Vida salvaje, marzo de 2007

Escrito por: Jennifer S. Holland el 14 de Marzo de 2007 | 7:15 pm
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Fotografía de National Geographic

Victoria alada

En uno de los mayores éxitos del conservacionismo, las grullas blancas, una especie que fue reducida a 21 ejemplares en la década de los cuarentas, cuenta ya con una población de 500 individuos.

Utilizando el instinto de estas aves, que las impulsa a seguir al líder, el equipo de la llamada Operación Migración entrena a grullas criadas en cautiverio para que sigan a aeroplanos ultraligeros, como si se tratara de sus padres. Los pilotos dirigen a las aves a lo largo de 2,000 kilómetros, desde su refugio en Necedah, Wisconsin, en el norte de EUA, hasta la costa del Golfo, en Florida, en donde invernan. En los años subsiguientes, las aves aprenden la ruta y migran sin necesitar de este guía mecánico. Una vez que la población salvaje logre mantenerse por sí misma, los conservacionistas retirarán los aeroplanos y dejarán que la naturaleza siga su curso.

Esta especie de migración artificial necesita de cuatro aeroplanos: uno de ellos funge como líder, y tres más dan vueltas alrededor de la bandada para recuperar a las aves rezagadas. Cuando las grullas emprenden el vuelo por primera vez, el panorama parece un sueño: las sombras de sus largos cuellos y alas extendidas se proyectan sobre la aeronave amarilla que les muestra el camino a casa.

En uno de los mayores éxitos del conservacionismo, las grullas blancas, una especie que fue reducida a 21 ejemplares en la década de los cuarentas, cuenta ya con una población de 500 individuos.
Utilizando el instinto de estas aves, que las impulsa a seguir al líder, el equipo de la llamada Operación Migración entrena a grullas criadas en cautiverio para que sigan a aeroplanos ultraligeros, como si se tratara de sus padres. Los pilotos dirigen a las aves a lo largo de 2,000 kilómetros, desde su refugio en Necedah, Wisconsin, en el norte de EUA, hasta la costa del Golfo, en Florida, en donde invernan. En los años subsiguientes, las aves aprenden la ruta y migran sin necesitar de este guía mecánico. Una vez que la población salvaje logre mantenerse por sí misma, los conservacionistas retirarán los aeroplanos y dejarán que la naturaleza siga su curso.

Esta especie de migración artificial necesita de cuatro aeroplanos: uno de ellos funge como líder, y tres más dan vueltas alrededor de la bandada para recuperar a las aves rezagadas. Cuando las grullas emprenden el vuelo por primera vez, el panorama parece un sueño: las sombras de sus largos cuellos y alas extendidas se proyectan sobre la aeronave amarilla que les muestra el camino a casa.

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