Aguas amargas
Aguas amargas
Se avecina una crisis en el centro de China septentrional ya que su recurso vital, el Río Amarillo, sucumbe ante la contaminación y la explotación excesiva.
No ha caído una gota de lluvia en meses, y las únicas nubes que hay provienen de las tormentas de arena que azotan el desierto. Pero conforme el Río Amarillo serpentea por el árido paisaje del centro de China septentrional, unavista asombrosa brilla con luz trémula en el horizonte: arrozales verde esmeralda, kilómetros de girasoles amarillos, exuberantes extensiones de terreno donde crece maíz, trigo y goji, todos floreciendo bajo un cielo implacable. No es un espejismo. El vasto oasis en Ningxia septentrional, cerca del punto medio del trayecto de 5 460 kilómetros –desde la meseta tibetana hasta el Mar de Bo Hai–, del Río Amarillo, ha sobrevivido durante más de dos mil años, cuando el emperador Qin envió a un ejército de campesinos para construir canales y sembrar cultivos para los soldados que montaban guardia en la Gran Muralla. En la actualidad, Shen Xuexiang trata de continuar esa tradición agrícola. Atraído a ese lugar hace tres decenios por el abasto de agua aparentemente ilimitado, este agricultor de 55 años cultiva maizales situados entre las ruinas de la Gran Muralla y las cenagosas aguas del Río Amarillo. Desde la orilla de un canal de riego, Shen mira el extenso terreno verde y se maravilla ante la fuerza del río: “Siempre pensé que este era el lugar más hermoso bajo el cielo”.
Pero este paraíso terrenal está desapareciendo rápidamente. La proliferación de fábricas, granjas y ciudades, consecuencia del espectacular auge económico de China, está agotando los recursos del Río Amarillo y extrayéndole, literalmente, hasta la última gota. La poca agua que no se usa y que queda en el río está contaminada.
Desde la orilla del canal, Shen señala hacia otra explosión surrealista de color: los residuos químicos, rojos como la sangre, salen a borbotones por un tubo de desagüe y transforma el agua en un líquido de color púrpura estridente. Este canal, que desemboca en el Río Amarillo, en algún tiempo rebosaba de peces y tortugas, recuerda. Ahora el agua es muy tóxica para usarla, incluso en el riego; dos cabras de Shen murieron pocas horas después de haber bebido en el canal.
La mortal contaminación procede de la falange de fábricas farmacéuticas y químicas ubicadas río arriba de los campos de Shen, en Shizuishan, considerada hoy una de las ciudades más contaminadas del mundo. “Nos estamos envenenando poco a poco –lamenta Shen, temblando de enojo–. ¿Cómo pueden permitir que le suceda esto al Río Madre de China?”.
Pocas vías fluviales capturan el alma de una nación de manera más profunda que el Río Amarillo o Huang, como se le conoce en China. Desde su nacimiento místico en la altiplanicie tibetana a una altitud aproximada de cuatro mil trescientos metros, se precipita por las planicies. Pero en la actualidad, lo que los chinos llaman el Río Madre muere. Manchado por la contaminación, abarrotado con presas mal diseñadas y contaminado por las aguas negras, el Río Amarillo, en su desembocadura, mengua a un hilito de agua sin vida. Durante la década de los noventa hubo muchos días en que no logró llegar al mar.
La desaparición del legendario río es una tragedia cuyas consecuencias se extienden mucho más allá de los 150 millones de personas cuya vida sustenta. La difícil situación del Río Amarillo también ilumina el lado oscuro del milagro económico de China, una crisis ecológica que ha provocado la escasez del único recurso sin el cual no puede vivir ninguna nación: el agua. El vital líquido siempre ha sido un bien preciado en China, un país que posee aproximadamente la misma cantidad de agua que EUA, pero con una población casi cinco veces mayor.
La escasez es especialmente aguda en el árido norte, donde casi la mitad de la población china vive con sólo 15 % del agua. El calentamiento del planeta está propiciando
el repliegue de los glaciares que abastecen de agua a los principales ríos de China, incluso mientras acelera la creciente desertificación que en la actualidad devora más de 300 000 hectáreas de praderas al año.
Sin embargo, nada ha precipitado la crisis del agua como tres decenios de vertiginoso crecimiento industrial. En su carrera por convertirse en la próxima superpotencia del mundo, China no sólo vacía sus ríos y acuíferos de manera imprudente, sino que también contamina de forma irreversible el agua que queda, tanto, que el Banco Mundial advierte sobre “consecuencias catastróficas para las futuras generaciones”.
Si esto parece exagerado, habría que considerar lo que ya sucede en la cuenca del Río Amarillo. El crecimiento de los desiertos la está reduciendo a un depósito de polvo, lo que puede disminuir la producción de cereales y provocar que millones de “refugiados ambientales” dejen su tierra. Las toxinas que aniquilan las vías fluviales –50 % del Río Amarillo está considerado biológicamente muerto– han provocado un aumento en los casos de cáncer, defectos congénitos y enfermedades propagadas por el agua a lo largo de sus riberas. Las protestas por los problemas causados por la contaminación han aumentado de manera sorprendente; tan sólo en 2005 hubo 51 000 en todo el país y podrían mutar en disturbios sociales. Si no se atiende, cualquiera de esos síntomas, por sí solo, podría obstaculizar el progreso económico de China y repercutir en la economía mundial. Combinados, las consecuencias de largo plazo podrían ser incluso más devastadoras. Como declarara el primer ministro Wen Jiabao, la escasez de agua potable amenaza “la supervivencia de la nación china”.
El trayecto épico del Río Amarillo por el norte de China es un paradigma de los problemas del agua que afectan al resto del país. Pero también muestra cómo esta situación de emergencia obliga al gobierno y a un pequeño conjunto de activistas ambientales a actuar con prontitud. El destino del Río Amarillo aún pende de un hilo.
Sentada sobre una colina a unos cuatro kilómetros sobre el nivel del mar, una pastora tibetana de mejillas sonrosadas y con dos dientes de oro mira hacia la altiplanicie sobre la cual su familia ha vivido por generaciones. Es un paisaje de belleza austera: colinas onduladas cubiertas por los retoños de hierba estival, manadas de yaks y ovejas que pastan en distantes laderas; y en primer plano, un arroyo transparente, poco profundo, donde nace el Río Amarillo. “Esta es tierra sagrada”, afirma Erla Zhuoma, una mujer de 39 años y madre de cuatro hijos, al recordar cómo su familia de nómadas
visitaba esa región para llevar a pastar a sus 600 ovejas y 150 yaks. “Eso se acabó, –lamenta, sacudiendo la cabeza con consternación–. La sequía ha cambiado todo”.
Los primeros indicios del problema aparecieron hace varios años, cuando los lagos y ríos de la región empezaron a secarse y las praderas se deterioraron, así que cuando sus animales necesitaban buscar agua y comida tenían que desplazarse mucho más lejos de lo que solían hacerlo. Ante el temor de más pérdidas, Erla y su esposo aceptaron una oferta del gobierno para liquidar el resto de su ganado a cambio de un incentivo económico anual de 1 000 dólares y una casa de bloques de concreto en un nuevo asentamiento próximo a la ciudad de Madoi. Los pastores ahora entran al redil, son nómadas sin ningún sitio a donde ir.
La crisis del agua en China empezó en el techo del mundo, la región montañosa donde nacen los tres célebres ríos del país (el Amarillo, el Yangtsé y el Mekong). Los glaciares y los extensos manantiales subterráneos de la meseta tibetana de Qinghai, conocida como “el tanque de agua” de China, suministran casi 50 % del volumen que transporta el Río Amarillo.
Pero un clima más caliente y más seco ha cambiado al delicado ecosistema con mayor rapidez de lo que este puede adaptarse. Ya han desaparecido más de 3 000 de los 4 077 lagos del condado de Madoi en la provincia de Qinghai. Mientras tanto, los glaciares se reducen a un ritmo de 7 % anual. El derretimiento del hielo puede agregar agua al río en el corto plazo, pero los científicos afirman que las consecuencias a largo plazo podrían ser funestas para el Río Amarillo.
Para salvar a sus grandes ríos, Pekín está efectuando una especie de danza de la lluvia tecnológica a través del programa de siembra de nubes más ambicioso del mundo. Durante los meses de verano, artillería y aviones bombardean las nubes sobre el área del nacimiento del Río Amarillo con cristales de yoduro de plata, en torno a los cuales puede acumularse humedad y volverse lo suficientemente pesada para que se precipite en forma de lluvia. En Madoi, donde las atronadoras explosiones mantienen despierta a la familia de Erla por la noche, los meteorólogos que dotan de personal a la estación meteorológica afirman que el proyecto “cañón grande” ha aumentado las precipitaciones y ha ayudado a reabastecer los glaciares cerca del nacimiento del Río Amarillo. Sin embargo, los tibetanos de la localidad creen que los cohetes –al enfurecer a los dioses una vez más– están perpetuando la sequía.
Erla no tiene trabajo y su esposo, que renta un tractor para hacer entregas locales, gana tres dólares si tiene un buen día. Hace poco, la familia comía carne todos los días; ahora subsisten con fideos y pasta frita. “No tenemos más remedio que adaptarnos –afirma Erla–. ¿Qué más podemos hacer?”. Desde su casa de hormigón, Erla aún puede ver el nacimiento del Río Amarillo bajo la luz de la luna, pero su relación con el vital líquido y la tierra, su herencia, se ha perdido para siempre.
“¿Qué está haciendo?”, pregunta el guardia de seguridad. “Nada”, contesta la fornida mujer que merodea fuera de la entrada de la fábrica de papel; metiéndose bajo el suéter su arma secreta, un aparato portátil de posicionamiento global. El guardia la observa unos instantes, mientras Jiang Lin, una trabajadora de 51 años que fue despedida de la fábrica, contiene la respiración. Cuando él voltea, ella saca el GPS (Sistema de Posicionamiento Global, por sus siglas en inglés) y con rapidez registra las coordenadas de la fábrica de papel.
Como empleada de Green Camel Bell, un grupo ecologista de la ciudad occidental de Lanzhou, Jiang investiga una pista de que la papelera está vertiendo residuos químicos sin procesar en un afluente del Río Amarillo. Existen centenares de ese tipo de fábricas alrededor de Lanzhou, un antiguo puesto de intercambio de la Ruta de la Seda transformado en un centro petroquímico. Cuando Jiang regrese a la oficina, la información del GPS se enviará por correo electrónico a Pekín y se descargará en un “mapa de la contaminación” que se divulga en internet, para que lo vea todo el mundo.
Aunque Lanzhou históricamente se precia de ser la primera ciudad y la más grande sobre el Río Amarillo, ahora goza de mala fama por ser una de las que más contamina, ya que sus fábricas siguen arrojando residuos industriales en el río, que se mezclan con las aguas negras de la ciudad. Pero incluso aquí hay un rayo de esperanza: los primeros pequeños pasos del activismo ecológico quizá sean la única posibilidad de salvación para el río.
A mediados los noventa del siglo XX, en China existían unos cuantos grupos defensores de la ecología. En la actualidad hay varios miles, entre ellos Green Camel Bell. Zhao Zhong, el hijo de 25 años de Jiang Lin, fundó el grupo en 2004 para ayudar a limpiar la ciudad y proteger el Río Amarillo. El nombre que eligieron sus fundadores se deriva de las campanas que llevaban los camellos de las caravanas de la Ruta de la Seda para tranquilizarlos, “un signo de vida –afirma Jiang–. Se supone que la campana da esperanza a quienes la oyen”.
Finalmente, parece que Pekín está dispuesta a escuchar. Después de tres decenios de fomentar la economía sin considerar las repercusiones ecológicas, el gobierno ahora empieza a encarar los costos ambientales. El efecto no es solamente monetario, aunque el Banco Mundial calcula que el daño al medio ambiente priva a China de 5.8 % de su PIB. También es social: los ciudadanos furiosos colmaron al gobierno con centenas de millares de quejas ecológicas oficiales, el año pasado. Ya sea para salvar al medio ambiente o para detener el descontento social, Pekín se ha fijado metas ambiciosas; su objetivo es una reducción de 30 % en el consumo de agua y una disminución de 10 % en el derrame de productos contaminantes para 2010.
Pese a las buenas intenciones, la crisis empeora, lo que refleja la pérdida de control de Pekín sobre las provincias del país que están desarrollándose rápidamente y que quieren crecer más. Wang Canfa, destacado abogado en derecho ambiental, calcula que “sólo se hace cumplir 10 % de las leyes ambientales”.
En la oficina de Green Camel Bell, Jiang hace hincapié en las relaciones cordiales que el grupo mantiene con las autoridades locales. “El gobierno ha estado trabajando duro para detener los desagües de las fábricas”, afirma. Sin embargo, en la pared de su oficina hay botellas de plástico llenas de agua vertida por las fábricas cuyo color va desde el amarillo hasta el rojo oscuro; todas ellas sin analizar por falta de fondos. Sin embargo, Green Camel Bell ha movilizado voluntarios para inspeccionar el tramo de 40 kilómetros del Río Amarillo que pasa por Lanzhou. Su labor más importante, y más sigilosa, es exponer públicamente a los contaminadores más atroces.
A 320 kilómetros al noreste de Lanzhou, el Río Amarillo ha cincelado su curso a través de la desolada geografía de Ningxia, sacando a la luz un problema de consecuencias duraderas incluso más devastadoras que la contaminación: la escasez de agua. China empieza con desventaja, mantiene a 20 % de la población mundial con sólo 7 % de su agua dulce. Pero es peor aquí en Ningxia, que sufre la más severa sequía registrada en la historia.
Durante milenios, el Río Amarillo fue la salvación de Ningxia; en la actualidad, esta vía fluvial está menguando. Cerca de la ciudad de Yinchuan, la antes poderosa corriente del río se ha reducido a un angosto cauce. La gente de la localidad achaca la disminución del río a la falta de lluvia. Pero el mayor culpable es el insólito mal uso del líquido al ampliar rápidamente granjas, fábricas y ciudades.
No obstante, el ritmo al cual China dilapida su más preciado recurso resulta difícil de creer. Pero el flujo del río sigue siendo apenas 10 % del nivel que tenía hace 40 años. ¿A dónde se ha ido toda el agua? La agricultura extrae más de 65 %, y la mitad de ese porcentaje se pierde en tuberías con fugas y en acequias y canales. La industria pesada y las florecientes ciudades consumen el resto. El agua en China, gratuita hasta 1985, sigue siendo subsidiada en gran escala, así que conservación y eficiencia son conceptos en buena medida ajenos. Y no es que el sitio al que se ha sometido el Río Amarillo esté a punto de suspenderse: en 2007, el gobierno autorizó 52 000 millones de dólares para que las compañías mineras extraigan carbón y se monten industrias químicas a lo largo del tramo de 800 kilómetros del río, al norte de Yinchuan.
Ese desarrollo desenfrenado pronto podría verse afectado negativamente por la misma crisis hídrica que ha contribuido a crear. De las aproximadamente 660 ciudades de China, más de 400 carecen de agua suficiente, y más de un centenar sufre graves insuficiencias (Pekín padece de manera crónica, pero durante los Juegos Olímpicos se librará del problema gracias a proezas de ingeniería que desvían agua del río).
La falta de agua ya está dificultando la producción de cereales en China, exacerbando la inquietud por las sacudidas futuras en los mercados mundiales de cereales, donde hasta los pequeños aumentos de precio pueden tener un efecto catastrófico en los pobres. Wang Shucheng, ex secretario de recursos hidráulicos de China, planteó la situación de manera dramática: “Pelear por cada gota de agua o morir, ese es el desafío que enfrenta China”.
Para Sun Baocheng, un agricultor de 37 años con la piel curtida por el sol, originario del pueblo de Yanghe en el centro de Ningxia, este desafío no es un exceso retórico. Hace dos años, después de que sus pozos y pluviómetros se agotaran por la sequía, las 36 familias de Yanghe abandonaron su pueblo porque el desierto lo estaba invadiendo. Llegaron a un valle llamado Hongsipu, donde más de 400 000 refugiados ambientales se han establecido por una razón: cuenta con agua, surtida por un acueducto construido con fondos de Kuwait que serpentea por el desierto de arbustos desde el Río Amarillo, 30 kilómetros al norte. Los pobladores de Yanghe se han instalado en una fila de casas de ladrillo de una sola habitación, cerca del acueducto de concreto; cultivan parcelas otorgadas por el gobierno chino (junto con unos veinticinco dólares por persona) como parte de un programa para mitigar la pobreza y la desertificación.
Aunque Sun apenas logra que crezca un poco de maíz en esa tierra arenosa, está motivado por los florecientes cultivos –y la creciente riqueza– de los refugiados que tienen más tiempo establecidos. “Si no hubiéramos dejado nuestro antiguo pueblo y venido a este lugar, no habríamos sobrevivido”, afirma. El Río Madre de China, una vez más, es fuente de vida. Pero uno se pregunta: ¿Qué pasará con las posibilidades de sobrevivir del río si se construyen más oasis a partir de la desviación de sus aguas?
El mantra de Mao Zedong, “sacrifica a una familia, salva a diez mil”, sigue indeleble en la memoria de Wang Yangxi. Igual que los emperadores chinos que lo precedieron, al presidente Mao lo obsesionaba dominar el Río Amarillo. En 1957, cuando empezó la construcción de una presa colosal en Sanmenxia, en la sección media del río, 400 000 personas –incluido Wang– perdieron su casa. El lema de Mao los convenció de que era un sacrificio que valía la pena por un bien mayor. “Estábamos orgullosos de ayudar a la causa nacional –recuerda Wang, ahora de 83 años–. Desde entonces no hemos tenido nada, salvo miseria”.
La idea de conquistar la naturaleza ha existido en China desde la época de Yu el Grande, el primer gobernante de la dinastía Xia, quien supuestamente declaró hace unos 4 000 años: “Quien controle el Río Amarillo controla a China”. Mao llevó eso, como muchas otras cosas, a los extremos. Su monumento más grande al poder del hombre sobre la naturaleza, la presa Sanmenxia, de 106 metros de altura, es un ejemplo perfecto del peligro de no medir las consecuencias. La presa ha controlado el tercio inferior del Río Amarillo al convertirlo en lo que un comentarista denominó “el foso más grande del país”. Pero las consecuencias río arriba han sido catastróficas, debido a una apabullante falta de previsión. Los ingenieros no calcularon la descomunal cantidad de cieno amarillento, que le da nombre al río. Esto resultó en que Sanmenxia ha causado tantas inundaciones como las que ha evitado, ha arruinado tantas vidas como las que ha salvado y ha forzado la construcción de una segunda enorme presa simplemente para corregir los errores de la primera. Uno de los ingenieros que participó en la construcción de Sanmenxia recomienda incluso volar la presa.
Wang sería el primero en ofrecerse con gusto para esa misión. Desmotando algodón en la puerta de su casa en el pueblo de Taolingzhai, aproximadamente 50 kilómetros al oeste de Sanmenxia, el ex maestro de escuela de cabello encrespado recuerda una vida cuyos giros trágicos fueron causados por la presa. Después de que Wang y su familia fueron desalojados de su fértil tierra durante la construcción de la presa, los desterraron a una región desértica a 800 kilómetros de distancia. Casi una tercera parte de los refugiados murió de inanición durante el Gran Salto Adelante de Mao, señala. A la postre, la mitad de los sobrevivientes volvió a su casa. Wang ahora cultiva tierra cerca de la confluencia de los ríos Amarillo y Wei. Pero en ese lugar tampoco está a salvo. Cuando caen lluvias fuertes, el embalse de Sanmenxia se llena demasiado, haciendo que el agua contaminada se desborde por las orillas. Tres inundaciones en cinco años han destruido sus cultivos de algodón y han contaminado el agua potable de la población. “Todos nuestros jóvenes se han marchado –agrega Wang–. Aquí no hay futuro”.
En la actualidad, China se enorgullece de tener casi la mitad de las 50 000 grandes presas del mundo y se están construyendo más. Una serie de 20 presas enormes están esparcidas por el Río Amarillo, y otras 18 están programadas para construirse hacia 2030. Ma Jun, un destacado defensor de la ecología, afirma que las presas sobre el Río Amarillo son especialmente nocivas porque provocan que la contaminación y la escasez se intensifiquen entre sí. El reducido flujo anula la capacidad del río para arrastrar y expulsar los contaminantes pesados, mientras los embalses permanentes permiten que un río terriblemente mal utilizado se vacíe aún más. “¿Por qué los seres humanos no renuncian a su despiadada ambición de constreñir y controlar a la naturaleza –pregunta Ma–, y en lugar de eso eligen vivir en armonía con ella?”.
La respuesta es muy simple: Pekín sigue siendo adicta al crecimiento. El auge económico ha sacado de la pobreza a centenares de millones de chinos, y la legitimidad del Partido Comunista, tal vez hasta su supervivencia, depende de la expansión continua. Los líderes chinos aparentan estar de acuerdo con la conservación y la eficiencia como una solución para la escasez crónica de agua en el norte. Pero en vez de aumentar el precio del agua a los verdaderos niveles del mercado, una maniobra que sin duda alejaría a las masas y a la gran industria, han optado, en cambio, por otra proeza faraónica de ingeniería: el Proyecto Sur-Norte de Transferencia de Agua. Es un sistema de canales de 62 000 millones de dólares, diseñado para aligerar la presión sobre el Río Amarillo, que extraerá unos 45 000 millones de metros cúbicos de agua al año en la cuenca del Yangtsé y la enviará 1 100 kilómetros al norte, pasando por debajo del Amarillo en dos lugares. No sorprende, dada la escala olímpica del proyecto, que este surgiera, al igual que Sanmenxia, como uno de los sueños de opio de Mao.
Incluso mientras otras partes de China resistían sequías e inundaciones en los últimos decenios, el pueblo de Xiaojiadian disfrutó de un abasto constante de agua dulce gracias a su ubicación en un afluente del Río Amarillo, a unos 250 kilómetros desde donde este llega al mar. Pero las aguas que antes eran fuente de vida se han vuelto mortíferas. En este lugar a nadie le gusta hablar sobre la plaga que ha asolado al pueblo, pero la cicatriz que baja por el pecho de un enjuto agricultor llamado Xiao Sizhu es elocuente por sí misma. Muestra precisamente el lugar donde los médicos trataron de extirparle el tumor canceroso que corroe su esófago. Xiao, de 55 años, habla en voz baja sobre los viejos tiempos, cuando su familia se sentía afortunada por vivir en ese rincón bien irrigado de la cuenca del río, en la provincia oriental de Shandong. Sin embargo, en las últimas dos decadas, una cadena de curtidurías, papeleras y fábricas que se instalaron río arriba arrojan residuos directamente en el río. Xiao solía nadar y pescar en el remolino próximo al pozo del pueblo. Ahora, comenta: “Nunca me acerco al agua porque huele muy mal y tiene espuma en la superficie”.
Otro sitio que evita es la arboleda de álamos fuera del pueblo, cuyos túmulos ya se extienden hasta la orilla del río. Durante los últimos cinco años, en este caserío de 1 300 habitantes, han muerto de cáncer gástrico o esofágico más de 70 personas. Otros 1000 repartidos en 16 pueblos vecinos también han sucumbido. Yu Baofa, un destacado oncólogo de Shandong que ha estudiado a los pueblos del condado de Dongping, lo llama “la capital del cáncer del mundo”. Él afirma que la incidencia de cáncer esofágico en el área es 25 veces mayor que la del promedio nacional.
Los más de cuatro mil millones de toneladas de aguas residuales vertidas anualmente en el Río Amarillo, que representan 10 % del total de su volumen, han causado la extinción de un tercio de las especies nativas del río e inhabilitado secciones para la irrigación. Y ahora nos enteraremos de cómo ha afectado a los seres humanos. En un informe de 2007, el Ministro de Salud de China culpaba a la contaminación atmosférica y del agua por el alarmante aumento en los casos de cáncer en todo el país desde 2005; 19 % en las áreas urbanas y 23 % en el campo. Casi dos tercios de la población rural de China, más de quinientos millones de personas, usan agua contaminada por aguas negras o residuos industriales. No sorprende que el cáncer gastrointestinal en la actualidad sea la causa de muerte número uno en el campo.
La omnipresencia de la enfermedad causada por la contaminación hace que los habitantes del pueblo sean menos optimistas en Xiaojiadian, que vivan con temor y vergüenza. El temor es comprensible: el año pasado se diagnosticaron 16 casos más de cáncer en el pueblo. Sin embargo, la vergüenza tiene un origen más antiguo, muchos de ellos creen que el padecimiento se debe a un desequilibrio del chi, o fuerza vital, que se dice se presenta con más frecuencia en quienes no son buenas personas o se enojan con facilidad. Al igual que la mayoría de las víctimas, Xiao sufrió en silencio en su casa durante un año, ocultando sus síntomas, incluso al médico local. Aun así, Xiao es uno de los pocos dispuestos a expresar su opinión. “Si no hablamos, no se hace nada”, dice con voz áspera, escupiendo flemas en una taza de plástico. Hace poco, el gobierno construyó un nuevo pozo a 18 kilómetros de distancia y envió equipos de médicos. Pero Xiao afirma que los funcionarios podrían no haber prestado atención a Xiaojiadian de no haber sido porque uno de sus habitantes le informó la situación a un reportero de un canal de televisión china, dos años antes. Ahora Xiao sólo tiene un pesar: haberse tardado tanto para decir lo que pensaba. “Podría haberme salvado”, agrega.
Transcurren unos meses, un nuevo montículo de tierra aparece en la arboleda de álamos junto al río. Xiao ha ido al lugar que evitó durante mucho tiempo, a unirse a los amigos y vecinos que padecieron la misma enfermedad que causó el agua contaminada. Es demasiado tarde para salvar a Xiao Sizhu, pero queda una pequeña posibilidad para rescatar al Río Amarillo. Los líderes chinos, conscientes del peligro que enfrenta su país, ahora prometen solemnemente “construir una civilización ecológica” y apartaron casi 200 mil millones de dólares al año para proteger el medio ambiente. Pero el futuro depende igualmente de ciudadanos ordinarios, como los activistas Zhao Zhong y su madre, la intrépida Jiang Lin. ¿Recuerda la fábrica de papel de Lanzhou cuyas coordenadas registró Jiang con su GPS? No mucho tiempo después de que la información se divulgó en internet, el gobierno clausuró la fábrica, junto con otras 30 que vertían sustancias contaminantes en los afluentes del Río Amarillo.
“Quizá el efecto de una sola persona sea pequeño –afirma Zhao–. Pero cuando se combina con el de otros, el poder puede ser enorme”.





Que opina el gobierno de China en cuanto a la desaparicion del rio mas importante de la region? No pienzan hacer nada para descontaminar el rio mientras desaparece junto con las diversas especies que aun quedan vivas, y donde estan los protectores de la naturaleza, desapareciero junto con el rio…………
Lo único que se puede esperar en China, con sus 1,300′000, 000 habitantes, es que todo se contamine y sus recursos sean devorados por tan grande población,a veces me pregunto ¿ que pasaría? en el mundo si un 40% de esta población se despalzara hacia otros paises, sería catastrófico.
Aun cuando esta cultura venra mucho la naturaleza el reflejo de la sobre pobalcion y la perdida misma de sus raicez culturales muestra el reflejo de un desarrolo desorbitante.
esto es una desgracia para la humanidad y en especial para los chinos no se puede buscar un desarrollo economico y ser potencia mundial pero tampoco puedes descuidar el medio AMBIENTE. esto que estoy viendo perjudica la salud publica.empresarios ciudadanos y gobierno conciencia y mas conciencia sobre la naturaleza
rayos..:( verias veses me he reguntado como china puede crecer tanto ?? la vdd no havia pensado en lo que pudieran estas hacinedo para poder consegir tener una economia como la que tinen la vdd es un precio muy alto el que estan dispuestos a pagar los chinos para consegir esa meta o malevolo plan no se cual de las dos descripciones es la mas adecuada en lo personal se me hace muy completo el reporte comosiempre national en lo mas alto gracias por el espacio
Jiang Lin… no estás sola! Adelante con esos gigantescos granitos de arena
Sumemos granito a granito
esta bueno pero no llegue a leerlo por completo
Amigos de NG: me da escalofrios pensar en lo que vendrá. De una cultura milenaria se podría esperar otra cosa, un desarrollo mas mesurado, mas prolijo, lejos de la avalancha que provoca el capitalismo salvaje. Esta fiebre va a afectar a todo el planeta, sin dudas. El coloso Chino, hambriento y con su medio ambiente degradado va a necesitar, seguramente ya lo está haciendo, salir de sus fronteras históricas. Tendrían que revisar viejos preceptos de tan rica historia, llena de acierto y tambien de errores, pero no deberían copiar (y ampliar9 los errores de Occidente. LUIS TORTOLO - CORDOBA - ARGENTINA
se me hacia raro que china creciera tanto industrial y economicamente.es bueno q muestren el lado oscuro de este pais que es uno de los mayores productores de contaminacion en el mundo, veremos que pasa cuando por fin su recurso de agua potable se acabe y cuando el calentamiento global nos acabe a todos
Es verdad que los recursos naturales se estan agotando, no solo en China, en muchos lugares. Los proyectos de gobierno no son suficientes. Debemos ocuparnos de educar a los pequeños de todo el mundo para que cuiden lo que queda. Es una realidad muy cruel. Hay que actuar. Cuidar lo poco que queda y no derrocharlo.
Estoy de a cuerdo con Guadalupe Adriana. Los problemas actuales que enfrenta nuestro planeta son solo el resultado de las acciones pasadas de la humanidad entera. Debemos enfocarnos no solo en la tecnologia para mejorar el estado ecologico del mundo, sino en la educacion de las proximas generaciones y las actuales para que los problemas vayan decreciendo.
Con una vision futurista podriamos pensar que una solucion seria habitar otro planeta, como muchos autores nos lo han expuesto en teorias futuristas. Pero la verdad es que no nos serviria de mucho puesto que al final terminariamos con la vida del nuevo planeta en el que nos alberguemos. La educacion es la base del cambio que necesita el planeta ahora. Lograr conciencia en la gente y que la misma aprenda a cuidar su medio.
Ahora es el Rio Amarillo en China, pero proximamente sera cada rio de cada pais del mundo.
Necesitamos todos trabajar unidos en pro de nuestro planeta.
EL MUNDO TENDRA LOS OJOS PUESTOS EN CHINA DURANTE LAS PROXIMAS OLIMPIADAS.,ES UNA OPORTUNIDAD UNICA PARA MOSTRARLE AL MUNDO ENTERO
ESTE PROBLEMA, QUE NO SOLO AFECTA A LOS CHINOS,
SI NO A TODO EL PLANETA EN SU CONJUNTO.
por lo poco que pude leer sobre esta situacion ya que mi internet se callo,
para mi nos lleva a poner el pensamiento en muchas cosas, como bien sabemos los chinos tienen una economia vastante sustentable pero mi pregunta es para que todo este poderio les servira de algo? como bien sabemos para un ser viviente el liquido vital es el agua porque probocar su extinsion tal es el caso del rio amarillo que es considerado el sustento no solo de los asiaticos si no que tambien de todos porque la verdad todos estamos tomando ese mismo camino evitemos esto
HOLA SI EL MUNDO YA SABE QUE CHINA ES UNO DE LOS PAISES MAS CONTAMINATES DE NADA NOS SIRVE QUE NOS DE TECNOLOGIA SI NOS ESTA ASIENDO MAS DAÑO CON LA CONTAMINACION DE QUE NOS SIRBE TENER LO ULTIMO EN TECNOLOGIA SI EL MUNDO LO BA HA DESBARATAR…
ES COMO LOS ESTADOS UNIDOS UNO DE LOS PAICES MAS TERRORISTAS DEL MUNDO CREO YO QUE ES EL PRINCIPAL. COMO YA NO TIENEN NADA EN ESE PAIS LO UNICO QUE TIENEN ES “SELVAS DE CEMENTO” BUSCAN EN EL AFRICA Y EL RESTO DEL MUNDO COMO DESTRUIR A IRAK
QUICE DECIR COMO ESTAN DESTRULLENDO A IRAK..
YO SOY UN JOVEN DE NICARAGUA Y HAY UNA LAGUAN MUY LINDA EN MASAYA LA CUAL SE LLAMA “LAGUNA DE APOLLO”
Y ESA LAGUNA YA NO ES DE NOSOTROS LOS MASAYEÑO SI NO QUE ES MAS DE GRINGOS QUE DE NICAS, SE DAN CUENTA…
Concuerdo con Dennise Guerrero y Guadalupe Adriana en el sentido que la educaciòn es un factor preponderante para preservar nuestra ecologìa, de esta forma las generaciones futuras sepan vivir en armonìa con nuestra naturaleza; por otro lado, evitar dejarnos llevar por ambiciones polìticas como las de Mao con la presa colosal en Sanmenxia, en la sección media del río. En Perú una de las principales fuentes de ingresos al estado es el canon minero; sabido por todos es que en los andes peruanos nace el RIO MAS GRANDE DEL MUNDO: EL AMAZONAS, esperemos no pase lo mismo con el Rio Amarillo.
Participemos todos de manera mas efectiva como lo hizo Jian Ling denunciando a todo aquel que contamine el ambiente.
pues me parece bueno que nos muestren la crisis en la que está China para que los demás países aprendan a manejar bien el agua.
si verdad hasta ahra nos damos cuenta de lo que esta pasando si en latinoameriaca hay mucha agua pero que pasa no tenemos petroleo y en le medio oriete nadan en petroleo pero no tienen agua como son las cosas verdad
ES UNA VERADERA LASTICA QUE ESTE SUCEDIENDO ESTO EN UN PAIS DESARROLLADO DE SEGUIR ASI EN POCO TIEMPO SERA CATASTROFICO LOS RESULTADOS DE ESTA ACONTECIMIENTO QUE DESAFORTUNADAMENTE EL HOMBRE TIENE MUCHO QUE VER EN TODO ESTO HAY QUE HACER CONCIENCIA Y CUIDAR NUESTRO MEDIO AMBIENTE
Es lamentable que china lo que importa es hacer dinero y no solo China sino la India, Estados Unidos y otras potencias mundiales que solo buscan posicionarse en el mundo como potencias y no ven el daño colateral que produce esto, el agua esta proximo de desplazar al petroleo, va a ser el elemento de disputas belicas entre paises y continentes que posean reservorios de agua dulce, Sur america es una de ellas asi preparemosnos para esto, que sera una realidad!!!
ALmento que suceda esto en China y en otros sitios desconocidos pero que existen, Gracias!!