China

Escrito por: Peter Hessler el 01 de Junio de 2007 | 8:45 am
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Fotografía de Mark Leong

Ciudades instantáneas

A las dos y media de la tarde, los jefes comenzaron a diseñar la fábrica. El edificio de tres plantas que habían rentado, con muros blancos y pisos sin alfombrar, estaba completamente vacío; la puerta principal carecía de cerradura, así que cualquiera podía entrar; todo en la zona de desarrollo económico de Lishui compartía esa libertad de tránsito. Los edificios vecinos eran también unos cascarones vacíos que flanqueaban un camino de tierra, rumbo a una autopista sin terminar. El cielo se reflejaba en las láminas de los anuncios espectaculares, los cuales no les hacían propaganda más que a los rayos del sol de finales de octubre.

Wang Aiguo y Gao Xiaomeng habían recorrido en auto 128 kilómetros desde Wenzhou, ciudad de la costa sudoriental de China. Eran familiares –tío y sobrino– y habían llegado a Lishui a emprender un nuevo negocio. ‘‘Toda esta zona se abrió recientemente –me explicó el jefe Gao cuando me reuní con él frente al portón de la fábrica–. Wenzhou era así, pero ahora es muy cara, en especial para una empresa pequeña. Es mejor estar en un lugar como este.’’ Un contratista y su asistente nos alcanzaron en el primer piso. No había ningún arquitecto, ningún dibujante, nadie traía consigo ni reglas ni plomadas. En cambio, el jefe Gao comenzó a repartir cigarros. Tenía 33 años, corte de pelo militar y un aspecto de nerviosismo que se intensificaba cuando su tío estaba cerca. Después de que todos encendimos nuestros cigarros, el joven jefe buscó en su mochila un bolígrafo y una hoja de papel.

Primero hizo un bosquejo de los muros exteriores de la habitación; acto seguido se enfrascó en el diseño: cada trazo del bolígrafo representaba un muro que habría de instalarse. La fábrica comenzó a adquirir forma ante nuestros ojos. Trazó dos líneas en la esquina sudoccidental: una futura sala de máquinas. Junto a esta, un laboratorio químico, seguido de una bodega y una sala de máquinas secundaria. El jefe Wang, su tío, estudió la hoja de papel y dijo: ‘‘Esta sala no es en absoluto necesaria.’’ Se consultaron entre sí y luego la eliminaron del dibujo. En 27 minutos habían terminado de diseñar la planta baja; después subimos las escaleras. Más cigarros. El jefe Gao le dio la vuelta a la hoja.
–Esto es muy chico para una oficina.
–Sería mejor poner el muro aquí. Así está bien de grande.
–¿Puedes levantar aquí otra pared?

En 23 minutos proyectaron una oficina, un vestíbulo y tres salas para los gerentes de la fábrica. Para los dormitorios de los trabajadores en la planta alta, se necesitaron otros 14 minutos. Habían diseñado una fábrica de 2,000 metros cuadrados, de piso a techo, en sólo una hora con cuatro minutos. El jefe Gao le entregó la hoja de papel al contratista. El hombre preguntó cuándo querían el presupuesto.
–¿Hoy en la tarde?
El contratista vio su reloj. Eran las 3.48 p.m.
–¡Tan rápido no puedo!
–Bien, entonces mañana temprano.

Hablaron sobre los materiales: pintura, cemento, tabiques de hormigón ligero. ‘‘Queremos puertas de 10 dólares –le dijo el jefe Wang al contratista, originario de Lishui–. Y no trate de ganar dinero comprando materiales más baratos: haga un buen trabajo y lo contrataremos de nuevo. Así hacemos dinero en Wenzhou. ¿Me entiende usted?’’

Un comentario

  1. Escrito por andres franco:

    es increible la rapidez con la que crece china, modificando su medio, su paisaje, su naturaleza, y cambiando la vida del campo por la vida de las ciudades, esto es muestra de lo dificil para el ser humano de vivir en armonia con la natrualeza.

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