El Vesubio

Escrito por: Stephen S. Hall el 01 de Octubre de 2007 | 10:02 am
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Fotografía de Robert Clark

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Cuando resonó el primer estallido por la llanura de Campania, seguido con rapidez por un abrasador granizo de piedras volcánicas, la pareja huyó precipitadamente de la aldea en dirección este subiendo por una colina poco inclinada hacia lo que, seguramente, parecía un posible refugio en un bosque cercano. Ella tendría alrededor de 20 años, él estaría en sus cuarenta. Un impetuoso aguacero de detritos de piedra pómez mezclados con rocas incandescentes, capaces de aplastar cráneos y abrasar la piel, dificultó su fuga. Incapaces de entender lo que estaba sucediendo, la calamidad que descendía sobre ellos les habrá parecido el fin del mundo.

Simultáneamente, miles de personas corrían igual que ellos, tratando de salvar la vida, estampando en la ceniza y el húmedo barro volcánico las huellas de la desesperación humana, mismas que habrían de permanecer ocultas durante milenios. La gente, cuyas pisadas se dirigieron al norte o noroeste, eligió una ruta que probablemente salvó su vida; en cambio, quienes corrieron como esta pareja rumbo al este, hacia lo que hoy es la ciudad de Avellino, tomaron, sin saberlo, un camino que los llevaría a una muerte segura. Por desgracia, fueron a dar al área más asolada, que quedó enterrada rápidamente bajo un metro de piedra pómez.

Abatidos por este siniestro, como si los dioses los hubieran apedreado, exhaustos por el esfuerzo y aterrados debido a la oscuridad que descendía a su alrededor, respirando cada vez más agitadamente, la joven mujer y el hombre mayor, sin duda unidos más por la desesperación que por algún antiguo lazo matrimonial, empezaron a disminuir el paso. ‘‘No podían ver a más de un metro delante de sí’’, dice Giuseppe Mastrolorenzo, vulcanólogo del Observatorio Vesubiano, en Nápoles, en una pequeña y bien iluminada sala del Museo de Antropología de la Universidad de Nápoles, inclinado sobre la vitrina que contiene el esqueleto perfectamente preservado de la joven, extendido sobre un lecho de piedra pómez, tal y como la encontraron.

‘‘Durante la erupción que sepultó Pompeya y Herculano, las muertes fueron instantáneas. La gente no supo lo que les ocurría –agrega Pier Paolo Petrone, el antropólogo que desenterró y estudió el esqueleto de la mujer–. Lo que hace más trágica la muerte de esta joven es que no fue repentina’’. En un último y vano acto de defensa, la mujer y el hombre alzaron los brazos para proteger sus rostros, un espeluznante saludo a la eternidad.

Los restos de la pareja permanecieron ahí hasta diciembre de 1995, cuando unos arqueólogos italianos, al realizar una cala para la futura construcción de un gasoducto en las afueras del pueblo de San Paolo Bel Sito, a unos 16 km al noreste del Vesubio, descubrieron una osamenta humana entreverada en las raíces de un avellano. Se trataba de la mujer. Al poco tiempo, hallaron un segundo esqueleto, el del hombre, a un lado del primero.

Un comentario

  1. Escrito por Lucia Carbajal Sánchez:

    Hola. Buenas tardes; quisiera saber si puedo conseguir con ustedes el video del Vesubio. Años atrás, ustedes sacaron un video del Vesubio, creo que se llamaba “En las faldas del Vesubio”. La verdad, a mí me encanta, pero no lo he podido conseguir. Agradecería si pudieran volver a pasar ese video o me indicaran dónde puedo conseguirlo. ¡Mil gracias!

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