Sudáfrica
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Foto: The New York Times
Sudáfrica contra sí misma: en la carrera para prepararse para la copa mundial
Aún faltan tres años para la Copa Mundial de futbol, pero su sede para el 2010, Sudáfrica, siente que el tiempo está agotándose. Por ello, ha emprendido una colosal carrera para renovar aeropuertos, construir un tren de alta velocidad entre el aeropuerto de Johannesburgo y los suburbios, y levantar o renovar estadios en esa ciudad y en otras ocho. Tiene que contratar y entrenar miles de nuevos agentes de policía, comprar centenares de autobuses, y valorar y registrar una incontable cantidad de albergues tipo bed-and-breakfast (B&B). Es una época a la vez enervante y emocionante, en la que la reposada Sudáfrica tiene que competir con su característica calma para hacer las cosas. ‘‘Es una oportunidad maravillosa y estoy seguro de que Sudáfrica saldrá adelante –comentó Paul Browning, consultor de transporte, en entrevista telefónica–. También tendremos la oportunidad de fracasar estrepitosamente’’, agregó con rapidez.
Al ser la primera nación africana que sirve de escenario a uno de los eventos deportivos más populares del planeta, los sudafricanos han adquirido tremenda conciencia de la posibilidad no sólo de bruñir su imagen como líderes continentales, sino de borrar infinidad de estereotipos sobre África y sus habitantes. Sudáfrica insiste en que estará preparada y, en general, los funcionarios de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) se muestran complacidos con el avance de los preparativos. Sin embargo, según ciertos estándares, Sudáfrica está peligrosamente cerca de la fecha límite.
A principios de enero, Joseph S. Blatter, presidente de la FIFA, se quejó de que el margen permitido para demoras en la construcción de estadios fue consumido por completo incluso antes de que comenzaran las obras. Después de una serie de problemas legales y presupuestales, finalmente han dado inicio los trabajos en los cinco nuevos estadios, mientras que las renovaciones de los cinco existentes también han empezado o son inminentes. Sin embargo, los organizadores sudafricanos se quejan de que los tiempos son tan cortos, que una demora de tres semanas a causa de la lluvia podría causar estragos. Diversos analistas opinan que la parte más difícil será construir un moderno sistema de transportación partiendo de cero. Por otra parte, hay que tomar en consideración la muy elevada tasa de criminalidad y el hecho de que nadie sabe, a ciencia cierta, cuántas camas hay disponibles en los albergues B&B donde se hospedarán muchos aficionados. Los organizadores sudafricanos pasan de la euforia a un silencioso terror. ‘‘No creo que pueda dormir bien en los próximos dos años y medio o tres, hasta que hayamos terminado el último estadio’’, confesó en entrevista el director ejecutivo del comité organizador sudafricano, Danny Jordaan.
En el año 2004, la FIFA decidió desobedecer sus propias normas (y quizá correr un gran riesgo) al conceder a Sudáfrica la sede de la Copa Mundial 2010. Desde 1962, con el mundial de Chile, el organismo gobernante del futbol no había elegido a un país tan subdesarrollado como éste, según Econometrix, compañía de análisis económico de Sudáfrica. Por su parte, Sudáfrica jamás había acometido un suceso tan importante. Aunque los 350,000 visitantes que llegarán al país equivalen apenas a un décimo de la cifra de aficionados que invadieron Alemania para los juegos del 2006, la cantidad es 10 veces mayor que las multitudes que viajaron a Sudáfrica para la Copa Mundial de Rugby 1995, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo 2002 o la Copa Mundial de Cricket 2003. Se rumora que la FIFA había reservado países como Australia o Brasil como sustitutos ante la posibilidad de que los preparativos sudafricanos fallaran. No obstante, algunos ejecutivos de la FIFA niegan con firmeza semejante rumor. Los planes A, B y C ‘‘se llaman Sudáfrica’’, declaró Blatter en enero.
Además de pura determinación, los sudafricanos tienen otros valores formidables. Su gobierno es experto en organización y posee el suficiente acopio económico para proporcionar más de 2,000 millones de dólares para estadios, infraestructura, policía y otras necesidades. El sector corporativo ha comprometido 3,500 millones de dólares más en patrocinios, más que en cualquier otra Copa Mundial, enfatizó Jordaan. Además, los sudafricanos no son mezquinos para entretener a sus visitantes. Sólo en diciembre pasado, el país recibió casi un cuarto de millón de turistas extranjeros, un incremento de 13% con respecto de los resultados de diciembre del 2005, y un indicio del surgimiento de Sudáfrica como destino turístico mundial.
Aunque el cricket y el rugby son más populares que el futbol, muchos sudafricanos consideran que la Copa Mundial es fuente de orgullo nacional y, posiblemente, de utilidades para el país. Diversas encuestas revelan que tres cuartas partes de las empresas medianas y grandes anticipan importantes beneficios financieros derivados de los juegos. Y los albergues B&B empiezan a florecer como las acacias. Incluso el ciudadano común ha caído bajo el hechizo: a principios de mes, los organizadores previnieron a las familias que viven cerca del estadio de Soweto que no compraran lavadoras con la esperanza de ganar dinero lavando las camisetas de los jugadores, ya que cada jugador llevará consigo por lo menos 30 camisetas limpias. ‘‘La Copa Mundial está dando fuerza a nuestro país, a nuestra gente –aseguró Jofta Rishoto (42 años), mientras miraba un partido de futbol transmitido hace poco en un bar de Soweto–. Haremos milagros.’’
Por lo pronto, todavía no existe un sistema de transporte adecuado para visitantes. La mayoría de los sudafricanos viajan en desvencijados microbuses humeantes que se detienen en cualquier intersección, siguen un horario incomprensible y cometen infracciones con impunidad. Los trenes, en su mayoría muy deteriorados y mal custodiados, tampoco son una opción. El gobierno ha prometido una reestructuración importante que incluirá 600 autobuses interurbanos nuevos, de lujo o semilujo, 10,000 nuevos minibuses y 60 trenes nuevos. Sin embargo, Browning, especialista en transporte, dijo que los funcionarios deben hacer más que proyectar. ‘‘Tenemos planes maravillosos. La interrogante es, ¿podremos ponerlos en práctica?’’, se cuestionó.
Para transportar a los visitantes hacia distintas ciudades, los organizadores dependen en gran medida de las tres aerolíneas nacionales de bajo costo, aunque algunos analistas consideran que las aerolíneas tendrían que adquirir más aviones. Garantizar la seguridad de los aficionados quizá sea tan difícil como desplazarlos. Sudáfrica padece de un promedio de 50 homicidios diarios, 700 heridos con arma y 356 asaltos gravosos. ‘‘¿A quién le interesará gastar una buena cantidad de dinero para venir aquí y pasarla bien en vacaciones, mientras debe estar constantemente alerta a la posibilidad de resultar herido?’’, señaló Eric M. Bost, embajador estadunidense en Sudáfrica, en noviembre pasado.
La fuerza policiaca, que ha incrementado en los últimos 7 años, está contratando por lo menos 11,000 nuevos agentes al año, según fuentes oficiales. Pero el comisionado, Jackie Selebi, tiende a meter la pata. El mes pasado propuso establecer un distrito rojo donde la prostitución y la bebida en público fueran toleradas durante la Copa Mundial, al igual que ocurrió, según él, en Alemania. Para los organizadores, pasó por alto un aspecto crítico: Alemania no es Sudáfrica, con su desbocada epidemia de sida. Browning apuntó que los planificadores deben tener presentes esas diferencias. Si abordan los juegos de una manera fría y realista, dijo, la preparación ‘‘será difícil, pero no imposible’’.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)





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