Ecoalbergues

Escrito por: Bonnie Tsui el 24 de Julio de 2007 | 12:16 pm
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Fotografía de Michael Nagle Foto: The New York Times

Cultura local como parte de la experiencia verde

Inaugurado el día de Año Nuevo en Toledo, la región más meridional de Belice, Cotton Tree Lodge posee todas las características para la sustentabilidad ambiental: autonomía de redes de suministro, energía solar, jardín orgánico y un programa de reforestación para la siembra de caobas y tecas. El centro turístico también ha creado un sistema de fertilizantes mediante inodoros y un reservorio que utiliza bananos para devolverle nutrientes al suelo. Sin embargo, el atractivo más singular del albergue son sus talleres para la producción de chocolate con técnicas tradicionales, donde los huéspedes tienen una experiencia directa en todos los aspectos del proceso, desde la recolección y el secado del cacao con agricultores mayas de la localidad hasta el debate sobre el comercio justo con la Asociación de Cultivadores de Cacao de Toledo.

Nuevos albergues con conciencia ecológica han abierto sus puertas en bosques tropicales, desde Cusco hasta Cairns, y al igual que Cotton Tree Lodge, el más ecológico de ellos trasciende los materiales de construcción y las fuentes de energía para hacer ofrecimientos auténticos y específicos de la región que enfatizan (y benefician) el medio ambiente local.

Ya sea en Belice, con sus seminarios sobre fabricación de chocolate según la tradición maya, o en un aislado complejo amazónico que surgió como estación de investigación científica y hoy alberga a visitantes que realizan estudios sobre la vida salvaje, algunos ecoalbergues empiezan a distinguirse de los demás al invitar a sus huéspedes a experimentar la cultura local y su entorno de una manera significativa. ‘‘Tenemos unos cuantos árboles de cacao que ya están produciendo, y hace poco sembramos otros 500 nuevos’’, informa Jeff Pzena, quien dirige la operación de producción de chocolate en Cotton Tree.

Su interés despertó hace tres años en el mercado agrícola de Punta Gorda, donde compró lo que, según él, eran almendras y resultó que se trataba de semillas de cacao. A continuación, visitó a los cultivadores locales para aprender las técnicas tradicionales y conocer la importancia de la economía del cacao en Belice (los antiguos mayas utilizaban las semillas de cacao a modo de moneda) y descubrió que el chocolate todavía es un medio de intercambio cultural. ‘‘Lo que más me gusta es la interacción personal con los agricultores, darme una idea de cómo viven –explica Pzena–. Nuestro programa consiste en mostrar a los invitados cómo viven los agricultores y que estos entren en contacto con personas de otra cultura.’’ Socio de Chris Crowell, fundador y administrador del albergue, Pzena encabezó el proyecto del centro turístico para incluir viajes especiales de una semana, inspirados en la fabricación del chocolate. Asimismo, Cotton Tree colabora con Cosecha Sostenible Internacional para establecer una granja de muestra donde la comunidad vecina podrá aprender prácticas agrícolas de menor impacto ambiental, tales como el cultivo orgánico sin plaguicidas y estufas sin humo para tostar semillas de cacao.

Mientras que Cotton Tree tiene un enfoque especial en la singular herencia cultural de la región, Ecolodge Rendez-Vous, ubicado en la minúscula isla de Saba, Antillas Holandesas, está enfocado en el particular entorno geográfico. Saba no es un destino caribeño convencional, pues apenas tiene una superficie de 8 km² y carece de playas arenosas o grandes centros turísticos. Sin embargo, posee espectaculares atractivos para buceo y suelos que abarcan desde tierras áridas hasta un frondoso bosque de lluvia montañoso.

En la década de 1980, Tom van’t Hof tuvo un papel decisivo en el desarrollo y la administración de los primeros tres (de cinco) parques marinos de las Antillas Holandesas, incluido el de Saba. Además, su labor como conservacionista y biólogo marino ha influido en la personalidad del albergue que administra en Saba con su esposa, la artista Heleen Cornet.

Fundado en el elevado bosque tropical de Saba, cerca de una vereda para excursionistas que conduce a Mount Scenery (887 metros de altura), Rendez-Vous ofrece 12 cabañas que funcionan con energía solar, inodoros sin agua, utilizados para la producción de abono, y una cafetería que sirve los productos del jardín orgánico de las instalaciones. Todos los edificios fueron construidos con materiales reciclados y que no dañan el medio ambiente. La mayoría de los visitantes de Saba son buzos, y la activa labor de los propietarios del albergue en la preservación del arrecife fue uno de los elementos más atractivos para Henry Lovejoy, quien visitó Rendez-Vous por última vez hace dos años y describe el lugar como ‘‘un albergue del tipo decente y sin pretensión’’, por lo que tiene la intención de regresar pronto en compañía de su esposa, Lisa. ‘‘Saba es un sitio que uno quiere guardar para sí; los arrecifes de coral que rodean la isla la hacen lo que es –explicó Lovejoy, propietario de una compañía de mariscos sostenible en Dover, Nueva Hampshire–. El buceo consiste principalmente de inmersiones en cumbres volcánicas, donde hay tiburones y tortugas buscando alimento; es muy impresionante. Me gusta bucear por la mañana y luego caminar por el bosque tropical en la tarde, sobre todo en el increíble bosque situado en lo alto del volcán de la isla.’’

Por supuesto, el gran atractivo de un ecoalbergue en la selva es… la selva. La Amazonia persiste como una de las espesuras más vírgenes del planeta y algunas de sus regiones más aisladas se encuentran en el sureste de Perú. La región es famosa por las dificultades para acceder a ella, pero un viaje de apenas una hora en barco por el río Madre de Dios, desde Puerto Maldonado, le llevará al albergue Inkaterra Reserva Amazónica Lodge.

Inkaterra se levanta en el corazón de una reserva ecológica privada de aproximadamente 65 km², antiguo albergue científico fundado en 1976 por José Koechlin, productor cinematográfico peruano que colaboró con Werner Herzog en una película ambientada en el bosque tropical. Desde entonces, los biólogos visitantes han realizado importantes estudios en el lugar: en los últimos 20 años han descubierto 14 especies antes desconocidas que incluyen orquídeas, ranas y una mariposa. En la década de 1980, el albergue comenzó a volverse público y en años recientes se ha transformado en un destino turístico de lujo con 35 cabañas, suntuosas suites y una red de senderos que entrecruza la selva circundante.

En el 2005 inauguró un impresionante paseo bajo la bóveda arbórea, un complejo de 347 metros de largo que consiste de siete puentes colgantes, seis plataformas de observación en las alturas y dos torres de 29 metros de alto. Financiado por la Sociedad National Geographic y el Banco Mundial, el paseo permite que los visitantes tengan acceso a raras especies de flora y fauna que habitan el frágil ecosistema arbóreo. Un nuevo centro de interpretación describe la ecología del bosque tropical y los proyectos comunitarios que encabeza la organización no lucrativa de Inkaterra.

Inkaterra aún apoya esfuerzos de investigación en el sureste de Perú y ha implementado un proyecto de rehabilitación para la vida salvaje, una nueva instalación de investigaciones y estudios sobre calentamiento global en la Autopista Transamazónica. Cornell University Press publicó un estudio de reptiles y anfibios basado en 15 años de investigaciones en la propiedad. ‘‘Decidimos conocer mejor el ambiente de este lugar y trabajar para preservarlo’’, declaró Koechlin, director emérito de Conservación Internacional y propietario de otro albergue en Macchu Picchu. ‘‘Hemos colaborado con Reserva Amazónica para crear conciencia en la comunidad local, la comunidad científica y cada vez más entre los turistas.’’

Información turística
Cotton Tree Lodge, (866) 480-4534

Ecolodge Rendez-Vous, (877) 416-3888

Inkaterra Reserva Amazónica, (800) 442-5042

(Fuente: Way to Go, The New York Times)

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