Riga
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Foto: National Geographic
Riga se desliza sobre las olas del cambio
En nuestra encuesta ‘‘Destinos evaluados’’, del 2006, Riga, la capital de Letonia, quedó en la posición 68: apenas alcanzó la categoría ‘‘Bien’’, por arriba del promedio. Dicho estudio solicitó a un panel internacional de expertos en turismo que calificara los destinos con base en seis criterios (vea ‘‘Mi punto de vista sobre Riga’’, más adelante).
Mi esposa y yo vimos mucha desnudez en las calles de Riga. Senos descubiertos por todas partes; hombres esculturales exhibiendo sus músculos desnudos; un canasto de uvas entregado au naturel. Sin embargo, la voluptuosa carne es fría e inmóvil, pues está hecha de concreto.
Adorna todas las fachadas de la vieja ciudad y vuelve excepcionalmente amenos hasta los paseos más cortos. Ninfas y dioses desnudos o diáfanamente vestidos enmarcan las ventanas superiores de los edificios de la ciudad. Cornisas y dinteles descansan sobre coronas de vides y laureles, rostros barbados, figuras grotescas, querubines, serafines, y quién sabe qué más. Los tejados, las jardineras de las ventanas y el fabuloso colorido crean un ambiente de lo más alegre. Toda la ornamentación arquitectónica está caracterizada por el estilo art nouveau o jugendstil , muy popular hace un siglo. Si a esto le sumamos las construcciones que abarcan desde los estilos medieval, neoclásico y barroco hasta el gótico y neogótico, es comprensible que la Vieja Riga se haya ganado un sitio en la Lista del Patrimonio de la Humanidad, de la UNESCO .
Sin embargo, algunos edificios modernos se han infiltrado en esta amagalma. En algunas calles, los negocios han montado disonantes y llamativos anuncios junto a diosas grecorromanas o bajo el exquisito friso de una ventana de color pastel: Coffee Nation, Pizza Malibu. Una maravillosa residencia coronada con esculturas de gatos, gárgolas y un recolector de uvas alberga una franquicia muy poco letona en la planta baja: T.G.I. Friday’s.
Sin duda, los habitantes de Riga tienen derecho a un poco de exuberancia capitalista. En esta luminosa noche de julio pululan por las calles chicos vestidos a la moda, tan jóvenes que no recuerdan la dramática lucha de Letonia por emanciparse, hace 16 años, del dominio soviético . Riga es hoy una ciudad vibrante, donde casi cada noche hay un concierto importante, además de exhibiciones en museos, música en los cafés y un festival báltico donde los espectadores participan en las danzas folclóricas. A esto hay que añadir a los turistas, más del doble con respecto al año 2000: alemanes, suecos, rusos, británicos, algunos estadunidenses. Hasta ahora, la mezcla parece funcionar (excepto por la multitud que viaja, a bordo de la supereconómica aerolínea Ryanair, en busca de sexo y cerveza).
A diferencia de otros sitios Patrimonio de la Humanidad en el Báltico, Riga no ha alcanzado el punto de saturación turística de Tallinn, en Estonia, ni tampoco está cubierta de graffiti como Vilnius, en Lituania. ‘‘En Riga sólo verán graffiti en los edificios feos’’, presume Ojars Kalnins mientras cenamos en el restaurante Rozengrals , de ambientación medieval. Kalnins es director del Instituto Letón, y tiene la responsabilidad de promover todos los aspectos de la cultura nacional. Al día siguiente salimos en busca de graffiti y comprobamos que tiene toda la razón. Sólo vemos pintura rociada en paredes sin el menor atributo.
Los encantos y desafíos de Riga se extienden hasta la zona metropolitana circundante. A escasos 22 kilómetros de la antigua ciudad, en un extenso arco de playa en el mar Báltico, se encuentra el centro turístico de Jurmala, descrito en nuestra guía como la atestada zona de recreación preferida por los soviéticos. Para nuestra sorpresa, encontramos que Jurmala es singularmente atractiva, con kilómetros de imponentes pinos que cubren con su sombra una colección de hermosas casas de madera y ornamentadas ventanas, las cuales suavizan el impacto de un puñado de hoteles de concreto de la era soviética. En la amplia y arenosa playa, los bañistas revelan casi tanta piel como las fachadas estilo jugendstil de Riga. Por ello, resulta inquietante leer acerca de los políticos locales enfrascados en un escándalo que conlleva la destrucción de aquellos pinos para nuevos desarrollos urbanos. El reto actual para los líderes y urbanistas de Riga es mostrar tanta consideración y sensibilidad como los artistas del graffiti.
Mi punto de vista sobre Riga
Ambiente
Jurmala ostenta la ‘‘Bandera Azul’’, un galardón ecológico de certificación ambiental por sus playas limpias.
Cultura
Las culturas letona e internacional florecen en esta ciudad, y es posible que esté disminuyendo el perturbador turismo sexual.
Estructuras históricas
Se encuentran en buen estado en la Vieja Riga; en otras partes, la restauración compite con la ambición de los urbanistas de bienes raíces.
Estética
La ciudad antigua es hermosa; en sus alrededores todavía hay lúgubres edificios de apartamentos de la época soviética.
Administración turística
Podría ser una amenaza, si el desarrollo urbano desmedido arruina Jurmala, y las tiendas para turistas se apoderan de la Vieja Riga.
Visión general
La autenticidad depende de que líderes y ciudadanos puedan preservar el atractivo histórico de Riga tanto para los letones como para los extranjeros.
Jonathan B. Tourtellot
(El editor de Geoturism, Jonathan B. Tourtellot, presenta un informe sobre la administración responsable de los destinos turísticos, y supervisa nuestra encuesta anual ‘‘Destinos evaluados’’).




