Praga
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Foto: The New York Times
36 horas en Praga
Olvídese de Kafka, el valor poscomunista y los autores que aspiran a escribir la Gran Novela Estadunidense, porque todas las viejas concepciones de Praga están completamente desfasadas. Por el contrario, se trata de una ciudad moderna y muy confortable, entre las más occidentales (literalmente y en sentido figurado) de todas las capitales del antiguo bloque comunista, donde todos los días se echan por tierra los viejos mitos sobre Europa Occidental.
La cosmopolita capital checa ofrece restaurantes aun mejores que los que se encontrarían en muchas ciudades estadunidenses, y una nueva generación de diseñadores y consumidores conscientes de la moda contribuye a eliminar el deslustre (y las concepciones erróneas) del pasado. Por suerte, sus columnas góticas, callejuelas empedradas, puentes y residentes con aspiraciones a supermodelos conservan toda su belleza.
Viernes
5 p.m.
1) Escondites
En ocasiones, Praga no parece más que una colección de detalles pasados por alto, como el solitario Hombre Verde que asoma del enyesado de la iglesia Tyn, dentro del pórtico que abre hacia la Antigua Plaza, en lo alto del segundo arco de la izquierda. Si camina por el lado norte del edificio, encontrará una pequeña plaza con un angosto pasillo que conduce hasta la minúscula calle Tynska, donde la entrada de uno de los mejores escondites de la Ciudad Vieja recuerda a la puerta cerrada de un granero. Tunska Literarni Kavarna (Tynska 6, 20-224-827-807) es un ‘‘café literario’’ y librería donde escritores y estudiantes se dan cita en una serie de salones abovedados y un silencioso patio. Aunque está situado en el corazón mismo de la Ciudad Vieja, pareciera que las multitudes pululan a kilómetros de allí.
8 p.m.
2) Italianos en bohemia
Pocos imaginarían que una capital eslava puede ser un semillero de cultura italiana. Sin embargo, Praga ha sido el hogar de famosos italianos desde el siglo XVI, cuando la corte de Rodolfo II albergó al pintor Giuseppe Arcimboldo, al tallador de gemas Octavio Miseroni y al escultor Alessandro Abondio. El arte actual es culinario.
Visite Vino di Vino (Vezenska 3, 420-222-312-999), bar de vinos de la Ciudad Vieja que hace poco introdujo una pequeña selección de recetas de la región piamontesa. Si busca excelente comida italiana en Praga –y a decir de muchos, la mejor en cualquier lugar de ese lado de los Alpes– vaya a Allegro, en el Hotel Four Seasons (Veleslavinova 21, 420-221-427-000). El chef, Vito Mollica, crea platillos estacionales como ternera asada lentamente con trufas alba y añejo vinagre balsámico de Módena. Comprenderá por qué algunos italianos piensan dos veces en volver a casa después de visitar Praga.
Sábado
10 a.m.
3) Café en cubos
Praga está repleta de cafés, pero ninguno se compara con el Grand Café Orient (Ovocny trh 19, 420-224-224-240), cafetería recién restaurada dentro del Museo del Cubismo Checo. Luego de su visita, admire las exhibiciones de pinturas, muebles y arquitectura cubista. Aunque el gótico es mucho más evidente, el cubismo persiste como uno de los estilos fundamentales de la ciudad y, en algunos casos, las dos manifestaciones estéticas se combinan de manera espectacular, como en Jungmannovo Namesti, plaza de la Ciudad Nueva, donde el farol Cubista creado en 1912 por Emil Kralicek y Matej Blecha se levanta junto a la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, construida en 1347. De hecho, algunos de los edificios más importantes de la ciudad tienen un toque cubista: una variante posterior, el rondo-cubismo, fue asimilada como el ‘‘estilo nacional’’ durante la edad de oro de la ciudad en el periodo intermedio a las dos guerras, entre 1918 y 1938, época de la aún reverenciada Primera República de Checoslovaquia.
Mediodía
4) Cervezas extrañas
Tal vez el mediodía pueda parecerle un poco temprano, pero entérese de que los hombres checos suelen consumir varias cervezas antes de desayunar, así que recompense su paciencia con un almuerzo cervecero. Las guías turísticas, con justificada razón, ensalzan la microcervecería Pivovarsky Dum, que ofrece una magnífica y burbujeante Pilster. Por desgracia, tanta fama dificulta conseguir una mesa. Sin embargo, su guía turística no menciona a la ‘‘hermana’’ del famoso local, Pivovarsky Klub (Krizikova 14, 420-222-315.777), boutique y barra de cervezas inaugurada a fines del año 2005. Algunos de sus generosos platillos de carne se venden por peso. El establecimiento sirve seis cervezas regionales de barril, así como unos 20 tipos de cervezas embotelladas, que en su mayoría no encontrará en otra parte.
4 p.m.
5) Ghetto del diseño
Europa Oriental no tiene fama de ser elegante, pero un pequeño grupo de diseñadores checos está cambiando la situación. Vaya al antiguo ghetto judío, donde unas tres o cuatro cuadras que rodean la Sinagoga Española albergan media docena de boutiques de vanguardia. Empiece en Navarila (Elisky Krasnohorske 4/11, 420-271.732-091), donde encontrará juveniles faldas de grueso tejido y suéteres cortos. Ahí podrá conseguir un mapa gratuito del Centro de la Moda Checa para visitar a otros diseñadores de la zona.
7:30 p.m.
6) Todo ‘es-pato-cular’
Al vino de Europa Oriental se le consideraba como una burla, pero ahora las carcajadas provienen de las empresas vinateras francesas y españolas que realizan importantes inversiones en la región. Del mismo modo, la cocina europea oriental se ha visto enriquecida por Occidente, y en Perpetuum (Na Hutich 9, 420-233-323-429) podrá degustar tradicionales platillos checos con mucha de la sofisticación francesa. El modesto restaurante de vecindario se especializa en pato y ganso; su jugoso fricasé de pato y la deliciosa pierna de ganso confitada son excelentes. Cuenta con una amplia selección de vinos checos.
10 p.m.
7) Diviértase en Ziszkov
Cuando los turistas se aglomeran en el centro, los habitantes de Praga van al este. Si quiere saber cómo se divierten los lugareños, haga el recorrido de 20 minutos en metro hasta Jiriho z Podebrad, plaza que separa los vecindarios Vinohrady y Zizkov. Con sus tilos y arquitectura de fin de siglo, Vinohrady es un estupendo lugar para vivir, pero si quiere pasar una noche estupenda nada mejor que el distrito de Zizkov. Empiece por el principal establecimiento nocturno, Hapu (Orlicka 8, 420-222-720-158), donde disfrutará de refrescantes cocteles de fruta como Accident (fresas, banana y vodka). Luego pase frente a la gigantesca torre de televisión hasta el Palac Acrópolis (Kubelikova 27, 420-296-330-911), club de varios pisos y enorme popularidad donde se han presentado desde los Pixies hasta bandas funk argelinas, y donde el consumo de cerveza es impresionante.
Medianoche
La última
Termine la velada en el sombrío Blind Eye (Vlkova 26), antiguo bar ilegal que finalmente quedó legalizado en septiembre pasado, aunque los clientes todavía tienen que tocar el timbre para entrar. El nombre de su mejor bebida es impublicable, pero muy apropiado, pues contiene 20 onzas de vodka, ginebra, tequila y ron blanco. Si todavía está de ánimos cuando cierre el bar, a las 5 a.m., vaya a Charles Bridge y contemple el amanecer. Tal vez sea la única oportunidad que tenga para admirar las esculturas sin el estorbo de las multitudes.
Domingo
10 a.m.
9) Roca de combate
Queme las calorías de la noche anterior con una caminata por la colina Petrin, que domina los tejados de la Ciudad Vieja y ha sido un sitio de encuentros románticos desde antes que Casanova pasara por allí. Si tiene deseos de aventurarse, suba a lo alto de la colina, cruce el Muro del Hambre, en el lado sur, y continúe subiendo hasta la gigantesca roca de arenisca con tantos salientes, asideros, grietas y puntos de apoyo que daría una buena sesión de ejercicio a los escaladores más veteranos. No se preocupe si olvidó su calzado deportivo. Algunos residentes de Praga han trepado por la roca usando de todo, desde botas de combate hasta zapatos de vestir.
Mediodía
10) Una época pasada
Si los antiguos ciudadanos de Praga se pusieron furiosos cuando su bienamado Café Savoy (Vitezna 5, 420-257-311-562) fue sometido a una limpieza en el año 2001 –durante la cual eliminaron manchas de tabaco, cerveza derramada y la polvorienta decoración estalinista del establecimiento original–, imagine su reacción cuando el vetusto local de estilo art nouveau fue renovado en el 2005, dándole un aspecto deslumbrante con el cielo raso restaurado, destellantes candiles de cristal e incluso (¡horror!) una sección para no fumadores. ¿Esto es la nueva Praga o la vieja? Con sopas tan generosas que equivalen a una comida completa, los precios casi recuerdan a la lóbrega era poscomunista, pero el eficiente personal de chaleco evoca una época completamente distinta: la gloriosa Primera República, cuando Praga gozaba de uno de los niveles de vida más elevados del continente. Tal vez algunas cosas nunca cambian.
Información básica
El viaje de 40 minutos en taxi desde el aeropuerto Ruzyne hasta el centro de la ciudad cuesta alrededor de 700 coronas (32 dólares al cambio de 21.8 coronas por dólar). Otra opción es el autobús 119, que puede abordar frente a la puerta de la sala de llegadas y le llevará hasta Dejvicka, para continuar en metro o tranvía hasta su destino final, todo con un solo boleto de 20 coronas. O bien, en el Centro de Información para Viajeros del aeropuerto puede comprar el pase combinado de tres días para usar los sistemas de metro, autobús y tranvía, por 220 coronas.
El hotel más lujoso de la ciudad es el Mandarin Oriental (Nebovidska 1, 420-233-088-888), inaugurado en septiembre pasado. Instalado parcialmente en un convento renacentista restaurado, en el distrito Mala Strana, ofrece uno de los mejores spas de la ciudad.
Si prefiere el ambiente de la vieja Praga, con su atractivo literario y cinematográfico, reserve en el Hotel Paris (U Obecniho domu 1, 420-222-195-195). Este ‘‘pastel de bodas’’ de estilo art nouveau tuvo un papel central en la novela I Served the King of England [Yo serví al rey de Inglaterra], de Bohumil Hrabal, la cual fue adaptada hace poco para el cine.
Menos costoso, aunque también literario, es House at the Big Boot (Vlasska 30, 420-257-532-088), hotel familiar en Mala Strana donde alguna vez se hospedó el poeta James Merrill. El propietario del hotel incluso figura en uno de sus poemas.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)




