Heiligendamm, Alemania
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Fotografía de Oliver Hartung Foto: The New York Times
Una ciudad spa reclama su gloria
Se instalaron casi 13 kilómetros de alambrado para seguridad; los paseos de la playa quedaron impecables. Para cuando llegaron los líderes de los ochos países industrializados para la cumbre G8 a principios de junio, la ciudad spa de Heiligendamm, en la costa báltica de Alemania, había cerrado su círculo.
Fundada en 1793 por el duque Friedrich Franz I de Mecklenbrug-Schwering, Heiligendamm se convirtió en el primer resort costero de Alemania y refugio favorito de la nobleza y elite europeas, cautivadas por sus doradas dunas, vastos cielos azules y níveas mansiones. Sin embargo, el escenario cambió tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las elegantes fachadas blanqueadas derivaron en un color grisáceo, y los majestuosos alojamientos de veraneo de los káiseres alemanes y zares rusos fueron transformados en sanatorios para obreros socialistas.
La reciente reconversión fue encabezada por el Kempinski Grand Hotel Heiligendamm (49-38203-7400), que transformó seis edificios –incluido el Kurhaus, la casa original del duque– en un deslumbrante campus junto al mar. Inaugurado en el año 2003, el resort es un spa de casi 3,000 metros cuadrados con suntuoso salón de baile, restaurantes de primer nivel y 225 habitaciones.
El resort de ensueño ha ganado enorme popularidad entre celebridades como el diseñador de modas Wolfgang Joop, la supermodelo Nadja Auermann y los miembros del equipo nacional de fútbol alemán, además de personajes menos famosos. ‘‘Recibimos a muchas familias jóvenes o gente de Hamburgo y Berlín que viene a pasar el fin de semana’’, cuenta Hannelore Neubert, camarera del bar Baltic del hotel.
Sin embargo, Heiligendamm no es todo lujo y elegancia. Una serena y natural belleza envuelve la población, con arenosas playas que parecen interminables, senderos de excursionismo que se abren paso entre bosques de hayas, y exuberantes y extensos campos que los visitantes pueden admirar desde el Molli, antiguo tren que recorre bosques de cuento de hadas. En el interior se encuentra un lago de agua dulce, el Conventer Niederung, muy popular entre los clientes del spa y pacientes de rehabilitación que acuden en busca de su fango de turba, cuyas propiedades curativas gozan de añeja reputación. El Moorbad Bad Doberan (Schwaaner Chaussee 2, Bad Doberan; 49-38203-930), antiguo baño convertido en moderna clínica en 1996, da baños de barro caliente. ‘‘El paisaje es primoroso, el aire estupendo y el área está repleta de historia’’, afirma el director, Reiner Grimm.
Hay otros indicios de que Heiligendamm está en el proceso de recuperar su antiguo esplendor. Un histórico hipódromo, Ostsee-Rennbahn , antes utilizado como basurero, es ahora el punto de reunión de grandes personalidades que lucen elegantes sombreros y largos guantes mientras sorben champaña durante las carreras de verano. Y una colección de villas abandonadas cerca del Kempinski en breve se transformará en magníficas residencias de verano y tiendas de lujo. ‘‘Conocí este lugar cuando estaba en ruinas –recuerda Frauke Muller, gerente de relaciones públicas del Kempinski–. Toda la región experimenta una completa transformación’’.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)




