Surfimiento en el Serengueti

Escrito por: Robert M. Poole el 18 de Febrero de 2006 | 4:37 pm
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Fotografías de Randy Olson Foto: National Geographic

Donde los seres humanos coexisten cautelosamente con sus vecinos salvajes.

Observe de cerca la región del Parque Nacional Serengueti (Haga click aquí).

El pueblo masai del este de África, que siempre ha logrado hacer lo que ha querido, no cuenta los años como lo hacen los demás. Para esta etnia, cada lapso de 12 meses contiene dos años: uno de abundancia, olaari, que coincide con la época de lluvias en las inmensas llanuras del Serengueti y en las tierras altas de los cráteres de Tanzania, seguido por un año de escasez, olameyu, que empieza cuando cesan las lluvias, cuando los arroyos se secan y se da la gran migración de los ñúes, en la que más de un millón de estas bestias galopa estruendosamente hacia el norte, buscando agua y alimento. Es entonces cuando la hierba del Serengueti se torna café y cruje bajo las pisadas, y los pastores y guerreros masai emprenden arduas caminatas en busca de pienso para sus preciados rumiantes, que siguen representando la riqueza y el bienestar de esta sociedad pastoril.

Ya habían transcurrido varias semanas desde el comienzo del año de la escasez a mediados de julio, cuando las nubes se movieron para crear luces y sombras que iluminaron el cráter Ngorongoro, mostrando el drama que sucedía en su suelo.

Ahí, bajo la luz amarilla, una manada de leones salía pausadamente del cauce de un arroyo a la caza de un grupo de cebras que pastaba; una hiena solitaria de hombros anchos y cadera angosta caminaba entre los jabalíes verrugosos, y un par de guepardos sentado entre la alta maleza, casi invisible, examinaba a un centenar de gacelas de Thomson con interés profesional. Varios buitres de vista aguda inspeccionaban desde las alturas, volando en círculos entre las blancas nubes saladas emanadas del lago Magadi.

La noche pertenece a los animales; en la mañana la gente camina hacia el fondo del cráter: los masai, a dar de beber y pastorear a sus cientos de cabezas de ganado; los biólogos, a estudiar los patrones de vida entre los elefantes y los leones; los turistas, a observar atentamente a los pastores masai y a la variada fauna salvaje que da fama a esta región del este de África. Los humanos, la fauna salvaje y el ganado se reúnen aquí a diario; coexisten de manera conveniente, pero inevitablemente cautelosa.

El primer rebaño apareció alrededor de las ocho de la mañana, descendiendo con lentitud en una sola fila por la angosta vereda que conduce al suelo del cráter, guiado por un guerrero masai llamado Moma, quien habrá caminado unas 12 horas junto a su manada, en un largo día como éste. Un cúmulo de polvo rojo marca el descenso de Moma por la escarpada vereda, y se crea una melodía de cencerros que suenan al moverse, canciones y silbidos cuyo volumen aumenta al ir apareciendo frente a nuestros ojos. Es el primero en llegar al piso del cráter. Al igual que casi todos los masai, Moma es delgado debido a una dieta baja en grasas y a los grandes recorridos que realiza a pie; parece un profeta bíblico con sus sandalias polvorientas y su túnica roja que se infla y agita con el viento frío. Este guerrero lleva una larga lanza en una mano y guía con silbidos a sus 80 cabezas de ganado hasta llegar al manantial, donde las deja bebiendo para luego ir a buscar dinero de los paliduchos turistas que acaban de llegar al cráter, los primeros de cientos que pasarán ahí el día.

2 comentarios

  1. Escrito por jose:

    hola

  2. Escrito por ALEX DEUTSCH:

    tengo las NGM desde Octubre 1970 hasta la fecha y no puedo enontrar datos sobre los Masai podrian decirme si y en caso afirmativo en que volumen tiene datos
    gracias
    alex deutsch

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