Namibia
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Foto: National Geographic
Desértica majestad
Desde hace mucho, los primitivos paisajes desérticos de Namibia y su abundante vida salvaje han atraído turistas de la vecina Sudáfrica. Sin embargo, recientemente el país entró en el radar de muchos estadunidenses al darse la noticia de que cierta pareja famosa levantó su campamento allí, la primavera pasada, a la espera de un bebé.
Como novedad para este año, la excursión ‘‘Namibia Explorer’’ (Ker & Downey, 800-423-4236; 12 días) correrá a cargo de los miembros de la familia Schoeman cuyo patriarca, Louw Schoeman, fue decisivo para el desarrollo del Parque Costa Esqueleto (Skeleton Coast) de Namibia.
Mientras viaja a lo largo de todo el país, admirará esta nación desértica desde el asiento de un avión ligero, se hospedará en campamentos amistosos y visitará al pueblo himba, que mantiene su antiguo estilo de vida nómada. Los recorridos aéreos de poca altura sobrevuelan la colonia de focas de Cabo Cruz (Cape Cross) y las estériles crestas negras de las formaciones Ugab, que contrastan notablemente con las circundantes arenas del desierto.
Además del Parque Costa Esqueleto –llamado así por los naufragios que pueblan las aisladas costas de Namibia en el Atlántico Sur–, visitará la Reserva Natural Namib-Rand y el Parque Namib-Naukluft. En la región centro-norte del país, el Parque Nacional Etosha ofrece la oportunidad de experimentar una de las reservaciones de vida silvestre más famosas del Continente Negro, con más de 300 variedades de aves y 114 especies de mamíferos como elefantes, jirafas, ñus, rinocerontes negros, leones y guepardos.
En las entrañas del parque se encuentra la llanura árida de Etosha, con una extensión de más de 3,000 kilómetros cuadrados. Este ‘‘lugar de agua seca’’, depresión arenosa durante la mayor parte del año, se transforma en un enorme lago cuando la temporada de lluvias es abundante y atrae impresionantes parvadas de aves zancudas y otros animales salvajes.
‘‘El punto culminante del recorrido fueron, sin duda, las dunas Sossusvlei, en el Parque Namib-Naukluft’’, afirma Marilyn Clayton, de Merritt Island, Florida. ‘‘Caminar en el desierto más antiguo del mundo y trepar por la duna de arena más alta del planeta, que los lugareños apodan ‘‘Big Daddy’’, fue uno de los mayores placeres de mi vida. Lo que complementó perfectamente la experiencia, fue la oportunidad de volar en un globo aerostático sobre esas magníficas dunas al amanecer’’.
Para Prabha Sinha de Evanston, Illinois, los momentos más memorables del viaje consistieron en numerosos encuentros con animales salvajes; por ejemplo, ‘‘descubrir la inesperada escena de una manada de elefantes del desierto que buscaba alimento en una estéril y escarpada ladera de Damaraland. En Ongava, nuestro guía detectó dos rinocerontes blancos desde lo alto de un árbol y nos condujo hasta ellos caminando a favor del viento; también en Ongava pasamos como a 90 metros de un leopardo mientras dábamos una caminata vespertina’’.




