Fin de semana en la ciudad de Nueva York
Foto de Michael Falco
Es fácil pasar por alto algunos tesoros
Como sin duda sabe, la Estatua de la Libertad es el monumento más simbólico de la ciudad de Nueva York. La ley la protege de los truhanes que han propuesto abrir ventanas en los pliegues de su túnica o construir vulgares terrazas para patrióticos baños de sol.
Lo mismo sucede con NYSE (la Bolsa de Valores, donde nunca instalarán bustos de Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google) y Tweed Courthouse (prohibido grabar jeroglíficos en sus columnas).
Estos monumentos no necesitan que alguien anuncie su presencia a los visitantes, pues sus estructuras son visibles a distancia y difícilmente pasan inadvertidas: a menos que la bruma del Atlántico se vuelva muy, pero muy densa.
Ahora bien, la ciudad posee otros hitos más difíciles de detectar debido a que se encuentran ocultos en calles secundarias que los turistas sólo visitan por accidente, o bien porque están disimulados por edificios vecinos más ordinarios (y a menudo, más altos). Le aseguro que, en muchos casos, los pasará de largo si no se detiene en la acera de enfrente y da un repentino giro de 90 grados.
Omitir estos puntos de interés histórico es tanto como renunciar a los exquisitos entremeses arquitectónicos de la ciudad para atragantarse de grandiosas vistas. Así que, junto con sus guías turísticas Fodor’s, Frommer’s o Lonely Planet, lleve consigo una edición rústica de Guide to New York City Landmarks, que incluye mapas y resúmenes de centenares de estos lugares (y por supuesto, descripciones de las superestrellas). Es verdad que la última edición se publicó en 2004, cosa que, según el estándar, le volvería terriblemente imprecisa, pero se trata de una guía que, por definición, nunca se vuelve obsoleta (aunque cada año agregan nuevos hitos importantes).
Por ejemplo, aun sin el libro podrá descubrir los coloridos domos de la Sinagoga Central, templo reformista edificado en la década de 1870 en la avenida Lexington obedeciendo a la tendencia de sinagogas moriscas surgida en Alemania e importada a Nueva York a través de Cincinnati. Sin embargo, se perderá de dos importantes edificios vecinos a la sinagoga en la insignificante calle 55 Este.
En los números 116-118 se encuentra una casa neo-georgiana de 1927 con mampostería de estilo flamenco, elegantes contraventanas y dos águilas labradas en la entrada. Y en el número 214, la casa de Mary Hale Cunningham, renovada en 1909 con una fachada neo-Tudor, encontrará intrigantes letreros en el balcón del segundo piso que anuncian ‘‘Edificio de Eleanor’’ y ‘‘A la que debemos obedecer’’. Resulta que ambos fueron instalados en 1983 (antes que la casa se convirtiera en un monumento histórico) como caprichoso homenaje a la esposa del propietario de una compañía de producción televisiva que operaba en el edificio.
El West Village está plagado de monumentos, sobre todo debido a que una gran parte pertenece al Distrito Histórico de Greenwich Village. El libro menciona varios edificios que no puede dejar de ver (y que podría perderse con facilidad). Por ejemplo, el sobrio y elegante edificio triangular de estilo federal que se levanta en el centro de una intersección en Waverly Place y Christopher Street, con dilapidados letreros que indican ‘‘Dispensario Norte, Fundado en 1827’’.
Aunque parece un lugar donde Ben Franklin o Sam Adams se habrían reunido a charlar, en realidad era una clínica para pobres. El libro explica que el edificio original tenía dos pisos, pero agregaron un tercero en 1855; sin esta indicación, no notaría que la mampostería del tercer piso es un poco distinta de la del segundo.
También en el Village omitiría abandonar la Quinta Avenida para pasar por la calle 10 Este y visitar el número 7, la casa Lockwood de Forest, que hoy forma parte de la Universidad de Nueva York. La ornamentada fachada de teca del segundo piso, importada de Ahmadabad, India a fines del siglo XIX, es impresionante. Y tampoco continuaría hasta el extremo oeste de la empedrada calle Jane para admirar el Hogar e Instituto para Marineros de la Sociedad Estadounidense de Amigos de los Marinos, hotel para navegantes indigentes que albergó tripulantes que sobrevivieron al hundimiento del Titanic. Por supuesto, ahora hay un motivo adicional para visitar el lugar: el edificio se ha convertido en la sede de Socialista, nuevo y lujoso salón cubano con un restaurante en la planta baja.
Si está cerca de Macy’s o el edificio Empire State, la cuadrícula Este de las calles con numeración 30 ofrece una buena colección de monumentos, incluidas las residencias del Distrito Histórico de Murray Hill. Ahora bien, en la calle 36, entre las avenidas Lexington y Tercera, en una cuadra por la que caminaría por mera casualidad, se encuentra la escondida Sniffen Court, encantador callejón privado de caballerizas construido a partir de 1863 y donde hoy habitan personajes pudientes.
O también las increíbles puertas de madera de la casa de James F. D. y Harriet Lanier, en el número 125 de la calle 35 Este, construida entre 1901 y 1903 en el estilo Beaux-Arts. Admírelas desde el otro lado de la calle, donde la vista no está entorpecida más que por un muy contemporáneo parquímetro (al parecer, la ley no protege las acercas de los monumentos históricos).
Mientras camina frente a estos edificios, le asaltará una persistente pregunta: ‘‘¿Quién rayos vive aquí?’’. Sin embargo, muchas veces verá personas de verdad (sin trajes de época) que salen y entran de los edificios. ¿Quiénes son? ¿Cómo llegaron a esas casas? Aunque tal vez no les guste, podría detenerse a preguntarles por el edificio.
Información turística
Guide to New York City Landmarks, tercera edición (Wiley, 2004). Mapas de los distritos históricos (pero no de cada monumento) disponibles en la dirección www.nyc.gov/landmarks.
Algunos otros que merecen una visita:
La antigua Casa Club de la Sociedad de Tiro Alemana-Estadounidense, No. 12 St. Marks Place, entre Segunda y Tercera avenida: edificio renacentista alemán de 1889.
Una casa de 1858 en el número 152 de la calle 38 Este, entre las avenidas Lexington y Tercera, apartada de la calle de manera majestuosa; y el 149 de la calle 38 Este, ornamentado edificio de establos en el estilo del neorrenacimiento holandés.
Antigua Sala de Operaciones William J. Syms del hospital Roosevelt, No. 400 de la calle 59 Oeste, en la avenida Columbus.
Cinco residencias entre los números 11 y 21 (todos nones) de la calle 70 Este, entre las avenidas Quinta y Madison, cerca de Frick Collection (en sí mismo, otro edificio histórico).
(Fuente: Way to Go, The New York Times)


