Marruecos
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Foto: The New York Times
Fez: miel silvestre
Sin autos, pero repleta de burros, la antigua medina de la ciudad marroquí de Fez resulta confusa, austera y exótica. Un lugar donde se puede ver a los hombres acuclillados en las calles empedradas pelando alcachofas silvestres, y vendiendo desde manojos de menta, botellas de agua de rosas, baldes de limones en conserva hasta un montón de patas de cabra atadas, con todo y pelo, que ofrecen como si fueran narcisos. Al igual que los letreros de las calles, las etiquetas de los precios son opcionales.
¿Pero la miel? A diferencia de otros artículos a la venta en Fez, la miel no sólo tiene precio, sino también señalizaciones; entérese: no es cualquier producto. Se trata de la legendaria y singular miel de abejas salvajes (en este caso, de la especie Apis mellifera major o abeja de Marruecos), miel en verdad silvestre.
Para paladear un poco de este paraíso melífero, diríjase a la medina y entre por la Plaza Ain Zliten; dé vuelta a la derecha en Tala Kebira (la calle principal que lleva al mercado); siga caminando unos cuatro minutos a paso rápido; vuelva a girar a la derecha justo antes de Coin Berbera, una tienda de antigüedades y allí, al cruzar un arco, encontrará el soleado patio de Fondouk Kaat Smen, con sus tres proveedores de miel.
Para mi gusto, el mejor mercader es Nafis Hicham, de aspecto infantil, quien ofrece aceite, mantequilla y miel, como ha hecho toda su familia desde hace tres generaciones. En su puesto de color azul y blanco, con las características tejas de Fez, el señor Hicham mide sus productos en una antigua pesa de latón. Si no habla árabe, felizmente negociará con usted en francés, y además le llevará a la trastienda, donde almacena recipientes de plástico azul con 17 variedades de miel.
En una de mis últimas visitas, traté de convencerlo de que me permitiera probar sus tres variedades silvestres. Primero me mostró fotografías de sus fuentes de miel en los montes Atlas. Nada de pequeñas y delicadas cajas de abejas domesticadas. Una de las imágenes mostraba una colmena que parecía una choza con techo de paja, y casi igual de grande. Hicham me explicó que muy pocas personas usan equipo de protección, ya que muchos recolectores han desarrollado inmunidad y pueden soportar 20 o 30 aguijonazos mientras cosechan la miel. Agregó que la miel silvestre es un remedio milagroso para casi cualquier cosa. La miel de algarrobo ayuda a la digestión, y la de alcaparra es buena para los resfriados y la influenza. También sabe mucho de mieles ‘‘amansadas’’. ¿La de lavanda? Estupenda para el estrés. ¿De tomillo? Buena para la presión sanguínea. ¿Quién lo diría?
Cuando finalmente me ofrece la prueba, me vuelvo loca con la de algarrobo, un poco arenosa y muy acaramelada. La de cedro es terrosa; la de alcaparra, muy delicada y floral. Saludables o no, todas son deliciosas rociadas en un jugoso higo y, a 10 dólares el kilo, son una verdadera ganga.
Puede contactar a Nafis Hicham en Tala Kebira, Fondouk Kaat Smen 81.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)




