Vida comunal en Montana
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Foto: National Geographic
Lugar donde la gente vive con sencillez, comparte todo y confía en Dios.
VERANO DE 1969
Un hombre camina en la Luna y miles de jóvenes protestan contra la guerra de Vietnam. Yo me encuentro en el centro de Montana documentando la vida de los huteritas, un grupo religioso amante de la paz que vive en una colonia llamada Surprise Creek. Llevan una vida muy diferente a la mía y, probablemente, a la de la mayoría de las personas. Sin embargo, gracias a este trabajo cultivaré una amistad que durará toda mi vida. Soy un hombre joven, casado, con cuatro hijos: dos varones y dos niñas, todos se llevan casi un año entre sí. Scott, nuestro primogénito, tiene nueve.
OTOÑO DE 2004
Hemos suspendido los viajes a la Luna y hay una nueva guerra en curso. Scott tiene ahora 44 años y, aunque todavía lo ignoramos, o al menos tratamos de no pensar en qué podría suceder, está empezando a morir. Acompañado de mi cachorro, un springer inglés, voy en mi camioneta hacia Montana para escribir un nuevo artículo sobre los huteritas de Surprise Creek. En el camino, me detengo a las afueras de Minneapolis, donde vive Scott con su esposa y sus dos hijos. Quiero verlo.
Cuando mi hijo y yo regresamos a su casa después de asistir a un partido de beisbol de los Mellizos de Minnesota, le comento que tengo dudas sobre el reportaje de los huteritas. ‘‘Escribir otra vez sobre ellos, ¿no es como repetir la misma historia?’’ Scott tiene el peor tipo de melanoma maligno. Aún tiene cejas y luce saludable y apuesto. ‘‘Papá’’, responde Scott, ‘‘¿cuándo volverás a tener la oportunidad de hacer algo tan significativo para ti?’’ ‘‘Sí, tienes razón’’, le contesto. Ninguno de los dos podía saber en ese momento cuán cierto era eso.
Pocos días después, en la sencilla y ordenada casa de madera de Darius y Annie Walter me siento como si estuviera en la mía. A lo largo de los años he vuelto a la colonia una y otra vez; a veces tomaba un avión, llevaba conmigo a mi perra Sarah, visitaba a los amigos e íbamos a cazar pájaros. Siempre me he hospedado con los Walter. ‘‘Son tu otra familia’’, dice mi hija Terri al referirse a ellos y a los huteritas. Darius, de 65 años de edad, ocupa su lugar en la mesa de la cocina. Le llevo un par de años y es uno de mis mejores amigos. Usa barba, como corresponde a los huteritas casados, y tirantes, al igual que todos los varones de la comunidad.





Buenas tardes
Muy interesante el articulo. Quisiera saber la dieta que siguen los habitantes de la comuna.
Y las metodolog{ia que utilizan para la conservacion de los alimentos.
Ademas si poseen atencion medica, si ven TV o viven aislados
Me gustaria conocer más sobre la vida que llevan, costumbres, ritos, etc. Sería maravilloso conocer este tipo de vida ante tanta tecnología, muy interesante. Gracias