España: spaghetti westerns

Escrito por: Andrew McCarthy el 15 de Mayo de 2007 | 1:14 pm
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Fotografía de Catherine Karnow Foto: National Geographic

El bueno, el malo y el feo

‘‘¿Qué me pasaba por la cabeza?’’, tal fue mi primera impresión al ver el Desierto de Tabernas, en la región de Almería, ubicada en el sureste de España. Única zona semidesértica de Europa, con un promedio de precipitación de apenas tres días de lluvia al año y temperaturas de hasta 48 °C en verano. Tabernas puede parecer un lugar inhóspito y poco acogedor. Sin embargo, desde principios de los sesenta y durante 15 años, fue una meca para los cineastas.

Fue allí donde el director italiano Sergio Leone popularizó los spaghetti western (películas de vaqueros italianas; su padre hizo la primera en 1913), y donde filmó su ‘‘Trilogía de los dólares’’: Por un puñado de dólares, Por unos dólares más (también conocida en español como La muerte tenía un precio) y (entra el fondo musical de Ennio Morricone) El bueno, el malo y el feo, además de su clásico Érase una vez en el Oeste. Entretanto, reescribió las reglas de producción de los filmes del Oeste, revitalizó el estancado género y convirtió en estrella a un joven actor de televisión llamado Clint Eastwood.

Tabernas ha servido de escenario a centenares de cintas, como El pasajero, de Antonioni, Patton e incluso algunos segmentos de Cleopatra. Sin embargo, el género del spaghetti western es mi favorito, y por esa razón he venido al desierto español a explorar los viejos ‘‘pueblos del Oeste’’ que Leone creara para sus películas. Siguen aquí, tostándose al sol. Quiero ver si los fantasmas de Henry Fonda, Charles Bronson y ‘‘el hombre sin nombre’’ (Eastwood) aún resuenan en esta marchita tierra donde ocurrió una buena parte de la historia cinematográfica, a casi 10 000 kilómetros de Hollywood. Tres mohosos platós/pueblos –Western Leone, Mini-Hollywood y Fort Bravo– se encuentran a poca distancia entre sí en el corazón del desierto.

Mi primera escala es Western Leone. Llego en mi auto dando tumbos por el camino de tierra, sofocado por el polvo del desierto y emocionado al reconocer a lo lejos la gran hacienda roja que albergara a Claudia Cardinale y fuera un elemento central de la cinta de Leone, Érase una vez en el Oeste. Al acercarme para explorar de cerca, veo que sólo quedan unas cuantas fachadas descoloridas y el persistente viento. Ese día, Western Leone se encuentra completamente desierto, excepto por un hombre vestido como sargento del Ejército de la Unión y dormido frente a la hacienda, de donde cuelga un letrero que anuncia: Saloon (Cantina).

Al notar mi presencia, se incorpora lentamente y desaparece en el interior. De pronto escucho el sonido de un viejo generador, y el tema musical de La muerte tenía un precio prorrumpe del enorme altavoz. No logro entender el nombre del ‘‘sargento’’ (quizá por su acento andaluz o porque trata de imitar el estilo misterioso de Eastwood). Con poca convicción, ofrece hacerme una fotografía con sombrero de época, espuelas y revólver por escasos siete euros.

Mi siguiente destino: Mini-Hollywood, donde rodaron la mayor parte de El bueno, el malo y el feo. El lugar ha sido transformado en un parque temático donde ‘‘vaqueros’’ y ‘‘coristas’’ desfilan por las aceras pavimentadas. Hay un local con juegos de video, y los escaparates ofrecen cualquier clase de baratijas. A todas luces, Mini-Hollywood subsiste del negocio de los paquetes turísticos, como demuestra el enorme estacionamiento con espacio reservado para autobuses. Decido seguir mi camino.

Al llegar a Fort Bravo, consigo relajarme. Quizá sea gracias a su típica ‘‘calle principal del Oeste’’, con herrería, cárcel y hotel; tal vez la cantina en operaciones, con caballos en la entrada. No puedo precisarlo, pero Fort Bravo posee un reposado encanto. Incluso tiene su propio cadalso para los sentenciados a la horca. Hace casi 30 años, el destartalado plató fue adquirido, por la suma de 6,000 dólares, por un rubio y bonachón doble llamado Rafa Molina, oriundo de Valencia, quien aceptó el trato ‘‘para asegurarme de que si hacían una película allí, me darían trabajo’’. Es el único de los tres pueblos que aún se utiliza con cierta frecuencia como plató cinematográfico.

Quebrado y desempleado a principios de los años ochenta, Molina abrió el lugar como atracción turística. Cobraba 25 pesetas (10 centavos estadunidenses) por persona y permitía que los visitantes dieran un recorrido frente a las estropeadas fachadas y los desolados escaparates de las tiendas. Unos años después comenzó a montar espectáculos, como tiroteos y peleas de cantina. Pese a que las representaciones son un tanto de mal gusto, dan rienda suelta a mis fantasías de bandolero. Al caer la tarde, cuando casi todos se han ido, en el silencio del desierto y las sombras cada vez más largas, camino lentamente hacia el centro de la calle, con las manos colgando a los costados y esperando encontrarme al amenazador ‘‘Tuco’’, de Eli Wallach, saliendo por las puertas de la cantina, o al ‘‘Ojos de Ángel’’, de Lee Van Cleef, agazapado en un tejado.

Mientras Molina y yo nos acomodamos a charlar en la cantina, entra Paco Barrilado, un corpulento andaluz y antiguo boxeador, también doble y veterano de numerosos westerns de Sergio Leone. ‘‘Era muy estricto –recuerda Barrilado acerca del director–; si no querías problemas, más te valía hacer lo que él decía’’. ‘‘¿Y tú lo hacías?’’, pregunto. ‘‘Era joven. Sergio siempre llevaba una moneda de un dólar en la mano y cuando se enfadaba, la hacía girar entre los dedos. Mala señal.’’

Barrilado y Molina afirman haber trabajado en Indiana Jones y la última cruzada, rodada a unos 30 kilómetros al sur, donde el Desierto de Tabernas se extiende hacia el mar. ‘‘Me mataron unas 10 veces en esa película’’, comenta Molina. ‘‘A mí me hicieron pedazos en un tanque alemán y además estrellé un avión –compite Barrilado–. Hicimos muchas películas. Lo interesante es que nos contrataban para una cinta con título en inglés y cuando la estrenaban en España tenía otro nombre. No sé cuántas veces entré en el cine y dije: ‘Un momento, ¡yo salgo en esta película!’’’.

Para no dejarse opacar, Barrilado añade: ‘‘yo fui quien compró el poncho que Clint Eastwood usó en las películas de Leone’’. ‘‘¡Cómo es eso! –alego–. Vi una entrevista con Eastwood y él dijo que lo había comprado en el Valle de San Fernando, en California’’. ‘‘Yo se lo compré en Níjar, a unos kilómetros de aquí’’, insiste Barrilado. Molina me mira y tuerce los ojos. ‘‘También le enseñé a mover el habano en la boca. Porque no fumaba, ¿sabes?’’.

Asentada en las faldas de la Sierra de Alhamilla, a 16 kilómetros al sur de Fort Bravo, se encuentra el pueblo de Níjar, con 3,000 habitantes, casas blancas y estrechas calles, típicas de esta zona de Almería. Los artesanos de Níjar son famosos; la alfarería local adorna las barandillas de los balcones, y las jarapas (tapetes hechos con retazos de tela) cuelgan en casi todas las tiendas. Isabel Soler, originaria de Níjar, ha tejido tapetes toda su vida. ‘‘Mi abuela era tejedora, igual que mi madre. Mi padre también es tejedor’’. Su marido, Matthew, llegó al pueblo hace 18 años procedente de Inglaterra y se abrió camino en el negocio de la cerámica torneada. ‘‘Sólo pregunta por ‘el inglés’ y cualquiera te indicará dónde está nuestra tienda. Me trataban como si fuera invisible hasta que nacieron los niños y en ese momento, me hicieron parte integral de Níjar. Los niños pertenecen al pueblo’’.

De vuelta en Fort Bravo, monto a caballo con Ray Murray para recorrer los páramos de Tabernas. Sargento de policía en Inglaterra, Murray llegó a España hace 11 años y hoy es difícil adivinar su antigua profesión, pues parece haberse fundido con el lugar donde hoy reside. Es director de una escuela local que promueve prácticas comerciales éticas, y además se ocupa de un negocio de paseos a caballo en las afueras de Fort Bravo. Mientras avanzamos por el desierto, surgen gratas pausas en la charla; los temas de conversación abarcan desde la vida sustentable hasta los niños e, invariablemente, las películas y cómo afectaron nuestras vidas. Por supuesto, hablamos del western. ‘‘Creo que no sería el hombre que soy si no hubiera visto Solo ante el peligro –afirma Murray–. Fue el cimiento de mis principios éticos.’’

En la cima de un monte, se detiene a contemplar el valle. ‘‘¿Le parece conocido?’’, me pregunta. ‘‘¿Debo reconocerlo?’’, respondo. ‘‘Estamos justo donde Leone hizo la famosa primera toma de La muerte tenía un precio, en la que el jinete cae muerto del caballo.’’

Seguimos el recorrido bajando por una barranca y encontramos un manantial que brota del suelo. Es la única fuente de agua que he visto y los caballos se detienen a beber. ‘‘Quizá Leone no estaba tan loco como dicen’’, comento. Murray me observa en silencio y luego asiente con la cabeza. De pronto, a lo lejos, descubro una extraña escena. El reseco lecho del río parece abrirse y veo palmeras bañadas de sol, meciéndose muy suavemente en una levísima brisa. Jamás imaginé encontrar esto en medio del desierto. ‘‘¿Un oasis?’’, pregunto. ‘‘Lo construyeron para Lawrence de Arabia –me explica Murray– Me hablaron de este lugar hace años. Sabía que estaba por aquí’’.

En 1961, el equipo de filmación del clásico del director David Lean , Lawrence de Arabia, tuvo que abandonar las locaciones de Jordania a mitad de la producción. ¿Por qué eligieron Tabernas? En busca de respuestas, sigo la pista hasta el bar del Hotel El Dorado, en la población costera de Carboneras, a unos 50 kilómetros al sureste de Fort Bravo. El Dorado es un descolorido palacio tapizado con fotografías del viejo Hollywood, creación de Eddie Fowlie: explorador de locaciones, utilero, especialista en efectos especiales y mano derecha para todo. Con 85 años de edad, sigue siendo un tipo impresionante. ‘‘Lo más difícil de reproducir era Aqaba –explica Fowlie–. Necesitábamos un lugar donde el desierto llegara hasta el mar. Pero tan pronto como vi este sitio, supe que había encontrado la solución y construimos Aqaba aquí mismo’’. De hecho, tanto le gustó la locación que compró las tierras, construyó el hotel y jamás volvió a salir de allí.

Fowlie trabajó con Lean en todas sus grandes producciones: Doctor Zhivago, La hija de Ryan, El puente sobre el río Kwai. ‘‘Un día David Lean me dijo: ‘necesitamos un oasis’, mientras rodábamos Lawrence –recuerda Fowlie–. Era para la escena con Anthony Quinn, y como no pudimos encontrar uno, tuvimos que construirlo. Me han dicho que sigue en pie. Que incluso lo incluyeron en los mapas durante un tiempo. Hicimos estallar los trenes de Lawrence en la playa de Cabo de Gata’’.

El trayecto costero hasta el Parque Nacional Cabo de Gata es bastante corto. Allí, el desierto se extiende por las montañas de la costa hasta el Mediterráneo. No son las playas blancas, aterciopeladas y tranquilas del Caribe, sino escabrosas e indómitas. Arbustos y chumberas dan paso a las altas dunas que terminan en el sereno mar azul. Aunque no hay trenes humeantes, encuentro la playa de Los Genoveses, donde Spielberg mató varias veces a Rafa Molina y Paco Barrilado en Indiana Jones y la última cruzada. Sin embargo, es otra playa del parque la que me interesa mucho. Me detengo en lo alto de las dunas en el extremo oriental de España, con el mar enfrente y el desierto a mis espaldas. El hombre sin nombre, que protagonizó Eastwood, rodó por estas mismas dunas, abrumado por la sed y el sol en lo que parecía una película rodada en el corazón del desierto. Pero si Leone hubiera enfocado su cámara en la dirección contraria, habríamos admirado la extensa vista del Mediterráneo a unos metros de distancia.

(Andrew McCarthy es colaborador frecuente de National Geographic Traveler y la fotógrafa Catherine Karnow es editora colaboradora).

5 comentarios

  1. Escrito por Antonio:

    Barrilado es un fantasma. De lo que dice, uno no puede creerse ni la mitad.

  2. Escrito por Abel Manríquez Machuca:

    Excelente y muy entretenido artículo. Es un tema acerca del cual deseo tener información para comprender más la genialidad de los filmes de western de Sergio Leone.
    Me hubiera gustado ilustraciones de las locaciones como están hoy y quizás una comparación con lo que apareció en los filmes.

  3. Escrito por juan:

    hola yo soy de tabernas y he trabajado en los poblados del oeste, pacoo aki esta diciendo la verdad ha sido todo un especialista de cine

  4. Escrito por domingo beltran sanchez:

    juan tu ni has trabajado ni trabajaras payaso,ya nos veremos y me lo dices a la cara y barrilado de lo que dice la mitad es mentira y la otra mitad no os lo creais, ha porcierto quereis saber a titulo informativo quien es el epecialista que se juega la vida en esa secuencia?jesus “EL MUSCULOS” EL QUE DICE LA JENTE QUE ESTA LOCO SI ESE MISMO, Y UN RESPETO A LOS ESPECIALISTAS QUE SE LO CURRAN Y NO VACILAN A LOS REPORTEROS DE ALGUNOS DOCUMENTALES CON RENOMBRE. SALUDOS DESDE EL OESTE…………………………………..

  5. Escrito por JAVIER:

    hace muchos años sacaron un reporteje de valle de bravo y te tomaron fotos a una persona clasica del pueblo que estaba enfermo de sus facultades mentales (le llamaban el cajetas )pero era muy conocido , me gustaria encontrar ese faciculo de uds. como le puedo hacer que me ayuden a conseguirlo

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