Oaxaca
36 horas en Oaxaca, México
Oaxaca, ciudad de raíces zapotecas con sabor español en el sur de México, se caldea en un ardiente espíritu. Famoso semillero de levantamientos sociales (que incluyen la huelga magisterial masiva de 2006), la contagiosa pasión de la entidad trasciende el ámbito político y se refleja en todos sus intereses. Podrá sentirla en los bulliciosos mercados, verla en la riqueza de sus coloridas artesanías y saborearla en la especialidad culinaria: el mole. Organice su visita durante la semana de Navidad o el Festival de los Rábanos y experimentará la ciudad en todo su esplendor. Sin embargo, también encontrará muchas otras oportunidades a lo largo del año, porque Oaxaca siempre está de fiesta.
Viernes
3 p. m.
1) Una plaza dulce y picante
El corazón de Oaxaca palpita en el zócalo: umbrosa plaza central plagada de cafés donde encontrará parejas de enamorados, limpiabotas, y los infaltables manifestantes, merolicos, marimbas y tenaces vendedores ambulantes que ofrecen desde peines tallados a mano hasta hamacas. Absorba el ambiente mientras disfruta de una taza de chocolate caliente al estilo oaxaqueño –bebida dulce y condimentada que se acompaña con una suave pieza de pan para sopear. Camine por Alcalá, calle empedrada entre coloridas fachadas coloniales y siga hasta el animado mercado Juárez, el lugar ideal para probar la comida callejera más popular de la región: los chapulines (saltamontes fritos picantes).
5 p. m.
2) Ladrones de tumbas
Para adquirir perspectiva cultural, diríjase al Museo de las Culturas Oaxaqueñas (Macedonio Alcalá y Adolfo Gurrión; 951-516-2991). Situada frente al Jardín Etnobotánico, con sus interesantes exhibiciones de cactáceas, la institución ocupa la majestuosa iglesia del antiguo convento de Santo Domingo, estructura barroca del siglo XVI decorada con hermosas tallas doradas. Las galerías del museo, organizadas por grupos de interés (como música y cocina), relatan la colorida historia de las culturas indígenas. De particular atractivo son los tesoros de oro, plata y cristal exhumados de Monte Albán, milenaria ciudad en lo alto de una montaña y cuna de la civilización oaxaqueña.
8 p. m.
3) Ravioles oaxaqueños
El ambiente gastronómico, fuertemente condimentado con grandes chiles rellenos, queso blanco para fundir y espesos moles, satisface más el paladar que la vista, pero el restaurante Los Danzantes (Macedonio Alcalá 403-404; 951-501-1184) hace gala de sabor y estilo en la presentación. La cocina oaxaqueña contemporánea se sirve en el patio al aire libre abrigado entre altos muros de ladrillo y relucientes fuentes, y los ofrecimientos más notables incluyen chile relleno de pato bañado en mole, ravioles de huitlacoche en crema de flor de calabaza, o una refrescante ensalada de manzana y aguacate.
10 p. m.
4) El ritmo de una nación
La vida nocturna en esta apacible ciudad dista mucho de ser “explosiva”, pero no se lo diga a los jóvenes que atiborran el recinto de Candela (Murguía 413; 951-514-2010), donde la salsa en vivo inspira sensuales contorsiones durante toda la noche. Las mesas dispuestas en el elegante patio ofrecen descanso a quienes no tienen muchos deseos de sacudir el esqueleto.
Sábado
9:30 a. m.
5) Inmersión culinaria
Para quienes desean adquirir un conocimiento más íntimo de la comida oaxaqueña y se sienten a gusto con delantal, lo más recomendable es inscribirse en una de las numerosas clases de cocina de cuatro horas que se imparten en toda la ciudad. Una de las mejores se lleva a cabo en el pequeño B & B Casa de los Sabores (Libres 205; 951-516-5704), dictada por la amable y diestra Pilar Cabrera, quien lleva a sus discípulos a comprar los ingredientes en un pequeño mercado antes de iniciar la lección para preparar un delicioso almuerzo de cuatro platillos. O si prefiere, pase la mañana en el Mercado de Abastos, enloquecedor recinto donde los residentes realizan sus compras y los turistas escasean. Las imágenes y los aromas de ramilletes de cilantro, caña de azúcar, quesos artesanales, cerros de chiles y chocolate recién molido, son embriagadores.
Mediodía
6) A las montañas
Aunque Oaxaca tiene una elevación de 1 540 metros, Monte Albán, que domina la ciudad desde una altitud adicional de 400 metros, es el lugar perfecto para apreciarla desde las alturas. La sede montañosa de la ancestral capital zapoteca se ha transformado en una colección de herbosas plazas perfectamente cuidadas con templos de piedra, empinadas escalinatas y un pequeño museo. Para llegar, aborde el autobús turístico que sale cada hora del hotel Rivera del Ángel (F. J. Mina 518). Las florecientes campánulas que aromatizan el aire dan su nombre a Monte Albán, que significa “montaña blanca”.
3 p. m.
7) Lienzos de ensueño
Un realismo mágico y caprichoso caracteriza el vívido arte visual oaxaqueño. Al norte de la plaza principal encontrará una vibrante escena artística en lugares como Arte de Oaxaca (Murguía 105; 951-514-0910), cofundada por Rodolfo Morales, creador oaxaqueño que contribuyó a establecer un centro de arte contemporáneo en la ciudad. También vale la pena visitar la Galería Quetzalli (Constitución 104; 951-514-2606), donde muestran obras del pintor y escultor Francisco Toledo. Si busca más que paredes blancas, no se pierda las exhibiciones el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (Alcalá 202; 951-514-2228).
6 p. m.
Desahogos creativos
El Valle de Oaxaca fue un crisol del arte folclórico mexicano en el que se fundieron las tradiciones y costumbres de los pueblos mixteca y zapoteca, entre otros. En el amplio patio/galería de Casa de las Artesanías de Oaxaca (Matamoros 105; 951-516-5062) encontrará de todo, desde verde alfarería vidriada de Atzompa, hasta textiles teñidos a mano de Teotitlán y figuras de madera policromas de San Martín Tilcajete.
8 p. m.
9) En salsa
Oaxaca es la tierra de los siete moles. En el romántico patio del restaurante El Naranjo (Valerio Trujano 203; 951-514-1878) sirven una pasmosa variedad de rellenos así como un mole distinto (amarillo, rojo, rojo oscuro y verde) cada día de la semana.
10 p. m.
10) Llega la hora de cenar
Regrese al zócalo para admirar la magnífica Catedral de Oaxaca, que atrae un ininterrumpido flujo de piadosos (y curiosos) hasta bien entrada la noche. Tenga la seguridad de que topará con alguna celebración improvisada. En una reciente visita de cinco días presencié la multitudinaria procesión de un santo, una exhibición de fuegos artificiales, una animada banda y varios actos musicales: todo de manera simultánea en las cuatro esquinas de la plaza.
11 p. m.
11) De espíritu generoso
Tome una copa en la penumbra de La Cucaracha (Porfirio Díaz 310, 951-501-1636), que ofrece una amplia variedad de mezcales. O bien, acompáñela con las cadencias de El Nuevo Babel (Porfirio Díaz 224, 1521-951-142-9583), íntimo centro nocturno ambientado con jazz en vivo y música folclórica regional. Si vuelve a tener hambre, siga a la muchedumbre hasta la Cenaduría Tlayudas Libres (Libres 212), mercado de alimentos abierto hasta altas horas donde los vendedores preparan deliciosas y económicas tlayudas (grandes tortillas rellenas con queso, frijoles y salsa, dobladas a la mitad y asadas).
Domingo
9 a. m.
12) ¿Lleva ollas?
Todavía puede ir de compras, así que aborde un taxi para ir a San Bartolo Coyotepec, población situada a unos ocho kilómetros de Oaxaca y afamada por su cerámica negra. Hace tiempo una señora, llamada doña Rosa, desarrolló una técnica de bruñido para que la arcilla, que al hornearla se vuelve negra, adquiera un peculiar brillo metálico. Y aunque ahora el pueblo está lleno de imitadores, el taller más indicado para conseguir estas creaciones es el de la propia doña Rosa, hoy administrado por su hijo (Benito Juárez 24, 951-551-0011), donde todos los días hacen demostraciones de la técnica y también hay una tienda rústica que vende máscaras, figuras de armadillos y jarrones con delicados recortes.
Información turística
El taxi para grupos desde el aeropuerto es la única opción, pero en la ciudad abundan los taxis y tienen precios económicos no importa a dónde vaya.
El hotel La Provincia (Porfirio Díaz 108; 951-514-0999) ofrece 14 elegantes, aunque austeras habitaciones en torno del patio de una antigua casa colonial, y se encuentra a pocas cuadras del zócalo.
Camino Real Oaxaca (5 de Mayo 300; 951-501-6100) ocupa un majestuoso convento del siglo XVI con 91 habitaciones, imponentes patios interiores, piscina techada de agua templada y lujoso restaurante. Es el hotel más sofisticado de la ciudad.
Casa de Las Bugambilias (Reforma 402; 866-829-6778) es un B & B familiar con nueve acogedoras habitaciones en un apacible rincón de la ciudad.
(Fuente: Way to Go, The New York Times)





Oaxaca es uno de los estados ricos en cultura, gastronomía e historia de mi país.
¡ARRIBA MEXICO! JA JA JA