Tokio

Escrito por: David Pilling el 07 de Noviembre de 2007 | 7:10 am
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Foto de JNTO

La cadencia de Tokio

Tokio es una de las ciudades más grandes y densamente pobladas del mundo, pero pocas aldeas conservan el añejo encanto del vecindario promedio de la capital japonesa, con su maraña de bicicletas, puestos que venden bloques de tofu, pescaderos, tejedores de tatami y festivales callejeros. Por todas partes se escucha el eco de la campiña que muchos residentes de Tokio abandonaron hace apenas una o dos generaciones. La carta del izakaya (bar) más modesto cambia con la temporada y las tiendas departamentales ofrecen exquisiteces regionales y artesanías locales.

A pesar de su omnipresente concreto y los dispositivos modernos, ninguna ciudad grande sigue con semejante fluidez el ritmo de la naturaleza. Este recorrido por los distritos centrales de Tsukiji y Ginza, nos permite apreciar las muchas capas del pasado de Tokio así como la aldea que se oculta en esta ciudad.

Los japoneses son amantes de la comida fresca, de preferencia cruda. El mercado Tsukiji, el mercado mayorista de pescado más grande del planeta, es la ventana de Tokio hacia el mar. Los madrugadores (o las víctimas de la diferencia de horarios) deben presentarse a las 5 de la mañana para las subastas de atún. El mercado restringe periódicamente el acceso a los turistas, pero sin duda podrá dar un vistazo a uno de los enormes pisos de subasta cubiertos de relucientes atunes negros que resuenan con campanas y peroratas de subastadores.

Aunque llegue un poco más tarde, Tsukiji ofrece un fascinante mundo de dialecto y tradición, y en los puestos hallará cerca de 400 variedades de animales marinos. A diferencia del resto de la capital, refinada y elegante, Tsukiji conserva el agreste aire mercantil de Edo, nombre que tenía la ciudad antes de la Restauración Meiji de 1868. Edo era también la sede del poder shogun y los samurai y sus daimyo (señores feudales) se congregaban en el “pueblo alto” que rodea el Castillo Edo, donde concluirá este paseo.

Regrese por Seimon, la puerta principal de Tsukiji y dé vuelta a la derecha en la avenida Shin-Ohashi hacia el mercado exterior, Jogai, adonde los residentes de Tokio van a realizar sus compras para ocasiones especiales (el recinto de Tsukiji está reservado a compradores de restaurantes de sushi, hoteles, pescaderos y demás); allí encontrará puestos de soba y tempura –y por supuesto, un sushi excelente. Mi lugar favorito es Kanno, un diminuto donburi-mono (literalmente, plato de arroz). Para llegar allí, camine por la avenida Shin-Ohashi hasta que, a su derecha, vea un exhibidor de tradicionales sandalias zori y las botas de goma que usan los comerciantes del mercado. Dé vuelta a la derecha y siga por el angosto pasadizo que está inmediatamente después del citado negocio y encontrará una fila de gente que espera una de las mejores comidas de Tokio. Para acelerar el servicio, el personal de Kanno tomará su orden mientras espera por un lugar frente al ruinoso mostrador. Pida maguro-don, rodajas frescas de atún crudo sobre una cama de arroz o sanshu-don, arroz cubierto con atún, hueva de salmón y erizo marino.

Después continúe por Shin-Ohashi hasta la amplia avenida Harumi y dé vuelta a la izquierda hasta Urikiriya, unas cuadras más adelante. Es un lugar maravilloso para admirar los variados estilos de cerámica japonesa, en su mayor parte relacionados con una región específica. No espere la tienda de cerámica más elegante de la ciudad: el lugar ofrece un montón de juegos incompletos y vasijas para uso doméstico. Pero los precios son muy accesibles y encontrará algunas piezas exquisitas.

Prosiga por la avenida Harumi hasta encontrar, al otro lado de la calle, un extravagante edificio adornado con lámparas rojas. Kabuki-za es el hogar del kabuki, teatro dramático de 400 años de antigüedad que surgió como un burlesque al aire libre. En la actualidad, todos los actores kabuki son varones (algunos de ellos especializados en papeles femeninos) y utilizan una singular estética teatral que combina danza, música con un instrumento de tres cuerdas llamado samisen y una actuación muy estilizada. Más parecido a una pintura en movimiento que a un drama occidental, el kabuki está plagado de emocionantes momentos de valentía y sentimiento, pero conserva su aire terrenal tanto en el contenido de las historias, casi siempre ambientadas en los salones de placer de Edo, como en las respuestas guturales del público. El lugar ofrece audífonos con explicaciones en inglés (imprescindibles) y las entradas se venden el mismo día de la representación.

Cruce de nuevo la avenida Harumi y camine hasta encontrar, a la derecha, el distintivo edifico Wako: tienda departamental albergada en una clásica estructura curveada de piedra blanca. Ha llegado a una de las intersecciones más bulliciosas del Ginza, lujoso distrito comercial que por las noches se ilumina con infinidad de luces neón y se transforma en un laberinto de estrechas callejas donde señoritas vestidas de kimono invitan a los hombres de negocios a beber en exclusivos clubes. Continúe hasta llegar a Akebono, diminuta y encantadora confitería japonesa. Pruebe las bolas mochi (arroz machacado) que, según la temporada, se rellenan con fresas, pasta de castañas o pasta de frijol rojo. Preparadas cada mañana, es conveniente que las consuma antes del anochecer.

Prosiga hacia la tienda departamental Hankyu e inmediatamente después de la entrada C1 de la estación Ginza, dé vuelta a la izquierda en una angosta calle bordeada de negocios de tallarines. Cuando llegue al final de la misma, siga por la derecha y pase por debajo de las vías del tren. Por la noche, el vapor de los puestos de yakitori envuelve a los parranderos que se sientan al aire libre a beber cerveza y comer pollo a la parrilla.

Los trenes interurbanos y el tren bala Shinkansen corren por arriba. Al pasar al otro lado de los rieles, diríjase a la izquierda por el callejón y dando vuelta a la derecha junto al hotel Imperial, llegará a un impresionante edificio rosado que parece un pastel. El teatro Takarazuka presenta una revista femenina que es la imagen en espejo del kabuki, donde las estrellas más famosas interpretan los papeles masculinos. Sus admiradoras hacen fila afuera para ofrecerles sus cartas y pequeños obsequios.

Camine frente al hotel Imperial (y al vecino memorial de Godzila) hasta la avenida Hibiya. Cruce la calle, dé vuelta a la derecha y continúe por el foso exterior del Palacio Imperial, antes conocido como Castillo Edo. Unos diez minutos después, justo antes de llegar al hotel Palace, dé vuelta a la izquierda y siga por el foso interior hasta Ote-mon, la gran puerta. Allí podrá disfrutar del Jardín Oriental del palacio, abierto al público todos los días excepto lunes y viernes. Asegúrese de llegar antes de las 3:30 p. m., hora en que cierran las puertas. Detrás de las murallas medievales descubrirá un mundo de serenos jardines, setos, prados y estanques.

Los jardines japoneses son hermosos paisajes de una naturaleza idealizada, donde cada rama está torcida y recortada al capricho del hombre. Son lugares maravillosos para relajarse, pero luego de un rato, comenzará a sentir la necesidad de volver al barullo de la vida y la energía de la ciudad.

(David Pilling es el jefe de la oficina de Tokio de Financial Times).

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