Cultura, mayo de 2008

Escrito por: Adam Minter el 30 de Abril de 2008 | 1:06 pm
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Foto de Fritz Hoffman

Celo por la fe

La Catedral de San Ignacio en Shanghai, de un siglo de antigüedad, puede recibir a 2 000 personas sentadas. No obstante, en las cuatro misas dominicales sólo hay sitio de pie. El fenómeno no es particular de Shanghai.
Según una encuesta aplicada en 2007 por la Universidad Normal del Este de China, 31.4 % de los chinos de 16 años de edad y mayores dicen ser religiosos. De estos casi 300 millones de individuos, 40 millones se identifican como cristianos, y existe amplia evidencia de que la población es mucho mayor y aumenta rápidamente. En 1949, la población católica de China era de entre 3 y 4 millones; hoy, el Holy Spirit Study Centre, de Hong Kong, estima que la cifra se aproxima a 12 millones. El fervor por el cristianismo no refleja una ruptura con la tradición. En China, las religiones occidentales aceptan aspectos de la cultura local, incluyendo la veneración a los ancestros. La oleada espiritual marca un agudo contraste con la rígida supresión de la religión que caracterizó a China durante los últimos casi 60 años. “Donde la represión fue mayor, más grande es el rebote”, dice Aloysius Jin Luxian, el obispo católico de Shanghai, quien pasó 27 años en campos de trabajos forzados y en prisiones. Un gran número de gente de mayor edad forma parte del resurgimiento, pero el estudio muestra una concentración entre la juventud. El obispo Jin considera que el materialismo rampante es responsable, por lo menos en parte. “Las almas quedan más vacías que nunca –dice–, lo cual deja espacio para que la religión se extienda”.

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