Arqueología, diciembre de 2006
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Fotografía de National Geographic
Los destinos escritos
Para los aztecas, las imágenes plasmadas en sus libros calendáricos (ya fuesen de piel de venado o de papel amate), representaban las fuerzas sobrenaturales que gobernaban la vida de los hombres. La lectura de los libros correspondía a sacerdotes expertos en interpretar el influjo de cada día, cada semana de 13 días y cada año, en las vidas de quienes los consultaban para conocer el destino de sus hijos o tomar decisiones importantes, como un viaje o la celebración de fiestas. En el Códice Borgia, uno de los manuscritos mesoamericanos que aún se conservan, cada sección representa un día. El dios patrono, sentado en un trono, es una deidad de la abundancia. ‘‘Ese habría sido un buen día para casarse’’, dice Elizabeth Boone, quien recientemente concluyó un estudio sobre los libros pictóricos. El Códice Fejérváry-Mayer, Libro de Tezcatlipoca, Señor del Tiempo, compila todos los días en su primera página y, posteriormente, describe los rituales particulares. En uno de ellos, la ofrenda de una pelota de hule podría proteger de los escorpiones, arañas, avispas, serpientes o aun de los jaguares.




