Memoria
No lo olvide
En los archivos del cerebro, nuestra vida perdura o desaparece.
Hay una mujer de 41 años de edad, auxiliar administrativa, de California, a la que en los documentos médicos se le conoce como “AJ,” que recuerda casi todos los días de su vida desde que tenía 11 años. Un señor de 85 años, técnico de laboratorio jubilado, conocido como “EP,” sólo evoca lo que acaba de pensar. Quizá ella posea la mejor memoria del mundo. Él bien podría tener la peor.
“Mi memoria fluye como una película: no se detiene y es incontrolable”, dice AJ. Recuerda que a las 12:34 p. m. del domingo 3 de agosto de 1986, un joven que le gustaba la llamó por teléfono. Se acuerda de lo que le sucedió a Murphy Brown el 12 de diciembre de 1988. Y también que el 28 de marzo de 1992 almorzó con su padre en el Hotel Beverly Hills. Recuerda sucesos mundiales y viajes a la tienda de víveres, sus emociones y el clima. Prácticamente conserva en su memoria todos los días. Casi nunca se queda sin respuesta ante cualquier pregunta sobre el pasado.
A través de los años, ha habido un puñado de personas con una memoria fuera de lo común. Se dice que Kim Peek, el erudito de 56 años que inspiró la película Rain Man, ha memorizado alrededor de 12 000 libros (tarda en leer una página entre 8 y 10 segundos). “S”, un periodista ruso, estudiado durante tres décadas por su compatriota neuropsicólogo Alexander Luria, podía recordar cadenas de palabras, números y sílabas sin sentido increíblemente largas años después de haberlas oído. Sin embargo, AJ es única. Su extraordinaria memoria no es de datos o cifras, sino sobre su propia vida. En efecto, su interminable memoria sobre detalles autobiográficos no tiene precedente, y es tan difícil de comprender que James McGaugh, Elizabeth Parker y Larry Cahill, neurocientíficos de la Universidad de California en Irvine, quienes la han estudiado durante los últimos siete años, tuvieron que acuñar un nuevo término médico para englobar y describir sus características: síndrome hipertiméstico.
EP mide 1.80 m, peina impecablemente su cabellera cana, y sus orejas son muy grandes. Es afable, amistoso y gentil. Ríe mucho. A primera vista, parece cualquier abuelo jovial. Sin embargo, hace 15 años, el virus del herpes simple invadió su cerebro y produjo importantes lesiones. Para cuando la infección disminuyó, habían desaparecido de la parte medial de los lóbulos temporales dos porciones de masa encefálica, cada una del tamaño de una nuez y, con ellas, casi toda la memoria de EP.
El virus atacó con una precisión inusitada. Los lóbulos temporales mediales (hay uno a cada lado del cerebro) incluyen una estructura curva llamada hipocampo y diversas regiones adyacentes que, juntas, realizan la mágica tarea de convertir nuestras percepciones en recuerdos a largo plazo. En realidad, los recuerdos no se almacenan en el hipocampo (residen en otra área, en las tortuosas capas exteriores del cerebro: la neocorteza), pero la zona hipocampal es la parte del cerebro que hace que se retengan. El hipocampo de EP quedó destruido y, sin él, EP es como una cámara de video a la que no le funciona la cabeza. Ve, pero no graba.
EP padece dos tipos de amnesia: anterógrada, la cual provoca que no pueda formar nuevos recuerdos, y retrógrada, que ocasiona que tampoco pueda evocar recuerdos anteriores, por lo menos no desde 1960. Su infancia, su servicio en la marina mercante, la Segunda Guerra Mundial, todo eso es muy vívido. Pero hasta donde sabe, la gasolina cuesta alrededor de 25 centavos de dólar por litro y el alunizaje jamás sucedió.
AJ y EP se hallan en los extremos del espectro de la memoria humana y sus casos dicen más que cualquier tomografía del cerebro acerca de la medida en la que nuestros recuerdos nos hacen quienes somos. Aunque el resto de nosotros nos ubicamos en algún lugar entre esos dos polos, hemos atisbado un poco la promesa de AJ y nos horroriza el destino de EP. Esos 1.3 kilogramos, aproximadamente, de tejido sinuoso que se balancean sobre nuestra columna vertebral pueden conservar los pormenores más triviales sobre experiencias de la infancia durante toda una vida, pero a menudo no pueden retener incluso el número telefónico más importante tan sólo por dos minutos. Así de extraña es la memoria.
¿Qué es un recuerdo? La mejor definición que por ahora pueden ofrecer los neurocientíficos es la siguiente: Un recuerdo es una configuración de conexiones almacenada entre las neuronas del cerebro. Hay aproximadamente 100 000 millones de esas neuronas, cada una de las cuales puede formar quizá entre 5 000 y 10 000 conexiones sinápticas con otras neuronas, que arrojan un total de alrededor de 500 y 1 000 billones de sinapsis en el cerebro adulto promedio. En comparación, apenas hay 32 billones de bytes de información en toda la colección impresa de la Biblioteca del Congreso. Cada sensación que recordamos, cada idea que pensamos modifica las conexiones dentro de esa vasta red. Las sinapsis se fortalecen o se debilitan, o se forman nuevas sinapsis. Nuestra esencia física cambia. De hecho, siempre lo hace, a cada momento, incluso cuando dormimos.
En un tibio día de primavera, conocí a EP en su casa, un iluminado bungalow de una zona suburbana de San Diego. Me trasladé en automóvil junto con Larry Squire, neurocientífico e investigador especializado en la memoria, y con Jen Frascino, coordinadora de investigación del laboratorio de Squire, quien visita a EP habitualmente para aplicarle pruebas de conocimientos. Aunque Frascino ha estado en casa de EP unas 200 veces, él siempre la saluda como si fuera una persona extraña.
Frascino se sienta frente a EP a la mesa de su comedor y le hace una serie de preguntas que ponen a prueba su sentido común: en qué continente está Brasil, el número de semanas que hay en un año, a qué temperatura hierve el agua. Quiere demostrar lo que las pruebas de coeficiente intelectual ya han confirmado: EP no tiene un pelo de tonto. Responde pacientemente a las preguntas (todas correctamente), imagino que casi con la misma sensación de desconcierto que yo tendría si un perfecto extraño entrara en mi casa, se sentara a mi mesa y, muy seriamente, me interrogara sobre la temperatura de ebullición del agua.
—¿Qué debe hacer si encuentra en la calle un sobre sellado, con destinatario y con timbre?” –pregunta Frascino.
—Bueno, lo echa uno en el buzón. ¿Qué más?
Ríe y me mira de soslayo con perspicacia, como diciendo “¿creerán estas personas que soy idiota?”. Sin embargo, siente que la situación exige cortesía y vuelve la mirada a Frascino para agregar: “Pero esa es una pregunta en verdad interesante. Muy interesante”. No tiene idea de que la ha oído muchas veces antes.
EP lleva en la muñeca izquierda un brazalete metálico de alerta médica. Aunque es evidente su función, de todos modos le pregunto. Gira la muñeca y la lee con toda tranquilidad:
— Mmm. Dice pérdida de la memoria.
EP ni siquiera recuerda que tiene un problema de memoria. Eso es algo que vuelve a descubrir a cada momento y, puesto que olvida que siempre olvida, cada idea perdida pareciera una equivocación fortuita (un fastidio y nada más) del mismo modo que lo sería para usted o para mí.
Desde que enfermó, para EP el espacio ha existido sólo en la medida en la que puede verlo. Su universo social sólo abarca a las personas que están en la habitación. Vive bajo un reflector estrecho, rodeado de oscuridad.
En una mañana cualquiera, EP despierta, desayuna y vuelve a la cama a escuchar la radio. Sin embargo, cuando está de nuevo acostado, no siempre le queda claro si acaba de desayunar o de despertarse. A menudo desayuna otra vez y regresa a la cama para escuchar más programas de radio. Algunas mañanas desayuna una tercera vez. Mira la televisión, que puede ser muy emocionante de un segundo a otro, aunque los programas con un comienzo, un desarrollo y un final claros pueden plantearle un problema. Prefiere History Channel, o cualquier tema sobre la Segunda Guerra Mundial. Sale a caminar por el vecindario, generalmente varias veces antes del almuerzo, en ocasiones, hasta por tres cuartos de hora. Se sienta en el jardín. Lee el diario; debe ser como salir de una máquina del tiempo. ¿Bush quién? ¿Irak qué? ¿Computadoras cuándo? Al terminar un encabezado, EP por lo general ha olvidado cómo empieza.
Sin recuerdos, EP ha quedado totalmente fuera del tiempo. No tiene fluir de la conciencia, sólo gotitas que se evaporan de inmediato. Si le quitaran su reloj de pulso (o, con más crueldad, le cambiaran la hora) estaría perdido por completo. Atrapado en este limbo de un presente eterno, entre un pasado que no puede recordar y un futuro que no puede contemplar, tiene una vida sedentaria, completamente libre de preocupaciones. “Está contento todo el tiempo. Muy contento. Me imagino que se debe a que no existe estrés en su vida” –asevera su hija, Carol, quien vive cerca de casa de su padre.
—¿Cuántos años tiene ahora? –le pregunta Squire.
—Veamos, 59 o 60. Me pescó. Mi memoria no es tan perfecta. Es bastante buena, pero a veces las personas me hacen preguntas que sencillamente no capto. Estoy seguro de que a usted le ocurre algunas veces.
—Claro que sí –dice Squire, amablemente, aunque EP ha errado en casi un cuarto de siglo.
Un cúmulo ingente del conocimiento que la ciencia tiene acerca de la memoria se obtuvo de un cerebro dañado, muy similar al de EP. Pertenece a un hombre de 81 años, conocido como “HM”, un amnésico que vive en un asilo de ancianos en Connecticut. HM padeció epilepsia desde los 10 años de edad, luego de sufrir un accidente en bicicleta. Para cuando contaba con 27 años, perdía el conocimiento y sufría lagunas de memoria varias veces por semana; estaba incapacitado casi por completo. Un neurocirujano, William Beecher Scoville, creyó que podía aliviar los síntomas de HM con una intervención quirúrgica experimental en la que se extirparía la zona del cerebro que el doctor sospechaba era la causa del problema.
En 1953, mientras HM yacía despierto sobre la mesa de operaciones, con el cuero cabelludo anestesiado, Scoville perforó un par de orificios justo por encima de los ojos del paciente. El cirujano levantó la parte frontal del cerebro de HM con una pequeña espátula de metal, mientras aspiró con un delgado tubo metálico casi todo el hipocampo, junto con una gran porción de la región medial de los lóbulos temporales circundantes. La operación logró reducir el número de convulsiones de HM, sin embargo, al poco tiempo se hizo evidente que también le había robado la memoria.
Durante las siguientes cinco décadas, HM fue sometido a innumerables experimentos y se convirtió en el paciente más estudiado en la historia de la ciencia del cerebro. Debido al trágico resultado de la operación de Scoville, todo el mundo supuso que HM sería un caso único.
EP destrozó ese supuesto. Lo que Scoville le ocasionó a HM con un tubo de metal, la naturaleza se lo hizo a EP con el herpes simple. Colocadas una al lado de la otra, las imágenes de resonancia magnética en blanco y negro de sus cerebros presentan un parecido asombroso, aunque el daño sufrido por EP es un poco mayor. Incluso si no se tiene idea de cuál debe ser el aspecto de un cerebro normal, los enormes orificios simétricos lo miran a uno como si fueran ojos.
Al igual que EP, HM podía conservar recuerdos únicamente el tiempo necesario para pensar acerca de ellos, pero una vez que su cerebro pasaba a otra cosa, no podía evocarlos. Aunque los científicos sabían de la diferencia entre la memoria de largo y de corto plazo desde fines del siglo xix, ahora tenían en HM la prueba de que ambos tipos de memoria se fijaban en zonas diferentes del cerebro y que, debido a la falta de casi la totalidad de la zona hipocampal, HM no podía convertir un recuerdo de corto plazo en uno de largo plazo.
Gracias a HM, los investigadores también se enteraron de que existe otra manera de recordar. Aunque no podía decir qué había desayunado o el nombre del presidente en turno, había algunas cuestiones que podía recordar. Milner averiguó que era capaz de aprender tareas complicadas sin darse cuenta siquiera. En un estudio, demostró que HM podía aprender a trazar una estrella de cinco picos sobre una hoja de papel al observar su reflejo en un espejo. Cada vez que Milner le asignaba la tarea a HM, él aseguraba que nunca la había tratado de hacer antes. Sin embargo, cada día su cerebro mejoró al guiar la mano para que trabajara en reversa. Recordaba a pesar de su amnesia.
Aunque hay un desacuerdo en relación al número de sistemas de la memoria existentes, los científicos suelen dividir los recuerdos en dos tipos: declarativos y no declarativos (en ocasiones denominados explícitos e implícitos). Los recuerdos declarativos son asuntos que sabemos que recordamos, como el color del auto o lo que sucedió ayer por la tarde. EP y HM han perdido la capacidad para formar nuevos recuerdos declarativos. Los recuerdos no declarativos son cosas que sabemos sin pensar conscientemente en ellas, por ejemplo, cómo andar en bicicleta o dibujar una figura al mirarla en un espejo. Esos recuerdos inconscientes no dependen de la región hipocampal para su consolidación y almacenamiento. Tienen lugar en zonas del cerebro distintas por completo. El aprendizaje de habilidades motrices sucede en la base del cerebro, en el cerebelo, el aprendizaje perceptivo en la neocorteza, mientras que el aprendizaje de hábitos en el centro del cerebro. Tal como lo han demostrado de manera tan sorprendente EP y HM, se puede sufrir daño en una región del cerebro y el resto seguirá funcionando bien.
Todas las metáforas que solemos emplear para describir la memoria (la fotografía, la grabadora, el espejo, el disco duro) sugieren una precisión mecánica, como si la mente fuese una especie de transcriptor de experiencias meticuloso. Además, durante mucho tiempo se sostuvo la noción de que nuestro cerebro funciona como una grabadora perfecta: que los recuerdos de toda una vida están almacenados en algún lugar del ático cerebral, y si no pueden hallarse, no es porque hayan desaparecido, sino porque hemos perdido el acceso a ellos.
Un neurocirujano canadiense de nombre Wilder Penfield creía haber demostrado esa teoría hacia los años cuarenta del siglo xx. Penfield utilizó sondas eléctricas para estimular el cerebro de pacientes epilépticos mientras yacían conscientes sobre la mesa de operaciones. El doctor buscaba ubicar con exactitud el origen de la epilepsia, pero descubrió que, cuando su sonda tocaba ciertas partes del lóbulo temporal, los pacientes comenzaban a describir experiencias vívidas. Al palpar otra vez el mismo lugar, solía obtener las mismas descripciones. Penfield llegó a creer que el cerebro registra todo aquello a lo que presta alguna medida de atención consciente, y que este registro es permanente.
La mayoría de los científicos ahora concuerda en que los extraños recuerdos evocados por Penfield se acercaban más a fantasías o alucinaciones que a recuerdos, pero la reaparición repentina de episodios de nuestro pasado perdidos mucho tiempo atrás es una experiencia sin duda familiar para todos. Aun así, como grabadora, el cerebro realiza una pésima labor. Las tragedias y humillaciones parecen ser más indelebles, a menudo con la más insoportable exactitud, mientras que los recuerdos que creemos en verdad necesitar (el nombre de un conocido, la hora de una cita, el lugar donde están las llaves del automóvil) tienen la costumbre de evaporarse.
AJ recuerda cuando se percató por vez primera de que su memoria no era igual a la de los demás. Cursaba el séptimo grado, y estudiaba para los exámenes finales. “No estaba contenta porque detestaba la escuela”, dice. Su madre la ayudaba con la tarea, pero su mente divagaba. “Comencé a pensar en el año anterior, cuando estudiaba el sexto grado y cómo me gustaba el sexto grado. Pero entonces empecé a darme cuenta de que podía recordar la fecha precisa y exactamente lo que estaba haciendo un año antes”. Al principio no le prestó mucha importancia. Pero unas semanas más tarde, cuando jugaba con una amiga, recordó que también habían pasado juntas el día justo un año antes.
“Cada año provoca un sentimiento específico; también cada época del año. La primavera de 1981 despierta una sensación completamente distinta a la que provoca el invierno de 1981”, señala. Las fechas son para AJ como las magdalenas que lanzaban al pasado la mente de Marcel Proust en su obra En busca del tiempo perdido. La simple mención de una fecha la hace rememorar de manera involuntaria. “¿Se ha dado cuenta de cómo un aroma lo transporta al pasado? Yo estoy como a 10 niveles más de profundidad y recuerdo con mucha más intensidad que eso”.
Parecería que tener una memoria como la de AJ haría a la vida cualitativamente distinta (y mejor). Nuestra cultura nos inunda de información nueva, sin embargo, muy poca de esta es captada y catalogada de modo que pueda ser recuperada más adelante. ¿Qué representaría sabernos al dedillo todo ese conocimiento, que de otro modo se perdería? ¿Nos volvería más convincentes, tendríamos más confianza en nosotros mismos? ¿Nos volvería, en algún sentido fundamental, más inteligentes? Si en gran medida la experiencia es la suma de nuestros recuerdos y la sabiduría, la de la experiencia, tener una mejor memoria supondría saber no solamente más acerca del mundo, sino sobre nosotros mismos. ¿Cuántas ideas útiles han dejado de concebirse y cuántas conexiones no se han establecido debido a las limitaciones de nuestra memoria?
El sueño que encarna AJ, la perfección de la memoria, nos ha acompañado por lo menos desde el siglo v a. C., así como la supuesta invención de la técnica conocida como el “arte de la memoria” del poeta griego Simónides de Ceos.
Simónides fue el único sobreviviente del catastrófico derrumbe de un techo durante un banquete celebrado en Tesalia. Según Cicerón, quien escribió una versión del incidente cuatro siglos después, los cuerpos estaban tan destrozados que era imposible reconocerlos. Pero Simónides pudo cerrar los ojos al caos y ver en su mente a cada uno de los invitados en su silla alrededor de la mesa. Había descubierto la eficaz técnica conocida como el método de los lugares. Si podemos convertir sea lo que fuere que intentamos recordar en imágenes mentales vívidas, y luego las ordenamos en una especie de espacio arquitectónico imaginario, conocido como palacio de la memoria, los recuerdos pueden volverse casi indelebles.
Se dice que Pedro de Ravena, célebre jurista italiano y autor de un famoso libro de texto del siglo xv sobre la memoria, había aplicado el método de los lugares para memorizar la Biblia, todos los libros de derecho italiano existentes hasta entonces, 200 de los discursos de Cicerón y 1 000 versos de Ovidio. Por placer, releía libros que tenía almacenados en sus palacios de la memoria. Escribió lo siguiente: “Puedo decir con verdad que, cuando abandoné mi país para visitar como peregrino las ciudades de Italia, llevaba conmigo todo cuanto poseía”.
Nos resulta difícil imaginar lo que debió haber sido vivir en una cultura antes del advenimiento del libro impreso o de poder llevar consigo un bolígrafo y papel para tomar notas. “En un mundo de pocos libros, y en el cual estos se encontraban sobre todo en bibliotecas comunales, cada persona debía recordar su formación, pues no podía depender del continuo a material específico”, apunta Mary Carruthers, autora de The Book of Memory, un estudio sobre la función de las técnicas de la memoria en la cultura medieval. “Las personas de la Antigüedad y de la Edad Media sentían una gran admiración por la memoria. Describen a sus mayores genios como personas de memoria superior”. El teólogo del siglo xiii santo Tomás de Aquino, por ejemplo, era célebre por haber redactado toda su Summa Theologica en su cabeza y haberla dictado de memoria valiéndose de apenas unas cuantas notas. Una buena memoria era vista como la mayor de las virtudes, puesto que representaba la interiorización de un universo de conocimientos externos. En realidad, un tema común en las vidas de los santos era que tenían extraordinaria memoria.
Después del descubrimiento de Simónides, el arte de la memoria se codificó con un amplio conjunto de reglas e instrucciones por personas como Cicerón y Quintiliano, así como en incontables tratados medievales al respecto. Se enseñaba a los estudiantes no sólo qué recordar, sino técnicas para hacerlo. De hecho, en muchas culturas existen añejas tradiciones para adiestrar la memoria. El Talmud judío, escrito a base de mnemotecnia (técnicas para conservar los recuerdos) se transmitió en forma oral durante siglos. La memorización coránica sigue considerándose un logro supremo entre los musulmanes devotos. Los griots tradicionales del África occidental y los bardos eslavos del sur pueden narrar completamente de memoria colosales epopeyas.
Sin embargo, durante el último milenio, muchos de nosotros hemos sufrido un profundo cambio. Poco a poco hemos reemplazado nuestra memoria interna con lo que los psicólogos denominan memoria externa, una superestructura de auxiliares tecnológicos que hemos inventado con la finalidad de no tener que almacenar información en nuestro cerebro. Podría decirse que hemos pasado de recordarlo todo a recordar poquísimo. Contamos con fotografías para acordarnos de nuestras experiencias, calendarios para mantenernos al tanto de nuestros horarios, libros (y ahora internet) para almacenar nuestros conocimientos comunes, y blocs de notas autoadhesivas. ¿Cuáles han sido las implicaciones de estas fuentes externas de memoria para nosotros mismos y para nuestra sociedad? ¿Hemos perdido algo?
Para complementar los recuerdos de su mente, AJ almacena también un tesoro de recuerdos externos. Además del diario pormenorizado que escribe desde niña, posee una videoteca de casi mil cintas copiadas de la televisión, un baúl lleno de grabaciones de radio y una “biblioteca de investigación” que consta de 50 cuadernos llenos de datos que ha hallado en internet y que se relacionan con los sucesos que guarda en su memoria. “Sencillamente quiero conservarlo todo”, afirma.
Preservar el pasado se ha convertido en la compulsión central de la vida de AJ. “Cuando me arreglo el cabello con la secadora por la mañana, pienso en qué día es. Y para entretenerme, repaso mentalmente ese día durante los 20 años anteriores, como hojear una agenda Rolodex.
AJ señala que los recuerdos más antiguos guardados en su singular memoria se remontan a la mudanza de Nueva Jersey a California, cuando apenas contaba con ocho años de edad. La vida en Nueva Jersey había sido cómoda y familiar; en California era ajena y extraña. Entendió por primera vez que crecer y seguir adelante significaba, por necesidad, olvidar y dejar cosas atrás. “Como detesto tanto los cambios, después de eso fue como si quisiera poder captarlo todo. Porque sé que, a la larga, nada será igual”, expresa.
K. Anders Ericsson, catedrático de psicología de la Universidad Estatal de Florida, piensa que, después de todo, tal vez AJ no sea tan distinta del resto de nosotros. Tras el anuncio inicial de las características de AJ en la revista Neurocase, Ericsson propuso que lo que necesita explicarse acerca de AJ no es una excepcional memoria innata, sin precedentes, sino su extraordinaria obsesión por el pasado. Las personas siempre recuerdan lo que les es importantes. Los fanáticos del beisbol tienen un conocimiento enciclopédico de las estadísticas, los maestros de ajedrez a menudo recitan jugadas complicadas que ocurrieron hace años, los actores pueden recordar guiones mucho tiempo después de haberlos interpretado. Todo el mundo tiene memoria para algo. Ericsson considera que si a todos les importara aferrarse al pasado tanto como a AJ, la proeza de memorizar nuestra vida estaría muy a nuestro alcance.
Le menciono a AJ esta teoría, y su enojo es visible. “Lo único que quiero es llamarlo por teléfono y gritarle. Si pasara tanto tiempo memorizando mi vida, entonces realmente sería una persona aburrida –menciona–. No me la paso sentada memorizándola. Simplemente lo sé”.
Recordar todo le resulta a AJ una experiencia exasperante y solitaria a la vez.
“Recuerdo lo bueno, lo cual es muy reconfortante. Pero también lo malo, así como todas las malas elecciones –manifiesta–. Y en realidad no me doy un respiro. Hay tantas bifurcaciones en el camino, momentos en los que debes decidir, y años más tarde sigo castigándome a mí misma por ello. No me perdono muchas cosas. Tu memoria es como es a fin de protegerte. Sencillamente siento que a mí no me ha protegido. Me encantaría ser una persona común y corriente durante cinco minutos y no tener todos estos recuerdos en la cabeza. La mayoría de las personas dice que lo que tengo es un don –comenta AJ–, pero yo lo llamo una carga”.
El meollo del sistema nervioso, desde los órganos sensoriales que alimentan información a la gran masa de neuronas que la interpreta, consiste en obtener un sentido de lo que está pasando y de lo que está a punto de suceder, de suerte que podamos responder de la mejor manera posible. Nuestro cerebro es fundamentalmente una máquina de predicción, y para funcionar debe hallar orden en el caos de los posibles recuerdos. No hace falta que la mayoría de las cosas que pasan por nuestro cerebro se recuerde más allá de lo que es necesario pensar en ellas.
El psicólogo de Harvard Daniel Schacter ha elaborado una taxonomía del olvido para catalogar lo que él llama los siete pecados de la memoria. El pecado de la distracción: Yo-Yo Ma olvida su chelo valuado en 2.5 millones de dólares en el asiento de un taxi. El veterano de la Guerra de Vietnam, aún atormentado por el campo de batalla, padece del pecado de la persistencia. El político que olvida una palabra que estaba a punto de decir durante un discurso vive el pecado del bloqueo. Aunque a decir de Schacter maldecimos estas fallas de la memoria casi a diario, sólo se debe a que no vemos los beneficios que aportan. Cada pecado es en realidad el otro lado de la moneda de una virtud: “Un precio a pagar por procesos y funciones que nos sirven bien en muchos sentidos. Existen buenas justificaciones evolutivas de por qué nuestros recuerdos nos fallan de las maneras en las que lo hacen. Si todo lo que vemos, olemos, oímos o pensamos se almacenara de inmediato en la gran base de datos que es nuestra memoria de largo plazo, nos ahogaríamos en información sin importancia”.
En su cuento “Funes el memorioso”, Jorge Luis Borges describe a un hombre traumado por su incapacidad para olvidar. Recuerda todos los detalles de su vida, pero no puede distinguir entre lo trivial y lo relevante. No puede establecer prioridades, tampoco generalizar. Funes “era casi incapaz de ideas generales, platónicas”. Quizá, como concluye Borges, es el olvidar, no el recordar, la esencia de lo que nos hace humanos. Borges escribe: “Pensar es olvidar”.
También envejecer es olvidar. Unos cinco millones de estadounidenses padecen Alzheimer y un número mayor, alguna alteración cognoscitiva leve, o pérdida de la memoria en menor grado. Cuando se les pidió que recordaran una lista de 15 palabras leída 20 minutos antes, los octogenarios participantes de un estudio recordaron menos de 60 por ciento, en cambio, los veinteañeros podían recordar casi 90 por ciento.
No sorprende que las personas hayan buscado desde hace mucho tiempo sustancias que puedan detener la ola del olvido. Según el franciscano Bernardo de Lavinheta, quien escribía a principios del siglo xvi: “La memoria artificial es doble: la primera parte consta de medicinas y cataplasmas”. La segunda, desde luego, es el arte de la memoria, que Lavinheta consideraba al mismo tiempo más seguro y más eficaz (dado que las medicinas para la memoria a veces pueden tener el desafortunado efecto secundario de “secar el cerebro”). En la actualidad, el Ginkgo biloba se vende como complemento sin necesidad de receta médica, o se agrega a batidos de frutas y bebidas “saludables”, incluso sin datos concluyentes de que refuerce la memoria, o de que seque el cerebro.
En las últimas décadas, las empresas farmacéuticas han intensificado la búsqueda para desafiar nuevas alturas. Armadas con una comprensión avanzada de los cimientos moleculares de la memoria, han buscado crear nuevos fármacos que amplíen la capacidad natural del cerebro para recordar. En los últimos años, se han formado por lo menos tres empresas con el objetivo manifiesto de inventar fármacos para la memoria.
Una de esas empresas, Cortex Pharmaceuticals, intenta crear una clase de moléculas conocidas como ampaquinas, que facilitan la transmisión del neurotransmisor glutamato, que es una de las principales sustancias excitativas transmitidas a través de las sinapsis entre las neuronas. Al ampliar sus efectos, Cortex espera mejorar la capacidad básica del cerebro para formar y recuperar recuerdos. Al administrarla a ratas maduras, una ampaquina logró revertir por completo el deterioro del mecanismo celular de la memoria relacionado con la edad.
Todo esto plantea perturbadoras preguntas éticas. ¿Elegiríamos vivir en una sociedad en la que las personas tuvieran recuerdos infinitamente mejores? En realidad, ¿qué significaría tener una memoria superior? ¿Querría decir recordar las cosas sólo tal cual sucedieron, libres de las modificaciones y exageraciones creadas naturalmente por nuestra mente? ¿Significaría tener una memoria que olvida los traumas? ¿Significaría tener una memoria que sólo recuerda aquello que deseamos recordar? ¿Significaría convertirnos en AJ?
Quiero observar cómo funciona la memoria no declarativa, inconsciente, de EP, de manera que le pregunto si le interesa que lo acompañe a una de sus caminatas por su vecindario. “En realidad, no”, contesta. Espero y se lo pregunto un par de minutos después. Esta vez accede. Salimos por la puerta delantera cuando el sol de la tarde está en todo lo alto y doblamos a la derecha. Le pregunto a EP por qué no mejor doblamos a la izquierda.
“Preferiría no ir por ese lado. Este es el camino que sigo. No sé por qué”, dice.
Si le pidiera que trazara un mapa de la ruta que sigue por lo menos tres veces al día, sería incapaz de hacerlo. Ni siquiera sabe su propia dirección. Sin embargo, después de tantos años de hacer la misma caminata, el viaje se ha grabado en su inconsciente. Su esposa, Beverly, ahora lo deja salir solo, aunque una sola vuelta equivocada y estaría completamente perdido.
A veces, vuelve de sus caminatas con múltiples objetos que ha recogido a lo largo del camino: un montón de piedras redondas, un cachorro, la billetera de alguien. Nunca puede explicar cómo llegaron a su poder.
“Nuestros vecinos lo quieren porque se les acerca y empieza a charlar con ellos”, cuenta Beverly. Aunque cree que los está conociendo por primera vez, ha aprendido por hábito que estas son personas con las cuales debe sentirse en confianza, e interpreta esos sentimientos inconscientes de comodidad como un buen motivo para detenerse y saludar.
Atravesamos la calle y me encuentro a solas con EP por primera vez. No sabe quién soy ni qué hago a su lado, aunque parece intuir que estoy ahí por alguna buena razón. Está atrapado en la mayor de las pesadillas existenciales, ciego a la realidad en la que vive. Me surge el impulso de ayudarlo a escapar, al menos por un segundo. Quiero tomarlo del brazo y sacudirlo. Quiero decirle: “Tiene un raro y debilitante trastorno de la memoria. Se ha perdido de los últimos 50 años”. En menos de un minuto, olvidará que esta conversación tuvo lugar alguna vez. Imagino el horror puro que sentiría, la claridad momentánea, el enorme vacío que se abriría frente a él, para luego cerrarse con la misma celeridad. Y entonces el paso de un auto o el canto de un ave que lo devolvería de inmediato a su burbuja donde todo lo que le rodea le es ajeno.
Damos la vuelta y caminamos de regreso por la calle cuyo nombre ha olvidado, pasamos cerca de vecinos que nos saludan con la mano, a quienes no reconoce, rumbo a un hogar que no conoce. Frente a la casa hay un automóvil estacionado, tiene los vidrios polarizados. Volteamos para mirar nuestro reflejo. Le pregunto a EP qué ve.
—A un viejo –responde–. Eso es todo.





Es sorprendente que nos encontramos atrapados en nuestro propio mundo, un mundo de recuerdos que hacen de nosotros lo que somos y como nos ven los demás, este caso me pone a pensar muchas situaciones; una de ellas es como aparentemente un “don” se convierta en un peso, tal vez de aquí se puede identificar que se tiene un problema, un gran problema pues recordemos que todo en exceso es malo y esto es uno de los casos.
también me parece que siempre queremos estar mas allá de algo, estamos en una constante evolución sin embargo no significa que almacenando recuerdos de nuestra vidas tendremos un mejor desempeño nos estaríamos conviertendo en algo como seres programados y no seres espontáneos.
Por último envio un gran saludo a Joshua Foer por su interesante artículo
Es fascinante todo el funcionamiento del cerebro y los alcances de la memoria. La forma en que la expone Foer es magistral. felicidades por su artículo.
Lilia Melo
YO SIEMPRE ME HE SENTIDO UN EXTRATERRESTRE POR MI CLARA Y AMPLIA CAPACIDAD PARA RECORDAR DETALLES DE LO VIVIDO. HE ACABADO POR CALLAR UNA Y MIL VECES ANTE COSAS,CUESTIONES QUE RECORDABA CON PRECISIÓN,PORQUE A LA GENTE DEL REDEDOR NO LE HACE PUÑETERA GRACIA SABER QUE UNO “RECUERDA AL DETALLE”… INCLUSO, EMOCIONALMENTE, ESTA MEMORIA DE ELEFANTE ME HA OCASIONADO PROBLEMAS Y TRISTEZAS PROFUNDAS, DECEPCIONES IMPORTANTES, PORQUE LA GENTE CONFUNDE Y DISTORSIONA ESTA CAPACIDAD MÍA GRANDE PARA REMEMORAR ACONTECIMIENTOS,VIVENCIAS,SENTIMIENTOS,ETC. CREEN QUE ERES UN ESPÍA O UN CONTROLADOR,ETC.
UN CALVARIO,VAMOS.
MEJOR DEJARLO TODO EN MI INTERIOR.Y NO EXTERIORIZAR QUE TE ACUERDAS DE CASI CASI TODO.
La naturaleza es muy sabia, errores y excepciones de los cuales menciona en este articulo nos conduce a eventos y situaciones en las cuales nos hace experimentar que somos vulnerables, nos hace entrar en cuestionamientos de nuestras propios capacidades y limitaciones, y en este caso especifico de la memoria.Creo q no se trata de porque uno tiene mas memoria que otro para poder tener ideas concretas sobre el funcionamiento del cerebro, de la complejidad de la memoria, sino de conocer porque somos olvidadisos, distraidos..pienso que este tipo de caracteristicas no son pura casualidad, y nos darian un mejor panorama sobre el fascinante mundo de la memoria.
en verdad que si me daria terror pero es muy interesante ver estos articulos sobre la memoria cuanta gente habra asi a nuestro alrededor y nosotros estaremos viviendo solo algo parecido ?quien sabe pero bueno lo mejor de esta vida es algo que se debe aprovechar y es simplemente disfrutar del estar aqui
Estudio psicologia, y a medida que avanzo me asombra las maravillas que puede lograr a realizar el cerebro.
Es bueno tener que recordar, poder hacerlo cuando uno desea. Lo agradable y aun lo que hubiesemos deseado olvidar.
Particularmente mis vivencias, muchas, se almacenaron como pequeñas grabaciones con colores, sonidos y hasta olores. Puedo reproducirlas casi tal cual, con dialogos. Pequeños y caseros video-clips (digo yo).
Cumpleaños, tardes de bicicletas, vacaciones, actos escolares, vueltas del colegio, ultimos dias, la luz y niebla del dia que mi hijo decidio nacer, confesiones, primeras veces, la lluvia torrencial de la tarde en que nacio mi hermano (2 años y meses),etc. reuno casi toda mi existencia.
Lo que he notado, además de divertirnos recordando que tenia puesto cada quien, es que contamina el pensamiento, tanta informacion y tan detallada, enlentece, distrae de lo debiera ser fundamental decidir y me intereso saber porque y para que mi cerebro un dia decidio almacenar la informacion de esa manera.
me gusto mucho el articulo.
solo me keda una duda
por que lo poco que recordamos de ase muchos años es eso? aveces son situaciones tan simples y lo que podria ser importante lo olvidas.
y de donde proviene esa sensacion de que algunos momentos ya los habias vivido cuando apenas los estas viviendo y aveces hasta puedes asegurar que ya los viviste mas de 2 veces y decir exactamente que es lo que va a pasar
Me parece interesante el ar´ticulo por que dería bueno recoidar todo. Teamo Xiadani!!!
Muy interesante este articulo
Al artículo le faltó mencionar algunos de mnemotécnicos famosos que existen. Hubiera aportado el aspecto práctico de las técnicas del recuerdo.
ME PARECIO DEMASIADO INTERESANTE EL ARTICULO, Y AUN MAS INCREIBLE COMO LA MEMORIA AFECTA A TANTAS PERSONAS, DESDE LOS POLOS OPUESTOS, ES ALGO FASCINANTE.
Me ha encantado el articulo,no tenia idea de muchas cosas sobre la memoria, las reflexiones que me ha hecho hacer este articulo me ha gustado.
Felicidades y un gran saludo.
El artículo es en verdad interesante, me hizo pensar mucho al respecto, solo espero que no se me olvide.
Exelente la edicion del décimo aniversario de national geografic, especialmente sus articulos sobre la memoria.descifrando los cielos,y diminutas maravillas, les agradecere tratar temas sobre la evolucion del hombre y el inicio de la vida humana.
Devorando con ímpetu de caminante,fuí escalando uno a uno los “platos” del infinito menú,no dejaron de maravillarme las cifras que se atreven a desafiar cualquier concepto que tenemos los comensales de “la calle”.Deseo expresar mi todo con la palabra sencillamente ALUCINANTE !!!
Gran edicion la que los regalan este mes, numero con el cual se justifica pensar mas concretamente sobre la capacidad de retencion de los hechos vividos ya sean agradables o desagradables.
es por otra parte inquietante la titularidad de la memoria para nuesyra vida diaria y profesional, empero gran interrogante despierta si esta capacidad de memoria rebasara nuestos desceos de recordar los momento pasados.
Sin duda que existete una gran relacion entre los que quereos recordar y de los que no
queremos hacerlo, pero aun asi es interesante edentrarse en el mundo cientifico que nos dara erramientas para resolver los distintos problemas que acompañan a la Humanidad para bien de esta Especie.
Con el reportaje sobre la memoria de esta edición se llevan 100.
Me parece increible como esas partes especificas del cerebro pueden dejar almacenada tanta informacion y la forma en que la realiona con las señales provenientes de la vista. Nos muestran dos casos extremos….pero lo extraño es como “EP” era feliz sin una noción del pasado próximo y la forma en que AJ muestra principios de todo lo contrario….creo que el olvidar es parte de nosotros, de nuestra felicidad…de ser humanos.
P.D. Se lucieron con el esquema sobre el funcionamiento de la memoria.
El artículo me ha gustado mucho, realmente sentí terror de volverme como el hombre que no puede recordar nada y que se encuentra ante un oscuro abismo desconocido. Realmente horroroso.
Pero, para dejar la gravedad de lado, quiero contar que hace unos años en una reunión familiar, mi abuela nos contó que estaba asistiendo a un taller para mejorar la memoria y que era realmente bueno y sentía que recordaba más y mejor. Cuando alguien le preguntó donde quedaba el taller ella respondió: queda en la calle san rafael con, con, ehhhhhh…. no me acuerdo!
Wow que increible esta pagina ahora podremos dejar directamente los comentarios sobre los articulos que mas nos gusten, un gran avance en la comunicacion con los lectores.
Muy buen reportaje, creo que este junto a viejos reportajes como “Secretos de la Mente” y “Ultimos hallasgos sobre la quimica del AMOR” son una trilogia que nos internan en las entrañas del misterio del Cerebro y de lo importante que es. Creo que en estos 3 reportajes se ha filtreado un poco con el temas de las enfermedades mentales, me gustaria un tema completo referido a la DREPRESION uno de los males que aqueja a nuestra moderna sociedad y de como el cerebro en este caso nos hace la mala jugada.
REalmente esperaba mucho más del artículo. Se volvió un anecdotario, en vez de publicar la información más actual sobre la memoria. No despejó dudas y solo me proporcionó datos curiosos.
Ademas para contar historias personales he visto mejores que tratan el mismo tema en documentales televisivos, sobre la incapacidad de crear nuevos recuerdos entre otros.
muy interesante el articulo, pero creo que se olvidan que nuestro creador, el hacedor del cielo y la tierra JEHOVA es el que puso en nuestro cuerpo esta maravillosa maquina!!! Y queda demostrado una vez mas que la teoria de la evolucion es FALSA..
No pude dejar de leer hasta que terminé el artículo, me pareció fascinante y me hizo pensar en las falsas creencias que tenemos sobre “tener memoria”… la vida es simple pero nos gusta complicarnos, adoro sus artículos me llevan a la reflección, muchas gracias.
Interesante articulo.
DIEGO FERNANDO sobre la teoria la EVOLUCION donde dice que es falsa , lo dudo mucho , hay prueba que lo respalda pero , el creanismo no hay prueba de que se real la existencia de DIOS JEHOVA, solo unos rollos antiguos.
En mi familia una integrante tiene memoria fotografica, leyo la guia de telefonos y se la aprendio todos los numeros, puede recordar donde dejo una cuchara en un departamento que no visito desde hace diez años. Pero tambien tiene rasgos ezquizoides no tratados nunca (principios de familia que la condenaron)y provoca que sus estados de animo alteren sus recuerdos y se pierde entre las imagenes del pasado, las de su imaginacion y la realidad. A veces la falta de ayuda y el entorno en que uno se desarrolla puede hacer que las virtudes de uno se vuelvan en contra
Me conmovió el caso de HM: amnesia, epilepsia, “damaged brain”; todo esto y desde muy niño, debió ser terrible para él y para toda su familia. Que tan frágiles somos para que un golpe nos inutilice de por vida? que tan fuertes podemos llegar a ser para soportar esa carga sin darnos cuenta?
El artículo me ha encantado, pero no he podido localizar en esta página la gráfica del mapa de la memoria ya que es un esquema fabuloso. Gracias.
Hola Mauricio, puedes encontrar la gráfica en la siguiente liga: http://magma.nationalgeographic.com/ngm/2007-11/memory/brain-interactive.html
Saludos, María José
Interesante este artículo y nos recuerda cuan vulnerables somos los seres humanos.
Y me llamó la atención cuando se menciona que poco a poco estamos reemplazando nuestra memoria interna por la memoria externa que se obtiene a través de auxiliares tecnológicos… Eso me parece que tiene mucho de cierto, pues ya estamos tan acostumbrados a la tecnología que no hay necesidad de memorizar datos cotidianos, como números telefónicos, fechas importantes, etc., lo cual no es tan malo pero a la larga nos hace ser dependientes de esa memoria externa, sin la cual se nos vendría encima el mundo.
Y sobre AJ, que duro debe ser tener que recordar todo… Yo al contrario cuando quiero olvidarme de algún mal momento y de mis malas decisiones, le pido a Dios que me de amnesia en ese tema.
En fin, esperaré con ansias el siguiente número de la revista para encontrar otros artículos tan buenos como este.
Saludos,
Muy bueno el articulo. Tanto que sugiero una segunda parte con mayor profundiad en algunos aspectos. Por ejemplo, qué podemos hacer para mantener una buena memoria? Qué ejrecicios, qué alimentos, hábitos. El papel de la neurolingüística para mejorar nuestra disciplina de pensamiento y motivación me parece que es muy importante.
el tansolo pansar en que toda una vida pueda estar tal al alcance de un chispazo de conciencia deja atonito a cualquiera; me pongo a penzsar que tanto nosotros aprovechamos de ella, lo poco que para muchos es una vendicion y tanto para otros un desagradable capasidad, que nos deja en manos de la incertidumbre, al escaso, en muchos casos del desarrollo emocional y que afortunada o desafotunadanente solo son las primeras paginas de todo un libro lleno de recuerdos, triunfos y derrotas esperando simplemente que lo lean.
Felicitaciones al cientifico Joshua Foer por su articulo, y sobre todo por la forma en que fue redactado, nos da la oportunidad de entender con claridad el tema a los no conocedores de la materia; tambien porque los aportes de dichas investigaciones nos proporcionan bases de conocimiento que dejan atras especulaciones de todo tipo.
He terminado de leer el número de Noviembre y me ha impresionado el artículo sobre la memoria,consdero que nos permite comprender muchas de nustras omisiones.
Deben incidir en esos temas
julio sevilla
Me encantó el articulo, yo tenía a un familiar ( mi abuelo)que a la edad de 100 años tenía una memoría increible desde su infancia hasta la actualidad pero fallecio.
Siempre he tenido buena memoria y me reconozco un obsesivo por el tema. He soñado toda mi vida con poder reinterpretar esos recuerdos buenos que tengo, de la misma manera en que sucedieron, aunque sé que es imposible, y eso me frustra. Por otra parte, evoco el tema de la memoria histórica. Soy de Chile, país donde en una dictadura muy violenta se cercenaron los cimientos de nuestra institucionalidad y se inculcó una cultura del miedo. ¿Cómo poder recurrir a la memoria histórica sin que eso signifique necesariamente atarse al pasado y no pensar en el futuro? ¿Cómo poder conjugar ambos elementos? ¿De qué forma el fortalecimiento de la memoria histórica nos permite tener una sociedad más saludable?
Sugiero que realicen un reportaje acerca del esquema que presenta el llamado “nuevo cerebro”, que corresponde a las personas de la generación de los noventas y recientes, pues resulta evidente que la asimilación y procesamiento de información, así como la capacidad de producir ideas es distinta respecto de quienes tuvimos la fortuna de educarnos sin computadoras y sin internet, celulares, etc. Seguro que la información que proporcionen será de mucha utilidad a los docentes, pues comprenderemos qué pasa en las mentes de nuestros jóvenes alumnos, que hace difícil que aprendan por comprensión y no sólo asimilen a corto plazo por memorización. Gracias.
ME PARECE SORPRENDENTE LA PERFECCIÓN DEL CEREBRO HUMANO, LOS RECUERDOS, OLVIDOS, LOS DIVERSOS SITIOS DE ALMACENAMIENTO DE INFORMACION// LOS RECUERDOS QUE PERMANECEN EN NUESTRO CEREBRO DEBIDO A TANTA MARAVILLA Y PERFECCIÓN QUE EXISTE EN LA MAGNÍFICA MÁQUINA HUMANA.
SUGIERO HAGAN REPORTAJES ACERCA DEL CEREBRO HUMANO EN DIARIOS DE CIRCULACIÓN NACIONAL, Y ASÍ CREAR UNA MAYOR CULTURA SOBRE ESTOS TÓPICOS. (BOGOTÁ, COLOMBIA)
SALUDOS URGENTE NECESITO SABER MAS DEL PROGRAMA DONDE SE HIZO UN ESTUDIO EN 3D DE LOS MOVIMIENTOS DE LOS MUSCULOS Y/O FUERZA, EN LAS ARTES MARCIALES, SOY TECNICO ORTOPEDISTA Y DESEO SABER SI EL SOFTWARE QUE SE USO PUEDE SERVIR PARA LA ORTOPEDIA OESTUDIAR LOS MOVIMIENTOS DE LL CUERPO HUMANO, GRACIAS
SALUDOS URGENTE NECESITO SABER MAS DEL PROGRAMA DONDE SE HIZO UN ESTUDIO EN 3D DE LOS MOVIMIENTOS DE LOS MUSCULOS Y/O FUERZA, EN LAS ARTES MARCIALES, SOY TECNICO ORTOPEDISTA Y DESEO SABER SI EL SOFTWARE QUE SE USO PUEDE SERVIR PARA LA ORTOPEDIA O ESTUDIAR LOS MOVIMIENTOS DEL CUERPO HUMANO, GRACIAS.
SOY DEL PERU EN LIMA
MI TELF# 992617871
en la revista sale una dire para hacer jugar al cerebro con respecto a la memoria pero aca no la encontre la direccion… me la podrian pasar?
exelente; muchas gracias por toda esa maravillosa investigacion que realizan, para nosotros los lectores hambrientos… estos articulos y el mapa cerebral de la memoria me ayudaran a mi investigacion pedagojica. lo importante de estos articulos , es confiar en que son textos valuados cientificamente y no investigaciones empiricas..
gracias a todo el grupo humano que le mete la mecha…