El muro incómodo
Fotografía de Diane Cook y Len Jenshel
Nuestro muro
Era la primavera de 1929. Patrick Murphy salía de un bar en Bisbee, Arizona, con el propósito de bombardear el poblado fronterizo de Naco, en Sonora, México, a unos 16 kilómetros de distancia. Llenó sus maletas de dinamita, chatarra, clavos y pernos, y dejó caer el equipaje explosivo desde su avión fumigador: había hecho un trato con rebeldes mexicanos que buscaban el control de este pueblo. Tras cumplir con su parte, se dio cuenta que había bombardeado el Naco equivocado y destruido, principalmente, propiedades del lado de EUA, incluyendo un estacionamiento y una compañía minera local. Hay quien dice que estaba borracho; otros sostienen que estaba sobrio; pero todos concuerdan en que fue una de las primeras personas que bombardeó Estados Unidos desde el aire.
Las fronteras, en todas partes, atraen violencia; la violencia promueve la colocación de cercas y, finalmente, estas pueden mutar y convertirse en muros. Entonces todos prestan atención, porque el muro convierte una mera distinción legal en una descarada bofetada visual. A los estadounidenses nos encantan los muros, pero también nos avergüenzan, porque dicen algo desagradable sobre los vecinos y sobre nosotros mismos. Surgen de dos fuentes: el miedo y el deseo de control. De la misma manera que ponemos puertas y cerraduras en nuestras casas, las fronteras exigen garitas, funcionarios de aduanas y, en ocasiones, grandes muros. Generan sentimientos encontrados porque no nos gusta admitir que las necesitamos.
Ahora que en Estados Unidos se debate si es necesario reforzar la frontera con México, han resurgido los muros. Desde el decenio de 1990, en varios lugares a lo largo de la polvorienta línea fronteriza de 3 141 kilómetros de largo, se han construido cercas, muros y barreras para vehículos con el fin de frenar el incremento de la migración ilegal. En San Diego se erigieron 14.5 kilómetros de una cerca de doble capa. En Arizona, el estado con el mayor número de cruces ilegales en su frontera, ya se han construido 105 kilómetros de barreras. Dependiendo de la dirección que tome el continuo debate sobre la migración, quizá en poco tiempo los muros se extiendan unos cientos de kilómetros más.
Naco, Arizona, en donde Patrick Murphy forma parte del folclor local, tiene aproximadamente 800 habitantes, quienes llevan un decenio viviendo a la sombra de un muro de acero de cuatro metros de alto. Hay unidades de la Guardia Nacional que ayudan a extender la barrera de 7.4 kilómetros para que se adentre 40 kilómetros más en el desierto. La estación de la Patrulla Fronteriza es el edificio más grande de este minúsculo poblado; su techo de cobre brilla bajo el ardiente sol. En el 2005, en una moderna y espontánea muestra de poderío paramilitar, los minutemen, grupo de ciudadanos dedicados al resguardo de la frontera, se instalaron a lo largo de los 32 kilómetros de la línea. Hoy en día, unas 8 000 personas habitan en Naco, Sonora, del lado mexicano del muro de metal que divide las dos comunidades.





BUENO LO QUE ESCRIBIRE TIENE RELACION EN CUANTO AL MURO PERO NO A LA HISTORIA ESTA, PERO NO SE DONDE TRANSMITIR MI COMENTARIO, Y ES CUANDTO EL MURO QUE AY ENTRE MEXICO Y ESTADOS UNIDOS, DE ESOS QUE YA AY CONSTRUIDOS Y SE CONTRUYEN Y TAPAN POR COMPLETO, Y AFECTAN LA EMIGRACION DE LOS ANIMALES QUE VIVEN EN LA ZONA, SEAN COMO SEAN ESTOS MUROS SE HACEN PARA EL HOMRE PARA “DETENER LA EMIGRACION” DEL SER HUMANO PERO ESTE SIEMPRE SE LA INGENIA PARA CRUZARLO NO ASI LOS ANIMALES, MUCHAS VECES NOMAS NOS FIJAMOS EN LOS SERES HUMANOS MAS NO EN LOS ANIMALES, ESTOS MUROS SE CONSTRUYEN SIN PENSAR MAS ALLA EN CUANTO AFECTE NUESTRO ALREDEDOR SIN TOMAR NADA DE CONCIENCIA
MIRA PARA MI EN LE ESPECIAL EL MURO HACE QUE LOS ANIMALES NO PUEDAN VIVIR CON TRANQUILIDAD SIEMBRE ESTAN EN LO QUE VA A SER EL NOMBRE Y NO PIENSAN SOBRE LO QUE ESTA A SU ALREDEDOR SINO LOS QUE LE CONVIENE A SU PAIS Y A SU BOLSILLO.PERO TODO QUEDA A SU CONCIENCIA