Barbanegra vive

Escrito por: Joel K. Bourne Jr. el 01 de Julio de 2006 | 8:29 am
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Fotografías de Robert Clark Foto: National Geographic

En busca del hombre detrás del mito

Vea de cerca un fotomosaico del lugar del naufragio.

Es una sofocante tarde de junio en la zona de los muelles de Hampton, Virginia, y una multitud se reúne en torno a una improvisada sala de operaciones. Ahí, un desventurado marinero cubierto con harapos del siglo XVIII está a punto de que le cercenen una pierna con una sierra. Sometido por cuatro musculosos compañeros, el hombre grita y se retuerce para deleite de los espectadores, hasta que la extremidad enferma es retirada y remplazada por una impecable pata de palo. De repente, todas las miradas se vuelven hacia un hombresote que, ostentando su desbordante barba negra y una faja tan roja como la sangre, deambula desafiante por el prado. Sus ojos saltones se clavan en una joven madre que lleva a su bebé en una carriola, y una de sus tupidas cejas se arquea hasta el cielo. “Grrrjj, ¡qué lindura! –vocifera semejando un cañonazo–. ¡Y el niño tampoco está nada mal!”

Una vez más, Barbanegra es el hombre del momento en el festival anual que se realiza en su honor: toda una celebración de la época de los piratas, con batallas simuladas, espadas y esporádicas amputaciones. Tomada como inspiración para los ficticios capitanes Garfio y Long John Silver, la imagen del gran barbón sigue siendo hoy tan popular como siempre, con personificaciones que van desde Johnny Depp en Los piratas del Caribe, hasta Ben Cherry en el festival de Hampton. Cerca de ahí, en Carolina del Norte, donde Barbanegra encontró su terrible final, un equipo de arqueólogos analiza los restos de un naufragio en busca de nuevas pistas que revelen más sobre su vida. Aun cuando sembró el terror desde Pensilvania hasta el Caribe, fue a lo largo de esta costa donde tuvo una acogida que perdura hasta hoy. En los baratillos, las hosterías y los bares se honra la memoria de este maleante audaz que nunca se rindió y finalmente fue abatido bajo una lluvia de balas de mosquetes. Dicen que incluso después de que su cuerpo fuera arrojado por la borda, dio la vuelta al barco tres veces antes de hundirse.

Nadie sabe qué lugar reconocía como su hogar ese hombre llamado Edward Teach o Tache o Thatch. En su Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas, obra publicada en 1724 y fuente principal de las leyendas de Barbanegra, el capitán Charles Johnson (algunos piensan que era un seudónimo de Daniel Defoe) afirmó que provenía de Bristol. Como sucedió con miles de marineros ingleses, se cree que se volvió pirata después de navegar con corsarios durante la Guerra de Sucesión Española (1702-1713). Y no es de extrañarse: un solo buque capturado podía tener un valor de 20,000 libras esterlinas, y la parte que correspondía al pirata superaba por mucho lo que un honesto hombre de mar ganaría en toda su vida.

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