Ciudades bajo Roma
Fotografía de Stephen L. Alvarez
Debajo yace el museo oculto más grande del mundo
Luca mete la cabeza en la cloaca, respira hondo y sonríe. “Hoy la cloaca no huele tan mal”, dice, mientras desaparece en el hoyo oscuro que se abre en medio del Foro de Nerva. A pesar de su optimismo, la negrura despide un tufo nauseabundo, mezcla de orina, diesel, lodo y cadáveres de rata putrefactos; en pocas palabras, el olor que se espera de un vertedero que ha estado en uso continuo durante 2,500 años. Mientras Luca se abre paso en el agua verdosa, pisando el cascajo de mármol travertino arrastrado durante siglos por la corriente, un muestrario de la vida moderna pasa flotando frente a él: colillas de cigarro, bolsas y encendedores de plástico, un chupón de bebé y una cantidad alarmante de una sustancia que parece papel higiénico, aunque en teoría las aguas negras no deberían pasar por aquí. Al llegar a una curva, Luca señala un ánfora rota, quizá de dos mil años de antigüedad, que descansa en el lodo junto a una botella de cerveza, quizá de una semana de antigüedad. Ambos recipientes son testimonio del largo tiempo durante el cual la gente ha tirado su basura en los canales de esta ciudad.
Luca Antognoli, de 49 años, trabaja para Roma Sotterranea, una asociación dedicada a la espeleología urbana, comisionada por el gobierno de la ciudad para explorar los espacios subterráneos de Roma: una sorprendente colección de templos, caminos, casas y acueductos enterrados por la historia desde la caída del Imperio romano. Según los historiadores, la Cloaca Máxima–el gran desagüe que corre bajo el Foro Romano– fue construida en el siglo VI a. C., lo que significa que es una de las estructuras en pie más antiguas de la ciudad, si no la más, y por eso resulta sorprendente descubrir que nunca haya sido explorada ni levantada en su totalidad.
En la vida real, Luca Antognoli se gana la vida como médico cirujano. Nos ha advertido que no expongamos la piel al agua de la cloaca, una dañina mezcla de flujos pluviales y aguas negras. De semblante serio y con los ojos bien abiertos, Luca se protege muy bien del peligro y cubre cada centímetro de su cuerpo con guantes, botas, un rompevientos con capucha y una máscara, todo herméticamente sellado con cinta adherente.
Luca señala otros conductos: algunos vierten en la cloaca agua limpia proveniente de manantiales subterráneos; otros, agua sucia. Entonces atravesamos una pendiente donde se arremolina un fango de color marrón. Más allá de ese peligroso obstáculo se encuentra un foso profundo, producto de 2,000 años de erosión por agua. Nadando entre aguas inmundas tenemos que sortear un precipicio invisible. La aventura termina cuando ante nosotros aparece una pila de huesos, fragmentos de cerámica y lodo endurecido que impiden el paso y casi tapan por completo la cloaca.
Roma Sotterranea planea enviar un robot a control remoto para explorar más allá de esta barrera; Luca espera así confirmar que la Cloaca Máxima en realidad se extiende hasta las Termas de Diocleciano ubicadas al Noreste, a casi kilómetro y medio. “Quién sabe qué tesoros se encuentren ahí”, señala, y agrega que recientemente los arqueólogos extrajeron una cabeza colosal del emperador Constantino de una cloaca como esta, lo que dio pie a la teoría de que el primer emperador cristiano pudo haber sido víctima de la damnatio memoriae, es decir, la práctica de eliminar las representaciones iconográficas de los emperadores despreciados en la antigua Roma.





muy buen articulo aunque poco corto. quisiera que alguien me dijera donde encuentro mas informacion sobre este tema.
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esta es una de las mejores resvista que e leido