La vida en el valle de Luangwa

Escrito por: Christine K. Eckstrom el 01 de Mayo de 2007 | 8:22 am
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Fotografía de Frans Lanting

En espera del trueno

El Luangwa, uno de los últimos ríos importantes en el sur de África donde aún no se construyen presas, es la fuente primaria de sustento y el principal protector del valle por el cual serpentea. Abundan los hipopótamos, elefantes, jirafas, leones, leopardos, búfalos y muchísimas otras especies en los 50 000 kilómetros cuadrados de sabana arbolada que irriga este río de 800 kilómetros de largo. Lo que escasea aquí es la gente, lo cual se debe, en parte, al ciclo anual de anegamiento del Valle de Luangwa. Todos los años, durante la época de lluvias, el río modifica por completo la región: el arroyo de apenas medio metro de profundidad se transforma en un turbulento torrente de color pardo, que se desborda hacia las llanuras y arboledas circundantes, volviendo intransitable este ancho valle en el este de Zambia durante casi la mitad del año. Posteriormente las aguas retroceden, dejando atrás un paisaje rejuvenecido que se secará a lo largo de los siguientes, prolongados meses sin lluvias.

Para finales de octubre, sólo quedan rastrojos de los pastizales que cubrían las llanuras de aluvión, y un viento caliente levanta pequeños remolinos de polvo. Al anochecer, los hipopótamos abandonan las últimas pozas del río y desaparecen en la oscuridad de la maleza en busca de alimento. Algunos recorren varios kilómetros para encontrar comida y muchos mueren de estrés durante esta temporada. Un día, el cadáver de un pequeño hipopótamo amanece flotando. Los hipopótamos hembras se acercan, lo acarician, lamen su piel y, finalmente, se alejan. Las estaciones del año pueden ser crueles para la vida salvaje del valle, pero las actividades humanas lo han sido aún más. Ya en el pasado, la cacería, tanto autorizada como furtiva, había reducido drásticamente las poblaciones de hipopótamos y elefantes; aun así, ambas se han incrementado. El resurgimiento es un signo de la buena disposición humana y de la capacidad de recuperación de la naturaleza.

En noviembre, el cielo retumba toda la noche. Una tarde, una cortina de lluvia barre la región, quitando el polvo de las hierbas y los árboles. Casi de la noche a la mañana, verdes retoños surgen de la tierra. En las antes desnudas arboledas de mopanes relucen nuevas hojas de color rosado. Los elefantes y los búfalos se diseminan por el altiplano, donde hay plantas y hierbas frescas para pacer. Las hembras de impala dan a luz, y las cebras aparecen en forma repentina de entre la maleza con sus pequeñas crías. Días después de las primeras lluvias, aparecen cigüeñas de Abdim volando en grandes círculos de miles de ejemplares. Estas aves tocan tierra en rápidos y cortos movimientos, y avanzan por el pasto en un amplio frente, como el fuego, comiendo ranas e insectos que se muestran atraídos por el agua. Una nueva estación del año ha llegado.

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