Venaria Reale

Escrito por: Nicole Martinelli el 24 de Diciembre de 2007 | 6:00 am
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Foto de Chris Warde-Jones

Resurge un palacio del placer

Hace unos 300 años, Venaria Reale era una enorme hacienda de placer, una joya en la corona de suntuosas residencias saboyanas que circundaban Turín. El palacio barroco, con sus establos, jardines y coto de caza (95 hectáreas), edificado por el duque Carlo Emanuele II de Saboya, eran tan magnífico que un proverbio local afirmaba que visitar Turín sin pasar por Venaria era como “ver a la madre, pero no a la hija”.

Sin embargo, durante los últimos dos siglos, la población de Venaria, situada a doce kilómetros al norte de Turín, fue testigo del continuo deterioro de la propiedad erigida, en parte, como una expresión del poderío de la Casa de Saboya. Para 1999, cuando la región del Piamonte emprendió la tarea de restauración (por un costo de 300 millones de dólares y ocho años de esfuerzo), el palacio había caído de tal forma en el abandono que incluso algunos italianos habían olvidado cómo pronunciar su nombre.

Ahora, Venaria Reale, con sus exuberantes jardines, colecciones de arte y modernos entretenimientos (algunos ideados por el cineasta británico Peter Greenaway) se ha transformado en una escala obligada para los visitantes de la región. La propiedad, que muchos comparan con Versalles, jamás estuvo abierta al turismo hasta su inauguración en octubre y, excepto por los habitantes de Turín, pocas personas la conocían.

Venaria inició su acelerada decadencia cuando la corte de Saboya abandonó la propiedad con la llegada de las tropas napoleónicas en 1798. El propio Napoleón ocupó la residencia saboyana de Stupinigi, a unos diez kilómetros al sur de Turín y convirtió Venaria en poco más que barracas, función que conservaría hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Soldados del siglo XIX erigieron andamios que usaban como tabancos; saquearon sus molduras para hacer fogatas; y mutilaron preciosos frescos. El diseño y las características originales de los jardines formales de casi 80 hectáreas, donde se levantaban un teatro permanente y un templo escalonado dedicado a Diana, diosa de la caza, fueron pisoteados a tal extremo (albergaron un escuadrón de aviones en los años cuarenta) que casi nada sobrevivió.

Aunque había perdido casi toda la ornamentación, un equipo de 800 especialistas se dio a la labor de restaurar la impresionante propiedad devolviéndole su decoración original, que incluye cerca de 139 mil 500 metros de estucado y escayola, y más de mil metros cuadrados de frescos, muchos de ellos creados por Jan Miel, pintor de la corte. Unas cuatro mil plantas han infundido nuevo verdor a la propiedad. Obras contemporáneas de Giuseppe Penone, que incluyen un estanque donde aparece y desaparece un patrón de huellas, complementa los lechos de flores y una pérgola de rosas con bancos.

Hoy día, al llegar al frente de Venaria Reale procedente de la zona peatonal (plagada de tiendas) de Via Mensa, el visitante puede experimentar el impacto de la antigua ambición saboyana. Una torre de reloj, de casi 20 metros de altura y salpicada con cuernos de alce como trofeos de caza, solía recibir a los visitantes de la propiedad. Recién pintada de blanco, dicha torre ha vuelto a ser el impresionante centinela de la entrada. Detrás de ella y apenas visible se encuentra el también blanco albergue de caza original, llamado Palacio de Diana. No obstante lucir casi como nuevos, los restauradores tuvieron mucho cuidado de respetar las huellas de la historia en los edificios, incluyendo la irregular unión entre el palacio de caza original del siglo XVII y la adición que se hizo en el siglo XVIII.

Los jardines ofrecen una singular combinación de amplias vistas e idiosincrasia barroca. Anchos bulevares se extienden hacia las faldas de los Alpes Marítimos, mientras que los restos del teatro seudo-helenista de Hércules se conectan con los cimientos del Templo de Diana mediante un angosto cordón umbilical de agua bordeado de álamos.

Según Alberto Vanelli, director regional de valores culturales del Piamonte, el proceso de restauración debió superar dos importantes desafíos: aprovechar las 50 habitaciones vacías del complejo, denominado reggia en italiano (en vez de sólo llenarlas con objetos de época, pues la intención era brindar al visitante una auténtica sensación histórica) y transformar la hacienda en un centro artístico con áreas para exhibiciones, conciertos y representaciones. A tal fin, la iglesia de Sant’Uberto, albergada en la propiedad, hace las veces de auditorio para una serie de conciertos barrocos que se llevan a cabo todos los viernes hasta febrero; de junio a septiembre, los conciertos y las representaciones de teatro y danza se realizan al aire libre.

Además, Vanelli solicitó la colaboración de Peter Greenaway, famoso por su suntuoso tratamiento cinematográfico de la arquitectura y los atuendos de época, para evocar el espíritu de la corte de Saboya. El nombre del proyecto, “Repoblar el Palacio”, no pudo ser más adecuado: Greenaway escribió y dirigió más de 200 escenas históricas con actores italianos en trajes del siglo XVII, rodándolas en vídeo de alta definición para proyectar vistas, sonidos e imágenes en las blancas paredes o en pantallas transparentes. Así, por ejemplo, en la enorme cocina antigua del Palacio de Diana los cocineros se quejan de los caprichos de sus amos mientras que, en el piso superior, los miembros de la corte se aprestan para salir de cacería.

Los visitantes del palacio también podrán admirar la exhibición: “Reggia de Venaria y los Saboya: Arte, Magnificencia e Historia de una corte europea” (hasta el 30 de marzo). La muestra de más de 400 obras que incluyen retratos de Guido Reni y Anthony Van Dyck es una esclarecedora lección de la historia de esta dinastía, cuya ascendencia, mediante matrimonios y guerras, abarca desde duques hasta monarcas y se extiende del siglo XVI a fines del siglo XVIII.

Los visitantes modernos encontrarán un poco perturbadora la incesante y a veces gozosa celebración del sangriento deporte favorito del duque Carlo Emanuele, mas no hay que olvidar que el nombre de Venaria deriva del vocablo latino venatio, que designa la caza. El Palacio de Diana está decorado con cordones de estuco que representan animales muertos y los jardines están podados para evocar cuernos de caza. La mirada vuela sin querer hacia los angustiados ciervos y los arcos asesinos retratados en los frescos de techos y paredes. Pero al final de la visita, el arquitecto barroco Filippo Juvarra nos regala un respiro en la espaciosa Galleria Grande y la iglesia de Sant’Uberto, con su caprichosa cúpula al trompe l’oeil.

Gran parte del crédito de la restauración de la propiedad pertenece a un pequeño grupo de esforzados residentes que se negaron a dejar morir los edificios. Algunos vieron saqueadores que transportaban en carretas los últimos muebles del palacio tras la rendición de las tropas italianas, en 1943 y en los años cincuenta presenciaron la construcción de improvisadas barriadas en la propiedad, ocupada por obreros fabriles itinerantes. Los funcionarios de Venaria incluso se plantearon la posibilidad de derribar las construcciones para edificar viviendas públicas. Cuando finalmente se obtuvieron los fondos estatales para realizar reparaciones de emergencia en 1984, los árboles crecían en los techos del palacio y vagabundos compartían los corredores repletos de basura con colonias de murciélagos. El alcalde de la población, Nicola Pollari, todavía recuerda una expedición de su grupo de niños exploradores en la “selva” de Venaria.

Trabajadores voluntarios recuperaron algo de terreno en la década de 1960 y empezaron a ofrecer recorridos, sobre todo para residentes de la ciudad, por la parte sur de Venaria. De estos esfuerzos surgió la actual asociación de conservación A.V.T.A (Associazione Venariese Tutela Ambiente o Asociación para la Protección del Ambiente de Venaria). La situación comenzó a cambiar en 1997, cuando la derruida propiedad ingresó en la lista de Patrimonio de la Humanidad de UNESCO junto con Stupinigi y el Palazzo Reale de Turín. En 1999 una conjunción de fuerzas políticas regionales, nacionales y europeas, pocas veces vista, comenzó a proporcionar financiamiento.

Ahora, Pollari está preparando su ciudad para la inminente condición de celebridad, para lo cual ha mudado el campo de fútbol municipal de los terrenos de Venaria Reale y creado una zona peatonal que hará las veces de antecámara para conducir a los visitantes hasta la entrada de Venaria. Sólo en las primeras seis semanas, 120 mil personas habían presentado sus respetos a esta joya de la antigua corona de Saboya.

Puede adquirir las entradas en la oficina de boletos de Venaria, Via Mensa 34. Para información de conciertos y representaciones, visite su sitio web.

(Fuente: Way to Go, The New York Times)

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