Anillos lejanos

Escrito por: Bill Douthitt el 29 de Diciembre de 2006 | 3:40 pm
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Imágenes de la NASA, el JPL y el Space Science Institute Foto: National Geographic

Los misterios de Saturno ven la luz.

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Aquí la lluvia llega una vez cada 1 000 años, en forma de torrentes de metano líquido. El pernicioso aire es tan denso que opaca la luz solar, congelando el paisaje en un eterno y anaranjado crepúsculo. El frío, de -179 °C, es letal. Y a través del brumoso cielo se puede ver el enorme planeta con anillos: Saturno.

Aunque no lo parezca a primera vista, Titán, la luna más grande de Saturno, es un orbe extrañamente parecido al nuestro. ‘‘Es como el mundo de Peter Pan –dice Tobias Owen, del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawai–. Cuenta con todo el material y los elementos para desarrollarse como la Tierra, pero nunca ha tenido la oportunidad de crecer’’. La densa atmósfera está llena de nubes de hidrocarburos. Los esporádicos monzones de metano crean abruptos ríos que han abierto cauces muy hondos en las colinas de Titán y que descienden a una gran planicie arenosa. Al igual que la Tierra, Titán puede llegar a tener actividad geológica y volcánica, sólo que de manera más lenta y fría, presentando erupciones de una mezcla parecida a la lava, compuesta de aguanieve y amoniaco. Lo más llamativo de Titán es que sus vientos suaves transportan una rica mezcla de moléculas orgánicas.

Los especialistas en ciencias planetarias estaban acostumbrados a sólo imaginarse el aspecto de esta luna. Pero ahora la han visitado. Durante los últimos dos años y medio, una nave espacial, llamada Cassini, se ha aproximado a las lunas y los anillos de Saturno y se ha asomado al planeta gigante. Cassini lanzó una sonda más pequeña, Huygens, que aterrizó en la superficie de Titán.

El encuentro con Titán fue uno de los momentos más emocionantes de esta travesía, la cual también ha sido una especie de viaje al pasado. Desde el exótico hidrógeno metálico de su interior hasta sus lunas –que van de la extraña y helada Febe a los géiseres calurosos de Encélado– y los finos escombros de sus anillos, Saturno nos aporta información sobre cómo se formó el sistema solar hace 4,600 millones de años y cómo surgió la vida. Según el científico Jeff Cuzzi, del Centro de Investigación Ames de la NASA, el planeta y su séquito en órbita ‘‘nos conectan con la estructura del sistema solar y la evolución en la más grandiosa de las escalas’’.

Saturno ha sido renuente a revelar sus secretos. Pero en 1610, Galileo descubrió lo que aún constituye su característica más sorprendente, los anillos. Sin embargo, al observarlos a través de su rudimentario telescopio los confundió con dos cuerpos menores, y no fue sino hasta 1656 cuando el astrónomo holandés Christiaan Huygens se percató de que eran anillos.

Desde entonces, decenio tras decenio, los astrónomos han ido descubriendo otras lunas: 56 hasta el momento. En la década de 1940, con mejores telescopios, se pudo discernir una franja brumosa alrededor de Titán, la primera señal de que, a diferencia de todas las demás lunas del sistema solar, tenía una atmósfera densa. Finalmente, las primeras sondas espaciales que pasaron junto a Saturno –la Pioneer 11 en 1979 y las Voyagers 1 y 2, en 1980 y 1981– tomaron fotografías en primer plano del planeta, sus anillos y sus lunas.

Ahora los científicos pueden estudiar con mayor detenimiento al anillado planeta. El orbitador Cassini y la sonda Huygens, construidos por la NASA y las agencias espaciales Europea e Italiana, consisten en un cilindro metálico de 6.7 metros de altura, equipado con una gran cantidad de instrumentos científicos y una antena blanca en forma de plato en la parte superior. Despegó rumbo a Saturno en 1997 y llegó el 30 de junio de 2004 para iniciar una exploración que durará al menos cuatro años.

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