Raja Ampat

Escrito por: David Doubilet el 01 de Septiembre de 2007 | 1:14 pm
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Fotografía de David Doubilet

Ultramarino

Lo que descubrieron los científicos hace seis años mientras examinaban las aguas de las islas Raja Ampat activó una alarma internacional a favor de la conservación del archipiélago. Sus bancos no sólo eran ricos: de hecho, la región se reveló como la de mayor biodiversidad en arrecifes coralinos, para su tamaño, en el mundo. En un breve viaje inicial se confirmó la existencia de más de 450 especies de corales constructores de arrecifes, nueve de ellas recientemente descubiertas. En contraste, todo el Caribe posee menos de 70 especies. Debido a que la mayoría de los arrecifes del mundo son destruidos o padecen de un deterioro catastrófico, los esfuerzos para salvaguardar este tesoro adquirieron prioridad inmediata.

Uno de los primeros buzos que se percató de la abundancia existente bajo la superficie, no fue un científico, sino un aventurero llamado Max Ammer, quien en 1990 viajó desde los Países Bajos hasta las islas Raja Ampat. Los arrecifes coralinos lo motivaron a quedarse y crear dos centros turísticos ecológicos en la pequeña isla de Kri. En 1998, llevó al reconocido ictiólogo australiano Gerry Allen para compartir unas cuantas inmersiones.

Gerry presionó para que Conservación Internacional (CI) efectuara una investigación marina. Tanto la lejanía de la región como los disturbios políticos en Indonesia habían dificultado el estudio sistemático de estas aguas, pero en 2001, Gerry formaba parte del grupo de científicos reunidos por CI para realizar una estimación somera de Raja Ampat. Su intuición era correcta: la investigación elevó la cuenta de especies de peces a la asombrosa cantidad de 970; Gerry estableció una marca personal al contar 283 especies en una sola inmersión. Las inspecciones posteriores, coordinadas por CI y Nature Conservancy, incrementaron la cuenta de peces, corales y otros tipos de vida marina.

Mientras mi compañera de buceo, Jennifer Hayes, y yo nadábamos sobre el borde de un arrecife en un islote rocoso cercano a Kri, el mar había cambiado su color azul alegre a verde melancólico. Los campos púrpura de corales blandos ondulaban con las corrientes que nos azotaban como amenazantes ráfagas de viento. Al llegar a una oquedad protegida por una saliente, entramos a un bosque de abanicos marinos anaranjados, rojos y amarillos, rodeado por una valla de corales blandos de colores rosa y púrpura. Cardúmenes de anthias anaranjados flotaban al borde de la corriente mientras un escuadrón de peces murciélago del tamaño de un plato patrullaban el perímetro del jardín de corales suaves. Pero, ¿qué hace que estas aguas sean una caldera llena de vida? ‘‘Hábitat, hábitat, hábitat’’, afirma el biólogo Mark Erdmann, asesor en jefe del Programa Marino de la sección indonesia de CI. ‘‘Enormes arrecifes costeros, bahías tranquilas y profundas que encauzan los nutrientes hacia el flujo del mar, llanuras de arena, manglares, prados de hierba marina, todo esto en una zona aislada y, en su mayor parte, intacta’’.

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