El enemigo en casa
Fotografía de Peter Essick
Las sustancias tóxicas que permean la vida actual se acumulan en nuestro cuerpo
Mi experimento como periodista-conejillo de indias toma un giro perturbador. Platico por teléfono con un químico sueco y me cuenta sobre los inhibidores de llama, o agentes ignífugos, sustancias químicas que se aplican como medida de seguridad a casi cualquier producto inflamable. Los inhibidores de llama se hallan en los colchones, las alfombras, las cubiertas de plástico de los televisores, los automóviles y, tan sólo en Estados Unidos, salvan miles de vidas al año. Sin embargo, están donde no debieran: dentro de mi cuerpo.
Åke Bergman, de la Universidad de Estocolmo, me dice que ha recibido los resultados de mi análisis químico sanguíneo, que mide los niveles de compuestos ignífugos llamados éteres bifenílicos polibromados (PBDE, por sus siglas en inglés). En ratones y ratas, altas dosis de PBDE interfieren con la función tiroidea, ocasionan trastornos reproductivos y neurológicos e impiden el desarrollo neurológico. Poco se sabe acerca de sus efectos en la salud humana.
‘’Espero no asustarlo, pero esta concentración es muy alta’’, dice Bergman. El nivel en mi sangre de un tipo de PBDE especialmente tóxico, que se halla sobre todo en productos fabricados en Estados Unidos, es 10 veces mayor a la media que se encontró en un estudio reducido aplicado a residentes estadunidenses, y más de 200 veces mayor que la media en Suecia.
Sucede que soy un autor que ha emprendido un viaje de exploración sobre las sustancias químicas que hay en su cuerpo. El otoño pasado me sometí a una serie de pruebas para detectar 320 agentes químicos que pude haber absorbido por medio de alimentos, bebidas, el aire que respiro, así como los productos que tocan mi piel. La lista comprende incluso sustancias químicas a las que pude estar expuesto hace decenios, como el diclorodifeniltricloroetano (DDT) y los bifenilos policlorados (PCB, por sus siglas en inglés); agentes contaminantes como el plomo, el mercurio y las dioxinas; plaguicidas nuevos e ingredientes plásticos; así como compuestos casi milagrosos que pasan inadvertidos pero se han vuelto indispensables en la vida contemporánea, volviendo fragantes los champús, antiadherentes las cacerolas y, las telas, repelentes al agua.
Estas pruebas son demasiado costosas para la mayoría de las personas (National Geographic pagó las mías, que normalmente costarían alrededor de 15,000 dólares) y sólo unos cuantos laboratorios cuentan con la tecnología necesaria para detectar las pequeñísimas cantidades en que se manifiestan estos agentes químicos. Me sometí a las pruebas para saber qué sustancias se acumulan en un estadounidense típico durante toda una vida, y de dónde podrían provenir. También quería hallar un modo de analizar los riesgos, los beneficios y la incertidumbre: la poco convincente compensación traducida en la ‘’carga corporal’’ química que se arremolina dentro de todos nosotros.
Ahora estoy descubriendo más cosas de las que quisiera.





Estoy muy interesado en leer el articulo completo Enemigo en casa de David E. Duncan
si me lo pueden enviar a mi correo se los agradecere, no tengo acceso al ejenplar de octubre 2006 ya que en Honduras no se como obtenerlo.
saludos
Hector Lopez
Tegucigalpa
Honduras
AYUDA CON LAS IDEAS PRINCIPALES DEL TEXTO ..QUIEN LAS SEPA POR FAVOR DEJARLAS COMO COMENTARIOS
Me gustaria poder conocer este articulo “Enemigo en casa” completo, como podria hacer para optenerlo
gracias
me gustaria tener este articulo completo, ya que la revista se me perdio y lo nesecito, muchas gracias por su colaboracion
yo la tengo pero en ingles
mi e mail
es dabaro1986@hotmail.com