Taiwán
¡Ganó un viaje a Taiwán!
Entré a un sorteo y gané un viaje para dos personas a Taiwán.
Taiwán fue el primer refugio de Chian Kai-shek y sus seguidores nacionalistas luego de escapar de la oleada comunista de Mao Zedong en 1949, época en que la soberanía del territorio era muy disputada. Taiwán es un importante partícipe en el mundo de la alta tecnología y su capital, Taipei, con una población de 2.7 millones de habitantes, afirma albergar el edificio más alto del mundo. Por otra parte, la isla reposa sobre placas tectónicas en continuo movimiento, de modo que los terremotos tienden a sacudirla de manera periódica.
¿Quién mejor como compañera de viaje que mi colega Marilyn?
Taipei: Hasta el cielo y sigue subiendo
Marilyn: Durante el vuelo de 13 horas desde Los Ángeles, me doy cuenta de que estoy ansiosa de pasar unos días en Taipei. Quiero subir en el MRT (el avanzado sistema de trenes subterráneos) y cenar en un restaurante de serpientes, donde la cena repta frente a nuestros ojos. Quiero recorrer el Museo del Palacio Nacional con sus tesoros de textiles, pinturas, cerámicas y esculturas chinas, así como la caligrafía que Chiang Kai-shek rescató antes que la Revolución Cultural pudiera destruirla. ¡Quiero que me den un masaje de reflexología! Y mi hijo de 11 años jamás me perdonaría que pasara por alto la oportunidad de subir en el ascensor más rápido del mundo en el edificio más alto del planeta.
La llamada de las 6 a. m. en el hotel está en chino, literalmente, y nuestra guía, Su-Fang aguarda en el recibidor con una amplia sonrisa. Los taiwaneses se han congregado en el Salón Memorial Doctor Sun Yat-sen, donde exhiben artefactos relacionados con el papel de este personaje como primer presidente provisional de la República de China en Taiwán. Algunas personas practican movimientos de tai chi, mientras que otras se ejercitan con espadas, banderas y varas de bambú.
Después vamos con Su-Fang a tomar el té en el apartamento de su hermana, Marjorie, quien se ha reunido con algunas amigas para la clase semanal de origami. La mesa del comedor está dispuesta con platos de pastelillos y hermosos papeles ingeniosamente plegados en forma de ranas, grullas, tortugas, dragones, peces y flores. Tras un breve recorrido en el metro MRT (rápido e inmaculado) llegamos al Salón Nacional Memorial de la Democracia de Taiwán, erigido en honor a Chiang Kai-shek. Una guía relata los logros de Chiang mientras admiramos sus negras limosinas Cadillac y la portada de la revista Time de 1938 que lo nombra, junto con su esposa (una potencia política por derecho propio), “Marido y mujer del año”. Continuamos hacia un amplio salón donde se levanta una colosal estatua de Chiang flanqueada por una guardia de honor.
Jayne: Me reúno con Marilyn y Su-Fang en el edificio más alto del mundo, Taipei 101: 508 metros de ambiciones empresariales que se elevan hacia el cielo. Diseñado para evocar un tronco de bambú, la estructura (igual que la planta) combina fuerza con flexibilidad: cosa muy conveniente si tomamos en cuenta que se levanta en suelo sísmico. Subimos en el ascensor más rápido del mundo, que se dispara de la planta baja al piso 89 en escasos 37 segundos. Apenas percibimos la velocidad.
Cañada Taroko
Jayne: Nos dirigimos al parque nacional más famoso de Taiwán, Taroko, a unas horas en auto al sur de Taipei y en el centro de la serpenteante y empinada cañada Taroko. Producto de fuerzas geológicas aún vigentes, este paisaje se formó cuando las placas tectónicas subyacentes a Taiwán chocaron entre sí y levantaron capas de roca que crearon las Montañas Centrales de Taiwán, escindidas por el río Liwu en impresionantes desfiladeros.
Marilyn: Es como si entráramos en una elaborada pintura paisajista china: un territorio vertical con capas de árboles y roca. El guía, Weiling Liu, nos recibe en el área de visitantes del parque, donde ha ordenado nuestro almuerzo. “El restaurante se especializa en comida de montaña, como trucha y jabalí, así que deben probarla”, dice.
El camino que cruza el parque es una maravilla de la ingeniería que consiste de 38 túneles y una serie de puentes. “No había mucha maquinaria pesada en aquellos días –explica Weiling–, de modo que gran parte del camino fue hecho a mano”.
Jayne: Enfilamos hacia el sendero Shakadang, el cual se extiende por una cañada lateral junto al Puente de los Cien Leones, cuyas barandillas están decoradas con pequeñas estatuas del gran felino. “Shakadang es una palabra primitiva que significa muela –comenta Weiling–. Hace referencia a los peñascos que llenan el arroyo”. Podemos verlos poco después, de color blanco lechoso, muchos de ellos como pequeños elefantes. ¡Y qué arroyo! Las azules aguas de la montaña y el blancor deslavado de las rocas se combinan en un profundo color aguamarina. Cada recodo del camino ofrece una nueva vista escénica: acantilados relucientes con agua de manantiales que escapan por las grietas; explosiones de hojas de taro, grandes como sombrillas.
Aldea Bunun
Jayne: Continuamos hacia el Valle de la Grieta Oriental, por un camino de cerradas curvas que discurre entre arrozales y conduce a la aldea Bunun. En la última década, este asentamiento indígena en las montañas se ha transformado en una comunidad que promueve el turismo sustentable.
Los miembros de la tribu descienden de los habitantes originales de Taiwán, llegados a la isla hace más de cinco mil años y que procedían del archipiélago malayo. Los bunun son uno de los 13 pueblos aborígenes actualmente reconocidos por el gobierno.
Estatuas que parecen tótems nos dan la bienvenida a la entrada de la modesta aldea de edificios bajos donde los bunun tejen textiles y tallan sillas de madera con formas humanas, característica distintiva del trabajo artesanal de esta tribu.
Nos damos prisa para ocupar nuestros lugares en un pequeño teatro al aire libre. Niños vestidos con atuendos tribales, en tonalidades rojas, azules y negras, ocupan el escenario. Mientras los tambores interpretan ritmos que evocan la música polinesia, los chicos entonan armonías de ocho partes.
Durante mucho tiempo, las tribus de Taiwán, como muchos pueblos aborígenes (que representan dos % de la población), fueron una minoría poco valorada, pero la situación está en proceso de cambio. En 1999, Taiwán fue sede de la Conferencia Internacional sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y, hoy día, las tribus hacen escuchar su voz política a través de un consejo especial.
Kenting, ciudad del surf
Jayne: En cuatro horas hemos viajado desde la aldea Bunun hasta la central del surf: el singular resort de Kenting. Nos detenemos en la calle principal frente al Hotel California, que parece un albergue juvenil. El hotel posee un cierto encanto bohemio con su gracioso recibidor que combina bar, tienda de surf y café internet.
Marilyn: Kenting tiene un paseo junto a la playa, y su calle principal se convierte en zona peatonal durante las horas del festivo mercado nocturno, donde infinidad de vendedores ofrecen cabezas de pato asadas, patas de pollo, minúsculas conchas con animales cocidos en su interior (hay que chuparlas para sacar el molusco), además de ropa, recuerdos turísticos y mucho más. Una golosina muy popular es un suave helado de vainilla revuelto con sabor de té verde.
Jayne: Quizás el principal atractivo de esta población sea el Parque Nacional Kenting, el primero de Taiwán: una colección de áreas costeras coralinas, cavernas y farallones. En el centro de visitantes del parque pudimos ver una exhibición de diapositivas de la geología regional (que incluye raros acantilados que caen a plomo y ríos de arena) y de la vida silvestre –notable por su impresionante diversidad de aves: 310 especies comparten el abarrotado espacio aéreo con unas 216 variedades de mariposas.
Luego proseguimos al parque Eluanbi, donde los caminos se abren paso entre murallas de antiguas rocas incrustadas con conchas. Este antiguo lecho marino, empujado al exterior por alguna fuerza tectónica, me recuerda que nos encontramos en una isla que experimenta, en promedio, unos 20 mil temblores de tierra cada año. No imaginaba que estábamos a punto de vivir la experiencia.
Alishan, tierra de gigantes
Marilyn: Escribo desde la ladera de Alishan, una de las cordilleras más altas de Taiwán y elemento central del Área Escénica Nacional de Alishan. Llegamos luego de un largo viaje entre suaves colinas labradas con sembradíos de té donde las mujeres, cubiertas con sombreros de bambú para protegerse del sol, recortan las hojas entre hileras de plantas. La variedad oolong, cultivada en este clima montañoso frío y húmedo, se considera el mejor té de Taiwán.
Nos hospedamos en el hotel Alishan House, amplio alberge de lujosas habitaciones e imponentes vistas de las cumbres montañosas. A mitad de la noche, desperté con una extraña sensación. Encendí la luz y vi que mi cama se movía. ¿Un terremoto? Me puse la bata y los zapatos para echar a correr, pero entonces el temblor terminó.
Me levanto temprano para unirme al recorrido de la alborada, una tradición popular. Un mar de nubes inunda el valle a nuestros pies y es una visión que atrae multitudes de turistas que, desde las 4 a. m., compiten por los mejores lugares en lo alto de la montaña. A lo lejos, las escarpadas crestas se recortan en el azul que precede al alba.
Durante el desayuno, después del espectáculo matinal, pregunto a otro huésped del hotel si sintió algo la noche anterior. “Sí, un temblor; como a medianoche”. ¡Era cierto! Había experimentado el primer terremoto de mi vida.
Jayne: El sacudimiento de tierra de Marilyn no me despertó, pero ahora estoy completamente alerta para lo que, en mi opinión, será el momento culminante del viaje: explorar los senderos de Alishan. No sólo haremos ejercicio con la caminata, sino que viajaremos en uno de los trenes de montaña más altos del mundo para conocer a los habitantes más antiguos de la Tierra: los gigantescos cipreses de Formosa (o rojos) de Taiwán, vetustos árboles que durante siglos, incluso milenios, han resistido los embates de tifones, terremotos, deslaves y la tala.
Iniciamos el camino en el centro de visitantes del parque, por debajo del hotel. Los cedros y pinos que nos rodean son muy altos, pero no representan más que un preámbulo para lo que nos espera en el Sendero del Árbol Sagrado, que rodea los 36 cipreses de Formosa que aún quedan.
El primer gigante que encontramos es un ejemplar de más de 25 metros de altura, cuyo grueso y erosionado tronco se alza cinco pisos antes de proyectar las primeras ramas. Tiene mil 500 años de edad, pero se le considera relativamente joven. El árbol más viejo del lugar germinó en la época de Cristo (pocos siglos después de la época de Confucio); su tronco tiene una altura de más de 45 metros y 12 de grosor.
El sendero nos conduce hacia las vías del tren de montaña, construido por los japoneses para acarrear madera durante la ocupación de Taiwán. Abordamos el tren, considerado uno de los mejores ferrocarriles de montaña debido a su singular recorrido en espiral, cuatro zigzag dobles, y su descenso entre impresionantes vistas y frágiles puentes que cruzan espeluznantes cañadas. Los pinos crecen en apoyaderos increíblemente empinados.
Lago Sol Luna
Marilyn: Nos encontramos en el Lago Sol Luna, el amado “paraíso de los recién casados” de Taiwán. Nos registramos en el peculiar Full House, una especie de B&B propiedad de una artista taiwanesa y su marido. Mitad chalet de bosque y mitad espacio artístico, el lugar está decorado con una interesante combinación de artesanías taiwanesas, obras europeas contemporáneas, arte africano, pinturas de nuestra anfitriona, montones de libros de arte y montañas de aromáticos pomelos.
Jayne: Tan pronto como entramos en el cuidado jardín del B&B, con sus árboles en flor y cantarinas fuentes, embellecido con animales de cerámica y trozos de madera artísticamente distribuidos, nos sumergimos en un reino aislado del mundo.
Cenamos a la luz de las velas bajo la pérgola cubierta del jardín. La propietaria, Yi-Jen Lin, nos sirve un imaginativo festín de sabrosa calabaza con melón, mango bañado en aceite de shiitake, pescado rehogado y champiñones fritos en aceite de ostión.
“Preparamos las frutas para reflejar las cuatro estaciones”, explica Yi-Jen.
“Hemos visto muchas cosas, pero también nos perdimos de mucho –musito mientras Marilyn empieza a comer el pescado–. No fuimos a la costa norte con sus aldeas de pescadores. O al bosque de bambú de Ksitou. O al parque de extracción de oro de Jinguashi. O a Gangshan y sus artesanos de bambú”.
“¿Piensas lo mismo que yo?”, pregunta Marilyn.
“Por supuesto. Tenemos que regresar. Pero no esperemos a ganar otro sorteo para volver aquí”.
Lugares mencionados
Área Escénica Nacional de Alishan
Full House Resort 8, Shueisiou St., Yuchih Township, Nantou County 555, Taiwán (R.O.C.); 49-285-0307.
Salón Nacional Memorial Dr. Sun Yat-sen
Salón Nacional Memorial de la Democracia de Taiwán 02-2343-1100-3
Para más información
Oficina de información del gobierno de Taiwán
Detalles
¿Cuándo debo visitar Taiwán?
La mejor época es de marzo a mayo y de mediados de septiembre a mediados de noviembre, cuando el clima es fresco y seco. De junio a agosto tiende a ser caluroso y encima es temporada de tifones. Las celebraciones del Año Nuevo chino, en enero y febrero, son vacaciones para los residentes y eso eleva los precios, provoca congestionamientos de tránsito y el cierre de muchos negocios.
¿Debo viajar por mi cuenta o hacerlo en grupo?
Los viajes en grupo, populares entre los taiwaneses, ofrecen buenas oportunidades de admirar los principales atractivos a quienes visitan Taiwán por primera vez. Varias agencias ofrecen paquetes por diversas regiones de la isla; consulte la lista de proveedores. Una opción un poco más costosa es alquilar un auto con chófer, para así individualizar su itinerario y realizar modificaciones de último minuto.
Se necesita más audacia para viajar por su cuenta. Sin embargo, la red de trenes y autobuses públicos de la isla tiene conexiones con sitios importantes. Además, los taiwaneses son famosos por su hospitalidad y buena disposición para ayudar a los turistas extranjeros.
(Jayne Wise es editora de Traveler. Marilyn Terrell es jefa de investigación de la revista. El editor colaborador Justin Guariglia es un entusiasta de Asia).





Excelente recorrido, la forma como nos expresan los diferentes lugares visitados, marcan un antojo por estar alli y disfrutar de tan bellos paisajes y gente.
Visitar la Isla es una gran maravilla si de viaje de placer, estudios o negocios se trata. Tuve el placer de estar en ese hermoso lugar de la Tierra por más de un mes.
Conocer a su gente, su cultura, sus tradiciones, disfrutar de su gastronomía, apreciar su trabajo artesanal, y descubrir sus diversas provincias le permiten a uno valorar el esfuerzo humano de más de 22 millones de taiwaneses, quienes han hecho de su país una gran nación.
Vale la pena viajar a la antes Isla de Formosa.