Guerreros del hielo
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Foto de Tommy Heinrich
Dariusz Zaluski bordea una caída de 1 500 metros. Al llegar el invierno, los polacos se
apoderan del Himalaya, con los primeros ascensos invernales de ocho de las 14 montañas
más altas del mundo.
Frío entumecedor, ventarrones, avalanchas, quemaduras por congelación. ¿por qué arriesgar el cuello en Nanga Parbat, en Pakistán, a mitad del invierno? pregúnteselo a los alpinistas polacos.
HACE UN FRÍO INDESCRIPTIBLE. Un frío tan espantoso, que incluso en el estado de embotamiento en el que se encuentran, los dos montañistas polacos lo reconocen como lo que es: el ángel de la muerte. Ha envuelto sus agotados cuerpos en sus heladas alas y se alimenta de ellos mientras sigan con vida, royendo sus dedos entumecidos y las puntas congeladas de sus pies, carcomiendo sus pálidas mejillas y sus narices endurecidas.
Es el 12 de enero de 2007, pleno invierno en la cordillera de Karakoram en Pakistán. Darek Zaluski y Jacek Jawien se acurrucan dentro de su tienda a 6 750 metros en la cuesta suroeste de Nanga Parbat, la novena montaña más alta del mundo. Todo está totalmente congelado –botas, calcetines, protector solar, botellas de agua–, como si fueran los restos de una espantosa era glacial. Sacan unas baterías de su ropa interior, se las ponen a tientas al radio y llaman al Campamento Base. El viento ruge, la nieve azota su tienda de nailon. Sólo pueden entenderse unas cuantas palabras desesperadas.
“¡Wiatr… wiatr!”
El viento, el viento, como si fueran sus últimas palabras. Pero Zaluski y Jawien no se están muriendo. Por increíble que parezca, están tratando de decidir si siguen subiendo o si bajan. Llevan dos días sin dormir. El día anterior llegaron al Campamento 3, ubicado en la cresta, y pasaron la noche acurrucados en el interior de su tienda, agarrados a los postes para impedir que el viento los rompiera. La temperatura es de 40 °C bajo cero, con ráfagas de viento de 95 kilómetros por hora. Se han puesto toda la ropa que tienen: capas de tela polar, ropa interior, guantes dentro de los mitones, capuchas y pasamontañas. La piel expuesta se quema rápidamente. Se han envuelto como capullos en sus gruesas bolsas de dormir, pero aun así siguen temblando sin control, arrastran las palabras al hablar y su cuerpo se sacude. En medio de esta escena de desgracia, entienden y aceptan la situación. Después de todo, son polacos y esta es una ocupación típicamente polaca: montañistas de altura invernales.
Zaluski, de 47 años, y Jawien, de 30, son alpinistas veteranos del Himalaya. Llevan 35 días en la montaña. Grandes patrocinadores han pagado mucho dinero por verlos triunfar. Varios sitios en la red informan sus progresos. Polonia observa. Sus camaradas observan. Pero también lo hacen la esposa de Zaluski y sus dos hijas adolescentes en Varsovia, al igual que la esposa de Jawien, en Tychy, que acuna a su hija de ocho meses de edad.
Si bajan, saben que no tendrán la fuerza para volver a subir. Si bajan, quizá ningún otro miembro del equipo tenga la determinación de subir hasta esta altura. Podría ser el fin de la expedición. Pero seguir subiendo es imposible. Seguir subiendo es una sentencia de muerte. Incluso si bajan, quizá no sobrevivan. Toman una decisión.
Vestidos con trajes rojos de astronauta, salen arrastrándose de la ondeante tienda hacia el torbellino. Cegados por la nieve que golpea sus goggles como balas, tirados de rodillas por el viento, alcanzan una cuerda que está dando latigazos en el aire, y empiezan el descenso.
NANGA PARBAT, la “montaña desnuda”, es uno de los premios más codiciados por los montañistas invernales polacos. Cuatro equipos anteriores de Polonia han intentado escalarla, y todos han fracasado.
Separado del resto del Karakoram por el río Indo, Nanga Parbat es una pirámide aislada en el extremo occidental del Himalaya. Fue la primera cumbre de 8 000 metros que intentó escalar, en 1895, el inglés A. F. Mummery y, como si quisiera advertir al mundo, la montaña mató en breve a Mummery y a sus dos cargadores de altura. Veintiocho personas más murieron en cuatro infructuosas expediciones antes de que el austriaco Hermann Buhl lograra alcanzar la cima en 1953.
Los montañistas polacos habrían dado lo que fuera, incluso probablemente sus extremidades y hasta sus vidas, por haber participado en el primer ascenso de Nanga Parbat. Después de la Primera Guerra Mundial, Polonia se estaba recuperando de la pérdida de más de un millón de personas. Durante los cuarenta, gran parte de la Segunda Guerra Mundial se peleó en suelo polaco, de modo que pereció una quinta parte de su población (casi seis millones de personas, la mitad de ellas, judíos). Cuando comenzó la Guerra Fría, los intelectuales, activistas y cualquier otro que tuviera una opinión distinta fueron reprimidos por la opresión soviética. No fue sino hasta el surgimiento de Lech Walesa y el sindicato de Solidaridad de los astilleros Lenin, de Gdansk en 1981, cuando empezaron a aparecer grietas en la pétrea estructura del comunismo.
Este periodo prolongado de sufrimiento dejó huella en el alma de la nación, y sólo constituyó el último capítulo de una historia de pesares. Como pueblo, los polacos habían aprendido desde hacía mucho tiempo a resistir circunstancias terribles y a reconocer que los héroes que luchan y pierden también son héroes. Por lo menos cinco veces durante el pasado milenio, los conquistadores habían borrado el país del mapa de Europa, intentando destruir su memoria. Sin embargo, de alguna manera, la identidad polaca había sobrevivido.
El mismo ánimo desvalido guió a los montañistas polacos que, en el transcurso de la época comunista, tuvieron prohibido participar en expediciones a las cordilleras del Himalaya y de Karakoram, perdiéndose así los primeros ascensos a todas las cumbres altas, desde el monte Everest y Nanga Parbat, en 1953, hasta Xixabangma Feng (Shisha Pangma), de 8 012 metros en China, en 1964. En su lugar, concentraron su frustración en las cimas de su propio territorio, las pequeñas montañas Tatras.
El monte Rysy, la cumbre más alta de Polonia, apenas alcanza los 2 500 metros de altura. Las Tatras no tienen glaciares o nieve durante todo el año. Pero el montañismo invernal, que implica más dolor y sufrimiento que el alpinismo de verano –hipotermia, quemaduras por frío, avalanchas–, se convirtió en una obsesión para los polacos.
Uno de los primeros practicantes del montañismo invernal polaco fue un geofísico alto y de nariz pronunciada llamado Andrzej Zawada. En 1959, completó el primer encadenamiento de las Tatras, subiendo más de un centenar de cumbres y peñas en 19 días nevados de ascenso continuo. Apuesto y carismático, se convirtió en el impulsor del montañismo invernal más visible y visionario de Polonia. “Dime lo que has hecho en Kazalnica en invierno y te diré cuánto vales”, acostumbraba decir a otros alpinistas.
En 1973, cuando la Cortina de Hierro empezaba a agrietarse, se le permitió a Zawada visitar Afganistán, donde llevó a cabo el primer ascenso invernal a una cumbre de 7 000 metros, alcanzando la cima de 7 492 metros del Noshaq. El siguiente invierno, Zawada escaló arriba de los 8 000 metros en Lhotse con Zygmunt Heinrich, convirtiéndose así en el primero en alcanzar la “zona de muerte” en invierno. Hacia finales de los setenta, Zawada se atrevió a sugerir que incluso el Everest podía escalarse en invierno.
Zawada convenció al gobierno de Nepal para que le expidieran un permiso para intentar subir al Everest en el invierno de 1979. Fue el primer permiso invernal otorgado y creó de facto una nueva temporada oficial de montañismo en el Himalaya. Muchos alpinistas todavía pensaban que el montañismo de altura en invierno era suicida. Pero Zawada sabía algo que ellos no: los polacos se habían entrenado para eso durante dos generaciones. Por carácter, deseo y experiencia, los escaladores polacos estaban acostumbrados al frío, al viento, a la oscuridad y al peligro. El 17 de febrero de 1980, Leszek Cichy y Krzysztof Wielicki llegaron a la cumbre del Everest, el primer ascenso invernal de un ochomil.
12 DE DICIEMBRE DE 2006. Wielicki regresa al Himalaya, encabezando el asalto a Nanga Parbat. Alpinistas y cargadores suben equipo desde el Campamento Base, establecido en nieve profunda junto a un arroyo helado. Wielicki está sorbiendo un humeante tazón de callos, cuando el radio suena. Levanta el receptor y responde.
Hubo un accidente, una avalancha. Hassan Sadpara, un experimentado cargador de alta montaña, resultó herido. Wielicki mueve la cabeza con seriedad. Ha visto morir a mucha gente en las montañas; y ha perdido a una docena de amigos. Pregunta con calma qué tan mal está y se ve visiblemente aliviado cuando oye que sólo se lastimó el hombro. Wielicki les indica a sus compañeros que bajen a Sadpara al Campamento Base tan rápido como sea posible.
Veterano de 37 expediciones a Asia, Wielicki fue la quinta persona en alcanzar las cimas de los 14 ochomiles. Además del Everest, realizó los primeros ascensos invernales de Kanchenjunga y Lhotse. Wielicki es uno de los montañistas del Himalaya más exitosos del mundo.
Reunió un equipo sin par de nueve alpinistas para esta expedición (“Estoy buscando a los luchadores”, dijo). Están la vieja guardia –Wielicki (57 años), Krzysztof Tarasewicz (55), Jan Szulc (50), Jacek Berbeka (47), Dariusz Zaluski y Artur Hajzer (44)– y la artillería joven –Jacek Jawien, Robert Szymczak (29) y Przemyslaw Lozinski (35). Wielicki dice que está tratando de “contagiar” a la nueva generación de alpinistas polacos con el “gozo por el sufrimiento positivo, porque si algo resulta fácil, no lo disfrutas realmente”.
Los polacos están intentando subir el flanco izquierdo de la cara Rupal por la ruta Schell de 1976, que asciende por una cresta dentada con fieros gendarmes pétreos separados por empinadas secciones de hielo. Su plan requiere cuatro campamentos, quizá un vivac antes de intentar llegar a la cima, y unos tres kilómetros de cuerda fija. Pero sólo después de cinco días en la montaña, ya hay problemas. El día que llegaron, cayeron 30 centímetros de nieve y desde entonces se la han pasado sorteando avalanchas. “El invierno suele ser una época segura para escalar –dice
Wielicki–. Pero los Karakoram son diferentes al Himalaya. Más fríos, más ventosos y más húmedos”. También se han dado cuenta de que su Campamento Base, a los pies de la inmensa cara Rupal, está demasiado abajo –a apenas 3 535 metros– lo que significa que el equipo se enfrenta a un ascenso de unos 4 500 metros para llegar a la cima, una distancia casi imposible en verano, no digamos en invierno.
Pese a estas dificultades, la expedición se mueve rápidamente durante los primeros 10 días. Esquivando avalanchas, el 11 de diciembre instalan su Campamento Base de Avanzada a 4 519 metros, protegido bajo una saliente rocosa. El 12 de diciembre establecen el Campamento 1 en una cresta a 5 070 metros. El clima está fresco, 25 °C bajo cero por la noche, “pero para los polacos, es bastante controlable”, dice Jawien. Los ánimos están altos, se siente la energía en el aire gélido. No importan las avalanchas, el frío ni el largo ascenso, la antigua audacia polaca está de regreso.
LOS OCHENTA llegaron a ser, a fin de cuentas, años dorados para los alpinistas polacos. Tras su primer ascenso invernal al Everest en 1980, los escaladores polacos se convirtieron en héroes nacionales. Zawada recibió incluso una carta del papa Juan Pablo II, el primero y el único papa polaco hasta ahora. La industria estatal les pagó generosamente a los mejores montañistas invernales para pintar las chimeneas de sus fábricas contaminantes. Tanto los alpinistas como sus clubes fueron subsidiados como atletas profesionales, al igual que otros atletas del bloque oriental de esa época. Y actuaban como profesionales. “En ese entonces teníamos hambre, hambre de escribir nuestra propia historia”, dijo Wielicki. Para lograrlo, tenían que hacer algo que nadie más hubiera hecho nunca. “Nadie había escalado el Himalaya en invierno –dijo–. Pero los polacos conocen el frío. El frío nos vuelve más creativos. Un ascenso invernal al Everest en 1980 fue el comienzo, el primer capítulo”.
En el invierno de 1986, Wielicki y Jerzy Kukuczka escalaron el Kanchenjunga (8 598 metros). Este último es un alpinista serio, considerado con frecuencia el más grande montañista de altura de todos los tiempos. Descrito como un “rinoceronte psicológico”, inigualado en su capacidad de sufrimiento, Kukuczka fue el segundo en escalar los 14 ochomiles, pero subió 10 de ellos por rutas nuevas y cuatro en invierno. En febrero de 1987, Kukuczka y Artur Hajzer conquistaron la cima de la cadena Annapurna (8 078 metros) y Wielicki subió solo el Lhotse el 31 de diciembre de 1988.
En sólo ocho años, los polacos habían conquistado siete primeros ascensos invernales de ochomiles. Fueron llamados los Guerreros del Hielo, una nueva raza de montañistas extremos. “Entonces, repentinamente en 1989, todo se derrumbó –dijo Artur Hajzer, uno de los Guerreros del Hielo ahora barbicano–. Oigan, yo fui uno de los que salieron a marchar en las calles. Yo luché por la caída del comunismo, pero cuando llegó el fin, también se terminó nuestra forma de vida”.
Lo que resultó más irónico de lo que parecía, reveló Hajzer. Pintar las chimeneas subsidió las expediciones polacas en los ochenta, pero el dinero no era suficiente para mantener también a las familias de los escaladores. Así que los mejores montañistas polacos se convirtieron en expertos contrabandistas. Compraban productos polacos baratos –chaquetas con forro de pluma, tiendas de acampar, colchones, zapatos–, contrataban camiones o incluso aviones para transportarlos a Nepal, donde vendían la mercancía en el mercado negro durante las expediciones. “En los ochenta, el ingreso promedio en Polonia era de 10 o 15 dólares al mes –dijo Hajzer–. Al contrabandear productos polacos a Nepal, ganábamos miles. Los escaladores y los clubes de montañismo tenían un ingreso enorme. ¡Todos querían ser montañistas!”.
Cuando finalmente se desintegró el Estado comunista, lo mismo pasó con toda la brillante vida que los alpinistas polacos habían imaginado. “Si no hay dinero, no hay posibilidades”, dijo Hajzer. Ni expediciones al Himalaya. No se volvió a escalar ningún ochomil en invierno durante 17 años (hasta el ascenso invernal del Xixabangma en 2005, encabezado por Jan Szulc). Y ningún equipo de alpinistas de otra nación o multinacional se ofreció a llenar ese vacío. Los ascensos invernales al Himalaya eran asunto de polacos.
Tomó más de una década para que Polonia nivelara su economía. Para entonces, los caballeros de la mesa redonda polaca eran abuelos. Hajzer había fundado una empresa de equipo para montañismo. Wielicki había iniciado un negocio de importaciones. Los jóvenes escaladores polacos podían escalar donde quisieran. Podían ir a España o a Grecia y escalar bajo el Sol. Sin embargo, todos los ochomiles de Pakistán –K2, Broad Peak, Nanga Parbat, Gasherbrum I y II– y Makalu en la frontera entre China y Nepal todavía esperaban un ascenso invernal.
En 2002, Krzysztof Wielicki entregó un Manifiesto de Invierno a la Asociación Alpina Polaca. Era un llamado a la acción. La mitad de los ochomiles había sido escalada por polacos. Faltaba la otra mitad. Había llegado la hora de que una nueva generación la terminara. “Pueden contar con mi generación, con nuestra ayuda y experiencia, incluso con nuestra participación activa. ¡La decisión es suya!”.
18 DE DICIEMBRE DE 2006. Cuanto más alto se mueve el equipo en la montaña, más peligroso se vuelve. Hajzer, Jawien y Zaluski pasan tres días luchando contra el viento y el frío para fijar líneas en un largo y empinado trecho de hielo arriba del Campamento 1. Finalmente, fijaron más de 1 800 metros de cuerda, desde los 5 000 hasta los 5 800 metros. Es un esfuerzo heroico y regresan exhaustos al Campamento Base.
Wielicki y Robert Szymczak, el médico del equipo, son los siguientes en subir. Deben extender las líneas otros 300 metros e instalar el Campamento 2 a unos 6 100 metros. El día 19, arriba de las líneas fijadas, encuentran una torre rocosa en la cresta nevada, pero en vez de tomarse el tiempo para buscar una manera más fácil de rodearla, Wielicki intrépidamente tira una línea por el centro. Esto es clásico de Wielicki: escoger el camino difícil. Es peligroso escalar en roca mala.
Ocasionalmente clava pitones, pero la mayoría de las veces sólo asciende más y más arriba. La roca es tan inestable que Szymczak debe esconderse detrás de los crestones para evitar que lo maten las piedras que caen tras Wielicki.
El anochecer obliga a Wielicki y a Szymczak a instalar un vivac cerca de la cima de la torre, a sólo 5 950 metros. Están a 30 °C bajo cero. Escarban un rellano en la nieve angulada, pasan una noche miserable y descienden al siguiente día terriblemente fatigados.
El resto del equipo se desconcierta por la ruta elegida por Wielicki. A pesar de que el Campamento 2 por fin se instala a 6 100 metros en una grieta peligrosa justo arriba del “espolón de Wielicki”, este es demasiado técnico y empinado para los cargadores, que dejan caer su carga en la base y bajan corriendo la montaña. Subir tiendas, bolsas, cuerda, comida y combustible el corto trecho del espolón de Wielicki desgastó al equipo. Krzysztof Tarasewicz es alcanzado por una piedra que cae y le destroza un dedo. Se pierden casi dos semanas subiendo y bajando esta pequeña torre rocosa.
Finalmente, el 1 de enero, Hajzer, Jawien y Zaluski descubren una sencilla desviación alrededor del espolón de Wielicki. Pero ya se ha perdido tiempo, energía y entusiasmo valiosos e irrecuperables. El propio Wielicki dijo que el equipo necesitaba alcanzar la cumbre antes de mediados de enero, cuando los vientos invernales se vuelven tan feroces que es imposible continuar.
Su negra predicción empieza a cumplirse. Instalar el Campamento 3 se convierte en una lucha épica contra el viento. Se requiere otra semana y tres intentos antes de que el equipo finalmente instale el Campamento 3 a 6 750 metros, abriendo una pequeña zanja para una sola tienda en nieve tan dura como el concreto.
Al regreso, en el Campamento Base hay un zumbido en el aire: el profundo rugido del viento que viene de la cumbre. El lento progreso, el frío y la tensión demoledores han empezado a deshacer la cohesión necesaria del equipo. Los montañistas toman partido unos contra otros; hay acusaciones y murmuraciones.
En un intento por salvar la expedición, Wielicki ejecuta un plan desesperado, aun cuando el Campamento 4, el campamento de altura, no se ha establecido, y armar un vivac en la cumbre es una muerte segura. Zaluski y Jawien subirán al Campamento 3; él y Hajzer irán al 2, luego al que sigue. Szymczak y Lozinski esperarán en el Campamento Base. Quizá, de algún modo, Zaluski y Jawien puedan instalar el Campamento 4. Tal vez alguien, de alguna manera, alcance la cima.
Zaluski lo sabe muy bien. Este será su quinto viaje a la montaña. Él y Jawien son sólo esqueletos de los hombres que eran hace un mes. Caminando con dificultad como soldados cansados, salen del Campamento Base, y suben a librar una última batalla con el frío y el viento. Zaluski es totalmente consciente de la insensatez de su misión, pero aun así, va.
Tres días después, el 14 de enero, termina la quinta expedición invernal polaca a Nanga Parbat, pero no la historia del montañismo polaco.
Antes de que el equipo vuelva a casa, ya están planeando regresar al Himalaya. Hajzer y Wielicki están pensando en el Broad Peak. Jacek Berbeka quiere intentar de nuevo Nanga Parbat. Zaluski tiene esperanzas para el K2, Tarasewicz para Makalu. Jawien, Szymczak y Lozinski quieren reunirse con Hajzer en el Gasherbrum I o II. La vieja guardia está haciendo planes y soñando con la artillería joven, como en los viejos tiempos.
En esta historia de montañas y hombres, invierno y fuerza de voluntad, sufrimiento y supervivencia, ya se han escrito ocho capítulos. Sólo faltan seis, y no cabe duda de que los polacos los escribirán. ¿Quién más podría? ¿Qué pasaría si los polacos conquistaran cada uno de los ochomiles en invierno?, había declarado Wielicki en su Manifiesto de Invierno. “¿No sería maravilloso? ¿Pueden imaginárselo? Inscribamos para siempre el nombre de los Guerreros del Hielo en la historia del montañismo del Himalaya”.
Ya lo está.
Recorra una de las montañas más altas del mundo mediante una entrevista con el fotógrafo Tommy Heinrich





Hola, soy un costarricense de 58 años de edad, aquí nuestra montaña más alta es de 3350 msm y con vegetación llamada el cerro Chirripo. He estado en el Aconcagua 2 veces; en la primera logré llegar a Berlín, fue en el 2003. la primera vez a 6000 msm con un frío de menos 20 grados bajo cero; fue empenzado diciembre.
En el 2005 volví con un grupo de amigos de mi país, gran error; logré llegar a 6100 msm, pero mis manos se quisieron congelar; estuvimos a 25 gardos bajo cero. Mi sueñ: hacer al menos el Aconcagua cuando cumpla 60 años. No tengo dónde entrenar altura y condiciones como las de los INCREÍBLES hombres polacos.
Me deleito leyendo todo este tipo de aventuras. Posiblemente ya nunca pueda conocer los Himalayas, otro sueño frustrado, pero tengan la seguridad que si el destino me lo permite, lucharía por llegar lo más alto posible y bajo cualquier condición.
ADELANTE, COMPAÑEROS, QUE EL AÑO 2008 LLENE DE MUCHOS ÉXITOS SUS VIDAS, Y a Nat Geo, sigan ofreciendo este deleite de lectura.
HOLA. HE TENIDO MUCHAS EXPERIENCIAS COMO MONTAÑISTA EN MÉXICO, YA QUE ES UNA GRAN ESCUELA PARA EL MONTAÑISMO, COMO ALTA MONTAÑA, MEDIA MONTAÑA, SENDERISMO, ESCALADA, ESPELEOLOGÍA, ETC.
Feliz año 2008 para todos los montañistas latinoamericanos, que este tipo de relatos sean o sirvan de inspiración para nuestros ascensos y para nuestras jornadas de aventura en las alturas de nuestro continente o en el mundo.
Ánimo y fuerza para seguir entrenando durante este año con los mejores logros para cada uno de nosotros.
Felicidades…
Otra historia de hombres con sueños que desafían la imaginación. Después de leer la historia de Reinhold Messner, considerado el mejor alpisnista del mundo y que fue capaz de escalar El Everest solo y sin oxígeno, las historias de alpinismo me entregan totalmente a la admiración de la naturaleza de estas poderosas montañas y la vida de estos hombres conscientes de poder morir con tal de vivir su pasión.
Les recomiendo el artículo “Venciendo lo imposible”, escrito por Caroline Alexander, sobre la vida de Messner, es igualmente impresionante.
HOLA A TODOS LOS AMANTES DE ESTE FANTÁSTICO DEPORTE QUE ES EL ALPINISMO.
ESTE ARTÍCULO ES MUCHO MÁS QUE UNA SIMPLE LECTURA, ES UN LLAMADO A SUPERAR TODAS LAS PRUEBAS A PESAR DE LAS DIFICULTADES QUE TENGAS EN EL CAMINO. MIS FELICIDADES POR TAN BUEN ARTÍCULO. RAFAEL
Feliz 2008, simplemente dar las gracias por su artículo y transmitir el vivir en otros seres humanos los sueños y no sólo soñar la vida.
Inspiración y convición son necesarios; soy un montañista novato chileno (24) que vive en cada paso de esta expedición tratando de contemplar y disfrutar la maravila de lo creado y todo lo que esto implica, buscando por medio de este “deporte” mis anhelos y pasiones como persona.
Lecturas como estas colman el motor de latidos y emociones dando razones que sobran para seguir por los derroteros andinos y, por qué no… por los Himalayas. Es sólo cuestión de tiempo.
Carpe Diem
Cougar
Lo he leído el artículo con mucha espectativa, los montañistas o alpinistas en el mundo, sabemos que estamos para eso, que quiero decir que somos capaces de vencernos a nosotros mismos, no a las montañas, ellas siempre estarán ahí.
Qué bueno leer sobre las expediciones y notas de la montaña. En algún momento les estaré enviado artículos y vivencias de las escaladas en el Ecuador. Mi correo pena_fausto@hotmail.com
La inmensa belleza del Himalaya, maravilla de la naturaleza. Lo visité pero no soy alpinista. Magnifíco artículo. Gracias.
Siempre que veo fotos/relatos acerca de montañas, una profunda emoción me embarga, sobre todo del Himalaya, y nada menos que del Nanga Parbat.
Si esta es la pared Rupal, imagino lo que debe ser la del Diamir, fascinante.
Tommy, te felicito, como andinista admiro lo que hacés y ¡¡¡cómo lo hacés!!!
Desde chico, los Himalayas han calado hondo en mi ser. Espero cumplir mi sueño.
Un gran abrazo.
Jorge Alessi
ASÍ TIENEN QUE HACER MÁS REPORTAJES DE ESTOS, SOBRE TODO DE ESCALADA Y MONTAÑISMO.
Srs. NG:
En la nota de tapa del mes de enero, ustedes invitan al final del texto: “Recorra una de las montañas más altas del mundo mediante una entrevista con el fotógrafo Tommy Heinrich en ngenespanol.com
Pido que me ayuden porque no encuentro esa entrevista en vuestro sitio.
Gracias
Es increíble cómo las personas luchan contra la naturaleza para alcanzar sus objetivos. Nunca había pensado que ese deporte era tan duro; sinceramente, ellos son de otro mundo por haber subido tantos montes importantes. Lástima que no lograron subir el Nanga Parbat.
Algunos comentarios deberían ser censurados como el que escribe JAVIER OVANDO, quien emplea una jerga que no contribuye en nada a la publicación y que evidencia su nacionalidad sin necesidad de mencionarla.
Resultó sumamente desagradable y ofensivo leer ese comentario.
En 2001 el alpinista barranquillero Fernando González Rubio escaló una de las cimas más altas del monte Everest, el K 2, a una altura de 8 848 metros sobre el nivel del mar. La hazaña fue llevada a cabo el 22 de mayo a las 12:15 de la madrugada, distinguiendo a Colombia como el segundo país latinoamericano en coronar esta cima después de Chile.
Asimismo, llamo la atención de esta prestigiosa publicación que explora la riqueza geografica a nivel global, teniendo en cuenta que ha realizado reportes sobre las tradiciones y carnavales de diversos países, incluyendo en el Caribe a la Isla de Curazao, ignorando que en Barranquilla, ciudad de la costa Caribe Colombiana, se celebra un Carnaval que cumple más de 120 años y que la UNESCO declaró “Patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”. Por esto espero que National Geographic encargue a uno de sus expertos reporteros una reseña sobre Barranquilla y su Carnaval, la fiesta más auténtica de Colombia.
Felicidades por compartir experiencias vividas, ya que soy parte del grupo de rescate en alta montaña de la Cruz Roja mexicana.
La verdad es que sólo puedo decir que vivo en un país de montañas y cerros de los más peligrosos: los Andes sur y los polacos no son más ni menos que los VERDADEROS Guerreros DEL HIELO.
Me encantan estos reportajes de National Geographic en español. Como deportista y conocedor del deporte en cuestión, es delicioso leer las experiencias de otras personas en las grandes montañas.
Asombroso, sólo puedo decir de los Polacos, simplemente asombroso, que un ser humano sea capaz de reisistir -50°C, ya sea en una carpa envuelto en ropas y con un sleeping bag de gran alturas, es francamente conmovedor y alucino nada más de imaginarme ese frío tan extremo.
Me encantaría que hicieran un reportaje en donde enfocaran el funcionamiento del cuerpo humano a grandes alturas, las enfermededades a gran altura etc., así como el lado psicológico de estos ídolos de la escalada, que los motiva a hacer estos esfuerzos sobrehumanos, en qué basan su entrenamiento psicológico para alcanzar la cumbre.
Saludos y gracias
Les recomiendo una película venezolana que se estrenó en mi país que se llama “Más allá de la Cumbre”.
Creo que nos dará un enfoque más cercano de lo que mencioné anteriormente a cerca de las motivaciones.
¿Cual es la motivación? ¿Será EGO?, un intenso deseo por ser el primer país en hacerlo? ¿Será amor a la naturaleza? ¿Será una lucha personal contra sus debilidades internas, y demostrarse que pueden vencerlas? ¿Será un reto físico? ¿Tal vez una prueba de voluntad extrema?
¿Qué opinan, cuáles son sus opiniones? ¿Qué motiva a un ser humano a ir en la época más fría del año a escalar las montañas más difíciles del planeta, en vez de estar en una cama caliente junto a su esposa y sus hijos viendo una película? Poseo la respuesta, pero quiero saber sus opiniones…
Si me lo permiten, daré mi conclusión luego de la de ustedes.
Estimados lectores (colegas):
Es un placer leer comentarios tan entusiastas. Me agradó muchísimo ver publicada una excelente crónica del Himalaya tan bien entrelazada con la realidad nacional como sólo NatGeo puede hacerlo, tambien estuvieron bien las fotos de T Heinrich.
Con respecto a la pregunta de Christian, considero que cada cual tiene SU respuesta para arriesgar la vida y dejar la calma del hogar. Yo considero que muchos lo hacen por desafío a sí mismos y para finalmente recuperar la humildad (triunfen o no). Me gusta pensarlo así.
¡¡Saludos!!
me sirve demasiado la experiencias de estos polacos ya que practico ese mismo deporte y mme parece que es lo mas increible que puede hacer el ser humano, al DESAFIAR LA NATURALEZA , UN GRAN SALUDO A TDOS LOS APASIONADOS DE ESTA REVISTA
Mucho más que una pasión… es un estilo de vida… Lo mismo me preguntan (yo también practico este deporte) ¿por qué vas a las montañas a morir de frío pudiendo quedarte en casa? Con una sencilla frase puedo resumir la respuesta: Dejamos que el espíritu ruja….
Hola. Soy argentina y amo el montañismo. Tuve algunas pequeñas experiencias en Tierra del Fuego. Cada vez que encuentro una nota como esta, la disfruto un montón. Nanga Parbat, qué grandeza. Me hizo llorar la historia sobre el montañismo de los POLACOS; sus historias realmente son grandiosas. Gracias a National Geographic por notas como esas. Me pone la piel de gallina tan sólo imaginármelo. Me apasiona la aventura y la vida en la naturaleza. Recorrí 4 veces la Patagonia a dedom con mi esposo; sufrí frío, calor y hambre, pero todo lo que conocí es fascinante. Gracias
Quisiera felicitar a los alpinistas polacos por la hazaña que hicieron al subir en invierno, lo que nadie ha hecho. Soy fanático del alpinismo y escalada, y seguido voy al Nevado de Colima. Saludos.
Solo para felicitarlos por el artículo escrito, soy un montañista mexicano que tuvo la oportunidad de convivir con colegas polacos en las montañas peruanas y decirles que son unos verdaderos guerreros del Hielo y de las condiciones extremas.
Leí con mucha pasión el artículo y efectivamente la vieja guardia polaca está de vuelta, como Wielicki y Hajzer quienes en algún momento fueron compañeros del gran exponente polaco Jerzy Kukuczka maestro del también gran himalayista mexicano, Carlos Carsolio. Kukuzcka fue sin duda el más grande de los últimos tiempos y quien por mucho supera a Messner debido a los múltiples desafíos que tuvo que enfrentar para completar sus expediciones, no solo en el ámbito de sus monstruosas empresas himaláyicas, sino también en el ambiente político en el que se desenvolvió la vieja guardia de la Polonia comunista.
Así podriamos nombrar a muchos entre ellos Wanda Rutckiewicz, Tadek Piotrowski, Andrej Zock, y muchos más que fueron con coraje a las grandes montañas y que nuca regresaron.
Vaya una felicitación a quien se le ocurrió la idea de dar a conocer al mundo, después de 17 años, a los verdaderos héroes que por muchos años permanecieron en un bajo perfil y quienes de verdad son los máximos exponentes de esta gran filosofía de vida y de alcanzar los sueños más himaláyicos.
PD. Sería sensacional escribir un artículo sobre la vida y ascensos hechos por Jerzy Kukuzcka.
En hora buena!!
Hola: Saludos a Mark Jenkins, desde Santiago de Chile. Felicitaciones por el articulo muy interesante.
EN REALIDAD ESTOY MUY IMPRESIONADO CON SUS HAZAÑAS HABLANDO EN PLAN PESADO Y CON TODO RESPETO SON UNAS VERDADERAS BESTIAS EN LA MONTAÑA,ESTOY REALMENTE IMPACTADO LES DESEO SUERTE Y BUENAS ESCALADAS EN SUS PROXIMAS EXPEDICIONES A CUALQUIER BENDITA MONTAÑA QUE DIOS LES PERMITA ACCENDER, UN SALUDO DESDE EL PICO DE ORIZABA.
DESPUES DE LEER EL ARTICULO: QUEDE, IMPRESIONADO
PUESTO QUE E PRACTICADO ESA HERMOSA”PASION”QUE ES
ESCALAR.MAL LLAMADA DEPORTE.CUANDO HACES CUMBRE
ESTAS, A SOLAS CON LA NATURALEZA.EL VIENTO,EL PAISAJE, TU COMPAÑERO DE CORDADA Y LA ALEGRIA