Escocia
Fotografía de Brenda Neish Foto: National Geographic
Aventura escocesa en tren
Las West Highlands (tierras altas del oeste) son la esencia de Escocia. El alma de la región radica en sus milenarias rocas, el reclamo de las gaviotas y el agua de mar –todo lo cual encontrará en la población pesquera de Mallaig, adonde podrá llegar en uno de los viajes por tren más espectaculares de Europa.
La primera hora del recorrido, desde la estación de Queen Street, en Glasgow, hasta Fort William, se desarrolla en un modesto vagoncito que parte de las orillas del Clyde –con sus barcas de pesca descansando en los llanos de cieno– y sube tierra adentro entre pastizales y rododendros silvestres, envuelto en la bruma que flota entre los altos riscos y el loch (lago) que reluce en el valle, más abajo.
Las vías horadan enormes y antiguas rocas que pasan entre diminutas estaciones con nombres que se antojan hechos de piedra: Arrochar, Crianlarich, Puente de Orchy. Cruzan por mesetas pantanosas y luego continúan colina abajo hasta Fort William, al pie de Ben Nevis, el pico más alto del Reino Unido. Si hay buen clima, escale a la cima para admirar toda la región occidental de Escocia como si fuera un mapa, con lochs plateados que se extienden hasta el Atlántico. Pase la noche en el hotel Alexandra, muy agradable, aunque nada lujoso. Escocia cuenta con infinidad de B&B (bastante inconsistentes), pero los buenos hoteles escasean.
El segundo día, aborde el Expreso Hogwarts. Sí, en serio. El tren y el trayecto entre Fort William y Mallaig, que incluye el gran viaducto Glenfinnan, sirvieron de escenario a las películas de Harry Potter. El silbato de vapor ulula mientras el tren pasa frente a ruinosos castillos, hermosos lagos y a través de minúsculos túneles hasta la estación de Glenfinnan. Una plataforma, repleta de rosas, tiene un vagón comedor permanentemente anclado donde puede (y debe) tomar el té.
Vuelva a emprender el camino entre corzos, ovejas lanudas, ganado escocés y árboles que mece el viento: una escena que parece impertérrita al paso del tiempo. El trayecto de dos horas termina cuando el tren desciende hacia playas de arena blanca y se detiene finalmente en Mallaig. Tendrá unas dos horas para recorrer la población, aspirar el aire salado y escuchar los graznidos de las gaviotas sobre las traineras, antes de que el tren continúe su viaje a Fort William y la conexión que le llevará esa misma noche de regreso a Glasgow.
(Tim Brookes es colaborador de National Geographic Traveler).




