Restaurantes en Pekín (Beijing)

Escrito por: Julia Chaplin el 17 de Septiembre de 2007 | 7:39 am
Etiquetas:

beij.jpg

La fusión de la carta es arte y comida
Fotografía de Chang W. Lee

Es un ritual conocido en el mundo artístico. Flamantes BMW y Audis abandonan el Segundo Anillo de Circunvalación de Pekín y prosiguen por un oscuro callejón hasta detenerse en un búnker industrial de color gris. Samuel Keller, director de Art Basel Miami Beach, acababa de llegar en un avión privado desde Suiza. Los pintores locales del momento, Liu Ding y Liu Wei, se reúnen aparte con el imponente curador Pi Li y, en un rincón, los coleccionistas en potencia charlan con uno de los artistas contemporáneos más renombrados de China, Ai Weiwei.

A los conocedores se les perdonaría el error de pensar que se trata de la inauguración de una galería más en la enloquecida escena artística de Pekín, con cervezas Yen Ping corriendo a raudales entre una multitud internacional dentro de un recinto minimalista de blancas paredes y suelo de concreto. Pero, luego, se abren las puertas de la cocina y de ellas sale un fragante banquete de platillos de la provincia de Zhejiang que incluye corvina al vapor y una cacerola de hongos silvestres.

Estamos en Qu Nar, restaurante diseñado y operado por Ai como una especie de club ‘‘cenador’’ para su creativo círculo de amistades. ‘‘De hecho, el negocio pierde dinero porque no lo promovemos –explica Ai, quien inauguró Qu Nar (16 Dongsanhuan Bei Rd., Chaoyang; 86-10-6508-1597) en 2005 con varios de sus amigos bohemios–. Pero vale la pena, porque ahora tenemos un lugar donde reunirnos’’.

Ai se cuenta entre la creciente población de artistas de Pekín que han salido de sus estudios para incursionar en la cocina al abrir algunos de los restaurantes más comentados de la ciudad. Esta nueva especie de “artistas-propietarios de restaurantes” ha llevado la cocina de sus provincias ancestrales (con un giro nouvelle) a una ciudad donde la tradición culinaria mandarina ha gozado siempre del mayor prestigio.

El actual mercado de arte chino ha convertido a un puñado de esforzados artistas en multimillonarios cuyas obras alcanzan hasta 2.3 millones de dólares en subastas de casas como Christie’s. Y junto con esta nueva fama, algunos de ellos empiezan a regodearse en los complementos materialistas de las estrellas de rap, con sus Range Rovers, trajes Ferragamo y la última novedad: restaurantes propios para rendir culto a su personalidad.

Claro que esto no significa que los establecimientos no cumplan una función comunitaria. Conforme surgen nuevos distritos de arte en los alrededores industriales y las polvorientas aldeas aledañas al Quinto Anillo de Circunvalación (a menudo sin un centro discernible), los restaurantes emergen como una especie de salón ad hoc.

En el complejo artístico de Dashanzi, albergado en una antigua fábrica militar cercana al aeropuerto, artistas y galeristas se dan cita para almorzar en Tian Xia Yan (4 Jiuxiangiao Ly, 798 Distrito Fabril, Dashanzi; 86-10-6432-3577), informal café de especialidades de Sichuan abierto hace cinco años por el fotógrafo Cang Xin, famoso por sus provocativos autorretratos. Oculto en un callejón detrás de un laberinto de galerías, boutiques y cafeterías, el agradable recinto tiene una decoración roja al estilo de la Revolución Cultural y ofrece clásicos de la comida de Sicuani, como cacerola de cerdo con hongos y tallarines de ajonjolí en salsa picante.

Fang Lijun es el más emprendedor de esta nueva generación de ‘‘artistas-propietarios de restaurantes’’. El pintor cínico-realista, renombrado por sus lienzos de grotescos calvos que flotan en el espacio, abrió seis restaurantes de primera distribuidos por toda la ciudad, y cada local muestra obras importantes seleccionadas por el propio Fang y sus amigos curadores.
‘‘Es un negocio, pero también un lugar donde el mundo artístico puede reunirse’’, apunta Fang, quien a menudo se encuentra en la sucursal Qian Hai de montaña Yuelu (10 Lotus Lane, 51-10 Dianmen Xidajie, Distrito Xicheng; 86-10-6617-2696).

El restaurante principal de Fang (en South Silk Road del SOHO New Town; 3/F, Edificio D, 88 Jianguolu Rd.; 86-10-8580-4286) es el equivalente chino al Ivy de Los Ángeles, donde importantes curadores y coleccionistas de Hong Kong, Seúl y Occidente van a cenar y beber con la elite artística. Situado en el piso superior de una torre de oficinas, el local es un vasto espacio con mobiliario de laca negra y elegantes camareras ataviadas con coloridos trajes folclóricos.

En una pared, detrás de una mesa de banquete para 18 personas, hay una enorme pintura de techo a suelo del importante artista Wang Guangyi que retrata, en intensas tonalidades amarillas y rojas, a obreros retro-comunistas con la palabra ‘‘arte’’ estampada en una esquina como si fuera un logotipo corporativo.

Una tarde de invierno encontré a Meg Maggio, directora de la galería Pekin Fine Arts y consultora de las galerías Gagosian, mientras contemplaba la obra. ‘‘China es un país donde las relaciones se consolidan mejor durante la comida’’, comentó, mientras entretenía a un grupo de clientes de museos con aguardiente de arroz y platillos como consomé de pollo con hongos, humeante tazón con cuatro variedades de hongos de la provincia de Yunnan.

Hace tres años, un colectivo de artistas de Guizhou (pobre provincia del centro-sur de China) llegó a Pekín para vender sus trabajos. A fin de pagar las cuentas y no echar de menos su hogar, abrieron un restaurante de 24 horas al que llamaron Tres Hombres de Guizhou (1-2/F, Edificio 7, Jianwai SOHO, 39 Dongsanhuan; 86-10-5869-0598). El elegante comedor gris servía especialidades provinciales con un toque moderno, como sopa agria de pescado, té de lavanda con leche y puré de mango y hielo.
Sus carreras artísticas jamás cuajaron, pero el restaurante abrió ya cinco sucursales. Y siempre están a reventar.

(Fuente: Way to Go, The New York Times)

Deje sus comentarios