Gondolera

Escrito por: Peter Kiefer el 22 de Octubre de 2007 | 8:20 am
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Foto de Dave Yoder

Una mujer rema contra la marea en los canales

Venecia ha tenido góndolas desde hace casi mil años, pero jamás una gondolera. Alexandra Hai ha violentado la tradición.

Luego de una década de esfuerzos, Hai obtuvo el derecho de ser gondolera, más o menos. Hace poco, una corte le permitió remar en los canales de Venecia, pero sólo para transportar a los residentes de uno de los hoteles de la ciudad.

“¡Brava, Gondoliera! ¡Brava!”, gritó un hombre desde su balcón en el tercer piso de un edificio en el canal Rio de la Veste cuando, hace unos días, Hai pasaba por allí con una pareja de Utah en su luna de miel. El admirador del balcón, con una copa de champaña en la mano, llamó a sus amigos para observar el tránsito de la barca de Hai con sus pasajeros.
“¡Qué elegancia!”, exclamó una mujer, momentos después. Por doquiera que va, las cámaras y las miradas observan su paso.

Lo que no fluye al ritmo de su remo es la popularidad entre los 425 gondoleros de Venecia, quienes practican un oficio tradicionalmente masculino y a menudo heredan el cargo a sus hijos. De hecho, los gondoleros están empezando a hartarse de ella.
Roberto Luppi, presidente de la asociación de gondoleros de la ciudad, declaró que Hai, de 40 años y ascendencia alemana y argelina, no puede cumplir las complejas tareas para manejar la embarcación de casi 11 metros de largo, pues ha reprobado cuatro exámenes y explota su condición de mujer para despertar el interés de los medios noticiosos.
Al preguntarle sobre las acusaciones de Hai en cuanto a que ha recibido amenazas físicas de los gondoleros, respondió con desdén. “Si nos acusa de ser racistas y sexistas, ¿qué espera? –dijo– ¿Que la cubramos de besos?”.

El enfrentamiento se lleva a cabo en una ciudad majestuosa, decadente y amenazada que se resiste al cambio y sobrevive del turismo.
En los últimos 50 años, Venecia ha experimentado un importante éxodo de sus residentes. La población, que en 1950 sumaba 184 mil almas, es hoy apenas un tercio de esa cifra. Asimismo, las inundaciones recurrentes y la creciente marea han arruinado muchos palazzos y los ha dejado inhabitables. Por la noche, algunas partes del centro histórico quedan tan desiertas como un plató cinematográfico abandonado.

“Venecia es una ciudad increíble y muy frágil”, señaló Anna Somers Cocks, presidenta del Fondo Venecia en Peligro, organización británica dedicada a proteger dicha ciudad de las inundaciones. En su experiencia, agregó, Venecia se aferra a conservar su pasado cultural a expensas de la adaptación y la planificación urbana racional. “Es muy peligroso que se nieguen a introducir nuevas ideas que pueden contribuir a la administración de la ciudad”, concluyó.
Una de las pioneras que precedió a Hai es Ljubica Gunj quien, hace ocho años, se convirtió en la primera mujer autorizada para atender a los clientes en las mesas de la Plaza de San Marcos. “Es un vulgar machismo”, afirmó, acerca de la oposición que enfrenta Hai.

Aunque Gunj atiende las mesas del Café Aurora, el vecino Café Florian (en operación desde 1720) sólo permite que las mujeres sirvan en el interior del establecimiento, no en la piazza.
Hai está en el centro de una historia que contiene acusaciones de sexismo, sexismo inverso, dominio de los canales y prejuicios contra los extranjeros.

La gondolera sostiene que ha sido objeto de patente discriminación. Afirma que la ciudad de Venecia y los gondoleros arreglaron por lo menos tres de los cuatro exámenes no aprobados que argumentan en su contra. Insiste en que ha recibido insultos y amenazas, y que su góndola ha sido dañada deliberadamente en varias ocasiones.
Asegura también que la asociación de gondoleros, a pesar de sus calurosas manifestaciones iniciales, jamás ha deseado una mujer o un extranjero entre sus miembros (la mujer tiene pasaporte alemán y ha vivido en la ciudad desde hace 11 años).

Hai recitó de corrido las sospechas que, aunque provocativas, no ha logrado comprobar: en una prueba, la obligaron a usar un remo “tan ligero como un cigarrillo” y en otra, la ruta estuvo plagada de una cantidad inusitada de embarcaciones a motor amarradas al muelle. Y cuando el hotel Locanda Art Deco la contrató para ofrecer servicios privados, la policía dio en detenerla con regularidad para asegurarse de que los pasajeros fueran huéspedes del establecimiento, agregó.

Hai acusa tanto a la asociación de gondoleros como al ayuntamiento. “Todo está relacionado de una u otra manera”, aseveró. Pero Luppi se defiende: “Tiene que mirarse al espejo y reconocer que no puede conducir la góndola”.
“Le dimos dos oportunidades para aprobar cada prueba –enfatizó–. Ya no podemos permitir que se escude en el hecho de ser mujer y extranjera”. Agregó que, todos los años, muchas personas no pasan la prueba de la asociación de gondoleros.
Para ellos, es un trabajo de hombres que requiere de fuerza, agilidad para navegar las corrientes y remar en reversa; incluso entra en juego el elemento estético de los gondoleros de antaño, con sus camisas a rayas negras y blancas.

Mario Morozini, gondolero de 48 años, insiste en que es una cuestión de destreza y no de género. “Dejemos intacta aunque sea una tradición –propone– El oficio de gondolero es tradicional y el trabajo, muy difícil”.

A Hai no le amedrenta la posibilidad de que los gondoleros y el ayuntamiento puedan interpelar el dictamen de la corte que le permite conducir su góndola, Pegaso, por los canales de la ciudad. “Pueden acudir al papa –replica– No voy a detenerlos”.

A pesar de sus denodados esfuerzos para lograr la aceptación de los gondoleros, Hai confiesa que no se considera una guerrera feroz. De hecho, el papel no le sienta en absoluto.
“No podría estar pasando por algo peor”, declaró durante una charla en un café de la Piazza St. Angelo, en la que describió la década de lucha para lograr una limitada aceptación. “Me entristece desperdiciar la vida de esta manera. Habría preferido hacer algo más útil, como salvar las selvas tropicales”.

(Fuente: Way to Go, The New York Times)

Un comentario

  1. Escrito por Eufracio Marroquìn Alanìs:

    La narraciòn es fabulosa,simplemente poe que la aludida en cuestòn es mujer;articulo muy interesante.

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