Turismo verde

Escrito por: Keith Bellows el 27 de Mayo de 2008 | 5:50 am
Etiquetas: Tags: ,

greentravelart1thumbnail.jpg
Fotografía de Dan Westergren Foto: National Geographic

El camino delante

El futurista Andrew Zolli posee la asombrosa capacidad para dilucidar y seguir la secuencia de los acontecimientos que están transformando al mundo con la confluencia de la tecnología, la sustentabilidad y la globalizacón. Su compañía de estrategias y pronósticos, Z + Partners, ayuda a los gobiernos y algunas de las principales organizaciones mundiales a navegar el cambio global.

Zolli es asociado National Geographic; curador de Pop!Tech, importante foro de ideas; y miembro de las juntas directivas de BAM (siglas en inglés de la Academia de Música de Brooklyn) y Worldchanging.com, que sigue el rastro a futuro de la sustenabilidad. Y además, es un gran viajero.

Pregunta Dedica mucho tiempo a identificar tendencias. ¿Cuáles son las áreas principales de su investigación?

Respuesta Por supuesto, nos dedicamos a la tecnología, así como a temas de urbanización, salud, medio ambiente y pobreza. Hemos identificado tendencias que repercutirán en la vida en general, pero muchas de ellas cambiarán la naturaleza de los viajes. Por ejemplo, desde la perspectiva de la tecnología podemos darnos cuenta de que nuestra sociedad se vuelve cada vez más fluida en la escala global. Los Millennials (milenarios), jóvenes que apenas salen del bachillerato y la universidad, están más interconectados socialmente que cualquier otra generación debido, en parte, a que cuentan con herramientas digitales que facilitan la integración y formación de alianzas sociales. Uno de los efectos secundarios de la creciente conectividad global es que grupos de personas más pequeños pueden forjar identidades más coherentes. De allí que hayan surgido la red vasca, la red chechenia o la red québécois. Es evidente que no tienen una vinculación geográfica, sin embargo la tecnología de información refuerza su sentido de identidad y de hecho, empieza a disipar las fronteras nacionales. De tal suerte, la próxima generación dejará cada vez más rastros de sus viajes en medios electrónicos.

P. ¿Cree que las ciudades impulsarán más tendencias turísticas?

R. Vivimos el amanecer no sólo de un siglo urbano, sino por lo que hemos visto, de un milenio urbano. Diversas ciudades de China empiezan a prosperar conforme millones de individuos emigran a las zonas urbanas. A principios de 2007, por primera vez en la historia, hay más personas viviendo en ciudades que fuera de ellas y siempre atraídas por las mismas razones: el dinamismo de las áreas urbanas con sus oportunidades culturales, intelectuales y económicas. Durante el presente siglo, las fronteras nacionales perderán importancia a la vez que los centros urbanos se vuelvan más y más conexos. Nadie, en este siglo, podrá ser explorador o viajero si no comprende el efecto de las ciudades en el planeta y nuestra sociedad.

P. Parece que la salud y el viaje se han vuelto inseparables. ¿Viajaremos para estar más sanos y estaremos sanos para viajar más? ¿Qué opina al respecto?

R. Mucha gente ya empieza a relacionar la atención de la salud con el turismo: ‘Quiero operarme la nariz, sacarme grasa y luego sentarme en la playa durante tres semanas para ir a bucear porque me siento mejor’. En muchos países de todo el mundo las familias tienen menos hijos y, esto, combinado con una mayor longevidad, se traduce en que la proporción de jóvenes y personas mayores está cambiando. Cuando aumenta el promedio de edad de una sociedad, hay muchas menos personas que parecen maratonistas y muchas más con sobrepeso. Y esto conlleva un incremento en la incidencia de enfermedades como diabetes. Por fortuna, las tecnologías de atención de la salud están revolucionándose. Por ejemplo, Japón ha desarrollado un nuevo inodoro que lee el contenido de azúcar de la orina y determina si el índice de glicemia es demasiado alto, una enorme ventaja para los diabéticos. Otro aspecto de la revolución médica será que comprenderemos mejor la relación entre genética, nutrición y medio ambiente. Y de tal manera, el turismo de salud –que es lo que hacía la gente en el siglo XIX cuando viajaba a ‘‘tomar las aguas’’– florecerá.

P. Ha dicho que nuestro consumo excedió nuestra capacidad para regenerar recursos en 1980. El turismo planeta un problema parecido: el consumo podría ser tan excesivo que acabaríamos con los lugares que más amamos. ¿Es posible revertir la tendencia y evitar las consecuencias?

R. Estamos comiéndonos los sistemas que sostienen la vida. La situación es peligrosa y exige que nos reorganicemos en una escala planetaria. Pero el hombre no es muy hábil para la organización en gran escala y tampoco lo ha hecho hasta ahora. Para que haya colaboración, hay que hacer sacrificios. En la década de 1970 nos preocupaba el efecto explosivo de nuestra especie en el planeta. Algo que funcionó muy bien entre los proponentes de limitar el crecimiento fue introducir en nuestras conciencias el conocimiento de las relaciones sistémicas del planeta. Su error fue que menospreciaron la inventiva innata del hombre. Soy muy optimista en cuanto a nuestra capacidad de adaptación, nuestra creatividad para responder a los retos que encaramos. En los próximos años habrá más tecnologías para resolver el problema de sustentabilidad de las que hubo en el siglo pasado y cuando empiecen a permear nuestra sociedad, el reto será crear una conciencia que nos estimule a pensar: ‘‘Quiero eso en mi casa. Quiero ser parte de ese estilo de vida’’. Y entonces sucederá.

P. ¿Cuál es el sector más importante para que eso suceda, gobierno o iniciativa privada?

R. Debe ser una combinación. A fines de la década de 1970 y principios de la de 1980 comenzamos a liberalizar los mercados, y fue entonces cuando empezó a escribirse este gran capítulo de la globalización. Frenamos el poder regulador de los gobiernos, al extremo de que hoy algunas empresas argumentan la necesidad de más reglamentos para regir los mercados. Así vemos que General Electric y DuPont apoyan el sistema de comercio basado en limitaciones a las emisiones de carbono, mientras que las compañías automotrices de Detroit afirman que pueden subsistir en una economía que regule dichas emisiones. Es un cambio notable en la iniciativa privada moderna. A la larga, los gobiernos responderán al reto de fijar reglas agresivas debido a que la industria sostenible es el motor económico más importante del siglo XXI. Las industrias que definan la revolución prosperarán de la misma manera que las empresas que definieron la revolución de la información, el eje Microsoft/Intel. Éste es el siglo que decidirá el futuro sostenible a largo plazo de la humanidad y la verdadera causa de optimismo es que podremos sacarnos los ases de la manga. Cada vez que alguien crea saber de qué son capaces los humanos, se llevará una tremenda sorpresa.

P. Necesitamos alternativas a los viajes aéreos. ¿Anticipa una revolución del tren de alta velocidad –el cual reduce significativamente las emisiones de carbono– en todo el territorio estadunidense?

R. No tenemos algo comparable a lo que hay en Japón o Francia. Si pudiéramos desarrollar esta infraestructura de alta velocidad en Estados Unidos, los viajes en tren podrían atraer más pasajeros. Aun así, la infraestructura ferrocarrilera del país ha dado resultados espectaculares en algunos lugares. Amtrak, en el corredor noreste de Estados Unidos, es la única opción para viajar punto a punto, ciudad a ciudad, con enorme comodidad y casi sin listas de espera. Y de hecho, la experiencia es bastante placentera. Sin embargo, yo promovería los viajes en tren con otros argumentos. A diferencia de muchas otras formas de turismo, el tren ofrece una verdadera sensación de viajar pues no se limita a la experiencia de ir de un lugar a otro. Tengo amigos que acaban de reservar en el tren lento de Yukón porque no quieren ir a más de 32 kilómetros por hora, a fin de sentir el viaje y experimentar el lugar. A veces olvidamos que nuestras máquinas pueden amplificar la experiencia de viajar.

P. ¿Cuál será el impacto del turismo en los países pobres durante las próximas décadas?

R. Esas naciones tienen la oportunidad a corto plazo de desarrollar una infraestructura que favorezca al turismo. Sin embargo, enfrentan un problema relacionado: asentar que dicha infraestructura puede, de hecho, quitar dinero a las comunidades locales porque las entidades globales que invierten para captar turistas muchas veces llevan sus utilidades a otras partes. ¿Cómo pueden estos países redirigir los beneficios del turismo sin sacrificar su atractivo? Dereck Joubert, el famoso fotógrafo de la vida silvestre, lo expresó muy bien. Quiere que la gente que vive en Botswana, donde trabaja, diga: ‘‘Jamás mataría a ese elefante. Ese elefante podría enviar a mi hijo a la universidad’’. Los países en desarrollo deben adoptar estrategias que no sofoquen al ganso de los huevos de oro del turismo, sino que permitan diversificar sus economías. Después de todo, los lugares que sólo ofrecen turismo son los menos interesantes del mundo.

P. ¿Adónde va cuando busca un lugar donde refugiarse?

R. Vivo grandes momentos de paz en el corazón de la Gran Estación Central de la ciudad de Nueva York y también en lo alto de los glaciares de Groenlandia. La paz no es un lugar, sino un estado mental. Para mí, un refugio es la combinación de una conciencia realmente profunda y un sentimiento de gratitud, y es posible tener esa experiencia en cualquier parte de la Tierra, a condición de que encontremos el silencio interior. Un refugio es la quietud que surge por dentro sin perder la conciencia del dinamismo de las cosas increíbles que ocurren en derredor.

(Keith Bellows es el editor de National Geographic Traveler).

2 comentarios

  1. Escrito por Ramon:

    Profundo comentario y logico,meparece buena propuesta la que hace el comentarista.

  2. Escrito por Teresa:

    Completamente interesante, desde las primeras líneas hasta el último punto.
    He disfrutado mucho leyendo este artículo, aunque inevitablemente me replanteo preguntas que me persiguen desde hace tiempo, a mi, a mis textos, y a mis ideas. Y una de ellas es: ¿de verdad somos tan pocos y con tan poco dinero los que estamos YA cambiando nuestro estilo de vida para evitar esta cultura de consumo excesivo en la que nos estamos desarrollando? (a mi, jovenzuela, me llaman la ecologista del grupo… sin serlo!)
    no lo creo.
    así que desde aquí mando fuerzas a todo el que se plantee frenar su consumo, por mínimo que sea ese freno (papel, envases, ropa…) ES MÁS ÚTIL TOMAR LA INICIATIVA… porque está claro que a los que más va a costar cambiar esto es a las entidades que producen y comercializan todo y obtienen dinero de todo esto (ojo! también existen muchos puestos de trabajo y sueldos diversos entre el comenzo y el fin de tod nuestro excesivo consumo!)

    siento ser pedante, gracias a los que me lean.

Comparte tus comentarios sobre esta entrada

Importante
Todos los comentarios son moderados antes de su publicación. National Geographic en Español se reserva el derecho de seleccionar sólo aquellos que sean pertinentes al tema del artículo o entrada y estén escritos en un tono respetuoso. Para más información, consulta las Preguntas Frecuentes de ngenespanol.com.