
No hace mucho tiempo, Brunnenstrasse –calle que nace en el extremo norte de Mitte, el vanguardista centro de Berlín– parecía una elegía poscomunista con sus fachadas grises, graffiti e incluso una sucursal de la cadena de sex-shops Beate Uhse. Toda la zona permanecía inmune al aburguesamiento. Pero conforme las ruinosas áreas, como Auguststrasse, comenzaron a saturarse y encarecerse, e incluso volverse convencionales, Brunnenstrasse empezó a surgir como el nuevo distrito de galerías para la élite artística de vanguardia.

Las galerías parisinas del siglo XIX, también conocidas como passages couverts, son prueba de que cualquier construcción moderna que no haya sido tocada por las grúas de demolición puede ser un estímulo para la nostalgia. Cuando estas estructuras de columnas de hiero y vidrio comenzaron a aparecer por toda la ciudad, entre las décadas de 1820 y 1830, se les consideró como visionarios ejemplos de la tecnología de la era industrial, tan celebradas en su época como hoy lo es el titanio combado de Frank Gehry.

Nadie viaja a Etiopía por la comida. Sin embargo, a pesar de su inexistente reputación culinaria, la capital de Etiopía, Adis Abeba, posee una rica e inesperada cultura alimentaria. Y más que sólo buenos platillos, lo que ofrece es comida con historia.

La playa de Jalama es impresionante a la luz de la luna llena. Bañadas por la pálida luminosidad de nuestro satélite, las oscuras aguas del Pacífico llegan a una costa clara y arenosa. Al norte, el litoral se curva contra un fondo de imponentes montañas, enormes y sombríos bultos en la penumbra.

Muchos afirman que Barcelona es la puerta de entrada, en España, a la cultura europea. Si definimos cultura como arquitectura innovadora, arte moderno, planificación urbana inteligente con preferencia por los bulevares para transeúntes y una actitud reservada hacia muchas de las tradiciones españolas más arraigadas, como las corridas de toros, dicha afirmación no podría ser más precisa. Fue en la Barcelona de la década de 1890 donde Picasso descubrió la vanguardia artística que le condujo a París y al renombre mundial, y también fue allí donde Gaudí tradujo el art nouveau en un lenguaje arquitectónico propio.