Buenos Aires, Argentina

Escrito por: Maria Mansilla el 26 de Marzo de 2008 | 6:34 pm
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Foto de Adrián Pérez

De paso es una sección exclusiva de la edición en español de National Geographic. Tratamos aquí temas relacionados con América Latina. Este mes, presentamos este artículo sobre el barrio de San Telmo en Buenos Aires, Argentina.

San Telmo

Este barrio define cómo ser una “nueva ciudad vieja” sin poner en riesgo un notable patrimonio social y cultural de siglos.

Estaría lleno de herejes. Si la melancolía fuese, como en el Renacimiento, un pecado capital, San Telmo estaría lleno de señoras y señores ardiendo en la hoguera. No sólo por su nombre sacro ni porque el casco histórico de Buenos Aires, como antaño, sigue sembrado de iglesias: católica apostólica, luterana y ortodoxa rusa. También porque se transforma; una vez más se sacude las cenizas, y el cambio plaga a muchas almas de pena. La melancolía a unos inyecta la locura necesaria para fundar de nuevo su territorio; en otros, en cambio, en esta ciudad intoxicada de tango y psicoanálisis, se convierte en angustia por lo que ya no volverá a ser como antes.

“Vos a San Telmo lo querés porque vivís en él, pero también porque es la raíz. Cuando vas entendiendo que acá empezó la cosa, lo resignificás como tu lugar”, confiesa Pablo Ortiz, de la Asociación de Amigos de la Plaza Dorrego, el corazón del barrio, declarado monumento histórico nacional. Como San Telmo no habrá ninguno igual, y no sólo según sus íntimos: no se parece a otro barrio fundacional porque no puede ser reconstruido históricamente. La zona comenzó a poblarse recién creada la ciudad (Buenos Aires tuvo dos fundaciones, en 1536 y 1580), pero ahora apenas quedan en pie un par de casas coloniales que tampoco se destacan entre tanta edificación que empezó a fines del siglo XVIII y culminó… todavía no culmina; y esto no desmerece su valor sino que le genera superávit. El costo lo pagan los artesanos que intentan sintetizar en una imagen la postal del barrio para amasar un souvenir.

Las guías turísticas –podría decirse que aquí son más leídas que la Biblia– afirman que sin domingos no hay San Telmo. Es cierto. Es el día en que los adoquines más viejos de Buenos Aires, los de la calle Defensa, son testigos de tanta diversidad cultural, sexual y étnica como el aeropuerto de Frankfurt, pero acá, donde no existen los salones VIP y en los bares la mesa se comparte. Donde hasta los miembros del servicio secreto estadounidense trabajan relajados, como aquella vez en que no se percataron de que le robaban la cartera a una de las hijas del presidente George W. Bush mientras paseaba el 20 de octubre de 2006. Pero hoy no es domingo, y en muchos templos paganos San Telmo replica escenas de su inclasificable personalidad.

En el barrio hay 83 anticuarios y quizá una cantidad parecida de “supermercados chinos”, administrados por ciudadanos del Dragón de Oriente. En uno de ellos, Valeria Godoy elige los ingredientes para su cena; ella es intérprete de francés y tiene 36 años. Nos deja escoltarla. La acompaña Kjerstie, su inquilina adolescente que no habla una palabra en español, pero para eso voló desde Noruega. En el sector de las carnes las atiende un hombre oriundo de Corrientes, provincia argentina donde se escucha la música que él canta ahora, llamada chamamé. Un verdulero boliviano les embolsa las paltas –como llaman al fruto con el que se prepara guacamole–. En la caja, el mismísimo “chino”, el dueño del local: de saco negro con rayas blancas, flequillo lacio, reloj plateado, pocas palabras y mucho pop asiático que sale de una computadora conectada a internet. Menos comprar al fiado, aquí todo es posible.

“¡Polanski y Buñuel estarían felices! Sabrían encontrar personajes que se verían bien circulando por este barrio”, afirma Manuel Antín, director de la Universidad del Cine, quien desembarcó hace 16 años en San Telmo, cuando era tan peligroso que nadie se animaba a asegurarle los equipos. Hoy, 46.% de sus estudiantes son extranjeros, europeos más de la mitad. “Vinimos buscando un espacio con temperamento porque el cine también es decorado. Hay otros lugares que tienen encanto, pero este tiene un encanto más vetusto, más profundo”.

–¿Más melancólico?
–Puede ser, porque todo lo valioso es melancólico. La alegría nunca produce obras de arte.
–¿San Telmo es una obra de arte?
–Creo que sí.

“Me pregunto si soy como el cubano que toca salsa en el Hotel Internacional”, se dirime Lucas Frontini, de 24 años, contrabajista con peinado rastafari de la Orquesta Típica Imperial, con la que toca los fines de semana por aquí, luego de pasar a buscar por un estacionamiento el piano y de empujarlo hasta la calle vieja que parece
un aeropuerto. “Al principio es odioso, todo el mundo se acerca a hablarte. Después, te acostumbrás –avisa Lucas–. Es una oportunidad, te da más trabajo. Pero me cambió la vida: me permitió hacer tango, música que negaba, porque soy amante del jazz. De golpe me encanta porque es tuyo, es tu idioma”.

Por tocar sobre Defensa, la orquesta gana tres veces más dinero que recorriendo milongas, y personas extranjeras, su público ocasional, fueron anfitrionas de sus siete giras por Europa. La panorámica que tienen frente a su escenario urbano incluye: un negocio de juguetes de hojalata, un banco, una galería de arte, cuatro anticuarios, un espacio de productos de jóvenes diseñadores, una parrilla, una “santería y consultorio parapsicológico”. En una de las esquinas hay una baldosa que dice: “Aquí vivió Paloma Alonso, detenida desaparecida el 30-7-77 por el terrorismo de Estado”; la pegó la asamblea vecinal surgida tras la debacle económica argentina. En la otra esquina, barranca abajo, flamea una antorcha desde el edificio de la Confederación General del Trabajo que indica que allí estuvo el cuerpo (embalsamado) de Eva Perón. Lucas, el rasta del contrabajo, no puede ver esta panorámica: se fue a Tolouse, invitado por una de las personas que se le acercaron mientras tocaba, que resultó ser profesora de un conservatorio francés.

Sin la kermés de los domingos no hay San Telmo. Es cierto: es donde más trabaja el dedo índice de los devotos que guardan sus recuerdos en fotografías. En la Feria de Antigüedades, además de platos de porcelana se venden, con suma naturalidad, una bayoneta AK-47, una estola de visón, un billete de 1000 afganis con la imagen del último rey Zahir Shah, una Mafalda –la de la famosa historieta– hecha muñeca.

Los edificios antiguos de San Telmo importan, del mismo modo que sus restaurantes. Pero el tercer motivo que acerca a los viajeros hasta aquí, según el gobierno de Buenos Aires, es “la gente”. Su patrimonio social. ¿Qué tiene de especial su humanidad? “La mezcla”, responde José María Peña, investigador de la arquitectura de San Telmo a quien, a sus 76 años de edad, ya no lo dejan ser director y por eso se volvió consultor del Museo de la Ciudad. “Algunos dicen que tenemos que tener cuidado porque entra gente nueva –agrega–, y yo les digo: ¡La transfusión es necesaria! Un barrio no se puede congelar, tiene que seguir viviendo”.

“No veo ventajas con esto de los turistas. Ha pasado el caso de un señor que venía a una reunión, no tenía la dirección pero pensó: ‘Si voy a llegar, preguntando’. En dos cuadras, todos le contestaron en inglés. ¡No entendía nada!”, rezonga un vecino de la Asamblea Popular San Telmo Plaza Dorrego, que sobrevive no sólo por la prepotencia de quienes la conformaron sino porque todavía la necesitan: muchos comen gracias a su olla popular y estudian en sus cursos de alfabetización. “En realidad, ¡me tienen harto los turistas! Todo es para ellos”, agrega el asambleísta hasta que una mujer lo interrumpe para pedirle que al menos no se enoje con los que vienen en el tren del “turismo social” y se vuelven uno más entre ellos. No ha comenzado el invierno todavía en Buenos Aires, pero los vecinos ya tiemblan. Incluso esta agrupación –todo un símbolo–, teme, frente al furor inmobiliario, ser desalojada del terreno que le otorgó el gobierno.

La zona en donde los porteños desembarcan para sacar su pasaporte –aquí está la oficina que se encarga de tal trámite– es, casualmente, destino de los que atraviesan muchas ventanillas de migraciones para hacerlo propio: no por nada San Pedro Telmo es el patrono de los navegantes. Pero, como entre las góndolas del supermercado chino, las fronteras confirman lo indelebles que son. El barrio de San Telmo se encuentra dividido, incluso, por otro límite: donde termina el perímetro delimitado como Área de Protección Histórica, sigue siendo, como indicó el censo oficial de 2001, uno de los 10 barrios más pobres de los 50 que componen Buenos Aires. Pero no por mucho tiempo su plano se parecerá al de un palacio, cuya distribución expulsa al contrafrente a las familias menos pudientes, que se acurrucan en un cuarto. Los dueños de los hoteles que los alojan les están diciendo adiós a esas familias y al moho de las paredes y hello! a las tarifas en moneda extranjera.

La recuperación de San Telmo comenzó a fines de los años setenta, a tono con los discursos que ponderaban la recuperación de cascos históricos. Como entonces no había albañiles a la altura de estas fachadas, los escenógrafos del gran Teatro Colón dieron una mano para reproducir las formas. Pero estos frentes ya tienen su ejército hedonista, que para eso nació la Escuela Taller del Casco Histórico, para cuidar esta zona, con 40.% del patrimonio arquitectónico de Buenos Aires; para recuperar el oficio artesanal de los restauradores y, vaya atavío, para capacitar a personas sin trabajo. Por eso, hombres que duermen en la calle y mujeres pacientes del Neuropsiquiático Moyano se suman a la restauración de estos orgullosos edificios.

San Telmo aún sigue pensando cómo ser la nueva ciudad vieja, por eso no termina de definir su parecido, si crecer o madurar. Todavía los vecinos de siempre se emocionan frente a las vidrieras de los anticuarios y se estrechan con los artistas que, carteles en mano, ofrecen “Abrazos gratis”. Nunca se aburren. Del otro lado de un teléfono público puede hablar un presidente: Néstor Kirchner llamó al sociólogo González, uno de sus ilustres, para nombrarlo director de la Biblioteca Nacional; tuvo que marcar al histórico Bar Británico para ubicarlo. Por algo esta fue y sigue siendo la cuna del argentino Premio Nobel de la Paz, Pérez Ezquivel. Y si afirmo todo esto es porque yo también vivo en San Telmo. Y juro que, gracias a Dios, el barrio sigue teniendo noche, rock, poesía y un corazón pagano que sabe que, quien salve su alma, la perderá.

4 comentarios

  1. Escrito por pita:

    La calidad de la foto,me produjo una sensación de estar dentro del anticuario, viendo a esos dos personajes tan reales,que sólo faltaba tocarlos.

    La narración de lo que es San Telmo, sus edificios, su gente, su historia, hace que atrape mi atención, y sea mi punto de referencia para comenzar, durante mis próximas estadias en Buenos Aires, a pasear y disfrutar de todo lo descripto.

  2. Escrito por Elda:

    Pasé por San Telmo hace muchos años, pero nunca imaginé lo bello que es, La calidad de la nota es bárbara: una pintura.Soy del interior y quisiera viajar para “caminarlo” y disfrutarlo….y de paso visitar a una sobrina nieta que afortunadamente vive en ese barrio.

  3. Escrito por Leonardo Fraga:

    Mi nombre es Leonardo Fraga, soy estudiante del Profesorado de Historia y actualment me encuentro realizando un trabajo relacionado con los pueblos aborñigenes y sus orígenes.
    Me pongo en contacto con ustedes con el fin de recibir asesoramiento o información acerca de un Proyecto que se esta pensando desde el National financiado por particulares, que, en pocas palabras, pretende desde muestras masivas de ADN, volver a los verdaderos orígenes del hombre y particularmente de las comunidades aborígenes.
    A partir de la lectura de la nota que dá detalles del mismo, me preguntaba:

     ¿El proyecto es solo de entrada o salida, o deja alguna huella, algún beneficio para la comunidad?
     ¿Hay información especializada sobre las poblaciones estudiadas, para conocer su cultura, sus tradiciones, rituales, costumbres?
     ¿Hay o se prevé una adecuada formación o educación en el conocimiento científico de las comunidades para que entiendan el proyecto presentado?
     ¿Qué lugar ocupa el “Derecho a la información” de las comunidades acerca del proyecto y cuáles los modos de llevarlo a cabo?
     ¿Existe un consentimiento informado individual y grupal de las poblaciones?¿Es fundamental que exista?
     ¿Existe una autorización con sus debidas formalidades, por parte de los respectivos gobiernos?
     ¿Se tienen en cuenta los estándares de privacidad y confidencialidad culturalmente adecuados diseñados para proteger a las poblaciones y sus miembros individuales de cualquier daño?
     ¿Se contará con el lenguaje o los lenguajes apropiados para comunicarse con la población, ya que no es posible asumir que todas las poblaciones hablan el lenguaje más común?
     ¿Cuenta el proyecto con intérpretes y traductores que puedan ayudarles en su comunicación con los miembros de la población de sus países?
     ¿Existe una legalidad, conveniencia y adecuación del Proyecto respecto de su naturaleza y escala, como en la forma en que son distribuidos dentro de la comunidad?
     ¿Se prevé la protección de la identidad individual posterior a la recolección de muestras, protección de la identidad del grupo, y control de la confidencialidad respecto de las mismas?
    Desde ya que las preguntas que me surgieron no son a fin de desacreditar ni de “críticar destructivamente” este proyecto, sino que intentan sumar simplemente a la claridad y transparencia de lo que se pretende lograr. Espero desde ya no estar causando ningún problema. Simplemente me remito a la fuente, como corresponde.
    Desde ya espero tengan a bien poder colaborar conmigo en este trabajo, que espero sea más que eso, y por otra parte les estoy muy agradecido por permitirme recurrir a ustedes con tanta libertad y apertura.
    Saluda atte.

  4. Escrito por Nan:

    Te escribo desde Loja, en Ecuador, la foto es chévere, tiene todo, hasta puedes escribir una novela con ella. Ojalá algun día vaya a Buenos Aires para ver el final de la historia. Y la referencia de la foto, también es 10/10.

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