Islas Sandwich del Sur

Escrito por: Jennifer S. Holland el 01 de Diciembre de 2006 | 7:41 am
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Fotografía de Maria Stenzel

Naturaleza implacable

Las islas Sandwich del Sur son una obra maestra de la naturaleza. El hielo, el viento y las olas han sido los paisajistas de este remoto e inigualable terreno de origen volcánico, habitado solamente por aves y focas. El británico James Cook las descubrió en 1775, en su busca de evidencias de un hipotético continente meridional. Pero la “bruma densa, las ventiscas, el frío intenso y todo lo que puede hacer peligrosa la navegación”, lo hastiaron pronto y se marchó para siempre.

Irónicamente, cuanto molestó a Cook de estas 11 islas que, en conjunto, abarcan 390 kilómetros, es aquello que las hace extraordinarias: su aislamiento, su sometimiento a la furia del océano Austral, al hielo que las estruja casi todo el año; el estrépito de las aves, junto con el hedor de sus deshechos sobre las rocas y el hielo; las violentas olas que revientan y azotan a los pingüinos, sangrantes, contra los riscos, e impiden a los barcos anclar. Además, el joven archipiélago se sitúa sobre una de las placas tectónicas que se desplazan con mayor velocidad, lo cual le infunde un carácter explosivo e impredecible. ‘‘Este lugar tiene vida propia –dice la fotógrafa Maria Stenzel–. Es aterrador, espiritual y poderoso.’’

Sin embargo, pocos han estado ahí. Cook, quien bautizara las islas en honor a John Montagu, cuarto conde de Sandwich, se alejó de ellas rápidamente. Pasarían 45 años para que el ruso Fabian von Bellingshausen descubriera las tres islas septentrionales que su predecesor pasó por alto. En los siglos XIX y XX, cazadores de focas y balleneros recorrieron la zona, pero al hallar sitios más propicios, abandonaron el lugar.

Llegar a este archipiélago no es una misión sencilla: los barcos deben esquivar la gruesa capa de hielo que lo rodea –lo cual sólo es posible durante cuatro meses al año–, y pocos marineros están dispuestos a arriesgarse. Uno de ellos, Jérôme Poncet, veterano navegante del Antártico, se ha enfrentado al océano Austral durante tres decenios.

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