Reservas marinas protegidas

Escrito por: Kennedy Warne el 01 de Abril de 2007 | 8:43 am
Etiquetas: ,

edenart1.jpg 
Fotografía de Brian Skerry

Un edén azul

Bill Ballantine lía un nuevo cigarro y ríe con sarcasmo al recordar los titulares publicados en los periódicos el día que se abrió la primera reserva marina de Nueva Zelanda, en 1977: ‘‘Nada que hacer en la bahía de la Isla Goat’’.

Había luchado durante 12 años para proteger cinco kilómetros cuadrados de hábitat marino en la costa de Northland, una región de la Isla Norte, y su deseo finalmente se había concretado. Sin embargo, lo que para Ballantine marcaba el inicio de una nueva época, para los periódicos locales, que expresaban la oposición de la comunidad, era el fin de otra. Se trataba de conferirle a la reserva el estado de no remoción. Esta extensión de mar iba a estar totalmente libre de la interferencia humana: nada de pesca con sedal ni con arpón, nada de extracción de langosta de su guarida o de ostras de roca de Sidney. No había razón alguna, según los diarios, para que un hombre, mujer o niño neozelandés se tomara la molestia de ir a la Isla Goat.

Ballantine, de 70 años, es un hombre esbelto y de cabello ralo. Lleva el cigarro a su boca e inhala, sentado en el comedor de su casita en Goat Island Road. Ha vivido allí desde que emigró de Inglaterra, en 1964, para asumir el cargo de director del recién inaugurado Laboratorio Marino de la Universidad de Auckland, situado en la colina que domina la isla. Es experto en moluscos, y ha vivido en la bahía de la Isla Goat desde hace 40 años.

Cuando Ballantine llegó, el camino era de grava y tenía tantos surcos como las tablas de lavar. Ahora está allanado hasta la playa para recibir el constante flujo de visitantes. ‘‘Cada año 100000 personas vienen a ver a los peces; ¿quién se lo iba a imaginar? Nadie –dice Ballantine–. Si alguien hubiera dicho, hace 15 años, que grupos escolares completos vendrían con sus trajes a nadar en este lugar, hubiera sido el hazmerreír de todos. Ahora es de lo más común.’’ Cientos de visitas de campo escolares. Legiones de personas buceando con esnórquel el fin de semana. Recorridos en botes con fondo de cristal para quienes prefieren ver sin mojarse. Hasta hay un centro de educación náutica. Nadie, ni la universidad, ni la comunidad pesquera y agrícola de Leigh, dividida por la idea desde un inicio, previó nada de esto.

Las líneas de combate se trazaron desde 1965, cuando Ballantine invitó a un grupo de pescadores comerciales al laboratorio y les presentó su idea de una reserva vedada a la pesca. ‘‘La mitad de ellos –recuerda– dijo: ‘Está bien.’ La otra, un poco en broma: ‘Te vamos a matar.’’’ A la larga, la opinión pública se transformó ante los cambios ocurridos debajo del agua, los cuales tomaron a todos, incluidos Ballantine y sus compañeros, por sorpresa. Buzos del laboratorio marino observaron que grandes fajas de arrecife en la bahía de la Isla Goat estaban yermas, pues un tipo de erizo de mar , que lleva el nombre maorí de kina, había convertido en rastrojos a las comunidades de algas marinas. La cantidad de esas podadoras submarinas, con tantas púas como un puerco espín, había aumentado porque la población de sus principales predadores –pargos y langostas espinosas– había disminuido debido a la pesca.

Deje sus comentarios