Ámsterdam

Escrito por: Raphael Kadushin el 20 de Abril de 2007 | 10:33 pm
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Fotografía de Sisse Brimberg y Cotton Coulson Foto: National Geographic

Ámsterdam para conocedores

Ámsterdam es una ciudad pequeña (740 mil habitantes) que piensa en grande. Mientras otras metrópolis presumen flamantes museos recubiertos de titanio y creaciones de renombrados arquitectos, la nueva obra maestra de esta capital –sus renovados Eastern Docklands– muestra una sensibilidad contemporánea de gran escala mucho más sofisticada.

El proyecto integra residencias, espacios de trabajo y tiendas de una manera casi orgánica que pone ejemplo al nuevo estilo de planificación urbana. Por supuesto, cabe esperar semejante tour de force arquitectónico en la progresista capital de Holanda, donde las tendencias florecen más rápidamente que los tulipanes. Sin embargo, lo que más sorprende es que, a pesar de su reputación como centro de innovación en diseño y cocina, y su fama de poseer una vida rápida que ‘‘lo permite todo’’, Ámsterdam sigue siendo testarudamente hogareña, casi pintoresca.

‘‘Todos los habitantes de Ámsterdam vivimos en una serie de diminutas aldeas’’, señala Bram Ouwehand, propietario de una panadería. Aunque lo mismo se ha dicho de otras ciudades, continua, nuestra exploración por mar y tierra confirma esta aseveración. El ambiente de aldea se refleja en los tradicionales cafés ‘‘pardos’’ (tabernas) con sus tejas de Delft, y en los cuatro canales –Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht– que trazan un círculo alrededor de la ciudad.

Con cielo despejado, todos los vecindarios se dan cita en los encantadores canales para comer langosta en las cubiertas de goletas, bailar música tecno y tomar el sol au naturel en sus lanchas de motor.

Ámsterdam es accesible. Vaya a los canales –caminata de diez minutos hacia el oeste de la Plaza Dam, el centro histórico de la ciudad– para admirar impresionantes residencias del siglo XVII y recorrer la famosa zona comercial de las Nueve Calles. A sólo diez minutos al norte de la plaza se encuentra el puerto, donde podrá tomar el transbordador que lo lleva a las nuevas islas del área de Docklands. Y a quince minutos al sur de Dam encontrará el complejo de museos de arte de la ciudad.

Para ayudarle a ‘‘entrar en el círculo’’, Traveler le pidió a los lugareños –desde artistas hasta propietarios de tiendas y una famosa escritora– que compartieran con usted lo que más les gusta de su preciosa ciudad.

25 encantadoras maneras de experimentar Ámsterdam

1. Conozca cómo vivió el maestro
‘‘Restaurado de forma meticulosa, el Museo de la Casa Rembrandt (Jodenbreestraat 4; 638-4668) se encuentra en el centro de la ciudad. Es allí donde vivió y trabajó el gran maestro’’, informa el fotógrafo Jurjen Drenth, quien se inspira en pinturas clásicas holandesas para realizar sus fotografías. ‘‘Hay espléndidos ejemplos poco conocidos de la obra de Rembrandt’’, prosigue, y agrega que este año el país celebra el 400 aniversario del natalicio del pintor. El museo también incluye una amplia habitación que albergaba un tesoro de curiosidades de Rembrandt. Dispuestos sobre repisas en las paredes encontrará bustos clásicos, lanzas tribales, un pez globo disecado. ‘‘Los usó como inspiración y utilería’’.

2. Atraque en los Docklands
‘‘En mis días libres’’, informa Eelco Douma, gerente de ventas de un hotel, ‘‘me gusta ir a relajarme en la recién renovada área de Eastern Docklands. Prefiero los cafés informales, donde siempre hay alguien tocando la guitarra. Mi favorito es KHL (Oostelijke Handelskade 44; 779-1575), una vieja bodega de los Docklands donde han instalado un acogedor café. El área es una fusión de antiguo y moderno, de alternativo y elegante. Si quiere algo más de moda, vaya a Panama (Oostelijke Handelskade 4; 311-8686), un club nocturno muy animado’’.

3. Póngase al día con estilo vanguardista
Dick Dankers sabe de diseño holandés contemporáneo. Su salón de exhibición, Frozen Fountain (Prinsengracht 645; 622-9375) está repleto de muebles cubistas multicolores y caprichosas versiones contemporáneas de motivos de la tradicional cerámica de Delft. ‘‘Cuando busco diseñadores holandeses modernos voy a Pakhuis, hoy llamado Post Ámsterdam ’’, informa, ‘‘una serie de salones de diseño y mobiliario en el piso superior del antiguo edificio de correos, cerca de la Estación Central (Oosterdokskade 5). También allí, se encuentra, de forma temporal, el museo de arte moderno Stedelijk (573-2911), cuyo edificio está en restauración. Visítelo ahora porque, en unos años, cuando concluya la restauración del museo, van a derrumbar el antiguo correo’’.

4. Recorra un camino campestre en bicicleta
‘‘ MacBike (620-0985) es el mejor negocio de alquiler de bicicletas’’, afirma el intrépido ciclista y estudiante de la Universidad de Ámsterdam, Pieter Claeys, ‘‘y tiene sucursales en toda la ciudad. Cuando tenga la bici vaya a pasear por un encantador sendero en el sur de la ciudad, junto a las márgenes del río Amstel. Sentirá que está en el campo’’.

5. Entre a una pintura de Vermeer
La manera más sencilla de experimentar la ciudad de Ámsterdam del siglo XVII, cuando el artista Johannes Vermeer pintó obras maestras como ‘‘La joven de la perla’’, es visitando el Museo van Loon (Keizersgracht 672; 624-5255).

‘‘Los descendientes de Willem van Loon, cofundador de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, todavía viven en la residencia’’, explica el curador Tonko F. Grever, ‘‘pero abren sus puertas al público varios días a la semana para que los visitantes puedan experimentar el ambiente de una típica casa comercial en el canal, con todo y jardín trasero, así como disfrutar de la colección de arte que la familia ha reunido a lo largo de cuatro siglos, desde retratos y piezas de plata hasta recetarios y uniformes. Mi retrato familiar favorito es el de Willem van Loon cuando tenía dos años y medio; viste una falda que le hace lucir como una niñita, pero tiene una expresión asombrosamente vívida’’.

6. Pida un masaje decó
El emigrado irlandés Sean Maguire, administrador de apartamentos en renta, está enamorado de la permanente sensación de tranquilidad de Ámsterdam. ‘‘Cuando quiero relajarme de verdad, voy a darme un masaje o sauna en el Sauna Deco (Herengracht 115; 623-8215)’’, expresa. ‘‘Es un sauna y vapor mixto con incrustaciones de vidrio; el interior fue parte de una tienda departamental parisina construida en la década de 1920. Recibirá un estupendo masaje a manos de una masajista muy experimentada, además de estar rodeado de toda esa belleza decó’’.

7. El mejor jardín secreto de la ciudad
Mirjam Verheijke, propietaria de una tienda de antigüedades, pasa mucho tiempo inspeccionando los vetustos desvanes de Ámsterdam en busca de tesoros escondidos, pero también se da el tiempo para disfrutar del aire libre. ‘‘Recién restaurado, el Parque Frankendael, que se encuentra en la villa del mismo nombre, está rodeado de elegantes jardines franceses, así como de un jardín de flores silvestres y rosas. Frankendael es el parque donde crecían todos los árboles de la ciudad. Fue el vivero municipal de Ámsterdam, así que es muy especial para la ciudad’’, explica.

8. Apoye al equipo local
No hay mejor manera de pasar la tarde que envuelto en el espíritu deportivo del estadio ArenA en el sureste de Ámsterdam (ArenA Blvd. 29), sede del equipo de fútbol Ajax. Al menos, eso opina el aficionado Daan de Wit. ‘‘Lo mejor del estadio’’, agrega, ‘‘es su enorme capacidad: para más de 50 mil espectadores. Las entradas se agotan en partidos importantes’’.

9. Compre en mercados al aire libre
La inveterada consumidora Anja Daleman siempre recorre los mercados al aire libre de Ámsterdam. ‘‘El Noordermarkt (lunes y sábado) organiza un mercado para productos orgánicos cada sábado; a orillas del mercado se encuentra el café Winkel (Noordermarkt 43; 623-0223), donde hacen el mejor pay de manzana de la ciudad. En Albert Cuypmarkt, mi mercado local en el Pijp (lunes a sábado), puedo comprar arenque fresco; y cuando necesito un vestido de fiesta voy al Waterloopleinmarkt (lunes a sábado), un enorme mercado de pulgas donde ofrecen ropa de todas las épocas’’.

En el Bloemenmarkt, mercado flotante del canal Singel, entre Koningsplien y Muntplein, hallará flores y bulbos de todo el mundo, pero la especialidad son los tulipanes holandeses.

10. Recorra las Nueve Calles
‘‘Es un nombre absurdo, pero el vecindario es maravilloso’’, afirma Harald van de Goot acerca de las nueve estrechas calles bordeadas de boutiques –de aire artístico, bohemio y elegante a la vez– que comunica el círculo de canales del occidente de Ámsterdam. Van de Goot conoce muy bien la zona. Como copropietario del negocio de su esposa, la tienda Prinsheerlijk Antiek (Prinsengracht 579; 638-6623) –una bodega repleta con toda clase de cosas, desde canapés de fines del siglo XVIII hasta armarios holandeses enchapados–, van de Goot es el anfitrión no oficial del área y su establecimiento de antigüedades se ha convertido en una especie de club informal.

‘‘Para mí, el día perfecto en las Nueve Calles, empezaría con una taza de café en la terraza del Hein (Berenstraat 20; 623-1048)’’, sugiere van de Goot. ‘‘Luego iría de compras a la tienda de Laura Dols (Wolvenstraat 6-7; 624-9066), donde hay hermosos linos antiguos bordados y después a la boutique Local Service (Keizersgracht 400-402; 626-6840). Más tarde ordenaría un trozo de pastel o unos chocolates hechos a mano en la pastelería Pompadour (Huidenstraat 12; 623-9554) y terminaría el día con una cerveza en la terraza del Doffer (Runstraat 12-14; 622-6686)’’.

11. Almuerce en un café junto a los canales
La fotógrafa Inge Yspeert retrata la ciudad contemporánea buscando posibles sujetos en los cafés situados junto a los canales, donde se reúnen los fotogénicos lugareños. ‘‘Uno de mis favoritos es Walem (Keizersgracht 449; 625-3544), donde puede sentarse al aire libre junto al canal y ver a la gente que pasa en sus lanchas’’, comenta Yspeert. ‘‘La concurrencia es muy selecta. Lo mejor de la carta son los enormes emparedados, como el de salmón ahumado en pan rústico o el de carpaccio de res, que no tiene igual en todo el mundo.’’

A Yspeert también le gusta pasar el tiempo en el popular, aunque venerable, café de Spanjer y Van Twist (Leliegracht 60; 639-0109), donde se instala a la sombra de los árboles en la intersección de dos canales para disfrutar de crujientes patatas fritas al estilo holandés.

12. Recorra el Pijp
‘‘Ámsterdam tiene muchos vecindarios hermosos’’, asegura Germaine van Ast, editora de la revista AM, ‘‘pero mi favorito es el Pijp, al sur del distrito de museos. Allí se conjuntan todas las subculturas de Ámsterdam en una vibrante mezcla de restaurantes y tiendas españolas, turcas, tai, chinas, marroquíes, hindúes e indonesias, con tradicionales bares pardos y una creciente variedad de nuevos clubes y boutiques de moda. Casi siempre voy a Trez (Saeredamstraat 39-41), donde sirven buena comida mediterránea, pero mi favorito es el Chocolate Bar (1 E van der Helstraat 62A) donde, los lunes, puede cenar y mirar una película –por lo regular, una comedia de culto– al mismo tiempo’’.

Sin embargo, fiel al ambiente informal del Pijp, ‘‘el Chocolate Bar no tiene un anuncio con su nombre en la puerta frontal; todavía a nadie se le ha ocurrido ponerlo’’, concluye van Ast.

13. Explore el Delft
Si no tiene oportunidad de ir a la ciudad de Delft, el mejor sustituto para comprar recuerdos holandeses es la Galleria d’Arte Rinascimento (Prinsengracht 170; 622-7509).

‘‘La fábrica de Delft nos autoriza a crear reproducciones’’, informa el propietario Marco Paolini, mientras caminamos entre filas de frágiles azulejos, jarrones y platos para colgar, muchos decorados con los intensos colores azul y blanco del traje de marinero. ‘‘Si sólo pudiera comprar una pieza de Delft elegiría un jarrón de tulipanes, pues es típicamente holandés. En el siglo XVII, un bulbo de tulipán exótico valía tanto como la casa más costosa del Herengracht’’.

14. Visite una capilla secreta
‘‘Los turistas se llevan una enorme sorpresa al entrar’’, comenta la portavoz Via Thijs Broers acerca del Museo de Nuestro Señor en el Desván (Museum Amstelkring, Oude-zijds Voorburgwal 40, 624-6604), iglesia católica clandestina con una capilla que data de la Reforma holandesa, cuando el culto católico estuvo prohibido en el país.

Emplazada de manera incongruente en el centro de la Zona Roja , el museo es una de las más grandes sorpresas de Ámsterdam. ‘‘Los visitantes suben por la estrecha escalera de una casa de canal del siglo XVII y de pronto, entran en una magnífica iglesia de mármol montada en el desván. Lo sorprendente es que oficiaron misas allí durante más de 200 años’’.

15. Tome una cerveza en un bar pardo
Benjamin Draijer ha sido cantinero en varios de los clubes más elegantes de Ámsterdam, pero prefiere una tranquila velada en los tradicionales bares pardos, así llamados por el mobiliario de madera manchado de humo.

‘‘Me gusta el Cafe de Pool (Oude Hoogstraat; 624-8710)’’, informa Draijer, ‘‘porque está en un antiguo vecindario donde todavía se reúnen algunos de los clientes originales: artistas y personajes locales que toman cerveza y comen croquetas de res mientras comparten interesantes historias’’. Otro favorito: Cafe ‘t Smalle (Egelantiersgracht 12; 623-9617), establecido en el siglo XVIII como destilería de licores y donde aún sirven la mejor jenever (ginebra holandesa) de la ciudad.

16. Coma un arenque. Empiece por la cabeza
En Ámsterdam, los puestos de arenques son tan comunes como los de perros calientes en Broadway, pero el editor Pleun Luykx –quien, como muchos que viajan diariamente a la ciudad, vive a base de comida rápida– tiene su favorito: el mostrador de arenques de Jonk a orillas de la Plaza Spui, cerca de la Universidad de Ámsterdam.

‘‘El pescado de Jonk es siempre muy fresco. Además consigue un arenque magnífico en primavera, cuando es temporada’’, explica Luykx. Mejor aún, los turistas pueden aprender algo de la etiqueta holandesa si observan comer a los nacionales: sujete el pescado por la cola, abra la boca y métalo entero, empezando por la cabeza; mastique y luego déjelo resbalar por la garganta disfrutando del salado cosquilleo.

Si no ha llegado una nueva redada, ordene un plato del mejor kibbeling de la ciudad: trozos de dulzón pescado blanco rebozado. ¿Con qué variedad de pescado se prepara el misterioso kibbeling? ‘‘Abadejo del Mar del Norte’’, instruye Jonk, hombre de pocas palabras.

17. Pase lista a cuatro siglos de tesoros de mercaderes
Aunque todas las ciudades europeas tienen un sector de antigüedades, pocas cuentan con una variedad tan completa como Nieuwe Spiegelstraat en Ámsterdam, donde se pone de manifiesto el coleccionismo que orgullosamente preconiza la ciudad.

‘‘Casi todas las tiendas de la calle siguen un tema’’, señala Bart Smaal, dependiente de E. H. Ariens Kappers (Nieuwe Spiegelstraat 32; 623-5356), quien muestra orgulloso una colección de antiguos grabados coloreados a mano, incluyendo un clásico paisaje invernal de patinadores holandeses en un canal congelado. Su galería es una de las pocas que ofrecen trabajos de grandes maestros grabadores como Rembrandt.

‘‘Una de mis tiendas predilectas está en una calle lateral’’, agrega. ‘‘Se llama Astamangala (Kerkstraat 168; 623-4402) y es famosa por su arte tibetano y nepalés. Siempre podrá encontrar algo a buen precio’’.

18. Para los niños, el Vondelpark
‘‘El Vondelpark es un mundo en sí mismo’’, asegura Nina Ascoly, escritora y madre que gusta de pasar los soleados días de Ámsterdam con Paloma, su hija de seis años, en este parque próximo al distrito de muesos.

‘‘Hacemos un recorrido que incluye el café-restaurante Vertigo (Vondelpark 3; 612-3021), con su gran terraza exterior desde donde vemos a los paseantes’’, añade. ‘‘Cerca de allí se encuentra el Filmmuseum de Holanda, donde podrá ver películas clásicas y admirar una colección de carteles cinematográficos’’. El Vondelpark también ofrece patines en alquiler.

El café Groot Melkhuis, antigua casa de granja transformada, está situado junto al campo de recreo más grande del parque, cosa que resulta muy conveniente para los padres. Para los adultos que van solos, una visita obligada en el parque es el Het Blauwe Theehuis (Vondelpark 5; 662-0254), con forma de platillo. ‘‘El Theehuis está de moda’’, apunta Ascoly, ‘‘y arriba tiene un club de baile donde tocan varios DJs’’.

19. Ciencia divertida en directo
En NEMO (Oosterdok 2; 531-3233), museo de ciencias infantil, los jóvenes visitantes pueden participar en experimentos divertidos. La hija de Ascoly tiene un favorito: ‘‘Haces una burbuja muy grande y te paras adentro’’.

20. En cama con la Prostituta Feliz
‘‘La Zona Roja es tan vulgar y segura como siempre’’, afirma Xaviera Hollander, la ‘‘Prostituta feliz’’, cuyo libro definitorio de una época fue un best seller en la década de 1970. Hoy día encontrará a Hollander en su nueva posada, Xaviera’s (Stadionweg 17; 673-3934), donde comparte con los huéspedes sus guaridas predilectas como el Palacio de la Nostalgia (Oudezijds Voorburgwal 15-17; 625-6964). ‘‘Está en el corazón de la Zona Roja, pero presenta uno de los mejores actos de cabaret de la ciudad’’.

21. Entre a un mundo flotante
‘‘Algunos preferimos la libertad de sentir el movimiento del agua y despertar a una escena de cisnes que pasan nadando frente a la ventana’’, informa Babette van den Brink, quien opera una de las casas de subastas más grandes de Ámsterdam desde una elegante residencia de canal, aunque ella vive en una casa flotante.

‘‘Quienes visitan Ámsterdam pueden pasar la noche en los canales: hay hoteles flotantes donde pueden hospedarse’’. En el Museo de Casas Flotantes (Prinsengracht frente al número. 296; 427-0750) podrá darse una idea de cómo es la vida en una típica casa flotante.

‘‘En verano organizan un gran concierto flotante en el Prinsengracht; puede sentarse en su barco y escuchar a las orquestas que tocan en el centro del canal’’, agrega. ‘‘Cuando el clima es agradable, proyectan películas en pantallas instaladas en el muelle, así que no hay que ir a tierra firme. Luego viene el Día de la Reina, el 30 de abril; es una de las festividades más alegres de Holanda. Todos los habitantes quieren estar en el agua ese día, así que una larga fila de embarcaciones se extiende por todos los canales, desde lujosas casas flotantes hasta pequeños botes de remos’’.

22. Vaya adonde los estudiantes le tratan bien
Interés y entusiasmo caracterizan el servicio del Hotel College (Roelof Hartstraat 1; 20-571-1511), 40 habitaciones en una antigua escuela del siglo XIX, cerca de la sala de conciertos Concertgebouw. ¿La razón? Parte del personal está integrado por estudiantes de hotelería deseosos de aprender. Las cómodas habitaciones tienen apariencia de frescura y el restaurante del hotel es uno de los favoritos de Tom de Brujin, editor de SpecialBite, popular sitio web para comensales.

‘‘La comida es holandesa’’, cuenta Brujin, ‘‘pero inesperada: una espumosa sopa de guisantes con ravioli; risotto con cebada; y helado de pan de centeno’’.

23. Dé un vistazo ‘‘de pez’’ a un canal
Para la diseñadora de interiores Monique van Heezik, el mejor lugar de descanso en Ámsterdam es el zoológico de Artis, en la zona oeste de la ciudad (Plantage Kerklaan 38-40; 523-3400).

‘‘Una de las exhibiciones recrea una sección de un típico canal de Ámsterdam. Puede ver todos los peces que nadan en nuestros canales, pero también todas las cosas que caen al fondo, incluidos platos rotos y una bicicleta abandonada’’.

24. Conozca la herencia judía local
Cerca de 75 mil judíos vivían en Ámsterdam antes de la Segunda Guerra Mundial, pero durante el Holocausto murió el 80 por ciento de la comunidad semita holandesa. Lon Monasch, quien tiene un negocio de venta de pianos y cada otoño colabora en la organización del festival de música hebrea de la localidad, a menudo lleva a los visitantes al distrito judío de Ámsterdam, cerca del mercado Waterlooplein.

‘‘La Sinagoga Portuguesa (Mr. Visserplein 3; 624-5351) es una de las más grandes y hermosas del mundo’’, asegura Monasch, ‘‘y los servicios de sábado están abiertos al público. También me gusta llevar a los niños al Museo Histórico Judío (Nieuwe Amstelstraat 1; 531-0310)’’.

Dicho museo inaugurará una nueva sección infantil donde organizará eventos especiales como hornear matzo. Lo más conmovedor es la exhibición de pinturas del museo –en realidad, un recordatorio permanente– legada por Charlotte Salomon, quien apenas salía de la infancia cuando pereció en Auschwitz.

25. Escuche música con sonoridad perfecta
Recién restaurada, la sala de conciertos Concertgebouw (Concertgebouwplein 2-6; 671-8345) es una joya musical del siglo XIX. ‘‘Desde Mahler hasta Ravel, todos han sido parte de la historia del Concertgebouw’’, informa Nick Woud, timbalista principal de la Real Orquesta del Concertgebouw. ‘‘Muchos de los grandes compositores modernos han estrenado aquí sus obras y por una buena razón: la famosa acústica del salón. Es difícil definir las singularidades del sonido y otras salas de conciertos han fallado en sus intentos de duplicarlas. Ingresar en el Concertgebouw es como entrar en una catedral; el ambiente mismo infunde un carisma mayestático a la interpretación de la orquesta. Incluso parece corregir ligeras imperfecciones, de modo que inspira a los músicos a crear algo especial’’.

(Raphael Kadushin, actual residente de Madison, Wisconsin, pasó su infancia en Holanda y visita Ámsterdam cada primavera porque “no hay otra ciudad comparable en belleza física”. Sisse Brimberg y Cotton Coulson viven en Copenhague)

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