapa por la garganta para luego abandonarnos y dejarnos en un estado más parecido a la cordura. Si Drácula –la mujer frágil, la sensualidad de la sumisión– refleja el modo en que concebimos la pasión del romance en sus inicios, Los Picapiedra proyectan nuestras experiencias amorosas a largo plazo: todo es picar piedra y hasta un poco absurdo, un sonsonete tan conocido que no puedes dejar de canturrearlo y, cuando al fin cesas, el vacío es casi insoportable.
Hemos confiado en que los cuentos nos publiquen las complejidades del amor, en relatos de dioses celosos y flechas. Ahora, sin embargo, estas narraciones –parte fundamental de toda civilización– pueden estar cambiando al tiempo que la ciencia interviene para explicar lo que siempre hemos concebido como mito, como magia. Por primera vez, las investigaciones recientes han comenzado a develar el lugar que el amor ocupa en el cerebro, las particularidades de sus componentes químicos.
La antropóloga Helen Fisher podría ser lo más cercano que hayamos tenido a una decana del deseo. A sus 60 años, destila una seguridad muy sensual, con el cabello del color del maíz, suave como la seda, y una complexión esbelta. Fisher es profesora de la Universidad de Rutgers, vive en la ciudad de Nueva York y tiene un apartamento lleno de libros cerca de Central Park.
Ha dedicado un gran parte de su carrera a estudiar los cambios bioquímicos del amor en todas sus manifestaciones: lujuria, romance, apego, en sus diversas variaciones e intensidades. Habla con atractiva franqueza y discute los altibajos del amor de la misma forma en que mucha gene habla de bienes raíces. “Una mujer usa inconscientemente los orgasmos para decidir si un hombre le conviene o no. Si él es impaciente y brusco, y ella no alcanza el clímax, podría sentir de manera instintiva que él tiene pocas posibilidades de ser un buen esposo y padre. Los científicos piensan que quizá el voluble orgasmo femenino evolucionó para ayudar a las mujeres a distinguir al hombre adecuado del que no lo es”.
Una de las ambiciones principales de Fisher en la última década ha sido observar el amor, literalmente, con ayuda de una máquina de imágenes por resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés). Fisher y sus colegas Arthur Aron y Lucy Bron reclutaron a personas que habían estado “locamente enamoradas” durante un promedio de siete meses. Una vez dentro de la máquina MRI, se les mostraron dos fotografías: una neutra y otra de su ser amado.
Lo que Fisher vio la dejó fascinada: cuando cada persona observaba a su amado o amada, las partes del cerebro relacionadas con la recompensa y el placer –el área tegmental ventral y el núcleo caudado– mostraban actividad. Lo que más emocionó a la investigadora no fue tanto encontrar un área, un domicilio del amor, sino rastrear sus senderos químicos específicos. El amor produce actividad en el núcleo caudado porque este es el hogar de una densa proliferación de receptores para un neurotransmisor llamado dopamina, el cual Fisher llegó a pensar que era parte de nuestro elíxir de amor endógeno. En las proporciones correctas, la dopamina provoca energía intensa y alborozo, agudiza la atención y motiva para obtener recompensas. Por esta razón, cuando estamos recién enamorados, podemos permanecer despiertos toda la noche, ver el amanecer, correr en una competencia o esquiar veloces por una pendiente que normalmente nos resultaría demasiado empinada. El amor nos hace audaces, nos vuelve brillantes y vigorosos, nos hace correr riesgos reales, de los cuales a veces sobrevivimos y a veces no.
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atracción
La flecha de cupido no se dirige sólo al corazón durante las vacaciones en Cancún, México, donde unos nuevos amigos se zambullen en un tipo de amor definido por la atracción física. El lenguaje corporal inconsciente deja en claro su disponibilidad: la sonrisa con la boca abierta, la espalda arqueada, los ojos ávidos. Michele Parsons, el centro de atención en la imagen, comenta: “Algunos de nosotros buscamos amor verdadero, pero la mayoría quiere sólo sexo”.
Me enamoré por primera vez cuando tenía sólo 12 años del señor McArthur, un profesor que calzaba sandalias abiertas y usaba barba. Nunca antes había tenido un maestro varón, por lo que pensaba que ello era muy exótico. El señor McArthur hacía cosas que ningún otro profesor se atrevía. Nos explicaba la física de las flatulencias. Demostraba cómo hacer explotar un huevo.
La inusitada constelación de necesidades que me llevó a amar un hombre que hacía explotar huevos podría resultar interesante, creo, pero no tanto como mis recuerdos de los simples hechos físicos del amor. Nunca había sentido algo así. No podía sacarme de la cabeza al señor McArthur. Estaba nerviosa; me mordía el interior de las mejillas hasta sentir el saborcillo de la sangre. La escuela se volvió a la vez aterradora y emocionante. ¿Lo vería en los pasillos? ¿En la cafetería? Eso esperaba. Pero cuando mis deseos se cumplían, y divisaba a mi hombre, no había satisfacción; sólo me enardecía más. ¿Me había mirado? ¿Por qué no me había mirado? ¿Cuándo lo volvería a ver?
¿Le suena familiar? Tal vez usted tenía 30 años cuando le sucedió, u ocho, u 80 o 25. Tal vez vivía usted en Katmandú o en Kenucky; la edad y la geografía son irrelevantes. Dontella Marazziti, profesora de psiquiatría de la Universidad de Pisa, en Italia, ha estudiado la bioquímica del mal de amores. El haber estado enamorada dos veces y haber sentido su terrible poder la motivó a explorar las similitudes entre el amor y el trastorno obsesivo-compulsivo.
Junto con sus colegas, Marazziti midió los niveles de serotonina en la sangre de 24 personas que se habían enamorado en los últimos seis meses y que habían experimentado una obsesión por el objeto de su afecto durante al menos cuatro horas todos los días. La serotonina es, tal vez, nuestro neurotransmisor estrella, al que alteran los medicamentos psiquiátricos estrella: Prozac, Zoloft y Paxil, entre otros. Desde hace mucho, los investigadores han conjeturado que la gente que padece el trastorno obsesivo-compulsivo (OCD, por sus siglas en inglés) presenta un “desequilibrio” de serotonina. Parece que los medicamentos como el Prozac alivian el OCD al incrementar la cantidad del neurotransmisor disponible en las conexiones entre neuronas.
Marazziti comparó los niveles de serotonina de los enamorados con los de un grupo de personas que sufrían OCD y con los de otro grupo que estaba libre de pasión y de enfermedades mentales. Los niveles de serotonina tanto en la sangre de los obsesivos como en la de los enamorados eran 40 % más bajos que los de los individuos normales. De modo que el amor y el trastorno obsesivo-compulsivo podrían tener un perfil químico similar. Traducción: el amor y las enfermedades mentales son difíciles de diferenciar.
Existe esperanza, no obstante, para quienes se ven atrapados en las garras de la pasión: el Prozac. No hay nada como esta bala bicolor para disminuir el deseo sexual. Sin embargo, Helen Fisher piensa que el consumo de medicamentos como el Prozac pone en peligro la capacidad de enamorarse… y de permanecer enamorados. Al embotar el agudo filo del amor y la libido asociada con él, las relaciones se estancan. “Sé de una pareja que estaba a punto de divorciarse. La esposa tomaba un antidepresivo. Luego lo dejó. Comenzó a tener orgasmos nuevamente, sintió otra vez atracción por su marido, y ahora están enamorados de nuevo”, dice Fisher.
Los psicoanalistas han desarrollado incontables teorías sobre la causa por la que nos enamoramos de determinadas personas. Freud hubiera afirmado que nuestras elecciones están influidas por el deseo no correspondido de acostarnos con nuestra madre, si somos hombres, o con nuestro padre, si somos mujeres. Jung pensaba que la pasión estaba determinada por algún tipo de inconsciente colectivo. Actualmente, psiquiatras como Thomas Lewis, de la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en San Francisco, plantean la hipótesis de que el amor romántico está enraizado en nuestras primeras experiencias infantiles con la intimidad, con la manera en que nos sentíamos al ser amamantados o con el rostro de nuestra madre: situaciones de comodidad pura, sin conflicto, que se graban en nuestro cerebro y que incesantemente intentamos recuperar de adultos. De acuerdo con esta teoría, amamos a quien amamos no tanto por el futuro que esperamos construir, sino por el pasado que deseamos recobrar. El amor es reactivo, no proactivo; nos lanza hacia atrás, y tal vez por eso cierta persona “parece la indicada”, o “parece familiar”. Él o ella tiene cierto aspectto o aroma o sonido o caricia que activa recuerdos sepultados.
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El amor y el trastorno obsesivo-compulsivo
podrían tener un perfil químico similar.
Traducción: el amor y las enfermedades
mentales son difíciles de diferenciar.
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Cuando conocí a mi marido, pensé que esta teoría era más o menos cierta. Él es pelirrojo y su voz, suave. Como químico, es caprichoso y raro. Un día, antes de casarnos, sumergió una rosa en nitrógeno líquido para que se congelara; acto seguido, la arrojó contra la pared, haciéndola añicos de manera espectacular. Fue entonces cuando me enamoré de él. También mi padre es pelirrojo y tiene un voz suave y muchas excentricidades. Solía cantar de pronto, animado por algo que nunca nos explicábamos.
Sin embargo, sucede que mis teorías sobre por qué me enamoré de mi esposo bien podrían ser puras tonterías. La psicología evolutiva se ha desentendido de Freud y del complejo de Edipo, además de otras cuestiones trascendentes, para dar la bienvenida a las habilidades de supervivencia. La hipótesis es que tendemos a considerar atractivas, y por lo tanto las escogemos como pareja, a las personas que lucen saludables.
Tal vez nuestra elección de pareja sea simplemente un cuestión de seguir nuestro olfato. Claus Wedekind, de la Universidad de Lausana, en Suiza, realizó un interesante experimento empleando camisetas sudadas. Pidió a 49 mujeres que olieran las prendas que anteriormente habían vestido hombres que no conocían y eran poseedores de una variedad de genotipos que influyen tanto en el olor corporal como en el sistema inmunológico. Luego les pidió a las mujeres que determinaran cuáles camisetas olían mejor y cuáles peor. Lo que Wedekind encontró fue que las mujeres preferían el olor de las camisetas que habían portado hombres cuyo genotipo era el más diferente al de ellas, un genotipo que quizá esté relacionado con un sistema inmunológico poseedor de algo que el de ellas no tiene. De esta manera, se incrementan las probabilidades de que sus hijos sean fuertes.
Todo esto parece demasiado bueno para ser verdad, el que tengamos tantos cables y que no estemos conscientes del cableado. Porque nadie que yo conozca me ha dicho: “Me casé con él por su olor corporal”. No. Decimos: “Me casé con él (o ella) porque es inteligente, guapo, ingenioso, compasivo”. Pero tal vez nos engañemos tanto sobre el amor como al enamorarnos. Si todo se redujera a una prueba de olfato, los perros definitivamente estarían a la delantera a la hora de escoger pareja.
¿Por qué no perdura el amor pasional? ¿Cómo es posible que pensemos que una persona es bella el lunes y que, 364 días más tarde, otro lunes, la consideremos sosa? Ciertamente, el objeto de nuestro afecto no puede haber cambiado tanto.
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romance
“Haría cualquier cosa por ti”, susurra Blair Witherspoon a su novia Erica Hoskey. Esto incluye darle el Piolín que se ganó en un juego de tiro al blanco en la Feria de Butler County, en Pensilvania, EUA. Las palabras cariñosas y los regalos encienden la pasión romántica. Pero los bioquímicos aseguran que esta febril etapa del amor se extingue generalmente tras algunos años. ¿Por qué? Tal vez el cerebro no puede mantener la intensa actividad neurológica del enamoramiento.
LOS ESTUDIOS REALIZADOS EN DIVERSAS PARTES DEL MUNDO confirman que, en efecto, la pasión generalmente se acaba. No sorprende entonces que en muchas culturas se piense que escoger una pareja para toda la vida con base en algo tan efímero es una locura. Helen Fisher ha sugerido que las relaciones con frecuencia se rompen después de cuatro años porque ese es más o menos el tiempo que toma criar a un hijo en la infancia. La pasión, ese salvaje, luminoso y alocado sentimiento, resulta ser práctica después de todo. No sólo necesitamos copular, sino también suficiente pasión para comenzar la crianza; posteriormente, los sentimientos de apego se imponen cuando la pareja se une para criar a un indefenso infante humano. Cuando el bebé ha dejado de lactar, el niño puede quedarse con la hermana, las tías, las amigas. el padre y la madre ahora son libres de hacerse de otra pareja y tener más hijos.
Biológicamente hablando, las razones por las que el amor romántico se apaga lentamente pueden hallarse en la forma en que nuestro cerebro responde a la profusión y flujo de dopamina que acompaña a la pasión y que nos hace volar. Los adictos a la cocaína dicen, al describir el fenómeno de la tolerancia, que el cerebro se adapta a recibir droga en exceso. Quizá las neuronas se vuelven insensibles y necesitan más y más para producir el “vuelo”, para lanzar chispas, hablando metafóricamente.
Tal vez sea bueno que el romance mengüe. Si el estado químico alterado inducido por el amor romántico es equiparable a una enfermedad mental o a la euforia inducida por las drogas, exponerse demasiado tiempo podría ocasionar trastornos psicológicos.
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vínculos
El matrimonio, existente en todas las culturas, recluta a otra pareja en una boda en Varese, Italia. Los recién casados podrán presumir su amor perfecto, pero para la antropóloga Helen Fisher, los vínculos de pareja se ven determinados por el instinto de cópula, programado en la parte más primitiva de nuestro cerebro. “Mira qué feliz está este hombre”, comenta Fisher. “Acaba de ganar lo más importante de su vida: la oportunidad de heredar su ADN”.
ÉRASE UNA VEZ, EN INDIA, un chico y una chica que se enamoraron sin el permiso de sus padres. Pertenecían a castas diferentes; su relación era intensa y prohibida. Imagínese: el refulgente sari, el chico vestido de lino blanco, encuentros clandestinos en terrazas de azulejos con una enorme luna blanca flotando encima. ¿Quién podría negar a los amantes semejante placer o condenar el poder de su atracción?
Sus padres podían. En un incidente reciente, un chico y una chica de castas diferentes fueron ahorcados por sus padres, mientras cientos de aldeanos observaban. Una pareja que se fugó fue desvestida en público y golpeada. Y otra más se suicidó después de que sus padres les prohibieron casarse. Los antropólogos solían pensar que el romance era un invento occidental, un subproducto burgués de la Edad Media. El romance era para los sofisticados, tenía lugar entre cafés y vinos, entre sábanas de seda, o en aposentos con chimeneas. Se daba por hecho que los pueblos con grandes obligaciones familiares y sociales estaban demasiado ocupados para permitirse ciertas pasiones. ¿Cómo podría una cultura colectivista celebrar o aceptar la obsesión hacia un individuo que define un nuevo amor?
Sucede que sí, y fácilmente. Los científicos ahora piensan que el romance es propio de la especia humana, que está incrustado en nuestro cerebro desde el Pleistoceno. En un estudio de 166 culturas, los antropólogos William Jankowiak y Edward Fischer observaron la evidencia del amor pasional en 147 de ellas. En otros estudios, se pidió a hombres y mujeres de Europa, Japón y Filipinas que contestaran un cuestionario para medir sus experiencias con el amor pasional. Los tres grupos manifestaron sentir pasión con la misma fogosa intensidad.
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Los estudios en todo el mundo confirman
que la pasión generalmente se acaba.
No sorprende que en muchas culturas se piense
que escoger una pareja para toda la vida con
base en algo tan efímero es una locura.
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Pero aunque el amor romántico puede ser universal, su expresión cultural no lo es. Para la tribu fulbé del norte de Camerún, el aplomo es más importante que la pasión. Los hombres que pasan demasiado tiempo con sus esposas son objeto de burlas, y se considera que quienes sucumben al mareo del amor son víctimas de un hechizo maligno. El amor puede ser inevitable, pero para los fulbés, sus manifestaciones son vergonzosas y se equiparan con la enfermedad y con la discapacidad social.
En India, el amor romántico tradicionalmente se ha considerado peligroso, una amenaza para un sistema de castas cuidadosamente estructurado, en el que los matrimonios se arreglan como un medio para preservar el linaje y los lazos de sangre. De ahí los relatos truculentos, las advertencias que aparecen en las fábulas y que previenen sobre lo que pasa cundo los impulsos desenfrenados se desatan.
Hoy día, los matrimonios por amor parecen ir en aumento en India, a menudo como desafío a los deseos de los padres. El triunfo del amor romántico se celebra en las películas de Bollywood, la industria cinematográfica de este país. Aun así, la mayoría de los indios todavía cree que los matrimonios arreglados tienen mayores posibilidades de éxito que los que se llevan a cabo por amor. En una encuesta con estudiantes universitarios de esta nación, 76 % aseguró que se casaría con alguien que tuviera las cualidades ideales, incluso si no estuvieran enamorados de esa persona (en comparación con 14 % de estadounidenses). Se considera que el matrimonio es un paso demasiado importante como para dejarlo a la suerte.
Renu Dinakaran es una deslumbrante mujer de 45 años de edad que vive en Bangalore, India. Cuando la conocí, vestía mallas negras y una camiseta. Renu vive en un apartamento muy bien equipado en esa ciudad atestada, donde las vacas duermen en las avenidas, mientras los autos pasan a toda velocidad junto a ellas.
Renu nació en el seno de una familia india tradicional en la que los matrimonios arreglados eran lo común. Sin embargo, ella no era una persona que comulgara con los arreglos: desde su niñez fue una aguerrida jugadora de tenis, demasiado sudorosa para los saris y más inteligente que muchos de los hombres que la rodeaban. No obstante, a los 17 años, se casó con un primo hermano, un hombre a quien apenas conocía, un hombre a quien quería aprender a amar, pero no pudo. Renu opina que muchos matrimonios arreglados son actos de “violación autorizada por el estado”.
Renu esperaba enamorarse de su marido, pero cuantos más años pasaban, menos amor sentía, hasta que, al final, se vio disminuida, amargada, escondida tras las cortinas de la casa de su familia política, observando con anhelo a la pareja del balcón de enfrente. “Resultaba evidente que ellos se habían casado por amor, y yo los envidiaba. Me dolía mucho ver cómo permanecían juntos, cómo salían a comprar pan y huevos”.
Harta de verse forzada a permanecer en el encierro, de tener que envolverse en saris que le dificultaban moverse, de rechazar la presión de comer del plato de su esposo, Renu hizo lo que la cultura india tradicional prohíbe: se fue. Había tenido dos hijos a los que se llevó con ella. Recordaba una vieja película que había visto en televisión, tan extraña y tentadora para ella, tan inquietante y consoladora al mismo tiempo, que no podía sacársela de la cabeza. Era 1986, la película, Historia de amor.
“Antes de ver películas como Historia de amor, no me había dado cuenta del poder que el amor puede tener”, comenta. Renu fue afortunada por fin. En Mumbai conoció a un hombre llamado Anil, y fue entonces cuando, por primera vez, sintió la pasión. “Cuando conocí a Anil, sucedió algo que nunca había experimentado. Fue el primer hombre con el que tuve un orgasmo. Estaba extasiada, simplemente extasiada todo el tiempo. Sabía que no iba a durar, que no podía durar, y eso fue lo que le dio un tierno aire de nostalgia, casi como si estuviéramos viendo acercarse el final, al tiempo que también nos estábamos descubriendo”.
Cuando Renu habla del final, no habla, por cierto, del fin de su relación con Anil, sino del fin de una etapa. Si bien ya no están “enamorados”, siguen felizmente casados, amorosos, y tienen un juguetón perro salchicha que compraron juntos. Su relación, alguna vez tórrida, ahora parece cocinarse a temperatura estable, suficiente para tenerlos bien alimentados y reconfortados. Están muy agradecidos.
“¿Me gustaría recuperar esa pasión –se pregunta Renu–. A veces sí. Pero, a decir verdad, fue extenuante”.
Desde un punto de vista fisiológico, esta pareja ha pasado del estado saturado de dopamina característico del amor romántico a la relativa calma de un vínculo inducido por la oxitocina. Esta es una hormona que estimula un sentimiento de conexión, la creación de lazos afectivos. Hay una liberación de la hormona cuando abrazamos a nuestro cónyuge de mucho tiempo, o a nuestros hijos. Se libera oxitocina cuando las mujeres amamantan a sus hijos. Los ratones de pradera, animales con altos niveles de oxitocina, se emparejan de por vida. Cuando los científicos bloquean los receptores de oxitocina en estos roedores, los animales no crean vínculos monógamos, y tienden a vagar y a buscar otra pareja. Algunos investigadores especulan que el autismo, un trastorno caracterizado por una profunda incapacidad para forjar y mantener contactos sociales, está relacionado con una deficiencia de oxitocina. Los científicos han experimentado con tratamientos de oxitocina en personas autistas, lo que en algunos casos ha ayudado a aliviar sus síntomas.
En las relaciones de larga duración que funcionan –como la de Renu y su primer esposo, o que se derrumban al terminar la pasión, es posible que la pareja no haya encontrado una manera de estimular o mantener la producción de oxitocina.
“Pero hay cosas que se pueden hacer para mejorar”, dice Helen Fisher. “Masajes. Hacer el amor. Todo esto dispara la oxitocina y nos hace sentir mucho más cercanos a nuestra pareja”.
Supongo que el consejo es bueno, pero se basa en la suposición de que aún quieres hacer el amor con el aburrido parlanchín de tu marido. ¿Será que hay que fingir hasta tener éxito?
“Sí” –dice Fisher–. Imaginemos una relación aceptablemente saludable. Si se tiene orgasmos con la pareja, pueden desarrollarse vínculos con él o ella. La oxitocina se verá estimulada”.
Esto podría ser verdad. Pero suena desagradable. Es justo lo que nuestras madres siempre nos dijeron sobre las verduras: “Cómete tus guisantes. Te tienes que acostumbrar a ellos. Van a acabar gustándote”.
Pero a mí nunca me han gustado los guisantes.
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apego
¿Qué ha mantenido el matrimonio de Emily y Marion Grillot durante 58 años? Podría ser el vínculo forjado por los hijos: 20 vástagos, además de 77 nietos, muchos de ellos fotografiados en el hogar de los Grillot. Podría deberse al afecto relajante de la oxitocina, un químico supuestamente abundante en las parejas que viven juntos durante un periodo largo. “Es nuestro compromiso y cuidado mutuo. Algunos lo llaman amor”, opina el señor Grillot.
ESTAMOS A 32 ºC EL DÍA EN QUE MI ESPOSO Y YO VIAJAMOS, de Boston a Nueva York, para asistir a una escuela de besos. Con dos hijos, dos gatos, dos perros, una casa ladeada y un sistema escolar cuestionable, bien podríamos saber besar, pero en los ires y venires de nuestras caóticas vidas, de hecho se nos ha olvidado cómo se besa.
La Escuela del Beso, dirigida por la terapeuta Cherie Byrd, se encuentra en el piso 12 de un maltrecho edificio de Manhattan. Adentro, sobre una mesa de mosaicos, hay botellas de néctar de plátano y albaricoque, una jarra de té verde, mentas para el aliento y una barra humectante para labios. Los demás estudiantes de la Escuela del Beso –quienes a veces llegan de lugares tan lejanos como Vietnam y Nigeria– están felizmente arrellanados sobre el suelo, con cojines y frazadas debajo de ellos. La clase durará siete horas.
Byrd nos hace comenzar con un masaje en los pies. “Para besar bien, deben aprender el jugueteo preliminar antes de dar un beso”, recomienda. El jugueteo involucra masajear los pies apestosos de mi marido, lo que no es tan malo como cuando él me lo hace a mí. Justo antes de salir de la casa, accidentalmente pisé un pañal que el perro había sacado de la basura y, aunque me lavé, no sé qué tan bien lo hice.
“Inhalen”, ordena Byrd, y nos muestra cómo inspirar el aire.
“Exhalen –dice, y luego pica a mi marido en la espalda–. No se concentren tanto en los dedos y pasen a la pantorrilla”, sugiere.
Byrd nos explica otros asuntos sobre el arte de besar. Describe el flujo de energía a través de varios chakras, la manifestación de las emociones en los labios; destaca la importancia de abarcar todos los sentidos, la manera de establecer un contacto visual como preámbulo, cómo susurrar de la mejor manera. Pasan muchas horas. Mi teléfono celular suena. Es la niñera; nuestro hijo de una año tiene mucha fiebre. Tenemos que abreviar la sesión. Salimos corriendo. Más tarde, en casa, les cuento a mis amigos lo que aprendimos en la Escuela del Beso: no tenemos tiempo de besarnos.
Un matrimonio muy típico. El amor en el mundo occidental.
Por fortuna, me he enterado de otras opciones para dar un nuevo impulso al amor. Arthur Aron, psicólogo de la Universidad Stony Brook de Nueva York, llevó a cabo un experimento que devela algunos de los mecanismos mediante los cuales la gente siente atracción y la conserva. Reclutó a un grupo de hombres y mujeres, y colocó juntas a parejas de sexos opuestos en uno de los cuartos, solicitándoles que ejecutaran una serie de ejercicios, los cuales incluían contarse detalles sobre ellos mismos. Luego, pidió a cada uno que mirara a los ojos a su compañero durante dos minutos. Tras esta reunión, ron encontró que la mayoría de las parejas, cuyos miembros antes no se conocían, reportaban sentimientos de atracción. De hecho, dos de ellos se casaron tiempo después.
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La novedad dispara la dopamina en el cerebro,
estimulando sentimientos de atracción.
Entonces, es más factible que si en la primera cita suben
a la montaña rusa, esto lleve a segundas y terceras citas.
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Fisher sostiene que este ejercicio obra maravillas con algunas parejas. Aron y Fisher también sugieren emprender actividades nuevas juntos, porque la novedad dispara la dopamina en el cerebro, lo que puede estimular los sentimientos de atracción. En otras palabras, si el corazón nos palpita en presencia del otro, podemos percatarnos de que no es porque estemos nerviosos, sino porque lo amamos. Llevando esto un paso adelante, Aron y otros investigadores han descubierto que aun si sólo hacemos el ejercicio de levantar alternativamente las rodillas, como si uno corriera, pero sin moverse del mismo lugar, y conocemos a alguien, es más probable que encontremos atractiva a esa persona. Entonces, es más factible que si en las primeras citas se realizan actividades emocionantes, como subirse a la montaña rusa, esto lleve a segundas y terceras citas. Y en situaciones de estrés –desastres naturales, apagones, predadores al acecho– hay que encerrarse bien y abrazar a la pareja.
En Somerville, Massachusetts, donde vivo con mi esposo, nuestros predadores son principalmente los mosquitos. Eso no necesariamente nos impide tratar de “Entrar por la ventana del alma del otro”. Cuando le propongo esto a Benjamin, levanta la ceja.
“¿Por qué no nada mas vamos por comida camboyana?”, sugiere.
“Porque así no iba el experimento”.
Como científico, mi marido siempre está dispuesto a experimentar. Pero nuestras vidas son tan agitadas que necesitamos un plan. Nos vemos el próximo miércoles a la hora de la comida y practicaremos en nuestro automóvil.
La noche anterior a nuestra cita, tengo que viajar a Nuev York. Mi marido está contento de olvidarse del asunto, pero yo no. Esa noche, desde mi habitación del hotel, lo llamo.
“Podemos hacerlo por teléfono”, le digo.
“¿Y qué voy a mirar, según tú –me pregunta–. ¿El teclado?
“Hay una fotografía mía en el pasillo. Mírala durante dos minutos. Yo veré la foto tuya que tengo en la cartera”.
“¡Ay!, por favor”, replica.
“Coopera –le digo–. Es mejor que nada”.
Tal vez no. Dos minutos con el auricular pegado a la oreja parecen mucho tiempo para observar la foto de alguien. Mi esposo estornuda, y yo intento imaginarme su fotografía estornudando junto con él, lo que me hace reír.
Transcurren otros 15 segundos, lentamente, y cada segundo se estira a su límite, por lo que casi puedo oír el tiempo, sentirlo. Miro y miro la foto de mi marido. No me produce ningún sentimiento de asombrosa intimidad, por lo que me siento derrotada.
Sin embargo, continúo. Puedo escuchar su respiración al otro extremo del teléfono. La fotografía que tengo ante mí fue tomada hace más o menos un año; la recorté para que cupiera en mi cartera; su cabello rojizo está estirado y atado en una coleta. Nunca antes la había observado con detenimiento. Y me doy cuenta de que, en la foto, mi marido no mira de frente a la cámara, sino que sus ojos de color azul pálido se dirigen hacia un lado, a la izquierda, y observan algo que yo no puedo ver. Toco sus ojos. Miro más de cerca. ¿Hay algo de tristeza en su expresión, en la manera en que aparta la mirada?
Recorro la vista hacia el extremo de la foto, para encontrar lo que observa, y entonces lo descubro: una tortuguita que se acerca a él. Ahora recuerdo que la atrapó después de que la cámara disparó, la tomó delicadamente en sus manos, se la mostró a nuestros hijos, acarició su caparazón, tocó con su dedo la escamosa concha. Recuerdo cómo estiró sus manos para mostrarme al animal, una ofrenda de amor. La tomé y juntos la devolvimos al mar.





Hola: recuerdo muy bien este artículo. Íbamos con mi mejor amiga viajando desde Osorno a Puerto Montt; mientras ella conducía, yo leía en voz alta.
Quisiera saber si es posible obtener el artículo completo, pues recuerdo que luego venía toda una explicación científica del amor, las reacciones químicas en nuestro organismo, en fin.
Por favor, les ruego, si es posible, me harían muy feliz al hacerme tal regalo.
Siempre fiel a sus interesantes publicaciones,
Paola.
No me gustó para nada este artículo. Pienso que es muy inmaduro y no explica realmente lo que es el amor. Yo pienso que el amor es algo inexpicable y nadie puede decir.
A quién no le gustaría saber qué es con certeza el amor. En conclusión, a mí me parece que hay tantos factores que determinan de quién (si es que algún día lo haces) te vas a enamorar, que va desde un detalle sutil pero preciso, pasa por una secreción hormonal, y claro, hasta las predisposiciones que tenemos sobre cómo y quién nos cría influyen sobre la escogencia de la persona que nos deslumbra. Así que decir cómo y por qué nos enamoramos es como una huella digital, que difiere un poco en cada uno de nosotros, pero al fin y al cabo nos hace individuos. Es una gran cualidad en los humanos la capacidad de enamorarse. Si alguien descubre algún secreto del que todos dependamos para enamorarmos, por favor no lo publique; haría un gran daño a mi ego.
El amor es un conjunto de emociones y situaciones que se viven en pareja, es mi humilde opinión; tiene etapas, nos enamoramos, nos ilusionamos pero después de un tiempo, las responsabilidades y la vida en sí nos reubican; por eso es muy importante el saber escoger a la pareja. En una pareja debe existir una real comunión es decir, tener los mismos gustos, estar en constante comunicación, tolerarse, disfrutar y convivir juntos. La pasión es indispensable, el deseo por el otro es vital, pero siempre existirá una segunda dimensión en donde también estemos de acuerdo y podamos comunicarnos de la misma manera. El amor no son sólo las mariposas en el estómago, es procurarse, cuidarse, y lo que es básico para mí, comunicarse y respetarse siempre.
Sean felices siempre, no sólo cuando se sienten las dichosas maripositas, jajaj.
Cómo olvidar este reportaje, por las fechas de su publicación, yo tuve el rompimiento más fuerte de mi vida, una relación que inclusive ahora no he logrado superar. Estoy completamente de acuerdo en que el amor y el trastorno obsesivo compulsivo están ligados, ya que, en mi caso, después de estar durante varios años al lado de “la mujer de mi vida”, al terminar me he vuelto una persona muy solitaria, y he adquirido el mal hábito de comprar, en muchas ocasoines cosas completamente inútiles, o pagar grandes sumas por algo que sé que sólo usaré un par de veces. En fin…
El amor… pocas letras para lo extenso del término. A mí el amor me ha regalado las principales cosas que tengo en la vida (mi madre, mi padre, los hemanos y una abuela a la que adoro aun cuando pelea mucho), sin embargo, en el plano de pareja, ha sido el amor uno de mis grandes traumas, tengo 28 años, y pareciera que el amor circunda mi espacio pero en solitario, como si no existiera la persona adecuada, que me entienda, que simplemente y me ame y yo la ame, parece que eso es muy difícil… qué complejo es el amor…
Hola. Esto me parece muy interesante, pues yo creo que la pasión se va extinguiendo si uno no sabe cómo mantenerla encendida. Yo tengo 18 años y no estoy casada, pero me gustaría que el día que lo haga, la pasión no termine, puesto que sería muy agobiante terminar mi vida al lado de una persona con la que tal vez sólo esté por costumbre o apego, como lo explican anteriormente. A mí en lo personal no me gustaría casarme, pero uno nunca sabe y pues pienso que un papel no va a asegurarte nunca que alguien te ame y tú a esa persona. Sería magnífico saber con exactitud qué es el amor, pero si algún día me llego a enamorar, espero que sea con mucha pasión y que esta no se apague.
Solo tengo quince años y se me ha hecho supercomplicado esto de la química del amor. Creo que todos sabemos detalles diferentes sobre el amor. Pienso que cada uno de nosotros decimos lo correcto acerca del amor, pues es lo que pensamos sobre este y todos tenemos el derecho de expresarnos, así pensemos que sea bueno, malo, complicado, indefinido.
Por cierto tuve que leer este artículo para un trabajo escolar, pero al fin y al cabo lo encontré superinteresante.
Es bueno que hasta los científicos se preocupen por esto que es tan importante para el mundo, el “AMOR”.
También tengo quince años y la que dejó un comentario anteriormente, “Gretchen Quiles” es mi mejor amiga, ya que, como dice, la hipótesis “de que el amor romántico está enraizado en nuestras primeras experiencias infantiles” en ella yo no veo mi ¡¡¡AMOR ROMÁNTICO!!! Pero, sí veo el “AMOR, EL AMOR DE UNA AMISTAD PURA Y VERDADERA”. Tampoco fue que en mi pasado tuve una experiencia con una amiga como ella sino que en mi pasado nunca hubo fidelidad, pureza y en muchas veces felicidad, pero sí te puedo decir que, aunque no es nada en comparación con lo que me imaginé (es mucho mejor), pero fue un deseo de mi infancia tener una mejor amiga, y no sólo una amiga sino alguien que me ofreciera todo lo que no tuve en mi niñez, a lo que me refiero es que esos deseos guardados en nuestra mente sobre nuestro pasado se reflejan muchas veces en nuestras amistades más cercanas.
¿Me podrían enviar información sobre los últimos estudios de las sensaciones psicológicas?
El enamoramiento pasa pero el amor no. El verdadero amor se mide en las adversidades y en las cosas para las cuales no estábamos preparados.
Hoy en día, las parejas se casan pensando que todo será miel y dulzura, y no es así. Vendrán tiempos difíciles, como en todos los matrimonios de todos los tiempos., pero sólo los valientes y los que saben amar sabrán salir adelante.
Es increíble que, en cuanto viene algo malo, ya desean separarse. No quieren batallar nada, no se esfuerzan en lo más mínimo para sacar la situación adelante. Eso está mal.
El amor, como dice en Corintios 13, es otra cosa.
Antes de pedir amor, debemos darlo sin medida. El amor es divino y no tiene fin. El amor divino nos lo enseña dios y sólo conociendo ese amor podemos amar de igual manera a los nuestros.
La verdad, está muy interesante este artículo. No pensé que todo eso del amor fuera tan complejo, aunque creo que el amor perdura si tratamos de evitar la monotonía. Hay que hacer cosas diferentes, alocadas, eso enciende el amor. Es el sentimiento más bello y perfecto que puede existir, pero ¿todos somos capaces de amar?
El amor real nunca se acaba, y el tiempo es el único que nos puede ayudar a demostrar cuál es amor verdadero, no un capricho o simple atracción sexual…
Por cierto… ¡TE AMO, MIGUEL RÍOS…
Mi verdadero amor!
Los Felicito, muy interesante artículo.
Mi opinión, es:
Que la idea de que somos flechados por un querubín no esá tan errada. Hablar de química no era mi teoría favorita, pues mi convicción es que, si nos guiáramos por la química, seríamos exactamente como los perros ,-Todos detrás de la que ande en celo._Entonces retomando al querubín como forma simbólica de representar que la Divinidad( Dios) decide con quien flecharte, nosotros podremos acrecenta ése inicio en el amor o disminuírlo pero bajo el influjo de la “flecha que de inicio, nos pone bajo una careta”color de rosa” ( por un decir) que nos filtra los defectos y sólo vemos las cualidades,pero que en la cruda realidad, nos enamoramos de un ideal , preconcebido en nuestro inconciente por nosotros mismos, y damos por hecho , que ésa persona con la cual nos flecharon, reúne ésos ideales, pero al pasar un mínimo-máximo de 2 años la careta se va disipando y ahora miramos tal cual, entonces vemos los defectos reales de la persona de la cual nos enamoramos, sí…, en el lapso del conocimiento, (noviazgo)en lugar de dedicarlo a conocernos, nuestras costumbres, nuestras metas, y lo utilizamos en conocernos solo sexualmente, al poco tiempo ya no queda nada del enamoramiento totalmente se desvanece y éstas personas aunque reinicien con otra pareja, volverán a caer en el mismo desencanto.
en cambio, si las personas flechadas, realmente dedican el tiempo de la” careta Rosa” a interiorisarce, en los verdaeros sentimientos y planes a futuro, ése flechamiento si perdurárá quiza hasta el final de los días,
como ejemplo pongo: Al Príncipe Carlos de Inglaterra, ¿como es posible que no se enamorara de Lady “D” tan bella , joven y con un carisma reconocido mundialmente, en cambio, haya pérdurado el amor Por Camila, que es una persona no muy agraciada físicamente, pero los vemos juntos con una sonrisota y a la edad madura en que apenas consumaron su romance.
ésa es la prueba de que el amor existe, y he leído muchas historias románticas de la vida real, que jovencitos de la época del holocausto a la edad de 12-14 años se miraron unos chicos , una Nazi y el joven refugiado, no se volvieron a ver hasta que tenían casi 70 años, se reconocieron y se casaron, así de mayores, sin ningún vestigio de su hermosura juvenil,.
CREO EN EL AMOR, que es un regalo divino
En el momento en que sepamos que es el amor, en ese momento vamos a dejar de amar, porque no pedimos explicaciones cuando nos enamoramos simplemente nos dejamos llevar y sentimos. pero como siempre el ser humano tratando de saber todo cintificamente, cuando es algo magico.
Yo creo firmemente lo q dice una canción: Si puedes definir el odio o el amor, amigo q desilusión… Yo soy estudiante aún, y trato de incursionar actualmente en el mundo científico, pero definitivamente hay cosas q no se pueden explicar solamente en función de la biología puesto q no somos máquinas!! es verdad q las emociones tienen una parte química, pero hay otros factores tano igual importantes, prueba de ellos es que podemos controlar nuestros sentimientos si así lo queremos… La química y la biología son maravillosas, pero no todo en nuestra vida se explica en función de ello
Considero muy interesante este articulo, creo que el amor es el sentimiento mas lindo que Dios nos regalo… Aunque muchas veces el amor traiga con sigo descilusiones y nuevas experiencias debemos estar concientes que sin este sentimiento jamas podriamos ser personas capaces de comprender los designios del destino….
Bueno el amor es para mi un sentimiento dificil de describirlo (pero cuando estas cerca de sea persona no te importa nada mas el amor no es para explicarse se para sentirse para vivirse el amor es reciproco es un sentimiento hermoso y profundo cuando deseas ver siempre a esa persomna cuando lo encuentras y sientes cosquillas en el estomago cuando tiemblas al escuchar su voz cuando anhelas hacerle manifestarlwe lo que sientes cuando lo tocas con ternura y tratas de poner el corazon encada uno de tus dedos luego tocarlo y vivir. t amo esa palabra estan grande TE AMO!!) de ubicar pues aveces creemos estar enamorados cuando de una persona nos atrae su fisico y esto no mas alla , creemos estar tambien enamorados cuando experimentamos pasion al lado de una persona pero creo que el amor debe ir mas alla de eso y estoy segura de que todos creemos en este sentimiento y queremos amar y que nos amen de verdad. ahora bien el
El amor es un espacio donde no hay lugar para otra cosa que no sea amar es algo entre tu y yo el amor es parar el tiempo en un reloj es buscar un lugar donde escuchar tu voz el amor es reir oyendo una cancion es comprenderme tu y comprenderte yo……………..
Realmente este tema del AMOR es tan amplio, pero realmente en lo personal esta publicación que salio en el año 2006 me a ayudado mucho! Por lo que Felicito el trabajo y la investigación dada para este articulo, a si como a mi me ayudo a alimentar mi conocimiento sé que a otras personas le a ayudado a comprender ese SENTIMIENTO que todo hemos experimentado, y que “tal vez” lo perdimos! Los incentivo para seguir sacando estos temas tan amplios, complejos y a la vez… sencillos.
Hola, tengo 35 años una hija de 15, y es a esta edad que experimento una nueva etapa de mi vida, conoci a un hombre que no me atraia fisicamente, sin embargo con el paso del tiempo he llegado a amarlo de una manera especial, espero el momento en que podamos casarnos y pasar toda nuestra vida juntos, nunca antes habia sentido este anhelo, no es solo fisico, es emocional, despues de ver la pelicula amor ciego he aprendido que cuando nos aceptamos a nosotros tal y como somos podemos empezar a ver la verdadera belleza de las otras personas, me gusto el articulo ya que tiene cosas curiosas, fue divertido imaginarme haciendo los experimentos que se describen aca, gracias por escribir cosas que nos hacen reflexionar un poco.
Hola, buscando entre mis cosas encontré el ejemplar donde viene este artículo y lo volví a reeler. Es realmente interesante como interactua el instinto basico con el cognositivo para elegir una pareja. Desde los rasgos comunes hasta el aroma y las conductas sexuales y emocionales. Me gusto como describen el enamoramiento y la necesidad de estar enamorado. Creo que existe algo místico en encontrar a esa pareja, pero ahora lo entiendo mejor. Gracias NG
el amor es una tontería; yo no creo en eso; tengo 15 años y es una tontería; duele el solo hecho de querer a alguien y saber que ese alguien te quiere también ¡pero no puedes tenerlo porque es prohibido!
Pareciera ser que los lectores del NG tambien se atracan con novela rosa… y son terriblemente cursis, a juzgar por el cúmulo de entradas ligeramente molestas por el artículo. A mi me gustó mucho el artículo. Es ameno y tiene en realidad para todos: desde el tenaz realista que sospecha que somos un cúmulos de reacciones químicas que se pueden comprar en fácilmente en la calle (o sí, hasta la oxitocina), hasta para las damas y caballeros solitarios que solo especulan sobre el amor y llenan de flores demasiado brillantes un lugar que nunca conocieron.
Todos tenemos curiosidad por conocernos mas como seres humanos, conocer nuestras reacciones quimicas, nuestra evolucion, el campo de los sentimientos habia quedado para los poetas y sonadores. El articulo es muy interesante sobre todo cuando empieza a darse la importancia que tiene la inteligencia emocional, quiza, mas que la misma inteligencia intelectual…
Un articulo realmente fascinante aunque lo que realmente falta es saber si hay mas autores y psicologos que hayan ahondado en el mismo tema y tal vez alguna bibliografia o referencias bibliograficas para darle mas caracter a este una vez mas fascinante estudio del comportamiento humano
Hola a todos, en realidad este tema es muy interesante , llevo dias tratando de encontrar el video para verlo de nuevo y compartirlo con algunos compañeros.
les agradezco si alguien sabe el link, me lo regale.
Es muy interesante lo espuesto en este articulo sería de gran enseñanza y utilidad a las personas que se obsecionan en sus relaciones sentimentales a tal punto que se vuelven sicopatas llegan tambien hasta perder la vida.