Imaginar de nuevo
La biomimética es la prueba más grande de que la imaginación humana no tiene límites. Imaginar implica romper esquemas y aventurarse hacia lo desconocido, teniendo como única certeza la posibilidad de generar un cambio.
Así, un objeto tan común como el velcro es el resultado de la imaginación de un hombre que pudo ver algo más que una simple semilla espinada. Pero no sólo la biomimética rinde testimonio de la grandeza que se alcanza cuando la especie humana imita a la naturaleza. Descubrimientos como el de Jill Pruetz sobre los chimpancés de Fongoli demuestran que aún tenemos mucho que aprender de todas las especies que habitan en nuestro planeta.
Sin embargo, nos han enseñado que un animal no piensa, que es diferente e incluso inferior. Esto es paradójico porque el pensamiento también nos hace comprensivos y respetuosos, pero es el miedo a lo diferente, a lo desconocido, lo que nos lleva a pensarnos superiores o a reaccionar con agresividad e indiferencia.
El trato que damos a los animales refleja el miedo y la apatía de nuestra especie para imaginar nuevas formas de subsistencia. El pensamiento lógico ha servido para generar argumentos totalmente coherentes que intentan justificar la explotación de los recursos del planeta. Sin embargo, nadie puede negar que en algunos países se explotan más recursos de los que verdaderamente se consumen, esto debido a que la producción de alimentos parte de cifras económicas y no de necesidades reales.
Así, resulta evidente que la destrucción de nuestro planeta no es consecuencia de la necesidad de subsistir, sino de nuestra apatía para imaginar nuevos hábitos y de la falta de responsabilidad al hacer uso de eso que llamamos razón.
Urge que comencemos a evaluar qué es lo que verdaderamente es indispensable en nuestras vidas. Probablemente resulte difícil justificar la presencia de algunos objetos que, no sólo no hicieron nuestra vida más fácil, sino que además han enmohecido nuestra imaginación.
Por eso, nuestros maestros serán siempre los niños y su capacidad infinita de imaginar que esa caja de cartón es también una nave espacial o un tren para viajar por el planeta.
Los invito a atreverse a imaginar un mundo diferente y les deseo un hermoso fin de semana. Si desean comunicarse conmigo por favor escriban a
monserrat.aurioles@gmail.com





Las personas le tiene miedo al cambio. A pesar de conoser que el continuar con los patrones actuales puede ser perjudicial para nuestros futuros hijos. La tecnologia actual permite otras fuentes de energia menos nosivas que el combustible fosil y nadie quiere comenzar con el cambio.
Estimada Monserrat,
leerla me emociona profundamente. Yo pienso, como usted, que urge un cambio radical y verdadero que no se quede en “ah, claro, tenemos que cambiar”. Yo ya recibo miradas y críticas de “qué intensa, tampoco tienes que ser tan radical” y me encanta saber que no estoy sola en esta comunidad de gente que ya quiere cambios y que ya está dispuesta a dejar ir muchas “comodidades” para cuidar al planeta, para llevarlo a un lugar mucho más sano y coherente donde habitemos en paz y respeto con él. Me encanta su ejemplo de los niños porque claro, de ellos y del resto del mundo animal, vegetal y mineral tenemos muchísimo que aprender: Que hay más de lo que el ojo flojo puede ver, y que el planeta es tan sabio que ya todo está ahí en armonía y cubriendo necesidades básicas. Pero queda en nosotros recuperar esa armonía con la Tierra, sabiendo y reconociendo humildemente que no somos más importantes que nadie, ni que el de junto, que la hormiga y el eucalipto. Muchas gracias, Monserrat, le mando mis saludos y abrazos más cálidos desde Barcelona.
Sigan adelante, quisiera que me eviaran información sobre la nueva ciudad del golfo persico, la venecia del desierto