Turbinas de viento
El debate sobre los méritos de la energía eólica
La minúscula Serifos, popular destino turístico en las islas griegas, subsiste de sus hermosos paisajes de playas arenosas, viviendas cicládicas y atardeceres que fusionan el mar y el cielo en una límpida paleta de color. De allí que cuando una compañía de minas y energía presentara, a principios de año, un programa para construir 87 turbinas de viento con capacidad industrial en más de un tercio de la superficie insular, la alcaldesa de Serifos, Angeliki Synodinou, describiera la propuesta como su “peor pesadilla”. Visualizó colosales torres ensombreciendo su isla y obliterando las románticas vistas, con enormes aspas girando como un enjambre de helicópteros. El proyecto se ha detenido, y Synodinou no lo lamenta. “Nadie vendría aquí –declaró–. Nuestra isla quedaría destruida”.
Los defensores consideran que las modernas turbinas de viento no son los feroces gigantes de Don Quijote, sino elegantes símbolos de un futuro de energía limpia. Sin embargo, conforme la industria crece a la par que las presiones globales para reducir las emisiones de carbón y combatir el cambio climático, un creciente cabildo agrícola anti-eólico se moviliza en Europa, Estados Unidos y otras regiones del planeta denunciando las turbinas como un remedio antiestético, ruidoso y destructor, sobre todo en edenes pastoriles que dependen del turismo. “No son una o dos turbinas que giran majestuosas contra el cielo azul entre blancas nubes”, comenta Lisa Linowes, directora ejecutiva de Industrial Wind Action Group, grupo internacional para la defensa, sito en Nueva Hampshire y el cual se opone al uso de granjas de viento.
En Europa, donde operan 13 de los 20 mercados de energía eólica más grandes del mundo, la Unión Europea pretende reducir en 20 % las emisiones de carbón para el año 2020. De tal suerte, las turbinas se vuelven cada vez más grandes y “la población teme que un día levanten enormes parques eólicos que estorben la vista del ocaso”, apunta Catalina Robledo, analista de energía eólica europea para Emerging Energy Research, en Barcelona.
En respuesta a esos temores, los desarrolladores de parques eólicos han comenzado a sopesar el diseño de sus parques de alta productividad contra el costo de aminorar las repercusiones en el paisaje, agrega Robledo. Algunos de los críticos más acérrimos se encuentran en Gran Bretaña, hogar de más de 150 proyectos de energía eólica, donde los opositores argumentan que las turbinas de las granjas industriales son tan grandes (de 82 a 115 metros de altura) que resultan inevitablemente disruptivas. “Es imposible ignorar su presencia”, explica John Ferguson, miembro de S.O.U.L. (siglas de Save Our Unspoilt Landscape), grupo que lucha contra el proyecto de la Granja Eólica de Barmoor, que consistirá de nueve turbinas instadas en el exuberante condado de Northumberland, en el noreste de Inglaterra. Por tal razón, varios desarrolladores de granjas eólicas estudian el ejemplo de Northumberland, cuyos castillos y parques nacionales son un importante imán turístico. Ferguson argumenta que las turbinas podrían afectar sitios prehistóricos como los monolitos próximos al Muro de Adriano.
Por su parte, defensores de las granjas eólicas y líderes industriales aseguran que es posible combinar el turismo con las turbinas. Alistair Danter, simpatizante de la energía eólica que, junto con su esposa, Helen, administra las Cabañas de Autoservicio Edinbane en la isla de Skye afirma que las opciones de energía limpia, como las turbinas, respetarán el atractivo turístico de la región. Sin embargo, “persiste la idea de que la costa occidental de Escocia todavía ofrece algo auténtico y real, y la gente no quiere perder eso”, señala. Los simpatizantes escoceses presentan como argumento el caso de Kintyre Way, senda para excursionistas de 143 kilómetros al oeste de la península escocesa de Kintyre, donde han instalado las nueve turbinas del parque eólico Deucheran Hill y desde donde pueden verse algunas más –entre ellas, la granja de viento Beinn an Tuirc, desarrollada por ScottishPower en una reserva natural de gallos lira, liebres y un par de águilas doradas. “Los parques eólicos pueden ser elegantes e invitantes”, agrega Jason Ormiston, director ejecutivo de Scottish Renewables, foro de Glasgow para la energía sostenible.
No obstante, la energía eólica está mucho menos desarrollada en Grecia, donde el turismo representa alrededor de 16 % del producto interno bruto nacional. Ioannis Tsipouridis, ingeniero que dirige la Asociación de Energía Eólica Helénica, revela que la capacidad actual de energía eólica en su país es de apenas 800 megawatts, muy inferior a los totales de 2,300 megawatts en Gran Bretaña, 12,800 megawatts en España o 21,300 megawatts en Alemania.
Grecia depende en gran medida de la combustión de carbón pardo o lignito, el cual suelta grandes cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera. Según los científicos, Grecia encara serias repercusiones por el cambio climático y debe adoptar fuentes de energía renovables. Las condiciones yesqueras que contribuyeron a diseminar los incendios del Peloponeso durante el verano pasado fueron producto de la sequía y las ondas de calor que, según algunos expertos, se derivaron del cambio climático. “Si el clima griego empeora, los turistas desaparecerán y no volverán”, apunta Nikos Charalambidis, director de Greenpeace Grecia.
Tsipouridis calcula que casi la mitad de la energía eólica griega se produce en Creta y Evia, importante isla de las Espóradas que perdió grandes sectores de exuberantes bosques en los incendios de agosto, mientras que el resto se genera en el noreste de Grecia y el Peloponeso. El parque de 41 turbinas en la montaña Panachaiko, cerca de la ciudad de Patras, en el norte del Peloponeso, se ha convertido en un hito muy fotografiado, según Tsipouridis quien agrega que el ruido del parque eólico, a unos 140 metros de distancia, no es más intenso que el de una oficina normal.
Los poderosos vientos que agitan el Egeo lo convierten en importante región para la práctica de la navegación a vela, y hace que islas como Serifos sean emplazamientos muy atractivos a la inversión en energía renovable. En Skyros, isla de bajo perfil afamada por una variedad equina diminuta, la constructora EN.TE.KA se ha asociado con un monasterio local para construir entre 70 y 85 turbinas en un yermo del sur de la isla que es propiedad de la Iglesia Griega Ortodoxa. El director administrativo de EN.TE.KA, Constantinos Philippidis, informó que las turbinas podrían brindar un ingreso anual mínimo de 2.5 millones de euros (alrededor de 3.73 millones de dólares). “Esperamos convencer a la población de que las turbinas beneficiarán a la isla, en vez de perjudicarla”, concluyó.
Pero no será fácil, pues los oponentes comenzaron a manifestarse contra la propuesta granja eólica el verano pasado argumentando su fealdad y el ruido. Semejante postura irrita mucho a Tsipouridis, de la Asociación de Energía Eólica Helénica. “Vivimos en la era más contaminada de la historia de la humanidad –señala–, y no es más que absurda hipocresía perder tanto tiempo discutiendo sobre el ruido y la estética de las turbinas”.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)





SIGAMOS ESTOS EJEMPLOS Y SALVEMOS NUESTRO PLANETA PORFAVOR
SALVEMOS EL MUNDO EN EL Q VIVIMOS.
como e s posible q quejen por lo anti-estetico de un turbina y no por la terrible contaminacion q stan generando. dejen d pensar trivialidades si continuan con esa mentalidad es muy probable q dentro de poco en su horizonte no vean ni un solo amanecer o atardecer.
muy interesante eh deseo saber como construir una turbina casera para generar energia electrica a un domicilio campestre