
Vancouver, Columbia Británica, es dos ciudades en una. Para quienes gustan del aire libre, esta ciudad del oeste canadiense es un paraíso natural con kilómetros de caminos escénicos para excursionistas y senderos ciclistas que se extienden por el Estrecho de Georgia, canal navegable bordeado de pinos que comunica Vancouver con el océano Pacífico.

Me encuentro en la ciudad bávara de Freising, en las afueras de Munich, mientras camino por un sendero de grava que rodea las ruinas de un monasterio para llegar a lo alto de la ‘‘Colina de Cerveza’’, biergarten próximo a la abadía de Weihenstephan, una de las cervecerías más antiguas del planeta.

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Lo que descubrieron los científicos hace seis años mientras examinaban las aguas de las islas Raja Ampat activó una alarma internacional a favor de la conservación del archipiélago.

‘‘Dicen que enterraron a Picasso con la suya’’, comenta con orgullo Enrique Seseña. Y lo hace con justificada razón: la familia ha producido el objeto en cuestión desde 1901, cuando su abuelo abrió la tienda del mismo nombre en la madrileña Calle de la Cruz, no lejos de la Puerta del Sol. Hoy día, con calles plagadas de bares de tapas y centros nocturnos, Seseña es uno de los pocos rincones capitalinos que evocan una época pasada, al dedicarse exclusivamente a la creación de la capa española.