Estocolmo
Foto de Rob Schoenbaum
36 horas en Estocolmo
Hace poco Estocolmo se declaró la ‘‘Capital de Escandinavia’’ y, al menos por ahora, ninguna de las otras superpotencias vikingas ha desafiado tal postura. Con líneas aéreas de descuento como Ryanair, que comunican Europa con lo que, técnicamente, sigue siendo la capital de Suecia y nada más, los residentes de Estocolmo han dejado de llenar los vuelos de fin de semana a Copenhague para darse una dosis de sofisticación internacional. La versión sueca de pasar un buen rato estriba sobre todo en elegancia, alta cocina, un poco más de elegancia y mucha diversión. El gusto local por el diseño innovador y los acogedores interiores se pone de relieve a la luz de las velas encendidas en restaurantes cada vez más refinados. No obstante, oleadas de inmigrantes han sazonado el cocido sueco con albóndigas y kefta, mientras que tapas, kielbasa y rollos de sushi desfilan en las cartas de toda la ciudad. Y como posible beneficio del calentamiento global, el verano parece llegar anticipadamente y permanecer por más tiempo, lo cual prolonga hasta el otoño los encantos de esta ciudad flotante.
Viernes
3 p. m.
1) La luz se mueve
Trátese de la blancura de la nieve invernal o la brillantez del sol de medianoche, la pintura sueca se recrea en las singularidades de la luz nórdica. El banquero Ernest Thiel (1859-1947) fue un coleccionista visionario cuyos pasatiempos incluían burlarse de la remilgada sociedad que le rodeaba. Thielska Galleriet (Sjotullsbacken 8; 46-8-662-5884), instalada en el antiguo hogar de este personaje (encantadora y estrafalaria mansión art nouveau cerca del extremo más apartado de Djurgarden) se conserva como escaparate de su notable colección de maestros nórdicos, con obras de Edvard Munch.
4 p. m.
2) Reposo real
Antiguo coto de caza de la monarquía, la isla de Djurgarden aún ofrece placeres dignos de un rey. Rosendals Tradgard (Rosendalsterrassen 12; 46-8-545-812-70), jardín orgánico en operaciones desde 1984, ocupa los antiguos invernaderos del palacio Rosendal (siglo XIX). En primavera, los lugareños se detienen a comprar ejemplares de petunias, pero van todo el año para disfrutar allí de un aromático café y suculentas confecciones, tales como pastel de zanahoria con media pulgada de condimentado escarchado o una helada cerveza orgánica Nils Oskar.
8 p. m.
3) Casa club informal
Dado el sobrecalentado ambiente de restaurantes en la ciudad, es difícil que un establecimiento permanezca fuera del radar local durante más de unos cuantos años. No obstante, P.A. & Co. (Riddargatan 8; 46-8-611-0845), brasserie tipo club, todavía se llena con reporteros y diseñadores que gustan de cenar una generosa porción de res a la Rydberg y espagueti boloñesa, para luego hacer la sobremesa hasta que llega la hora de emprender camino hacia uno de los elegantes bares de Stureplan. De estos, Riche (Birger Jarlsgatan 4; 46-8-545-035-60) ofrece dos salones bien diferenciados por la barrera generacional: carne fresca y recalentados –según los parroquianos más asiduos.
Sábado
10 a. m.
4) Menudeo
El soberbio estilo de Estocolmo ha elevado las compras al primer lugar en la lista de todos los visitantes, y Tony Ostermalm permanece como reducto de las boutiques de diseñador. En la primavera de 2006, la diseñadora Filippa K fundó Ease (Grev Turegatan 12; 46-8-678-6500), boutique especializada en atuendos de yoga con mezclas de seda y cachemira, así como otras prendas dirigidas al gusto femenino. Los tesoros transportables del icónico depósito de enseres domésticos, Svenskt Tenn (Strandvagen 5; 46-8-670-1600), incluyen los candelabros de latón “Klover” de Josef Frank y un desgarbado bolso para fin de semana en alguno de sus provocativos y característicos estampados botánicos –útil para llevar otras compras.
1 p. m.
5) Alma oriental
Los propietarios checos y el chef polaco llevan un poco de Europa Oriental a las aceras de Gotsgatan en el elegante Sodermalm. Con atrevido colorido como de parque de diversiones, mesas comunes y pirogi de hongos y repollo, el restaurante al aire libre Babylon (Bjorns Tradgardsgrand 4; 46-8-640-8083) evoca la zona este del Village neoyorquino y ofrece un lugar inmejorable para observar el paso de la gente.
3 p. m.
6) Ropa vintage
Incluso antes del lovefest con Bjorn Borg tras el campeonato Wimbledon de este año, el estilo de fines de los años setenta de esta estrella del tenis sueco (pantalones muy cortos y ceñidas playeras) se había vuelto de rigor en muchas tiendas de ropa vintage de Sodermalm. Beyond Retro (Asogatan 144; 46-8-641-3642) incluso ofrecía antiguas gafas de sol de Christian Dior para las damas del público. Cerca de allí se encuentra el negocio de la decana del vintage, Lisa Larsson: Secondhand Shop (Bondegatan 48; 46-8-643-6153), altar del muy cotizado Pucci y de las creaciones YSL de los años ochenta.
6 p. m.
7) Rosado y velas
Durante el día puede percibir un poco de la frialdad nórdica en Gamla Stan, pequeña aunque muy transitada isla que forma el pintoresco corazón histórico de Estocolmo, y escenario del palacio real, los museos y la catedral, por no mencionar las docenas de tiendas de antigüedades con precios absurdamente disparados. Mejor regrese cuando se hayan marchado los autobuses turísticos y haga una escala para degustar un maravilloso chocolate caliente a la luz de las velas en Chokladkoppen (Stortorget 18-20; 46-8-203-170) o bien, unos nachos y una copa de rosado en Bistro Ruby (Osterlanggatan 14; 46-8-205-776). Deje que el vecindario le muestre su lado más amable.
9 p. m.
Un bar de comida de muy buen gusto
En una ciudad donde no escasean los elegantes comedores, el flamante restaurante de Mathias Dahlgren, en el Grand Hotel, ha establecido un nuevo estándar con su concepto de bar de comida. Aunque debe servirse en bandeja y la carta incluye clásicos como merluza frita con limón y salsa tártara, no se trata de una vulgar cafetería de inflados precios. Diseñado por Ilse Crawford, el negocio es, de hecho, dos restaurantes en uno: el elegante bar de comida Matbaren y el aún más elegante Matsalen (Sodra Blasieholmshamnen 6; 46-8-679-3584), donde pulimentadas maderas, suntuosos terciopelos y reluciente latón enmarcan una impresionante vista de la bahía y crean una ambientación ideal para la refinada carta de Dahlgren.
11 p. m.
9) De indigesto a popular
Después, vaya a tomar la copa en el nuevo bar Cadier del Grand Hotel, elegante y refinado luego de que un remozamiento primaveral lo transformó de un lugar más corriente que común en el lujoso salón de la elite de Estocolmo, quienes acuden a sorber delicadas flautas de Pol Roger o un “martini de verano” preparado con vodka de fresas salvajes. Cuando sienta la llegada del frío invernal, será el lugar perfecto para tomar el té de la tarde mientras contempla la bahía.
Domingo
10 a. m.
10) ¿Un facial de caviar?
Como sin duda su hotel le ha servido los obligados desayunos escandinavos ricos en lácteos, el brunch del domingo puede parecerle un poco excesivo. Así que consiéntase con un día en Sturebadet, magnífico spa y centro de acondicionamiento (Sturegallerian 36; 46-8-545-015-00) donde podrá omitir la cuota de un día de membresía (incluye clases de ejercicio, acceso a la hermosa piscina y todas las actividades de acondicionamiento físico) si reserva servicios de spa, como un facial de caviar o un clásico masaje sueco de 80 minutos de duración. Si insiste, pruebe el brunch que sirven de 11 a. m. a 4 p. m.
Información turística
Al llegar al aeropuerto Arlanda, aborde el Express Arlanda para un recorrido de 20 minutos hasta el centro de Estocolmo.
First Hotel Reisen, Skeppsbron 12; 46-8-223-260) ofrece 144 habitaciones que incluyen siete suites (algunas con sauna privado) y un elegante salón de recepción recientemente renovado. A un costado del muelle, el Reisen se yergue justo en el corazón de Gamla Stan.
Tal vez las vistas del bullicioso distrito comercial no le causen gran impresión, pero las magníficas habitaciones del Nordic Light Hotel (Vasaplan 7; 46-8-505-630-00) son ejemplo perfecto de la ecuación sueca de forma y función. Con amistoso servicio y tarifas aún más amigables, se encuentra a unos pasos de la estación del Arlanda Express.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)




