Corazones

Escrito por: Jennifer Kahn el 01 de Febrero de 2007 | 8:04 am
Etiquetas: Ninguna

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Fotografía de Robert Clark

Se remiendan corazones rotos

Mientras yace recostada sobre su espalda, sedada pero alerta, Gloria Stevens observa fijamente una imagen de su propio corazón latiendo. Aunque, metafóricamente, el corazón es el centro de su yo emocional, de manera literal no es más que una bomba llena de sangre del tamaño de un puño, cuyas rítmicas contracciones la han mantenido viva durante 62 años y que, con unas cuantas reparaciones, servirá por un número indeterminado de años más.

El médico le inserta un delgado catéter en una incisión en la ingle, el cual correrá desde la femoral hasta la aorta y, de ahí, hacia una de las arterias que rodean el corazón. En el extremo del catéter hay un pequeño globo que el doctor dirige cuidadosamente hasta un sitio donde la placa ha estrechado la luz de la arteria en 90 por ciento. Con un movimiento rápido y ensayado, infla el globo para distender la pared de la arteria, lo desinfla, y después inserta una endoprótesis expandible (stent), que mantendrá el conducto abierto. Mientras Gloria observa el monitor, el obstáculo en su arteria desaparece, y un amplio flujo laminar brota por el vaso.

Tras sólo media hora, el procedimiento ha terminado. Es muy probable que Gloria pueda irse a su casa al día siguiente, al igual que otros miles de estadunidenses que se someten a este tipo de angioplastia (más de un millón al año). Una vez ‘‘destapadas las tuberías’’, el paciente está curado. ¿Cierto?

Falso.

Muy probablemente, la calidad de vida de Gloria mejorará con este tratamiento, pero lejos está de encontrarse curada. Su aterosclerosis coronaria –un endurecimiento y estrechamiento de las arterias que proporcionan al corazón sangre con alto contenido de oxígeno– aún la deja vulnerable frente a futuras obstrucciones en otras arterias y, en general, frente a las enfermedades cardiacas coronarias.

Aunque hay muchos padecimientos del corazón –regurgitación valvular, inflamación de las membranas–, la enfermedad cardiaca coronaria, causante de los ataques cardiacos, es la principal homicida en Estados Unidos (500,000 hombres y mujeres mueren al año debido a ella). A escala mundial, mata a 7.2 millones de personas anualmente, y su incidencia aumenta de manera alarmante.

Para detener esta marea mortífera, los cardiólogos pueden recetar medicamentos como las estatinas, que ayudan a disminuir el colesterol y mantienen las arterias despejadas; pueden también aconsejar a los pacientes que cambien sus hábitos, o bien, practicar una cirugía para corregir un problema inmediato. La angioplastia es un procedimiento común, al igual que la cirugía de bypass o de derivación (en Estados Unidos se realizan cada año más de 400,000 derivaciones). Los trasplantes permiten reemplazar a los corazones gravemente dañados, y los corazones artificiales pueden mantener vivas a las personas mientras esperan a un donante. Sin embargo, ante una epidemia mundial inminente, ninguna de estas medidas provisionales aborda la pregunta esencial: ¿quién sufre ataques cardiacos, y por qué?

3 comentarios

  1. Escrito por oscar eduardo germano:

    Soy lector asiduo de National Geographic y me gustaría leer más de las enfermedades coronarias y por qué razón se producen, ya que sufrí un infarto y tengo una obstrucción coronaria. Me pareció muy interesante el artículo de febrero 2007 sobre esta materia.

  2. Escrito por YURIDIA LUCIA:

    daniel gracias por haber dicho que terminaramos gracias a eso ahora estoy super feliz con mi novio claro con el si soy feliz el si me hace caso y si me quiere besitos

  3. Escrito por ana catalina:

    Soy lectora mensual y sin falta alguna gracias a national geographic me eh enterado de cosas muy interesantes que encerio vale la pena saberlos. gracias por esta revista.

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