India
Foto de Steve McCurry
Mi gran boda india
Una tarde, unos seis meses antes de mi llegada a Udaipur, dos familias indias se encontraron en la terraza de una casa que domina una sombreada calle para reunir, por primera vez, a una joven pareja que contempla el matrimonio. Los dos padres, viejos conocidos, están sentados uno junto al otro y rodeados por sus esposas, un hijo de 24 años y una hija de la misma edad. Por supuesto, ya han intercambiado los expedientes de la pareja, que incluyen currículos y fotografías, para determinar si son compatibles.
Al poco rato, la familia del novio se retira sin llegar a un compromiso, como dicta la costumbre. El padre de la joven permanece sentado en la terraza y llama a su hija.
‘‘¿Y bien? ¿Qué te parece?’’
‘‘Sí, Baba, me gusta –responde la muchacha–, pero ¿podría verlo una vez más? ¿A solas?’’.
Los mogoles de Udaipur, en el estado de Rajastán, en el árido extremo noroeste de India, solían hacer alarde de sus riquezas al construir suntuosos palacios de mármol que, un siglo después, todavía atraen hordas de visitantes. Con una población de 500 mil habitantes, Udaipur es más pequeña que las joyas gemelas de Rajastán (las ciudades de Jaipur y Jodhpur), pero sus diseñadores eran maestros paisajistas que crearon lagos que proyectan sublimes reflejos.
Me han invitado a la gran boda india de Sejal Samar y Gaurav Jodhawat. Es más, Sejal, la novia, me ha abierto las puertas de su casa durante la semana previa a la ceremonia para que pueda ser testigo de los preparativos familiares.
Udaipur es la ‘‘central de bodas’’ de India. Durante el punto álgido de la temporada matrimonial (entre octubre y febrero) es imposible cruzar la calle sin meterse en una baraat, colorido desfile callejero encabezado por una banda marcial que da inicio a la típica serie de acontecimientos que se desarrollan a lo largo de varios días. Los visitantes pueden sumarse a la algarabía de bailarines, tamborileros y trompeteros, y admirar al novio cabalgando en su caballo blanco.
¿Por qué desea Sejal entrevistarse nuevamente con Gaurav? Muchas jóvenes indias se limitan a consentir inmediatamente. En una cultura donde casi todos los matrimonios son aún objeto de frágiles negociaciones políticas entre dos familias, la vacilación puede conducir al desastre. Sin embargo, durante sus años de bachillerato en Bangalore y en la escuela de comercio en Pune, la chica ha soñado con enamorarse: y ahora su sueño tiene un rostro.
Sejal quiere proceder con cautela. Aunque sus padres se conocieron apenas el día anterior a la boda, las tradiciones evolucionan y por ello, esa tarde decisiva, la futura novia solicita otro encuentro y su padre lo aprueba.
Al día siguiente, Gaurav envía una invitación para almorzar en el hotel Lake Palace. El corazón de Sejal da un vuelco. Construido hace siglos por el maharajá Jagat Singh II para entretener a su amante, Lake Palace es el escenario más romántico de una ciudad repleta de romance: un blanco y etéreo hotel que parece flotar como un loto en el lago Pichola.
La comida se prolonga más de cuatro horas. Sejal está tan satisfecha con Gaurav que corre al baño de mujeres para anunciarlo por el teléfono celular a sus amigas en Bangalore.
Gaurav también se siente seguro. No obstante, la pareja guarda silencio mientras navega lentamente hasta la orilla en la barca de remos, bajo la luz del ocaso. No dicen sí o no, ni siquiera quizá. La costumbre obliga a que primero hablen con sus progenitores.
Es el segundo día de mi estancia en Udaipur y me he instalado en el hotel Mahendra Prakash, antigua mansión haveli justo fuera de los muros de la ciudad.
Abordo un auto-rickshaw y me dirijo a la casa de Sejal.
En el segundo piso Nisha, la madre de la novia, me recibe con una sonrisa y el saludo tradicional: ‘‘Namaste’’.
En el jardín de los Samar hay un equipo de sirvientes, especialmente contratados para la ocasión, que prepara chapatis frescos e incontables hornadas de dulces indios para invitados y parientes. Sejal tiene la cara amarillenta. Acaban de darle su masaje diario antes de la boda: fricciones con una mezcla de leche, pasta de almendras y azafrán.
Todo el mundo (primas, primas segundas, tías, hermanas y cuñadas) están ocupadas en organizar por lo menos cinco ceremonias, adicionales a la boda y a la recepción.
‘‘Pregúnteme si se siente confundida’’, ofrece la tía Chandra, quien ha sido designada como mi guía durante la semana. Pero reacia a monopolizarla, voy de una habitación a otra para mantenerme fuera del camino y tropiezo, a veces, con maletas abiertas y repletas de saris, joyas de fantasía y cosméticos.
El hogar de los Samar, con el incesante tránsito de generaciones de familia extendida, es un hormiguero de actividad, como dicta la norma cultural en India. Es como un abrazo tan cálido que no puedo imaginar que Sejal vaya a renunciar a una vida feliz en esta morada para unirse a la familia de su marido. Y sin embargo, inevitablemente, es así como concluirá esta semana de preparativos: y también como dan inicio los matrimonios hindúes.
Luego de la reunión de Sejal y Gaurav en Lake Palace, sus familias llegan rápidamente a un arreglo. Consultan al astrólogo y fijan la fecha de la boda.
Contra toda costumbre, los jóvenes pasan las tardes juntos, a veces en casa de la novia, otras en la de él. Sejal quiere conocer mejor el hogar y estilo de vida de su nueva familia para habituarse en el menor tiempo posible después de la ceremonia.
No obstante, Sejal se revela como una novia tradicional en otros aspectos. En Bangalore observó consternada la facilidad con que su generación ha abandonado las antiguas costumbres; por ello, ha insistido en que su boda sea ejemplo de la cultura tradicional. Y ahora, unos días antes del acontecimiento, se entrega por completo a la práctica del sangeet, ceremonia de danza que debe representarse la víspera de la boda. Para ello, Sejal contrató a un joven coreógrafo de Pune para conseguir que los miembros de las familias Samar y Jodhawat se transformen en bailarines dignos de Bollywood. El ritmo de la música de películas indias resuena por toda la casa de los Samar mientras los bailarines practican.
Unos 650 invitados en bordadas lehngas asisten a la sangeet en un enorme jardín resplandeciente de candelabros de cristal, bajo un cielo estrellado. Uno a uno primos, parientes políticos e incluso los padres de Sejal toman su turno en las danzas de la sangeet.
Por fin da inicio la música para Sejal, quien entra en escena como si flotara. Pero súbitamente, el cielo, que hacía unos momentos se hallaba claro y despejado, suelta un torrencial aguacero. Los invitados lanzan exclamaciones de asombro, pues estamos a mitad de la temporada de secas. No obstante, Sejal prosigue con su hermosa danza e ignora los relámpagos y truenos hasta que su largo cabello queda pegado a su espalda en empapados mechones y su lehnga escurre agua. A pesar de todo, cada ademán de sus manos y cada movimiento de sus pies es perfecto.
Pronto llega el día señalado, la tarde de la ceremonia matrimonial de Sejal y Gaurav. Abordo un taxi par ir a Hazari Baugh, un ‘‘jardín de bodas’’ en las afueras de la ciudad. Imagino que se trata de un sitio umbroso y acogedor, quizá con emparrados de rosas blancas, pero encuentro que Hazari Baugh es una extensa superficie herbosa al descubierto, del tamaño de dos campos de fútbol.
Me pongo a caminar en busca de un rostro conocido entre los mil 500 invitados. ¡Tremenda producción! Los trabajadores han levantado una enorme tienda blanca que alberga blancas mesas. Una cascada artificial acompaña con su sonido a los músicos, tamborileros y malabaristas. Hay flores en cada rincón del lugar y un equipo de fotógrafos profesionales merodea el terreno.
Entonces veo a Sejal rodeada de paparazzi como una estrella de cine. Su reluciente lehnga es impresionante y ella misma brilla con miles de dólares en adornos de oro y joyería, obsequios de la familia del novio. Observo con inquietud que el rostro de aquella joven alegre y parlanchina, a quien he llegado a conocer bastante bien, permanece completamente inexpresivo. ¿Estará resfriada? ¿Le asaltan las dudas?
‘‘No.Se conduce como corresponde a una buena novia india –explica la tía Chandra–. Ésa es la conducta que debe tener’’.
A continuación, Chandra me conduce hasta el pundit, o clérigo, que se sienta con las piernas cruzadas sobre un gran lienzo blanco frente a Sejal, Gaurav y los padres de la novia.
Cuando el pundit une las manos entrelazadas de Sejal y Gaurav con una larga banda rosada, me doy cuenta de que no necesito traducción. Todo el simbolismo (la cinta rosada, el cordón que rodea a los novios) anuncia que la novia rompe todo vínculo con sus padres y forma nuevos lazos con el marido.
‘‘Mira –susurra Chandra– Hacen el phere’’. Sejal conduce lentamente a Gaurav en un círculo que rodea el fuego ceremonial mientras repite la oración: ’’Todo este tiempo estuve bajo la protección de mamá y papá’’. Por último, vuelve a caminar alrededor del fuego, esta vez detrás de Gaurav, quien dice: ‘‘Ahora estás bajo mi protección’’. Sejal no ha modificado su serena expresión de ‘‘novia india’’, pero me parece que Nisha, su madre, trata de contener las lágrimas. Al menos, eso hago yo.
Aunque Udaipur sea la ciudad del romance, el amor no es todo poesía y paseos en barcas. Para los indios que inician un matrimonio hindú o jainista tradicional, el comienzo suele ser doloroso. La novia debe abandonar todo lo que ama y entregarse con fe ciega a un hombre a quien apenas conoce.
Ha terminado la ceremonia y, a partir de este momento, la tradición establece que Sejal es propiedad de Gaurav, para siempre. Voy a comer con los demás invitados y, un poco después, al creer que la boda ha terminado, me dirijo al estacionamiento a buscar mi taxi.
Al alejarme, observo que los novios siguen amarrados y se encuentran parados frente a la madre y las tías de Sejal. Recuerdo entonces que falta una ceremonia importante: el vidai, la despedida ritual de la joven y sus padres. De manera intempestiva, Sejal abraza a su madre y rompe a sollozar con tanto dolor e ira que casi puedo sentir el suelo sacudiéndose bajo mis pies.
Al día siguiente de la boda, y antes de salir de Udaipur, paso por la casa de los Samar para entregarles unas fotos que hice a lo largo de la semana. Sin quererlo, tropiezo con una última ceremonia, un acto postrero que no está descrito en la invitación de bodas.
Encuentro a Sejal arrodillada en la habitación de su madre. Ella desenvuelve un fardo de pulseras de vidrio rojo y las desliza por las muñecas de la joven hasta sus brazos, donde habrán de permanecer todo un año.
Después, Gaurav camina con Sejal hasta el umbral de la casa, el cual la madre ha rociado con agua de coco. Sejal se arrodilla y dibuja con un polvo rojo la suástica hindú: símbolo de bienestar. Lo que he presenciado es una despedida familiar privada.
Sejal se levanta, abraza a su madre y lloran juntas, pero no con desgarradores sollozos sino en un abrazo tierno e íntimo. Luego, Gaurav cruza finalmente el umbral con Sejal: deja atrás el amor y camina hacia el amor.
La escena que se desarrolla a continuación es el recuerdo más poderoso que me llevo de Udaipur: Sejal me mira por la ventana del auto y en sus labios se dibuja una enorme sonrisa que refleja una esperanza sustentada en siglos de tradición.
(Daisaan McLane es editora colaboradora de National Geographic Traveler. Steve McCurry fotografió Ladakh para la revista).
Visitas obligadas en Udaipur
Sus ornamentados palacios, templos y havelis (hogares ancestrales), construidos por los maharajás, se remontan al siglo XVI.
Desde sus pabellones en el tejado, el Palacio de la Ciudad ofrece vistas incomparables del lago Pichola y las colinas Aravalli. El complejo incluye el suntuoso hotel Fateh Prakash Palace, con su Galería de Cristal y retratos de maharajás, así como el hotel Shiv Niwas Palace, ambientado con muebles de época, fuentes interiores y apacibles jardines y patios.
Construidos en las islas del lago, el hotel Lake Palace parece flotar en el agua cerca de Gul Mahal, pabellón de arenisca y mármol que les sirvió de asilo a los refugiados durante una revuelta ocurrida en el siglo XVII. Puede alquilar barcas en el embarcadero Bansi Ghat, afuera del Palacio de la Ciudad.
El Palacio Monzón, a unos 15 kilómetros de Udaipur, brinda extensas vistas de la ciudad, sus lagos y alrededores. Los hinduistas de Udaipur suelen visitar el templo Jagdish Mandir (siglo XVII), con su estatua de piedra de Vishnu. No puede perderse los magníficos templos jainistas de Ranakpur, a 60 kilómetros al noroeste de la ciudad.
El museo Bagore Ki Haveli recrea la vida de un maharajá del siglo XVIII, con muebles de época, enseres domésticos, instrumentos musicales y atuendos.
Sahelion Ki Bari (Jardín de las Doncellas) es un parque ornamental con un estanque de lotos, más de cien variedades de rosas y un museo infantil.
Vaya de compras con los lugareños al bazar Bara, donde las mujeres pueden hacerse un sari a la medida.
Dé un vistazo a la producción de los artesanos locales en Shilpgram, donde también organizan representaciones de danza y música.
Lo que debe saber antes de viajar
¿Cuándo es la temporada de bodas en Udaipur?
Se prolonga de fines de octubre hasta febrero, aunque el periodo culminante de la temporada abarca de diciembre a enero.
¿En qué parte de Udaipur puedo presenciar una boda india?
Los templos de los resorts palaciegos de lago Pichola son muy populares para estas ceremonias, las cuales se celebran casi siempre al caer la noche y duran aproximadamente 45 minutos. Cualquiera puede asistir a una boda en un templo público o participar en una ceremonia durante una ‘‘gira de bodas’’ organizada por una agencia de viajes como Indian Horizons o Rajasthan Holiday.
El Paseo del lago Pichola y el embarcadero del Paseo son dos sitios muy convenientes para detectar celebrantes que cenan o aguardan el ferry, respectivamente. Otra opción obvia es sumarse a la baraat, procesión que recorre las calles de la ciudad hasta el lugar donde se celebra la boda.
Moneda: rupia
Lada: (91) código del país; (0294) código de área.
(Fuente: Udaipur Essentials).
Para más información
Departamento de Turismo, gobierno de Rajastán.
Ministerio de Turismo, gobierno de India.
Consulte también la dirección www.surfindia.com





ES INCREIBLE QUE ESTADO TAN LEJOS PUEDA VER ESTA IMAGEN Y SABER DE ESTA HISTORIA.
ME GUSTAR VER MAS IMAGENES DE LA INDIA Y SABER DE SUS COSTUMBRES.
DEBE SER MARAVILLOSOS PODER VIAJAR Y VER UNA BODA.
me fascina la india y me encantaría poder presenciar ina boda india,pienso que son maravillosas y romanticas..!
holas me fasina la india en especial su musica me encantaria estar en la india
being an indian i didn;t know so many things about indian marriage, i got lot more info.good site,
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