El príncipe Carlos
Fotografía de Catherine Karnow
Un radical poco común
Pocos terratenientes de la realeza hicieron algo más que gastar los ingresos del Ducado de Cornualles.
De repente, el príncipe Carlos perdió su acostumbrada templanza. Sencillamente comenzó a gesticular y alzó la voz con un tono de frustración: ‘‘Presencié la horrible tragedia de la década de los 60, cuando todo fue destruido, denigrado, abandonado. Fui testigo de la tala de los bosques, la siega de los setos y la demolición de maravillosos edificios antiguos. Estaba terriblemente preocupado. Mi único objetivo era reparar el daño, curar las heridas del campo, por así decirlo’’.
Una vez que se calmó, su voz recobró su habitual tono bajo y ronco. Se acomodó en el sillón de seda y comenzó a alisar su impecable traje azul. Mientras tanto, el mayordomo uniformado de Clarence House, la mansión londinense del Príncipe, seguía con sus labores, entrando y saliendo del salón.
Algún día, el príncipe Carlos, ahora de 57 años de edad, será coronado rey (su madre tiene ya 80 años). A juzgar por la forma en que ha administrado su herencia hasta el momento –casi 55 mil hectáreas, en su mayoría rurales, las cuales componen el Ducado de Cornualles–, esta región bien podría esperar algunas sorpresas. El Príncipe utiliza este pequeño reino privado para poner a prueba soluciones a los problemas de la modernidad, ya que está totalmente convencido de que la vida tanto en la ciudad como en el campo se han deteriorado.
‘‘Toda mi vida he intentado romper con los modelos convencionales porque creo que están equivocados. La única forma en que he podido hacerlo es mediante el ducado para así demostrar que existen otras maneras de ver las cosas’’, expresó el Príncipe. Y así, hace poco más de una década, en 160 hectáreas que han pertenecido al Ducado de Cornualles desde el siglo XIV, comenzó la construcción de un poblado nuevo. Poundbury, ubicado en el extremo occidental de Dorchester, una ciudad-mercado de la época romana, en el condado de Dorset, es un sueño hecho realidad para el príncipe Carlos; su solución a la ‘‘total fealdad y mediocridad’’ de los desarrollos habitacionales y a la ‘‘infamia de tanta planeación urbana’’.
Con más de 650 casas ya terminadas, y otras 1,600 que habrán de construirse en los próximos 15 años, la arquitectura de Poundbury se inspira en las pintorescas casas de campo de Dorset y en las majestuosas mansiones de Dorchester del siglo XVIII. Las fachadas de todos los edificios están hechas con materiales locales que han demostrado ser muy resistentes, como la piedra caliza de color miel, con el propósito de ayudar a la comunidad a echar raíces en una atmósfera familiar.




