Nueva Orleans

Escrito por: Joel K. Bourne Jr. el 01 de Agosto de 2007 | 8:05 am
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Fotografía de Tyrone Turner

Un futuro peligroso

El huracán Katrina fue el desastre natural más costoso de la historia de Estados Unidos, y también una urgente advertencia. Justo tras la tragedia, muchos de los habitantes se mostraron entusiastas y resueltos a reconstruir la ciudad. Sin embargo, entre los ingenieros y expertos aumenta la conciencia de que otro desastre igual es inevitable, y que no habrá esfuerzo que baste para prevenirlo.

Localizada en uno de los puntos más bajos de Estados Unidos, la ciudad tiene zonas que alcanzan los cinco metros bajo el nivel del mar, y continúa hundiéndose hasta unos 2.5 cm al año. Las presas y los diques, que se construyeron para controlar las inundaciones del Río Misisipi y facilitar la navegación, han privado al delta de los sedimentos que nutrían los humedales. Estos terrenos proporcionaban protección ante las tormentas y los mares agitados, pero actualmente ya están sumergidos. El estado de Luisiana ha perdido 4,921 km2 de costa desde 1930. Los huracanes Katrina y Rita se llevaron otros 562 km2, acercando la ciudad aún más al Golfo de México. Por si fuera poco, el calentamiento global ha causado que las aguas del golfo suban a una velocidad no registrada desde el último deshielo. Es posible que el nivel del mar se eleve un metro o más en el siglo entrante. Por otro lado, los huracanes podrían obtener energía adicional de los mares más cálidos, lo cual ocasionaría que se intensificaran la fuerza y frecuencia de las tormentas.

Y las defensas de la ciudad están bajas. A pesar de que ya se han invertido 1,000 millones de dólares, el cuerpo de ingenieros del ejército de Estados Unidos (USACE , por sus siglas en inglés) estima que se necesitará trabajar hasta el año 2010 para fortalecer el sistema de diques de forma que resista una tormenta de categoría iii, como Katrina. Llevaría décadas proteger a Nueva Orleans de una tormenta mayor, categoría iv o v, y esto asumiendo que los ingenieros se pudieran poner de acuerdo en la mejor manera para lograrlo, y que el congreso aprobara el descomunal presupuesto. Tal como están las cosas hoy en día, un modesto huracán de categoría ii podría anegar nuevamente la ciudad.

Ante este panorama tan desolador, Robert Giegengack, geólogo de la Universidad de Pensilvania, dio un discurso ante los legisladores meses después de la tormenta y advirtió que la nación más rica y tecnológicamente avanzada del mundo no podía hacer nada para evitar otra tragedia como Katrina: ‘‘Sencillamente no tenemos la capacidad de proteger Nueva Orleans’’.

Pero la historia, la política y el amor por la tierra natal son fuerzas poderosas en este antiguo pueblo ribereño. En lugar de buscar mejores técnicas de reconstrucción o abandonar la ciudad, los habitantes de Nueva Orleans están haciendo lo que siempre han hecho después de un desastre como este: subir un poco el nivel en los diques, restaurar las mismas casas en las zonas bajas propensas a inundarse y rezar por que los huracanes no lleguen. Pero algunos neorleaneses ya se han dado por vencidos.

Encuentra el artículo completo en la edición de agosto de National Geographic en Español

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