Riga

Escrito por: Jon Fasman el 09 de Noviembre de 2007 | 6:48 am
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Foto de Dean C.K. Cox

36 horas en Riga, Letonia

El auge de las propiedades en Riga es el motor de la economía de Letonia, una de las de mayor crecimiento en Europa, y le da el provocativo y vibrante atractivo de un milagro capitalista. Con impresionante arquitectura art decó, intensa vida nocturna y una escena gastronómica variada y creativa, la lobreguez soviética ha dado paso a un sentimiento de optimismo báltico. Además de soviéticos, Riga ha estado en manos de polacos, alemanes y suecos, y todos han dejado su huella. Pocas ciudades brindan la oportunidad de investigar los estragos y caprichos de la historia europea de una manera tan íntima como Riga.

Viernes

3 p. m.

1) Un siglo violento
Si conoce un poco la historia reciente del país aprovechará mucho mejor su visita a Riga. No hay mejor lugar para empezar que el Museo de la Revolución, construido por los soviéticos a mediados de la década de 1960 en el extremo suroeste de la Ciudad Antigua. Sin embargo, en uno de los más exquisitos actos de venganza post-independentista, Letonia transformó el recinto en el Museo de la Ocupación (Strelnieku Laukums 1; 371-721-2715; entrada gratuita). Este es uno de los museos más cuidadosamente diseñados e históricamente curados de Europa, su alcance es extraordinario e incluye de todo: uniformes letones de los partidos nazi y soviético, carteles de propaganda, juegos de ajedrez hechos con escombros y madera de los gulags, y conmovedoras notas garrapateadas que los deportados a Siberia soltaban por las ventanas de los trenes.

6 p. m.

2) El corazón del país
La Ciudad Antigua (Vecriga) es un escaparate de maravillas que es preferible explorar al azar y dejándose llevar por la mirada y el capricho. Sin embargo, si quiere empezar por un lugar bien definido, vaya a Doma Laukums (Plaza de la Catedral), justo enfrente del Museo de la Ocupación. En el centro se encuentra la enorme catedral medieval construida en 1211 por Albert von Buxhoeveden, guerrero-misionero alemán que navegó al norte para convertir a los ateos livonios. No obstante, el edificio más interesante es la Casa de los Moros (Ratslaukums 7; 371-704-4300), en el lado sur de la plaza. Construida para albergar comerciantes y marineros anseáticos solteros, el nombre deriva de su santo patrono, Mauricio, representado tradicionalmente como un moro armado. Los soviéticos acabaron de destruir este magnífico ejemplo del renacimiento gótico holandés dañado durante la Segunda Guerra Mundial (consideraban que su arquitectura teutona era excesivamente decadente), pero luego de la independencia, fue una de las primeras estructuras reconstruidas. Objeto del más profundo afecto de los habitantes de Riga, la obra se financió con donativos particulares.

8 p. m.

3) Festín caucásico
No, no se trata de emparedados de mayonesa y mortadela en pan blanco con martinis extra secos, sino una de las glorias de la herencia culinaria soviética: la bien sazonada y generosa cocina de Azerbaiján, Georgia o, en el caso de Akhtamar (Merkela Iela 9; 371-721-5032), Armenia. No se deje impresionar por la vulgar decoración étnica (paredes de ladrillo, kilims y mesas de madera) y consulte inmediatamente la carta. Los shashliks (brochetas, así llamadas por el shashki o sable en que las preparaban antiguamente) son deliciosos y están cocinados a la perfección; asimismo, la cocina caucásica deslumbra por sus cocidos de intensos sabores, sobre todo el chakhokhbili de tomate y hierbas.

11 p. m.

4) Copas y conversación
El floreciente negocio del placer en Riga se traduce en una abundancia de bares con mujeres de escasa ropa, estruendosa música y vodka servida en galones. Evite a toda costa esos lugares. Vecriga tiene una buena selección de bares irlandeses (el mejor es De Lacy’s en Skunu Iela 4), o si prefiere, termine la velada en Galerija Istaba (Krisjana Barona 31; 371-728-1141) al norte del elegante distrito del parque Vermanes. El primero piso es una galería de arte repleta de singulares creaciones de artistas locales; el segundo es un acogedor y agradable bar donde, cada noche, se da cita la elite bohemia de Riga. La decoración es apenas decente, pero el bar está bien surtido, el servicio es amistoso y la conversación siempre interesante.

Sábado

10 a. m.

5) Purifíquese
Igual que sus vecinos, los letones toman muy en serio su sauna: casi todos prefieren acelerarse el pulso corriendo del baño de vapor a la piscina helada en vez de recurrir al gimnasio; además, unas horas envuelto en toallas dentro de una habitación repleta de vapor de eucalipto es la mejor manera de sudar los excesos de la noche anterior. Las saunas de Riga son de lo más variadas, desde mugrientas chozas soviéticas sin el menor encanto hasta el hermoso y flamante Taka Spa (Kronvalda Bulvaris 3a; 371-732-3150), en cuyo centro se encuentra una amplia habitación con sauna seco, una sala de vapor más caliente de lo habitual y tres piscinas: fría, tibia y un jacuzzi. La idea es pasar de la sauna al vapor, calentar el cuerpo todo lo posible y luego meterse en el agua fría. La sensación es de veras estimulante. Saldrá sintiéndose rejuvenecido.

1 p. m.

6) De verde
Inaugurado en 1994, Osiris (Krisjana Barona 31, 371-724-3002) es una institución de Riga. Fue el primer restaurante en denunciar los crímenes soviéticos contra la ensalada: las de Osiris son generosas, frondosas y de abundantes verduras, en vez de los típicos platones llenos de mayonesa y cubos de zanahoria. El establecimiento atrae a profesionales, artistas, escritores y políticos de la ciudad; fue también uno de los primeros negocios de Riga que ofrecieron servicio a la clientela homosexual y sigue dando buena acogida a cualquiera. La carta es ecléctica y cambia diariamente; luego de la tradicional ensalada de patatas y arenque ordene el pollo kung pao o el excelente pelmeni (pequeñas albóndigas estilo ruso servidas con crema agria y vinagre). El postre especial de la casa (panqueques doblados y rellenos con enormes trozos de queso dulce casero) le dejará satisfecho varios días.

3 p. m.

7) Arte callejero
A fines del siglo XIX y principios del XX, Riga creció tanto en población como en riqueza. Lo más visible de dicho auge es su arquitectura: la ciudad alberga una de las colecciones de edificios art nouveau más grandes de Europa. Alberta Iela, al norte de Explanada y el parque Kronvalda, es la calle que mejores ejemplos ofrece de esos tesoros. Mikhail Eisenstein, padre del cineasta Sergei, diseñó varios de los edificios más sobresalientes.

5 p. m.

8) Joyas y antigüedades
Como ciudad de larga historia, cabe esperar que la piedra fina más popular sea el ámbar, el cual ha flotado hasta las costas del Báltico desde hace milenios. En aras de la conveniencia, consiga su ámbar en cualquier joyería o tienda de regalos; pero si desea algo más regional, visite los puestos que están detrás de la iglesia de San Pedro o en Valnu Iela, a espaldas del hotel Riga. Las tiendas de antigüedades le reservan tesoros más terrenales: hallará de todo, desde antiguas obras de arte hasta artefactos religiosos y chucherías soviéticas. Hay infinidad de pequeñas tiendas por toda la ciudad, pero si busca variedad, profundidad y encantadora desorganización tiene que ir a Antikvariats del Arte (Krisjana Barona 16/18; 371-2948-1568). Si prefiere los libros (casi todos en letón o ruso) visite Jumavas Antikvariats (R. Vagnera Iela 12; 371-722-7629).

8 p. m.

9) Noche estrellada
Los residentes de Riga aseguran que Vincents (Elizabetes Iela 19; 371-733-2634) es uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Martins Ritins, chef y propietario, fue el pionero de la cocina local-orgánica en Letonia (sus restaurantes han contribuido en gran medida a la supervivencia de docenas de pequeños agricultores). Sin embargo, lo más importante es que prepara platillos extraordinarios en un estilo que sólo puede describirse como franco-báltico-escandinavo; por ejemplo, su creación más famosa es una torta de patata con foie gras y anguila marinada. Además, el hombre tiene algo de exhibicionista: hace poco, durante la cena, sirvió un sorbete “instantáneo” para limpiar el paladar preparado directamente en la mesa con Bálsamo Negro de Riga (licor amargo de la región, parecido al Fernet-Branca, pero con acentos acaramelados más intensos), jugo de grosellas negras, azúcar moreno, agua de soda y nitrógeno líquido.

Domingo

11 a. m.

10) Capitalismo en acción
Su viaje a Riga estaría incompleto sin una visita el extenso Mercado Central de la fascinante, aunque sucia, zona conocida como Maskvas Forstate (Suburbio Moscú). El mercado alberga casi mil 200 vendedores distribuidos en cinco enormes hangares abovedados, así como en una red secundaria e informal de puestos montados en la periferia. Los comerciantes están más o menos organizados según los productos que ofrecen y aunque no compre algo (sería una lástima que volviera a casa sin una hogaza del maravilloso rupjmaize o pan negro letón), un simple paseo por el mercado se convierte en un carnaval de delicias. Encontrará de todo, desde queso fresco de granja hasta hierba limón y trompas de cerdo; fuera del mercado, los vendedores tratarán de seducirle con sus artículos de piel, DVDs de dudoso origen y hongos recién cosechados.

Información turística

El Europa Royale (Kr. Barona 12; 371-707-9444) es inmejorable. Justo enfrente del parque Vermanes, en una mansión industrialista renovada, el hotel ofrece cómodas habitaciones con un amistoso servicio y se encuentra a unos 10 minutos a pie de la Ciudad Antigua.

El Reval Hotel Latvija (Elizabetes Iela 55, 371-777-2222) comenzó como un hotel Intourist soviético, como constata su cuadrada estructura de 27 pisos. Sin embargo, un reciente remozamiento interior le ha infundido un aire de suntuosidad.

(Fuente: Way to Go, The New York Times)

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